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de profesión incierta

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ocurrencio

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La lectura de Baudrillard y ciertas noticias de actualidad en aquel momento, me llevaron a escribir esto, hace ya unos años:

La capacidad de simulacro de la anti-ciencia puede vencer en capacidad simuladora a la propia ciencia. Pese al dictamen de los científicos sobre la falsedad de la Sábana Santa de Turín, la reliquia se sigue adorando como verdadera. No sólo eso. Si la ciencia dictamina que la reliquia es falsa, se cuestiona a la propia ciencia otorgando poderes sobrenaturales a la reliquia: Quién la visite en determinadas fechas será perdonado del “pecado de aborto” por simple decisión del obispo de la ciudad que la custodia. Al mismo tiempo, la Iglesia no se pronuncia sobre la autenticidad o no del Sudario. Esa posibilidad de que un objeto falso, un simulacro, ostente poderes sobrenaturales con plena conciencia del juego y el artificio, excede todo cuanto pueda hacer el arte en el mismo sentido. 

 

 

ocurrencio

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Los herederos de las vanguardias sustituyen los signos de interjección que erizaban los viejos manifiestos, por signos de interrogación. 

La obra es de Frank Stella.

 

"Chinoiseries"

"Chinoiseries"

Quizás recuerden (porque es la página más visitada) que ilustré "Churretes y viejos" con una pintura de Zhu Da. ¿A qué fin?

Bueno. El artículo hablaba de la libertad que alcanzan algunos viejos pintores. Un día leí, quizás a George Rowley, que los pintores informalistas se reclaman herederos de los pintores chinos tradicionales cuando lo que hacen es todo lo contrario: Los informalistas basan su trabajo en la gestualidad pulsional inconsciente mientras que los chinos pintaban con la espontaneidad surgida de una rigurosa disciplina. Los chinos controlan y los expresionistas se descontrolan.

Como dijo Pepe Bofarull hablando de Tápies con Vicente Villarrocha: "Sí, pero, de la misma misma China, no es".

Ahora que ando liado con mis propias chinoiseries, lo tengo muy presente.

 

El grabado es de Tápies.

Presentador de libros

Presentador de libros

 

Entre mis variadas actividades, a veces me ha tocado presentar libros o cosas así. Recuerdo que mi primera presentación fue con el gran Daniel Gil, el diseñador de las cubiertas de Alianza. Me dio un ataque de timidez e hice el ridículo más espantoso. De fracaso en fracaso llegué a ponerme de moda como presentador durante dos temporadas. La moda siempre es efímera pero creo que algo contribuí con mi particular sentido del humor.

Una vez, por ejemplo y porque no sé decir que no, presenté un librito infantil titulado “A soñar con los angelitos”, editado por La batidora de Ideas. El público no era el habitual en estos casos. Era la clase de público que esperarías encontrarte en un retiro del Opus Dei. Al empezar a leer, me sentía como Guillermo Brown en el cumpleaños de Humbertito Lane. Al acabar, mucho peor. Perpetrado el chandrío, puse pies en polvorosa con la dignidad de un proscrito.

El texto decía así:

 

A soñar con los angelitos es un buen libro para niños.

Casi no tendría nada más que añadir si no fuera por el subtítulo: Cuento para aprender a dormir.

¡No señor! Aquí Miguel Ángel se equivoca. O nos quiere despistar.

Los cuentos infantiles siempre son cuentos para NO dormir. Este es un buen cuento infantil porque es un cuento para no dormir como voy a demostrar ahora mismo.

Dice: Si los niños se duermen pronto… Esto ya te pone en guardia. O sea, a ningún niño le gusta dormirse pronto. Aquí ya hay un chantaje o algo. De momento, hay que estar muy despierto para ver que pasa.

 

Sigue: Vienen los angelitos y se los llevan. Ya está. Vienen los angelitos y se los llevan. Dios mío. Yo pasé mi infancia aterrorizado por mi ángel de la guarda. Me daba mucho miedo que alguien me siguiese. Si, además, era invisible, ni te cuento. Si era invisible, podía ser tres cosas: un fantasma, un ángel o un demonio. Decían que los fantasmas no existen pero los ángeles y los diablos, sí. Los diablos podían acercarse de vez en cuando para tentarte con polos de fresa o ganas de hacer pirola. Pero el ángel de la guarda estaba siempre detrás de ti. No había duda. Las mismas personas que te decían que los fantasmas no existen, te aseguraban que te seguía continuamente el ángel de la guarda: tu abuela, tu madre, tu monja… Había una lámina muy famosa que quizás recuerden. Un ángel de la guarda perseguía a su niño con tal determinación que el pobre corría a arrojarse por un precipicio. Parecía un invitación al suicidio infantil.

Está bien, pues “…vienen los angelitos y se los llevan”.

 

Pero, ojo, se los llevan volando a las nubes. Esto, para los niños que tenemos vértigo es fascinante. O sea, no se los llevan a una torre muy alta o a una montaña o a algo en lo que por lo menos puedan tener los pies apoyados en algo sólido, no: se los llevan a las nubes.

Y en las nubes, los angelitos les enseñan a saltar. Encima. Pegando saltos encima de las nubes. La lámina del precipicio es un juego de niños comparada con esto. Saltando en las nubes… ¿A qué fin? Es como cuando en las películas de terror, la protagonista sale de su cuarto a ver que pasa y baja hasta el sótano que no tiene otra salida que la trampilla que…

A ver, que me pierdo.

 

Y saltan tanto, que de las nubes caen gotas. Bueno, vale. Entonces, un poco más abajo, Miguel Ángel añade: Y eso es la lluvia. Ya. Y nos lo vamos a creer. Ese truco también me lo conozco. Sueñas que estás saltando encima de una nube y que llueve y lo que pasa es que te estás meando en la cama. Con el miedo que está pasando, ¿qué otra cosa puede hacer la criaturica?

 

Cuando llueve crecen los árboles. No sean mal pensados. Esta vez los árboles son los árboles. Lo que pasa es que cuando andas metido en estas aventuras y te pierdes por la noche en un bosque, los árboles tienen caras en el tronco, como los monstruos que descubrían los viajeros de la Edad Media, y las ramas son brazos que te quieren agarrar.

 

Y crece, crece y crece la hierba. Ver crecer la hierba presupone un estado de conciencia fuera de lo normal. No nos vamos a detener en esto para no liarnos. En fin, Alicia en el País de las Maravillas sabía algo al respecto.

 

Y la hierba se la comen las vacas. Por fin nos encontramos con un animal simpático y entrañable que parece anunciar un final feliz. Menos mal.

Pero, en la página siguiente, dice: …que se ponen muy gordas. Y pasamos página y remacha: Tan gordas, tan gordas que ya no caben en este cuento. Otra vez Alicia, otra vez esos estados alterados de conciencia. La vaca, además, tiene un aspecto de colcha que tira de espaldas. Recuerdo perfectamente mis noches infantiles con 39 de fiebre, cuando los dibujos de la colcha y la colcha entera crecían y crecían hasta hundirme en el colchón de lana y después menguaban hasta que casi no se veían y volvían a crecer y volvían a menguar… Parece muy bonito pero era terrorífico.

 

La vaca nos ha llevado a otro aspecto del libro que es muy interesante. El uso de textiles en las ilustraciones. Que la vaca sea una colcha y los angelitos estén bordados en la almohada refuerza la potencia de la pesadilla. Aunque el niño se despierte, seguirá inmerso en ella. Es una idea diabólica. Todo un hallazgo. Yo creo que este libro, al que auguro un gran éxito, se vendería mucho mejor acompañado de un juego de cama como el que le hizo a Daniel su abuelita, con tanto cariño. Es una idea que aporto desinteresadamente a la Batidora.

 

Bien, quizás haya exagerado un poco en mi propósito de defender la tesis de que este es un libro para no dormir, al contrario de lo que indica su subtítulo. Pero tengo pruebas que avalan mi teoría. Mi nieta no se ha dormida nunca con él. Se pasa horas y horas hojeándolo en busca de la vaca y no se duerme. También es verdad que no se duerme ni con este libro ni con nada.

 

 

ocurrencio

ocurrencio

A los 16 años descubrí las películas japonesas en los cines de arte y ensayo. Un día, fascinado por aquella estética, llegué a casa y les dije a mis padres: “De mayor quiero ser japonés”. No me hicieron ni caso.

Ayer me vi en los espejos de la clase de Tai Chi y pensé: “Aún puede que lo consiga”. 

 

HABLAR POR NO CALLAR

HABLAR POR NO CALLAR

El siguiente texto lo preparé para un congreso o encuentro sobre Historia de la Ciencia que se celebró en la Universidad de Verano de Jaca. Yo iba como divulgador. Los congresistas se rieron mucho con mi intervención pero se negaron a incluirla en las Actas correspondientes. Dice así:

 

Si de vez en cuando hiciera caso al sensato y conocido consejo de Wittgenstein y no hablase de lo que desconozco, otro gallo callaría.

¿Qué hago yo hablando de Cajal? De Cajal o de cualquier otro tema, si a eso vamos. A nivel filosófico wittgensteriano, debería desaparecer de las páginas de opinión, ya. Me pierde que no sé decir que no.

 

A/ Sí sé que de joven me enseñaron a dibujar y a pintar. Y los fundamentos del sistema diédrico-ortogonal. Casi todo lo demás lo aprendí por mi cuenta. Así me ha ido. Pasé mi juventud obsesionado por estar a la vanguardia y llegando tarde a todas partes. Al estudio de la semiótica, sin ir más lejos. ¡Qué esfuerzos por descifrar la famosa estructura ausente hasta que empecé a sospechar que sólo era una magnífica colección de perogrulladas! En cualquier caso, yo también soy capaz de sacarle pelos a una calavera. Recuerdo un gráfico que me pareció muy útil para mi trabajo:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la B a la Y, de la C a la Z... No consigo dibujarlas aquí.)

Que, según Eco, quiere decir lo siguiente: "...las líneas horizontales constituyen los ejes semánticos y las correlaciones verticales constituyen parejas connotativas fijas... En el momento en que deseo designar la unidad cultural "A", para sorprender al oyente y obligarle a prestar atención al mensaje, puedo nombrar a /B/ en su lugar, o /K/. Esta sustitución constituye un ejemplo de metáfora."

Tan sencilla explicación hizo que recordara el gráfico ligeramente modificado. Más o menos, así:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la A a la Y, de la A a la Z... Sigo sin poder dibujarlas aquí.)

Y como tengo muy poca capacidad para el pensamiento abstracto, suplí el gráfico por la imagen de un indio motilón en equilibrio inestable sobre un tronco, lanzando su arpón a las procelosas aguas del Amazonas con más intuición que puntería. Digamos que, en mi particular traducción de Eco, /A/ es el indio motilón  o el tronco desde el que pesca o las dos cosas a la vez (ya puestos en el salvaje Amazonas, tiremos el rigor académico por la borda); las flechitas del gráfico son sus instrumentos de caza y pesca y las letras del eje semántico inferior, las pirañas. En la elaboración de la bucólica escena he prescindido, por la propia lógica de la composición, de B, C y demás letras que componen el eje semántico superior. A estas alturas, el rigor académico debe de estar ya cerca de la desembocadura del río. Sólo falta saber para qué quiere uno la piraña y confiar en la intuición, la experiencia y la buena suerte.

 

B/ En otro libro, El orden oculto del arte, el profesor Anton Ehrenzweig sostiene la teoría de que los mitos fundamentales, el de la Diosa Madre y el Hijo autoinmolado, sobre todo, son elaboradas imágenes de los procesos creativos de la mente humana. No me extrañaría nada. Si yo, sin cortarme un pelo, convierto el mecanismo semántico de la metáfora en un indio motilón, del Hijo inmolado y resucitado podemos deducir el carácter maniaco-depresivo de la actividad creadora tan ricamente.

Eso sí, me da que pensar el hecho de que el autor de tan fascinante teoría no aparezca citado por nadie en ninguna parte.

 

C/ Cuando no hace mucho me interesé por la obra de Cajal, para hacer el librico correspondiente de la colección sobre aragoneses ilustres que llevo entre manos, descubrí con lamentable retraso su Teoría Neurotrópica y sus estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso. Cajal afirma que todos podemos ser ESCULTORES de nuestro cerebro gracias a lo que hoy se denomina plasticidad neural. Me pareció una afirmación tan sorprendente como la teoría sobre los mitos de Ehrenzweig. Descubrí que la capacidad intelectual de nuestro cerebro está más relacionada con las sinapsis que se producen entre neuronas que con el número de éstas que lo componen; que las neuronas son capaces de desarrollar nuevas dendritas en determinadas circunstancias, lo que incrementa la posibilidad de que se produzcan más sinapsis; que los axones se desarrollan en los embriones a partir de una estructura a la que Cajal denominó "cono de crecimiento" y que explica así: "Desde el punto de vista funcional puede decirse que el cono de crecimiento es una especie de maza o ariete, dotado de una sensibilidad química extraordinaria, y de cierta fuerza de impulso que le permite desviarse o salvar los obstáculos que surgen en su trayecto hasta llegar a su destino". Al leer este párrafo reconocí, entre la maraña neuronal en la que andaba metido, al indio que llevo dentro. Mis imágenes míticas de andar por casa acababan de plasmarse en una realidad neuronal -me parece exagerado decir de carne y hueso-. Había encontrado, pues, una inesperada correspondencia entre las letras del gráfico de Eco, el indio motilón y mis propias neuronas o entre las flechitas del gráfico, las del pescador y los impulsos de axones y dendritas en busca de la sinapsis específica...

 

No sé si semejantes elucubraciones tienen algún sentido científico, pero a mí me sirven. No me puedo imaginar nada más subjetivo que una sinapsis. Igual me equivoco... En cualquier caso, les remito al título que encabeza estas líneas.

 

 

 

 

Otra historia real

Otra historia real

 

Esta es la historia que más veces le oí contar a mi padre.

 

LOURDES

 

18 de julio de 1936. Los Exploradores de Zaragoza están acampados en Ordesa. El jefe de campamento es un holandés afincado en Zaragoza, directivo de la fábrica de Lejías Conejo, al que todos llaman Señor Tim (de Timmerman).

Tras los primeros momentos de desconcierto, se enteran de que Zaragoza es “zona nacional” y Ordesa, “zona roja”. Las autoridades republicanas deciden retener a todos hasta ver que se hace con ellos. Los milicianos montan guardia para que no se marchen. Desde ese momento, el juego favorito de los acampados consiste en burlar su vigilancia. Algunos proyectan arriesgadas fugas. La mayoría sale a robar patatas por los campos cercanos. Un día vuelve de Torla el Señor Tim: “Yo también colaboro con la causa”, dice sacando un chorizo de Pamplona de su pantalón.

Pasan las semanas, llegan los primeros fríos y la situación empieza a ser insostenible. Gracias a la intervención de la Cruz Roja, viajan de Ordesa a Barcelona. Se alojan en un convento. Durante los días que permanecen en Barcelona se encargan de realizar diversos trabajos. Mi padre, por ejemplo, con 16 años, actúa de portero en una asamblea del POUM: “Compañero, hay que dejar la pistola en esta mesa antes de entrar al salón”. Algunos se rebrincan. Al final tiene sobre la mesa un verdadero arsenal.

Viajan a Marsella en barco. Llegan de noche y se alojan en un hospital. Pasan entre las camas de los enfermos que los miran de forma inquietante. Por la mañana descubren que están en un manicomio. Uno de los internos barre incansable una única baldosa, procurando no salirse.

Los llevan a Lourdes y se alojan en un convento de monjas. Ejercen funciones de camilleros. Llevan a los enfermos a las piscinas y a las procesiones. Ave, ave, ave María….Cuando las monjas no les ven, conducen las camillas y las sillas de ruedas cono patinetes. Algunos enfermos acaban estozolados. Ayudan a entrar a los enfermos en las piscinas de agua bendita. Hay unas bolsas con dos asas para bañar a los peregrinos que no tienen brazos ni piernas.

Empiezan a sentirse vigilados cada vez que salen de paseo. Un buen día, rodean al espía republicano que les sigue con ánimo de escarmentarlo. Pero descubren que su enemigo es una buena persona y deciden dejarse espiar para que el hombre no tenga problemas con sus jefes. A veces bajan a avisarle: “Que hoy no vamos a salir”. Otras veces le engañan.

Llega el crudo invierno y con él las memorables nevadas y las batallas con bolas de nieve. Aprenden francés y se ponen motes que conservan toda la vida: “El Hanchis”, un chico de grandes caderas; “Petitón” (petit homme), otro demasiado bajito…(No sé si aprendieron francés con las francesas porque mi padre era muy reservado en esos asuntos. Sólo hablaba de las monjas).

Por fin, tras nueve meses, acaban las mejores y más largas vacaciones de su vida y vuelven a Zaragoza.

Más tarde se enteran de que han sido canjeados por una compañía de revistas ,“Las naranjas de la China”, que había visto interrumpida su gira en Zaragoza, precisamente. Al parecer, la primera vedette de la compañía era amante de un conseller de la Generalitat.

 

Algunos antiguos exploradores dan con ella en los 80 o los 90 y se desplazan a Madrid para conocerla. Ella les recibe abrazándoles emocionada: “¡Hijos míos!”.

 

 

Una historia real

Una historia real

Celedonio Cañas era un buen alfarero. Sus botijos eran famosos en toda la comarca.

Celedonio tenía una hija, la Marisica, una niña tan delgada tan delgada que parecía de mentiras. Tan  delgada tan delgada era la Marisica que un día se murió.

Le pusieron el vestido de primera comunión, aunque le venía un poco corto y se le veían las garrillas, y todas sus amiguitas fueron a verla con un poco de miedo y un poco de envidia.

Tras el entierro, Celedonio, sólo y triste, siguió haciendo botijos para toda la comarca.

Un día le pareció ver a la Marisica por el pasillo de su casa. El pobre Celedonio pasó una noche fatal, con una pena muy grande en la boca del estómago, soñando con su hija. Al levantarse por la mañana, se la encontró revoloteando sobre la balsa de agua como una libélula a cámara lenta. “¡Hija mía!’, dijo Celedonio.

La Marisica no dijo nada pero, en una de las vueltas, le alargó un papelito y, a la vuelta siguiente, empezó a esfumarse hasta que desapareció.

Celedonio, emocionado, se limpiaba los mocos con el papel de Marisica.

Cuando se serenó un poco, vio que el papel estaba lleno de letras y números que no comprendía. Decidió visitar al maestro. El maestro miró el papel detenidamente, con un poco de aprensión, y dijo: “Esto debe ser una fórmula”. Le pidió a Celedonio que se lo dejara y a los dos días se presentó en el alfar anunciando: “Su hija de usted le ha proporcionado la fórmula de una piedra esméril que revolucionará el mercado”. Celedonio exclamó:”¡Hija mía de mi vida y de mi corazón!” “Necesitaremos dinero”, dijo el maestro. Celedonio se sobresaltó: “¡¿Dinero?!” “¡Dinero, dinero, alma de cántaro!”, respondió el maestro como si estuviese en clase.

Celedonio, aconsejado por el maestro y por un vecino, hipotecó el alfar y se entrampó hasta las cejas.

El maestro, además de pedir un crédito, pidió la excedencia.

Tras muchos trabajos, esfuerzos y sacrificios consiguieron fabricar la piedra esméril. “La llamaremos FERRISA”, dijo el maestro. “¡La piedra FERRISA!”, exclamaba embobado Celedonio.

 

Fue un fracaso.

El maestro volvió a sus clases y Celedonio, que amortizando deudas se había quedado en la calle, acabó trabajando como celador en el Hospital Provincial de Zaragoza.

 

ocurrencio

ocurrencio

 

Hace falta cara para hacer un retrato. 

Este era el retrato del fotógrafo. Se llamaba Jalón Ángel. Bueno, ese es el nombre que se puso para hacer retratos. En realidad se llamaba García.

 

Churretes y viejos

Churretes y viejos

 

Mi amigo Pepe Cerdá y yo coincidimos a veces en algunas críticas desde posiciones completamente distintas. Uno de los últimos artículos de su blog me da pie para coincidir, matizar y discrepar de sus irónicos comentarios. No sabe él cómo se lo agradezco.

El artículo se desarrolla a partir de la famosa cúpula de Barceló. ¿Qué decir sin haberla visto? Que una estalactita como Dios manda, tarda miles de años en formarse. ¿Qué se puede hacer en un año? Churretes. La imitación servil de la realidad confirma que las comparaciones son odiosas.

Para Pepe, todo empezó con Pollock y puede que tenga razón. Tampoco Pollock es santo de mi devoción. Su pintura me parece un tanto impostada. Creo que quiso hacer, por otros medios (u ocurrencias, que diría Pepe), lo mismo que había hecho Monet después de pintarse un kilometraje de nenúfares. Lo que no creo es que Pollock fuera el origen del “vale salirse del dibujo”. El responsable fue el viejo Tiziano. Y el Greco, el que impostó sus hallazgos.

La verdadera tradición es la de los viejos “salidos”: Tiziano, Rembrandt, Goya, Monet, Picasso… pintores que vivieron lo suficiente para alcanzar la clarividencia. Se puede argumentar que esa pretendida clarividencia era fruto de sus achaques: vista cansada, pulso tembloroso, demencia senil…

Aquí, señoras y señores, voy a dar un salto mortal por sentirme incapaz de argumentar racionalmente lo que sigue. ¿Y si todo esto tiene algo que ver con lo que leo en la contraportada de La Vanguardia del día 12?

“… cuando en la física cuántica investigas la naturaleza de una partícula elemental, como un electrón, no la encuentras, está vacía. Es decir, que el electrón sólo existe en relación con el sistema de medición y el observador, no es posible observar un sistema sin perturbarlo”.

 

¿Habrá que perder los sentidos para encontrar el sentido? Continuará. 

 

La pintura es de Zhu Da (1626-1705)

ocurrencio

ocurrencio

El arte actual vuelve al museo simulando inconformismo y radicalidad y el museo hace la vista gorda. El museo, que tenía vocación de eternidad, intenta ponerse al día. Nada es lo que era. 

La imagen es de Jacques Villeglé.

 

A todo hay quien gana

A todo hay quien gana

En Zaragoza estamos muy orgullosos de que San Lamberto, tras ser decapitado en las afueras de la ciudad, recogiera su cabeza del suelo y se volviera andando con ella bajo el brazo.

Pero leo en "Iconografía de los Santos aragoneses I", de Wilfredo Rincón y Alfredo Romero, editado por Librería General, que San Félix y Santa Régula fueron decapitados, "tomaron en las manos sus cabezas y fueron a lavarlas a una balsa junto a la fuente de Torrijo y desde allí prosiguieron su camino, guiados por una vaquilla, hasta el vecino monte que servía de límite con Vijuesca, donde, tras ser sepultados, se construyó una ermita para su veneración. Sus cabezas se guardaron en urnas de plata."

Y más: San Frontonio, uno de los innumerables mártires de Zaragoza, también fue decapitado y su cabeza "subió corriente arriba las aguas de los ríos Ebro y Jalón hasta llegar al puente de Épila, y fue recogida por los sacerdotes de la villa, que la guardaron en un relicario de plata".

¿Es, pues, una costumbre aragonesa o se ha practicado en otros lugares?

Que tales cabezas se conformen con una simple urna de plata tras mostrar tanta determinación para decir la última palabra sobre su destino final, dice mucho del genuino carácter aragonés. Si es que existe semejante cosa.

 

 

Niños

Niños

 

Había un niño que siempre tenía que cargar con su primo pequeño. Encima, un día, tuvo que aguantar que su primo pequeño le dijera: ¡Chorrón, más que chorrón, que quieres ser el jefe!

 

Había un niño que se llamaba Abao. Cuando Gotzilla entraba en clase, todos los niños saludaban diciendo Abaoabaoabaoabao…, hasta que Gotzilla se cabreaba como un mono.

El niño Abao aborrecía este juego.

 

Aquel niño, cuando estaban en corro recitando la lección, mostraba a escondidas las yemas sangrantes de sus dedos.

Sus compañeros, horrorizados, contemplaban los cortes que se había hecho con una cuchilla de afeitar y le recomendaban acudir al botiquín.

- Ya se curarán solas, que son mayorcicas, respondía riéndose por lo bajinis con la suficiencia histérica que le caracterizaba.

 

El niño poeta, cuando el profesor se iba de clase, escribía en la pizarra sorprendentes versos sobre los búcaros de hiel que nos reserva el aciago destino.

El niño poeta gustaba de correr como un loco por los pasillos y estamparse contra la pared.

Aseguraba muy serio que estaba enamorado de una cabra vieja.

 

El niño justiciero mandaba anónimos a sus vecinos advirtiéndoles de que vigilaba su sospechoso comportamiento.

Escribía los mensajes en una cartulina con letra gótica, firmaba con una mano negra y quemaba los bordes para que pareciese pergamino antiguo.

Su padre era hincha del Arenas, club de fútbol. Los domingos que perdía su equipo, tapaba con un paño morado el escudo que presidía el comedor y no hablaba con nadie hasta el martes o el miércoles.

 

El niño mago se pasaba el día haciendo juegos de manos con sus barajas. Su padre trabajaba en el Casino Mercantil. El niño mago no podía extender el brazo izquierdo y lo llevaba siempre doblado. Esa circunstancia parece que hacía más meritoria su habilidad.

 

Había un niño que regalaba muy afectuoso las virutas que producía su sacaminas y se empeñaba en que los otros niños se las guardasen en el plumier. Nunca se supo si era un niño tonto o un cabroncete.

 

Era un niño tan pobre tan pobre que sus padres lo mandaron al campamento de verano con el traje de los domingos.

 

El niño prodigio tenía que cantar en todas las fiestas a las que estaba invitado, el muy imbécil.

 

Parecía un niño normal, hasta que un cura lo humilló en clase revelando a sus compañeros que usaba gafas sin necesidad, por pura coquetería.

 

Otro niño que parecía muy normal se metió cura. No tuvo lo que hay que tener para despedirse en persona de sus amigos y les mandó una carta que sólo consiguió emocionar a sus señoras madres.

 

El niño forofo, al acabar un tormentoso partido, le pegó con un palo al árbitro en la cabeza y el árbitro intentó matarlo. El niño se meó en los pantalones y no volvió a ser forofo de nada.

 

Era un niño raro. En su casa había una habitación llena de vitrinas. En cada vitrina se exhibía, a modo de belén, una escena completa de geypermanes con todo lujo de detalles; un safari, un campamento indio, una batalla de la II Guerra Mundial…

Sólo se podía mirar.

 

El jefe de la banda de los niños veraneantes preparaba los enfrentamientos con la banda de los niños del pueblo, haciéndoles formar: ¡A cubrirse!, gritaba como un militarote.

Y en perfecta formación esperaban a los niños del pueblo que no venían nunca.

 

Otro niño era hijo del diminuto profesor de gimnasia, que era militar y se llamaba Abundio. Aquel niño, pese a todo, no daba ninguna pena.

 

Había un niño muy mimado que se murió.

 

Los niños del colegio rodeaban a la anciana sentada en el suelo de la plaza y le insultaban a voz en grito. La anciana señora se hacía la sorda hasta que, de pronto, se cogía una flema con los dedos y la lanzaba como una centella contra ellos. La leyenda cuenta que siempre acertaba en algún ojo.

 

Un pobre niño vivía con su tío cura. Un día, el pobre niño fue acusado de robarle unas pesetas y los curas del colegio le pegaron una paliza en plan corporativo.

 

El niño cojo tenía las piernas retorcidas y caminaba apoyado en dos gayatas de madera. Como no podía jugar en el recreo, el pobre se sentaba junto a la pared y se entretenía derribando con los bastones a los niños que pasaban ante él.

 

Un curso coincidieron dos niños que no podían salir al recreo por motivos de salud. Solos en clase, ideaban todo tipo de torturas para sus profesores.

 

Una niña muy pequeña dijo un día: “Os voy a contar un cuento. Esto era una Virgen muy presumida y de plexiglás”.

 

 

ocurrencio

ocurrencio

En estos tiempos, las provocaciones en el arte son como los trampantojos: Admira la capacidad del artista para crear una ilusión que, en realidad, no engaña a nadie. 

 

Exiliadico I

Exiliadico I

 

Si es cierto, como dijo el otro, que la patria del hombre es su infancia, yo soy un exiliado sin haberme movido de la ciudad.

–“¡Mira éste, como todos!”, apostilla el agudo lector.

Cierto, cierto, pero algunos, al menos, conservan el escenario de sus juegos, el territorio patrio, las señas de identidad, algo... No es mi caso.

 

Fui un niño que vivía en una casa modernista, con bazar de juguetes y todo, que derribaron en cuanto me hice mayor.

Estudié en el colegio de la Consolación y en el de los Hermanos Maristas. Los curas y las monjas vendieron sus respectivos edificios. Ahora son oficinas. El arzobispo vendió o regaló al Opus la iglesia de nuestra parroquia, derribó la de San Juan y San Pedro, cuya torre mudéjar se asomaba a la ventana de mi clase, y cerró La Seo.

Pues que sus puertas me cierra, de mis pasos en la Tierra, responda el clero, no yo.

 

Fui un niño que jugaba en los jardines de la Plaza del Pilar y paseaba el andén central del Paseo Independencia. Que se bañaba en los tres ríos, siguiendo las doctrinas de Heráclito, que hacía excursiones al soto de Doña Sancha, justo por donde pasa la autopista de Barcelona, y a los pinares de Valdegurriana, justo por donde pasa el cuarto cinturón.

Hasta hace poco pensaba que siempre me quedaría el laberinto de las Canteras por estar ubicado en el desierto. Volvía a equivocarme: ahora es un “vertedero controlado” y ha desaparecido bajo la enrona.

Ha desaparecido también el estudio de Rabadán, donde aprendí a pintar, y a punto está de correr la misma suerte el que compartí con mi padre durante muchos años.

No soy un paranoico. Sé que los responsables de tanto progreso no tenían nada contra mí. Estaban, simplemente, ganando dinero.

–“¿Para qué querrían tanto?”

 

–“Pues para ponerse dos colmillos de elefante en la entrada de su dormitorio, oiga”. 

 

Varios años después de escribir esto, sigo sumando: Ha desaparecido Ranillas, donde guisé mi primera paella; ha desaparecido el Náutico, donde fui remero de los 16 a los 21 años; la Escuela de Artes, en la que fui alumno durante 5 años y profesor otros 18, está en avanzado estado de descomposición...

(continuará)

 

Exiliadico II

Exiliadico II

 

No sé si recuerdan: la semana pasada me quedé viendo los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados por la política especulativa de nuestros próceres. Me habían dejado la ciudad pelada de referencias infantiles.

Bien, pues como por razones familiares no podía irme de la escombrera zaragozana, pensé salvarme del derribo alejándome lo más posible de aquellas ruinas, no fuera a caer algún cascote y tuviéramos un disgusto. Pegué un corte de mangas al pasado y me encaré arrogante al futuro.

 

Con la ingenuidad que caracterizaba a los jóvenes de antaño, decidí dedicarme a la práctica del arte moderno en lugar de comprar terrenos en Valdespartera. Y como, si te pones, te pones, me subí al tren de las Vanguardias. Al cabo de cierto tiempo me di cuenta de que era como el tren de la bruja: te molían a escobazos y dabas vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte. Yo estaba entusiasmado. Al fin y al cabo, era mi nueva patria.

De la que me tuve que apear porque me mareaba. Se me iba la cabeza. Y es que, en un plisplas, había experimentado con la nueva figuración, el neodadaísmo, el povera, el pop, el op, el surport-surface, el happening, el environement, el agit-prop el mail-art y el land art. Y con lo lúdico, lo lírico, lo crítico, lo críptico, lo político, lo místico, lo esquizofrénico y lo semiótico.

Mi nueva patria era demasiado rápida para un chico de provincias como yo. En fin...

Una vez en tierra de nadie, me dijeron, quizás por consolarme, que aquel enloquecido carrusel, que cada vez giraba más deprisa, era sólo un sucedáneo; que las auténticas Vanguardias habían sido derribadas, hacía muchos años, por la especulación. Vete tú a saber.

 

 

Ahora trabajo y vivo en territorios fronterizos. La sencilla pregunta “¿Profesión?” me pone en un brete. Y sólo me separa del cementerio el tercer cinturón. 

(Ya no. Esto lo escribí hace un tiempo.)

 

ocurrencio

ocurrencio

Ventajas del arte conceptual: Pensar mancha menos que pintar.

 

ocurrencias

He llegado a una edad en la que puedo permitirme no pintar lo que me da la gana. 

 

ocurrencias

ocurrencias

La prueba de que el arte es fiel reflejo de la sociedad que lo produce es que, cuando el arte se ríe de sí mismo, el espectador piensa que se está riendo de él. 

 

Praxis

Praxis

¿Para qué escribí esto?

¡Ah, sí...! Para uno de los Congresos sobre Literatura infantil y juvenil que organiza Rosa Tabernero en Huesca.

 

 

En estas breves líneas intentaré cercar la praxis teóricamente desde distintos puntos de vista, de un modo similar al que utiliza Adorno para cercar al Arte en su Teoría estética, si se me permite la pedantería. Me pasa con ciertos libros como a otros con Ava Gadner: que se la leían de cabo a rabo para poder contarlo.

 

1/ Yo soy pintor. Me formé para serlo. También sé que no he aportado nada sustancial a la pintura, no soy idiota. Cierto crítico alemán acuñó la definición de “pintor suficientemente bueno” para los pintores con interés que no hacen aportaciones decisivas. Ni a eso llego. Pero me considero un pintor aceptable. Estimación tan subjetiva, sin embargo, no ha sido corroborada por el interés de ningún crítico ilustre ni el de ninguna galería solvente. Tal desinterés, da que pensar. Sobre todo, en una forma alternativa de ganarse la vida.

 

2/ Elegí malos tiempos para hacerme pintor. Recientemente visité la exposición Kalos-Atenas en el Palacio de Sástago de Zaragoza y se confirmaron mis peores aprensiones sobre la época en que me tocó ser joven promesa. Confundíamos todo: la modernidad con el amaneramiento, la libertad con la teoría, el tocino con la velocidad… Qué desastre. Semejantes despropósitos, ahora, dan mucho que pensar.

 

3/ ¿Qué pasó? Nos hablaron de la muerte del arte pero no les creímos, teníamos veinte años, éramos eternos. Algo más tarde, algunos filósofos matizaron un poco: el arte no acababa de morirse pero se hacía soluble. La pintura, ni te cuento. Vattimo lo advirtió enumerando incluso los conceptos en los que se disuelve: utopía, kitsch y silencio. Semejante lista da tanto que pensar que escribí una tesis doctoral sobre ella.

 

4/ Siempre he asumido y reivindicado mi carácter esquizoide por partida doble: como artista y como aragonés. En el primer caso, hay numerosos estudios sobre el tema. El más interesante, a mi modo de ver, el de Anton Erhenzweizg, autor que nunca he visto citado en ninguna parte, lo cual también da que pensar. Así mismo, da que pensar el hecho de que los estudiosos estén abandonando el modelo de artista esquizoide por el de artista autista. En este caso, que piensen ellos. No pienso tirar por la borda la elaboración teórica de toda una vida por semejante tontería.

 

5/ En cuanto al esquizoidismo aragonés, también existe algún trabajo al respecto y yo mismo he perpetrado un librito que espero poder publicar algún día. Para el antropólogo Ortiz-Osés, por ejemplo, el aragonés es como una construcción mudéjar hecha de piedra y ladrillo, de dureza y fragilidad. No hay como repasar las vidas y las obras de nuestros genios más ilustres para darse cuenta de qué razón tiene. Incluso Marianico el corto participa de esa dualidad.

 

6/ Mi esquizoidismo de pintor aragonés se exacerba ante la disolución de la pintura. Por lo visto, según Dorfless, es porque sigue existiendo un impulso genético que nos impele a pintar con la misma fuerza que cuando empezamos a hacerlo en las cuevas de Altamira o en las páginas de los libros de texto. El problema es, ¿qué pintar cuando todo ha sido pintado?

Qué agobio, ¿no?

 

7/ De perdidos, al río, al río de la historia del arte, para qué te vas a andar con tonterías. Si ya no puedo ser original, quiero pintar, al mismo tiempo, como un pintor de El Fayum y un calígrafo chino, como un miniaturista medieval y Piero de la Francesca, como Tiziano y Velázquez, como Rembrandt y Vermeer, como Goya e Ingres, como Cèzanne y Van Gogh, como Picasso y Matisse, como Rothko y Jasper Jones, como Anton-i Tápies…

 

8/ En los estertores de las últimas vanguardias, creí que la única posibilidad de cumplir mi sueño era trabajar en la ilustración. No me había enterado aún de que existía la posmodernidad.

En algún momento, la ilustración fue el paraíso del pastiche o así me lo pareció a mí. Hace tiempo, escribí algo sobre este tema en un catálogo para nuestra amiga Ana.

 

9/ Coincidió que en ese momento preciso fui padre. Lo cual da que pensar que te cagas. De ahí mi relación con la literatura infantil y juvenil. Además de aprender de todos los pintores que he citado antes, aprendí de mis hijos.

 

10/ Con el tiempo encontré la manera más adecuada de combinar todos estos elementos: Una colección de biografías de aragoneses más o menos heterodoxos, más o menos heterodoxa. La colección me ha permitido parodiar todos los géneros y todos los estilos. Y lo que te rondaré, morena.

 

11/ Aunque últimamente creo percibir que la pintura ya no puede refugiarse en  la ilustración, mucho más influida ahora por los hallazgos del diseño gráfico o mucho más autónoma gracias a su propio desarrollo y al desarrollo informático. Lo cual me está dando que pensar…