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Z/ Paquico Goya. José Luis Cano.

Z/ Paquico Goya. José Luis Cano.

Perdonen que me cite pero este libro ha influido mucho en mi vida.

Con motivo de celebrarse no sé qué conmemoración goyesca, Mariano Gistain y Roberto Miranda me propusieron hacer un libro sobre Goya niño. Me entusiasmó la idea y empecé a tomar apuntes inmediatamente. Cuando ya tenía un esquema de lo que podía ser, les llamé para contrastarlo con su trabajo, del que se habían olvidado completamente para ocuparse en otros proyectos. Eran demasiado rápidos para mí.

Así que decidí liarme la manta a la cabeza, hacerme el libro yo solo y conseguir que me lo publicara Xordica. Y lo hizo, con la colaboración de la DPZ. “Paquico Goya” fue mi primer libro y pretendía ser todo lo contrario de lo que era aquella serie de tebeos de nuestra infancia que se llamaba “Cuando los grandes héroes eran niños”. Fue un éxito: había niños que se lo sabían de memoria y otros que se quedaban con la boca abierta cuando me los presentaban sus santas madres.

Animado por todo ello, perpetré un segundo título: “La Santa Infancia de Luis Buñuel”. La DPZ ya no quiso saber nada y nos dirigimos a Ibercaja. Allí nos informaron de que ese año, por alguna otra conmemoración que no recuerdo, tocaba hacer el Conde de Aranda. Lo hice y no les gustó, quizás porque en sus treinta y dos páginas, Pedrito recibía nueve bofetas de su maestro jesuita. Para evitar las sospechas de que en aquella casa hubiera censura, me encargaron una biografía completa del Conde. La biografía de un político para niños…

En fin. Me armé de valor y la hice, se publicó y le envié un ejemplar dedicado a Manuel Pizarro, presidente de Ibercaja en aquel momento, con mi ofrecimiento para hacer toda una serie de biografías sobre personajes aragoneses, si le interesaba. Me contestó diciendo que el libro le había gustado mucho.

Poco después, coincidimos casualmente en un funeral, me saludó muy amablemente y me comunicó que había tenido una idea: Hacer una serie de biografías de personajes aragoneses.

Le contesté que me parecía una idea estupenda. He vivido de ella durante los últimos años.

 

Zaragoza rebelde

Zaragoza rebelde

Este es uno de mis textos para el libro "Zaragoza rebelde".

 

Santa Cruz, plaza del arte.

 

Con semejante slogan, alguien tuvo la idea de convertir la Plaza de Santa Cruz en un Montparnasse zaragozano, a principios de los años setenta. La idea era muy hortera pero decidimos aprovecharla. Podía ser un buen lugar para organizar happenings y performances.

El primer día organizamos la fiesta del papel. Hicimos una amplia convocatoria dirigida a los niños y el domingo por la mañana apareció Joaquín Jimeno en un camión cargado con papeles de todo tipo. No recuerdo dónde lo había conseguido. Descargamos en la plaza y empezamos a improvisar. Teníamos pinturas, tijeras, pegamentos, grapadoras… y niños, muchos niños que se desembarazaron de la compañía de sus padres y entraron en un incontrolable frenesí creador o destructor, no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que un niño se hizo, con mi ayuda, un vestido que recordaba mucho a la bata de médico de Groucho Marx. Loco de contento fue a enseñárselo a su madre: “¡Mamá, mamá!” La buena señora le soltó una bofetada de las de padre y muy señor mío. Por mamarracho.

 

Los siguientes domingos, las actividades ya fueron dirigidas a los adultos. También había muchos. Cada uno hacía lo que le daba la gana. Algunos incluso empezaron a llevar cuadros para vender. Recuerdo que un día repartí octavillas con un fragmento de Julio Cortázar: “Qué maravillosa ocupación ir andando por el bulevar Arago contando los árboles, y cada cinco castaños detenerse un momento sobre un solo pie y esperar que alguien mire, y entonces soltar un grito seco y breve, girar como una peonza, con los brazos bien abiertos, idéntico al ave cakuy que se duele en los árboles del norte argentino”. Muchos, por miedo o porque eran apolíticos, se negaban a cogerlas.

 

Untitled I

Untitled I

Texto para el catálogo de la exposición de Enrique Larroy en el Museo de Teruel. En el catálogo escribimos diez personas sobre distintos aspectos de la pintura. A mí me tocó hablar de los títulos. Va en dos partes.

Untitled

 

 

Una imagen vale más que mil palabras, pero el público agradece el subrayado de esa imagen con alguna que otra palabra.

Son esas palabras que se reúnen bajo el título de “título” y que nos permiten hablar de pintura o de historia de la pintura o de tantas otras cosas con fluidez y sin liarnos más de la cuenta. Como las propias imágenes, esas pocas palabras valen más que mil palabras. Decimos La Maja desnuda y no hace falta que expliquemos: “Ese cuadro apaisado que pintó Goya en el que aparece una señora desnuda y tumbada en un sofá verde con las manos debajo de la cabeza y los pechos debajo de las axilas”. Por no entrar en si el cuadro es relamido o rococó.

Los títulos valen más de mil palabras pero los hay que valen diez mil o más. Por ejemplo, El rapto de las Sabinas. Anda que no nos ahorramos palabras ni nada diciendo El rapto de las Sabinas, tanto si el cuadro es de David como si es de Picasso.

Gracias, pues, a los títulos, nos evitamos practicar el bonito arte de describir un cuadro mediante recursos literarios. Eso que, como ya saben ustedes, se llama ekphrasis. Y es una pena, porque esa hermosa disciplina, que practicó con indudable éxito Julio Cortázar, es algo muy curioso y entretenido.

Si yo fuera un teórico, como Alberto Valdivia Baselli, diría que “la interacción semiótica estética… no es un espacio de taxonomías divorciadas, sino de inclusiones simbólicas que desarrollan un discurso velado, analizado por la pragmática lingüística y los análisis del discurso, que pocos decodifican con facilidad” para añadir a continuación que “los sistemas semióticos lingüístico (poético) y visual (plástico) podrían ser entidades que se descodifican entre sí y, de esa manera, permitirían al emisor o receptor hipotético plantear una codificación o descodificación si no feliz, aproximada o creativa”.

Pero ni soy un teórico, ni esto es una tesis, ni estamos hablando de la ekphrasis, pese a que algunos títulos son a la ekphrasis lo que los haikus a la poesía. Es más, algunos títulos parecen haikus: En un cuadro grande una hoja de hierba no da para mucho. El título es de Larroy. Y el cuadro, también.

 

Los títulos habituales pueden ser todo un hallazgo o una auténtica obviedad: La maja vestida o El grito o Blue Orange Red, por poner tres ejemplo, no sé si de una cosa o de la otra.

El título, dice Arturo Ripstein, “es un pequeño problema que puede redondear una obra”. Exacto. “El título cierra la obra”, añade. Cierto: Es raro que una pintura empiece por el título. A no ser que diga uno: “Me voy a pintar un retrato” porque, entonces, ya sabemos como se titulará. Igual que si te encargan: “Pínteme usted La Eneida”, que todo puede ser…

 

Los títulos, a lo largo de la historia, han sido tan obvios como los propios cuadros para cualquiera que domine la iconografía. En tal caso, no hace falta ningún título para saber que lo que tienes delante es un San Antón o una Purísima Concepción.

Quizás lo de titular cuadros se complicó con la aparición de la fotografía. Como todo. A partir de entonces, ni las obras ni los títulos podían ser tan obvios como antes. Es cierto que en el Renacimiento surgió una minoritaria tendencia a poner títulos que ocultasen el tema de la obra para entretenimiento de los eruditos: La tempestad de Giorgione, por ejemplo.

Pero, tras el invento de la fotografía, uno ya no podía pintar una anciana, una mujer y una niña sin endilgarles el título de Las tres edades. Les llegó a pasar hasta a los fotógrafos.

Ahí tenemos, también, la deriva de Duchamp, por poner otro ejemplo que nos complicó la vida. Empezó con su Fontaine, un título sencillo aunque indecoroso, para, tras un largo silencio, acabar titulando Etant donnés: 1-la chute d'eau, 2- le gaz d'éclairage.

A propósito de Duchamp, Beuys tituló un cuadro Das schweigen von Marcel Duchamp wird überbewertet (El silencio de Marcel Duchamp ha sido sobrevalorado). En el cuadro ponía lo mismo pero pintado con chocolate. Como cuadro es bueno; como título, obvio.

Sin embargo, huir de la obviedad puede producir títulos repelentes y/o detestables: ¡Y aún dicen que el pescado es caro!, un sorolla con una olla.

Lo normal es que un buen título dé juego semiótico: Ceci n’est pas une pipe. El famoso título también está rotulado en el cuadro bajo la representación pictórica de una pipa. Por la sofisticación a la obviedad o viceversa. Como los teóricos siempre tienen mucho más que decir sobre pinturas y títulos que los propios autores, Foucault tuvo que escribir todo un libro para criticar a Magritte por explicarlo en tres palabras.

Escarmentados por casos como este, muchos pintores deciden no titular sus cuadros. Así, Sin título (Untitled), es el título que más se repite. Incluso Larroy, tan titulador, lo emplea alguna vez. Eso, sí: el Untitled nos devuelve irremisible y afortunadamente a la práctica de la ekphrasis.

 

Untitled II

Untitled II

Recuerdo una exposición en el Reina Sofía en la que se confrontaban Dadá y Constructivismo. Lo más curioso era que las obras expuestas, partiendo de conceptos enfrentados, alcanzaban aspectos idénticos.

Por ese terreno de juego se mueve la obra de Larroy, heredero de los dos equipos y consciente de las contradicciones y paradojas que, en su época, los dadaístas y los constructivistas no podían ver.

Así, pues, la mañana que Larroy se levanta más constructivista que dadaísta puede titular Señales de color o Banderas blancas; el día que se levanta más dadaísta que constructivista, en cambio, los títulos pueden ser Tomavistas o La mirada presumida y el día que no se levanta ni dadaísta ni constructivista sino todo lo contrario, titula Male Beach.

O Sin título.

Un problema dos soluciones, como dice en otro título, aunque puede ser más drástico: What problem? No problem.

En cualquier caso, los títulos de Larroy nunca son obvios. Si titula una obra Azul horizontal, lo más probable es que el azul sea vertical, si es que hay algún azul. Quizás por eso, últimamente publica en sus catálogos una serie de textos que pretenden explicar la relación entre sus títulos y sus obras:

 

“Vuelo sin motor, 2002

Óleo/tela

89 x 162 cm.

Si un ciervo es así, estaremos con él. Era el otro posible título”.

 

Un problema, dos soluciones; ya saben. Un año antes, era más explícito:

 

“Étnico, 2001

Óleo/tela

200 x 200 cm.

A menudo parece que lo étnico es primitivo y que lo primitivo es ingenuamente auténtico. La pintura ni es auténtica ni es ingenua, aunque sí que tiene algo de primitiva”.

 

Larroy explica: “Estos breves comentarios son total invención, lo que no quiere decir que sean falsos, pero sí susceptibles de cambios”.

 

En fin, que sería absurdo que yo comentase los comentarios. Entre otras cosas, porque puede resultar pretencioso intentar explicar lo que ya ha explicado el autor. Yo no soy Foucault. En todo caso, dada mi condición de ilustrador, estaría a mi alcance ilustrar los comentarios a los títulos de sus cuadros para seguir cerrando círculos, pero, ¿a fin de qué?

Insistentemente mareados es otro título de Larroy.

Vamos a dejarlo aquí.

 

ocurrencio

ocurrencio

Supongo que esto ya se ha dicho muchas veces, pero no me resisto a las reiteradas provocaciones de los comentaristas de procesiones en las televisiones públicas:

Es tal la pasión por la vida que tiene la Iglesia que para adorar a un resucitado, lo representan siempre muerto.

Si quieren, matizo lo de "siempre" con un "casi".

 

ocurrencio

ocurrencio

Acabo de leer "Indignación", la novela de Philip Roth y veo en la tele un fragmento de Ben-Hur. Las dos obras tratan de las desventuras de un joven judío condicionado por los avatares político-históricos que le toca vivir. Los dos viven enfrentados a las autoridades (romanas o académicas), los dos viven indignados, etc. Acaba peor el protagonista de "Indignación". 

 

Este cuerpo es humano

Este cuerpo es humano

A petición de Rosa Tabernero, reproduzco mis palabras en la presentación de “Este cuerpo es humano”, pese a que la misma Rosa reconoció que lo mejor fueron los silencios.

Señoras y señores:

Me uno a los agradecimientos de Carlos y sólo me queda decir que el libro está excelentemente editado, que los textos de Carlos están muy bien pero que yo estoy fatal.

A la desviación de tabique nasal que sufro desde niño, se unen las afecciones en la pituitaria para no dejarme respirar, lo que me produce una irritación en la faringe que me llega hasta la epiglotis. Después está lo de las cervicales: Tantos años de trabajo sobre el tablero, soportando el excesivo peso de esta cabeza, hace que me duela el músculo trapecio desde el occipital hasta las escápulas.

Peor es la presión que ejerce la quinta vértebra lumbar sobre el sacro, aprisionando el nervio ciático, lo que duele un huevo. A nivel coxofemoral, claro.

No quiero aburrirles con mis problemas de próstata, mis desarreglos gastrointestinales y el meteorismo.

Pero sí quiero comunicarles que sufro una cierta degeneración neuronal que me impide establecer las sinapsis adecuadas en el momento oportuno. Ustedes perdonen y muchas gracias.

 

Me gustaría añadir que, al finalizar mis palabras, Julia Antígona exclamó: ¡Olé ese cuerpo!

 

La fotografía "Este escaparate es humano" es de Vicente Almazán.

 

Carne con patatas

Carne con patatas

Escribí este texto hace unos años. A un profesor de BB. AA. de Barcelona le pareció poco respetuoso y bastante gamberro.

 

 

Caixa-Forum, en la avenida del Marqués de Comillas de Barcelona. Dos exposiciones: "RODIN y la revolución de la escultura. De Camille Claudel a Giacometti" y "GIUSEPPE PENONE (Retrospectiva). El hombre frente a la naturaleza".

 

Nada más entrar en el vestíbulo de la entidad por la impresionante puerta giratoria, nos recibe, a modo de portero, el mismísimo Profeta de Gargallo. En el repulido ambiente barcelonés, parece gritar como un voceras que acabara de reconocer a un paisano: ¡¿Ande vas?!

 

Las dos exposiciones que comentamos se encuentran frente a frente. Vayamos por orden, empecemos por Rodin. Al entrar en su sala, un extenso rótulo nos advierte de los problemas que tuvo en su época por innovador y revolucionario. No me extraña. Sus contemporáneos debían preguntarse estupefactos: ¿Escultura? ¿o es culturismo? En las figuras de Rodin, el músculo está al servicio del agobio. Sus figuras sufren y gozan con todo el cuerpo de forma animalesca. ¿Es fuerza o esfuerzo? El Pensador sueña un nuevo récord. No creo que pasara un control anti-doping.

Rodin, siendo buenísimo, abrió de par en par las puertas del Infierno. Como un titán. La maqueta grande de su Puerta del Infierno es una auténtica locura. Contagiosa, además. El número de sus epígonos es tan inconmensurable como la eternidad del fuego eterno. Los músculos se hipertrofian, las caras se desencajan, los cuerpos se descoyuntan intentando seguir al maestro.

Las figuras de Rodin llegan a fragmentarse( la magnífica Meditación sin brazo) anunciando la modernidad. Bourdelle, caricaturizando al maestro, casi la alcanza. Esta idea de la caricatura como origen de la modernidad no es ninguna broma.

 

Los excesos de musculación y expresividad se dan de morros, como no podía ser menos, con el rigor cubista: los cuerpos, ahora, pretenden imponerse por su propio volumen, sin aspavientos. Pero, reducidos a escueto volumen, caen por su propio peso en la geometría.

Giacometti, prescinde de los aspavientos y del volumen y, tras pensárselo dos veces, en 1959 retoma el movimiento del hombre que camina de Rodin. Sólo que, a estas alturas de la película, el andarín está ya exhausto, en los huesos.

 

Diez años más tarde, las cosas no han mejorado mucho. Giuseppe Penone, pretendiendo rescatar un árbol de la viga que lo contiene, consigue dejarlo en la puritita raspa. Y es una presencia contundente: del hombre apenas queda rastro.

Penone, como tantos artistas conceptuales, se tiró al monte. Ya lo he recordado otras veces: “Pa’l monte, idea”.

Con los años, como tantos artistas conceptuales, vuelve a la civilización con el nabo entre las piernas. Todos empezaron trabajando con las vitales fuerzas naturales y han acabado haciendo “naturalezas muertas”.

Veamos algún ejemplo. Penone, de joven, cuelga una jaula-trampa de un árbol y espera que el crecimiento del mismo la inutilice. Años más tarde, forra una sala con millones de hojas muertas de laurel enjauladas en tela metálica. Una monitora se esfuerza por convencer a un grupo de estudiantes de que es un espacio muy agradable. No sé; he de reconocer que no tengo olfato.

Penone, de joven, fotografía ligeros soplos de polvo deshaciéndose en la penumbra del bosque. Años más tarde, los soplos se solidifican en arcilla, con glotis y todo, y ocupan la sala completa de un museo.

En sus últimas obras, la corteza de los árboles está repujada en cuero; las raíces, talladas en mármol y las ramas, vaciadas en bronce. La representación de la naturaleza en Penone es tan incolora o monocroma como la escultura del siglo XIX. Paredes enteras forradas de espinas de acacia y ni una sola gota de sangre de los operarios.

En un rincón, sin embargo, destacan los puntos verdes de los grillos que van creciendo en un montón de patatas. Sólo las que son de bronce permanecen inalterables. Es lo que pasa por contar las mentiras del arte con patatas de verdad.

La vida es breve; el arte, largo, pero qué quieres que te diga…

 

Tanta tendencia a la extenuación, tanto en el arte de la naturaleza como en la naturaleza del arte, puede explicar la deriva de los artistas hacia la realidad virtual.

Si el arte es la mentira por antonomasia (como ya demostró Oscar Wilde, aunque se tienda a olvidarlo), de echarla, echarla gorda.

 

 

El no tan extraño caso de Benjamin Button

El no tan extraño caso de Benjamin Button

No he visto la película pero la sipnosis me resultaba conocida. Tampoco había leído el libro. Pensé en los "Cuatro corazones con freno y marcha atrás" de Jardiel Poncela. Tenía que ser algo más familiar.

Al final he caído. Es lo que aprendimos los pintores de mi generación: comenzar en la Academia y acabar en la infancia.

 

VIAJES

Hace unos años, Heraldo de Aragón nos encargó a Ismael Grasa y a mí, la realización de unos reportajes sobre los sitios de veraneo de los aragoneses. Aunque Ismael se ocupaba de los textos, yo también escribí unos breves comentarios sobre mis dibujos. Los dibujos no sé dónde están. Los textos son los siguientes.

Los he ilustrado con imágenes robadas.

 

LO QUE UNE LA HUMEDAD

LO QUE UNE LA HUMEDAD

¿Qué dibujar?, que diría Lenin. Paisajes, no. Odio reducir la sublime experiencia de la Naturaleza (Kant) a pintura de género. Por otra parte, se nos supone más observadores del paisanaje en vacaciones que del paisaje vacacional, lo que me aboca al castizo género (la ilustración parece ser proclive a ellos) del costumbrismo.

Haré, pues, una colección de estampas, acompañadas de algún comentario, que reflejen los modos y maneras que se gastan los veraneantes en cada sitio que visitemos.

En este viaje, de momento, descarto todos los apuntes en los que no aparece el agua (la cultura balnearia me ha calado) y me quedan los siguientes:

1– Por la mañana, un paciente en albornoz bebe su quinto vaso de agua templada y diurética junto a la fuente, los cuartos de baño y un inmenso extintor.

2– Después de un placentero y relajante masaje subacuático, entro en lo que tomo por una sauna cuando en realidad es un espacio para hacer inhalaciones. Me siento en las gradas de madera junto a un grupo de desconocidos y desconocidas en bañador. Me acuerdo de los papiones sagrados del Nilo, hago amistades, descubro mi solubilidad y me mareo.

3– Los jardines del balneario están llenos de paseantes que beben en todas las fuentes que encuentran a su paso. La que inauguró el arzobispo de Bucarest es de las más concurridas. Todos somos un poco snobs.

4– Los bañistas de Alhama dan de comer a los peces del lago y se bañan con ellos. Ya había descubierto yo en Jaraba lo que une la humedad. 

 

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

Estuve en Ansó hace treinta y cinco años y nunca había vuelto. Por eso, éste era para mí un auténtico retorno al pasado. Al encontrarme con los participantes en el Festival de Culturas Pirenáicas, pensé que me había pasado siete pueblos, incluyendo romanos y cartagineses.

Nuestras idas y venidas por los valles se correspondían con las idas y venidas de mi cabeza por el tiempo. Y éste fue el resultado.

1– Las niñas de un grupo folklórico francés parecían modelos de Millet, el pintor del conocido Angelus de Millet. Los boy scouts, en cambio, visten a la moda, lo cual me resulta muy chocante pues, nosotros, para salir de excursión, nos vestíamos de antiguos.

2– Cuando, hace treinta y cinco años, acampamos en el valle de Zuriza, sólo había un cuartel de carabineros y unos cuantos caballos. Ahora hay un silencioso camping (Dios sea loado) y todo tipo de medios de transporte.

3– Visitamos una acampada de alumnos marianistas. Me pregunto si el joven monitor que nos atiende, con pañuelo pirata en la cabeza, será seminarista.

4– Josefina se concentra en el complejo peinado de churros de Mary Carmen. Falta cubrirla de cintas, lazos, joyas, sofocantes y escapularios; pero así, sin ningún adorno y con ese aire sumiso con que se deja peinar, sobrecoge su apariencia medieval. Después, convertida en un icono, el efecto será más atemporal, no sé si por su estrecha relación con el mito o con el estereotipo.

5– El museo de escultura al aire libre de Echo, soleado y solitario, tiene algo de cementerio en el que estuviesen enterrados los sueños de una generación de artistas que pretendió cambiar el mundo con sus obras. El museo, como el Infierno, está empedrado de buenas intenciones.

 

ARTE Y PARTE

ARTE Y PARTE

Empecé esta serie con un alegato antipaisajista y me encuentro con un Encuentro de Pintores de Paisaje en Albarracín.

Albarracín es una ciudad tan compleja como las formaciones geológicas que la rodean. Por el color de sus fachadas y el arremolinamiento de sus calles, alzadas sobre el verdor de la vega, se asemeja a una rosa. Solo que la rosa ha sido siempre un símbolo de la fugacidad de la belleza y Albarracín lucha por mantener su belleza inalterable. Etc.

Hay que ser un poco burro para empecinarse en dar formato de tarjeta postal a cosas así.

1– A pesar de todo, resulta conmovedor ver a los pintores afanados ante el lienzo con problemas, casi siempre, irresolubles. Por la noche, en el coloquio que azuza más que modera ese monstruo de la cultura y de la comunicación que es Antón Castro, los pintores hablan del Alma, el Espíritu, la Belleza y la Esencia. Parece que en cualquier momento van a decir “inefable”, pero no.

2– Antonio, el “Canuto”, es otro artista. Fabrica yeso rosa de forma totalmente artesana. Trabaja con energía y seguridad y cuando habla de su trabajo no divaga. Sus explicaciones técnicas tienen un sencillo aliento poético.

Antonio realiza su trabajo en condiciones extremas: produce su excelente yeso en un ribazo. A la Fundación Santa María, que tanto hace por la imagen de Albarracín, no parece importarle mucho.

3– Ramiro, el alcalde de Peracense, se reconcome hablando de la excesiva colonización valenciana del vecino pueblo de Bronchales. Mientras, los valencianos ocupan las últimas almenas de su inexpugnable castillo.

4– Nuestro amigo Luis es coleccionista de antigüedades y un guía excelente. De su museo, más o menos imaginario, destaca, entre otras piezas, el arrecife fósil de Ojos Negros y esa encina de 1.300 años.

 

VIAJE AL OTRO MUNDO

VIAJE AL OTRO MUNDO

“Hay otros mundos, pero están en éste”, dijo el surrealista. “Hay otros mundos, pero son más caros”, apostilló el humorista. Nuestro viaje por el Bajo Aragón demuestra que ninguno de los dos estaba equivocado.

1– En la Torre del Visco, Jemma y Piers sirven el desayuno en la cocina. Han preparado la mesa con productos elaborados por ellos mismos: Queso fresco, requesón, mermeladas, zumos, mantequilla, bizcocho, pan tostado... Jemma propone empezar por algo fuerte: huevos con bacon o jamón, quizás. Entonces baja un huesped mallorquín con su cajita de All-Bran de Kellogg’s y Jemma y Piers, los perfectos anfitriones, con auténtica flema inglesa, sirven el café.

2– En el Molí del Hereu se come rodeado por prensas y molinos de aceite. En este museo-restaurante, la presencia del aceite es abrumadora, tanto en la decoración del local como en el conejo escabechado del menú.

3– Visitamos a Teresa Jassá en su taller de cerámica junto a la antigua balsa de Calaceite. Nos cuenta: A/ que tiene un ataque de artrosis que no se puede mover, B/ que unos franceses van a recrear en teatro la leyenda que sobre la sirena de la balsa de Calaceite escribió Javier Aguirre y C/ que esa leyenda es falsa y la inventó el propio Aguirre.

No sé, no sé...

4– En La Parada del Compte, cada habitación está decorada rememorando un lugar distinto. Ocupo la Mérida, que quizás resuma mejor que ninguna otra la personalidad del propietario, una especie de mediterraneidad exacerbada en la que se dan cita la Roma antigua y la Barcelona más lúdica y cosmopolita.

Me sumerjo en las mini-termas de mi habitación y, en lugar de tomar un baño, tomo un apunte.

 

ORDESA INVISIBLE

ORDESA INVISIBLE

Hay paisajes imposibles de pintar y algunos, incluso, difíciles de ver. Como Ordesa.

1– Los excursionistas hacen cola en la parada del autobús que sale de Torla. No hay tantos como para que no nos dejen ver el bosque, pero interfieren mucho. Una vez en Ordesa, los veremos pasar y traspasar con el Parque Nacional de fondo. No sé si ellos nos ven igual a nosotros porque algunos ni saludan.

2– Al parecer, hasta hace 150 años, los viajeros evitaban la desasosegante visión de las montañas bajando las cortinillas de sus diligencias. No es extraño. En aquellas épocas se creía en el hombre como medida de todas las cosas y tanta desmesura resulta inhumana.

Desde Punta Cuta, los torbellinos que forman los estratos que nos rodean recuerdan demasiado su prehistórica eclosión. La fuerza volcánica de un genio como Van Gogh, por ejemplo, se queda en simple fogatica de aliagas frente a la fuerza volcánica que originó todo esto. No se puede mirar durante mucho tiempo sin sentir un cierto vértigo. Para combatirlo, parcelamos y acotamos el paisaje con el visor de la cámara o con los prismáticos, ponemos nombres y etiquetas a los distintos picos y buscamos florecillas entre las rocas.

3– Otra vista de las Tres Sorores. Esta vez desde la perspectiva de una vaca, otra forma de invisibilidad que puede adoptar el paisaje.

4– Los esgrafiados de la siniestra cárcel de Broto (siglo XVI) están enmarcados por gruesos trazos. Sólo un pájaro -con los dos ojos a un lado de la cabeza, como mis caricaturas- carece de marco y parece volar al aire libre.

De momento, estos dibujos tampoco pueden verse.

 

GEOGRAFÍA E HISTORIA

GEOGRAFÍA E HISTORIA

La marina es un género poco cultivado por los pintores de secano, siempre remisos a acercarse hasta sitios tan raros y lejanos como la costa. En cambio, la misma costa, en temporada alta, puede ser un auténtico paraíso para los caricaturistas.

1– A Salou le queda tan poco paisaje que, en algunos sitios, la primera línea de playa se adentra en el mar.

La playa se ocupa siguiendo la Ley de la Perpendicularidad, que dice: Cualquier bañista que se precie, se dirigirá desde su apartamento u hotel a la playa, caminando perpendicularmente hacia la línea de horizonte sin desviarse ni un milímetro. De tal forma que, donde haya mayor densidad de edificios, habrá mayor densidad de bañistas y viceversa. Una vez instalados en la playa, los bañistas podrán pasear paralelamente a la línea de horizonte por la orilla del mar.

2– Todo el paisaje que no tiene Salou lo tiene Port Aventura, pero es de mentira. Incluso la espectacular puesta de sol de Port Aventura, vista a través de los gigantescos cactus de escayola de Port Aventura, parece falsa.

¡Estampida! Empieza a llover sobre Port Aventura y los visitantes, cubiertos con los chubasqueros amarillos de Port Aventura, corremos a refugiarnos en las múltiples tiendas de Port Aventura.

3– En la playa de Calafell, la casa de Carlos Barral es como el testigo de un tiempo, no tan lejano, en el que se veraneaba civilizadamente.

4– Otro testigo histórico es el monolito del Médol, una antigua cantera romana, escondida junto a la autopista. Es un rincón muy pintoresco y natural y, naturalmente, solitario.

 

ESTAMPAS GOYESCAS

ESTAMPAS GOYESCAS

Goya, entre otras muchas cosas, inventó el género de viñetas, acompañadas de un breve comentario, que yo mismo estoy empleando en esta serie. Salvando las distancias, claro, que luego Joaquín Aranda me llama la atención por fatuo y sinsustancia.

Seguimos lo que las autoridades competentes han dado en llamar Ruta de Goya, y se suceden de forma sorprendente los caprichos, los disparates, incluso la tauromaquia de Ayles y los desastres de la guerra en el televisor. De entre todas las estampas que nos amenizan el viaje, selecciono las cuatro siguientes:

1– Goya pintó un cuadro en el que la aparición de un Coloso provocaba la atropellada huída del personal por unas vaguadas.

Doscientos años más tarde, hay autorretratos del Coloso esparcidos por las mismas vaguadas y ya no queda ni un alma.

2– Aun aprendo, escribió Goya en un dibujo. En pleno agosto, y aun aprenden los alumnos del curso de grabado que se está celebrando en Fuendetodos. Andan todos muy azacanados de un lado a otro y constantemente se reunen en grupitos estudiando detenidamente el resultado de su trabajo.

3– Saliéndonos de la ruta señalada por la autoridad competente, nos acercamos hasta el río en busca quizá de la maja en topless. Nos encontramos en plena solana con una escena a lo Solana (Gutiérrez). A este lugar le llaman “Playa de los ángeles”. No “kale” hacer más comentarios.

4– Hay aragoneses que han creado escuela. Goya, por ejemplo. O Miguel Pellicer, el cojo del milagro de Calanda, que pedía limosna a la entrada del Pilar. En medio de la Plaza, un epígono del calandino recibe tan escasa atención como los amputados mártires que pintó Goya en una cúpula de la Basílica.

 

LO BELLO Y LO BESTIA

LO BELLO Y LO BESTIA

 

Relatando sus excursiones por Orán, Camus nos enseñó la forma de vivir entre términos tan contrapuestos como inevitables.

La belleza de la montaña y la especulación, el encanto del paisaje y la masificación turística, la felicidad de las vacaciones y una exposición sobre la tortura, la vida bucólica y el camping de Biescas, el esplendor de la naturaleza y ese conmovedor grupo de disminuidos psíquicos en el refugio de la Sargantana...

En que berenjenales se metían los intelectuales existencialistas.

1– Jaca. No es ni Biescas ni Panticosa porque, por detrás de la abigarrada y veraniega muchedumbre, se adivina la Ciudadela. Y porque entre los veraneantes se ven muchos curas y militares.

2– En el apacible marco de la Universidad de Verano de Jaca, se habla de los problemas que asolan la enseñanza. Me pongo a dibujar mientras la profesora explica, a un grupo de estudiantes extranjeros, qué quiere decir “pasotismo”. Mi compañero de pupitre, un belga alto como un mallo, se lo pasa bomba viendo los retratos que hago de sus compañeros y, como un niño travieso, me dice por lo bajinis: “Dibuja a la profesora”.

3– Como dice Ismael, ya era raro pasar dos meses recorriendo Aragón y no encontrarnos a Labordeta.

Nos acompaña al Rapitán, a ver una exposición sobre la tortura, y se queda fuera contemplando el paisaje con su hija.

4– Si tantos sitios de los Pirineos se los han cargado haciendo cosas y casas raras, el Balneario de Panticosa se lo van a cargar sin hacer nada. Después de todo lo que hemos oído sobre la multipropiedad del Balneario, en general, y sobre los Garrigues-Walker, en particular, decido dibujarlo de culo, si vds. me permiten la expresión.

 

 

FINAL FELIZ

FINAL FELIZ

 

En realidad, este viaje fue un fracaso. No se puede ir a los sitios con ideas preconcebidas. Buscábamos a los innumerables franceses vestidos de neopreno que colapsan la circulación en los cañones de la Sierra de Guara, y no vimos ni uno. Y el caso es que, haberlos, haylos. En todos los bares de la comarca alquilan neoprenos. Por algo será.

 Ismael, que no es hombre que se amilane por tan poca cosa, enseguida encontró motivos suficientes para disfrutar del que era nuestro último viaje de verano.

1– Veánlo, por ejemplo, saboreando un excelente crianza junto a Maribel, responsable de marketing de Bodegas Enate. ¿Quién se acordaba en ese momento de los barranquistas?

2– Tras una larga caminata desde Lecina, se llega a los covachos de Barfaluy, donde pueden observarse unas curiosas pinturas rupestres ayudados por una “chuleta” que proporciona el guía. Los covachos están, por cierto, en el barranco de La Choca, un espacio protegido y vedado a los barranquistas.

3– Ismael, todo profesionalidad, estaba dispuesto a encontrar barranquistas como fuera y no dudó en aventurarse intrépidamente por las pasarelas que en descenso vertiginoso bajan desde Alquézar hasta el río Vero.

4– Sin barranquistas, tuve que enfrentarme al paisaje. Leí hace poco un artículo de J.J. Millás, en el que decía que si en los viajes el vídeo ha ganado la partida al paisaje que se ve por la ventanilla, es porque los viajeros piensan que el paisaje no tiene argumento. Permítanme despedir esta serie en la que he evitado el paisaje, con uno de argumento evidente: En Alquézar, como en tantos otros sitios que hemos visitado, siguen trabajándose el turismo cultural como una clara apuesta de futuro.

 

 

Fin de semana en Madrid

Fin de semana en Madrid

 

Fuimos a ver “Cabaré de caricia y puntapié”, el espectáculo que sobre textos de Boris Vian, ha montado Alberto Castrillo. No se lo pierdan. Vendrá al Teatro Principal de Zaragoza.

Fuimos a ver la exposición de Bacon. Al final de la misma, proyectan una entrevista con el pintor. Me gusta más cómo habla que cómo pinta.

Fuimos a ver la exposición de la Escuela Yi en Caixa Forum. Da gusto ver pintura contemporánea de ese nivel. Luego ves los bocetos de Barceló para su cúpula y es que no hay color. A pesar de que la Escuela Yi trabaja prácticamente en blanco y negro.

Fuimos a ver “Una semana de bondad” y no era esta semana sino la próxima.

Fuimos a ver “La sombra” y no habían encendido la luz.

Fuimos a ver la Almudena, por recomendación de un amigo. Esa estética halterofílica, que diría Sánchez Ferlosio, recuerda mucho a la del Imperio romano en sus estertores. ¡Qué feo todo, por Dios!