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de profesión incierta

HABLAR POR NO CALLAR

HABLAR POR NO CALLAR

El siguiente texto lo preparé para un congreso o encuentro sobre Historia de la Ciencia que se celebró en la Universidad de Verano de Jaca. Yo iba como divulgador. Los congresistas se rieron mucho con mi intervención pero se negaron a incluirla en las Actas correspondientes. Dice así:

 

Si de vez en cuando hiciera caso al sensato y conocido consejo de Wittgenstein y no hablase de lo que desconozco, otro gallo callaría.

¿Qué hago yo hablando de Cajal? De Cajal o de cualquier otro tema, si a eso vamos. A nivel filosófico wittgensteriano, debería desaparecer de las páginas de opinión, ya. Me pierde que no sé decir que no.

 

A/ Sí sé que de joven me enseñaron a dibujar y a pintar. Y los fundamentos del sistema diédrico-ortogonal. Casi todo lo demás lo aprendí por mi cuenta. Así me ha ido. Pasé mi juventud obsesionado por estar a la vanguardia y llegando tarde a todas partes. Al estudio de la semiótica, sin ir más lejos. ¡Qué esfuerzos por descifrar la famosa estructura ausente hasta que empecé a sospechar que sólo era una magnífica colección de perogrulladas! En cualquier caso, yo también soy capaz de sacarle pelos a una calavera. Recuerdo un gráfico que me pareció muy útil para mi trabajo:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la B a la Y, de la C a la Z... No consigo dibujarlas aquí.)

Que, según Eco, quiere decir lo siguiente: "...las líneas horizontales constituyen los ejes semánticos y las correlaciones verticales constituyen parejas connotativas fijas... En el momento en que deseo designar la unidad cultural "A", para sorprender al oyente y obligarle a prestar atención al mensaje, puedo nombrar a /B/ en su lugar, o /K/. Esta sustitución constituye un ejemplo de metáfora."

Tan sencilla explicación hizo que recordara el gráfico ligeramente modificado. Más o menos, así:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la A a la Y, de la A a la Z... Sigo sin poder dibujarlas aquí.)

Y como tengo muy poca capacidad para el pensamiento abstracto, suplí el gráfico por la imagen de un indio motilón en equilibrio inestable sobre un tronco, lanzando su arpón a las procelosas aguas del Amazonas con más intuición que puntería. Digamos que, en mi particular traducción de Eco, /A/ es el indio motilón  o el tronco desde el que pesca o las dos cosas a la vez (ya puestos en el salvaje Amazonas, tiremos el rigor académico por la borda); las flechitas del gráfico son sus instrumentos de caza y pesca y las letras del eje semántico inferior, las pirañas. En la elaboración de la bucólica escena he prescindido, por la propia lógica de la composición, de B, C y demás letras que componen el eje semántico superior. A estas alturas, el rigor académico debe de estar ya cerca de la desembocadura del río. Sólo falta saber para qué quiere uno la piraña y confiar en la intuición, la experiencia y la buena suerte.

 

B/ En otro libro, El orden oculto del arte, el profesor Anton Ehrenzweig sostiene la teoría de que los mitos fundamentales, el de la Diosa Madre y el Hijo autoinmolado, sobre todo, son elaboradas imágenes de los procesos creativos de la mente humana. No me extrañaría nada. Si yo, sin cortarme un pelo, convierto el mecanismo semántico de la metáfora en un indio motilón, del Hijo inmolado y resucitado podemos deducir el carácter maniaco-depresivo de la actividad creadora tan ricamente.

Eso sí, me da que pensar el hecho de que el autor de tan fascinante teoría no aparezca citado por nadie en ninguna parte.

 

C/ Cuando no hace mucho me interesé por la obra de Cajal, para hacer el librico correspondiente de la colección sobre aragoneses ilustres que llevo entre manos, descubrí con lamentable retraso su Teoría Neurotrópica y sus estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso. Cajal afirma que todos podemos ser ESCULTORES de nuestro cerebro gracias a lo que hoy se denomina plasticidad neural. Me pareció una afirmación tan sorprendente como la teoría sobre los mitos de Ehrenzweig. Descubrí que la capacidad intelectual de nuestro cerebro está más relacionada con las sinapsis que se producen entre neuronas que con el número de éstas que lo componen; que las neuronas son capaces de desarrollar nuevas dendritas en determinadas circunstancias, lo que incrementa la posibilidad de que se produzcan más sinapsis; que los axones se desarrollan en los embriones a partir de una estructura a la que Cajal denominó "cono de crecimiento" y que explica así: "Desde el punto de vista funcional puede decirse que el cono de crecimiento es una especie de maza o ariete, dotado de una sensibilidad química extraordinaria, y de cierta fuerza de impulso que le permite desviarse o salvar los obstáculos que surgen en su trayecto hasta llegar a su destino". Al leer este párrafo reconocí, entre la maraña neuronal en la que andaba metido, al indio que llevo dentro. Mis imágenes míticas de andar por casa acababan de plasmarse en una realidad neuronal -me parece exagerado decir de carne y hueso-. Había encontrado, pues, una inesperada correspondencia entre las letras del gráfico de Eco, el indio motilón y mis propias neuronas o entre las flechitas del gráfico, las del pescador y los impulsos de axones y dendritas en busca de la sinapsis específica...

 

No sé si semejantes elucubraciones tienen algún sentido científico, pero a mí me sirven. No me puedo imaginar nada más subjetivo que una sinapsis. Igual me equivoco... En cualquier caso, les remito al título que encabeza estas líneas.

 

 

 

 

1 comentario

Pepe Cerdá -

Cano de mis entretelas. Cuando te leo me parece estar mirándome en un espejo.
Creo que a los socarrones escépticos nos debía estar prohibido leer según qué cosas.
Yo para remediarlo apenas leo nada últimamente, es más, ni siquiera leo lo que escribo.
Besos