Blogia
de profesión incierta

Oído en el bus

Un joven y su móvil

- ¿Qué pasa, chaval?

- ...

- ¡No me hables! Estaba en Torrero viendo el partido y he dicho: me voy a mi casa y así cuando llegue ya habrá acabado. ¡Qué vergüenza, tío!

- ...

- Bueno, por los vídeos que he visto esta tarde... nivelazo, ¿no? Pero, nivelazo, nivelazo... Me he quedado... Digo, ¡Hostia! y a mitad de noviembre, tío, que es que las armonías están ya y... y, sobre todo, los pianos y los bajos, que es que dices: un gallo, yo qué sé... un gallo, ¿un gallo?, pero, tío, qué dices... De verdad, me he quedado...

- ...

- Vale, si la tenéis ya, la meto en el repertorio, eso, lo que tú me digas.

- ...

- Vale, pues la metemos y metemos también "Eucaristía" y luego ponemos el orden para la procesión.

- ...

- Sí, sí... Iremos hasta San Jorge a tambor y luego...

- ...

- Vale, tío... Y enhorabuena porque lo que he visto esta tarde, de verdad... que he dicho ¡Hostia, qué nivel!

 

 

 

Dos señoras

– ¿Y esos guantes?

– ¿Te gustan?

– Son muy monos... ¿Sabes cuales me gustan a mí? Esos que no llevan dedos... Esas manoplas con los dedos fuera...

– ¡Coño, mitones!

 

 

Una niña y su madre

- Mamá, ¿por qué sube por esa puerta?

- Porque no coge por la otra.

- ¿No coge por la de delante?

- No, no coge. Por eso sube por la otra.

- ¡Jo, qué morruda!

- Cariño, es que va en silla de ruedas...

 

 

 

Un revoltijo de señoras

– ¡Chica, qué buen color!

– Que hemos venido de vacaciones hace dos días.

– ¿Y dónde habéis estado?

– En Roquetas... Con el Inserso, ¿eh?

– Pues, oye, muy bien.

– Hola,

– ¡Hola, no te había visto!

– ¡Hola!

– ¡Otra, ¿y esa qué hace en el autobús?!

– ¡Toma, lo mismo que las demás!

– Ya, pero como ella siempre va en coche, por eso lo digo.

– Alguna vez le tiene que tocar ir en autobús.

– A mí me toca siempre. Mi marido, en cambio, como va siempre en coche, si tiene que coger el autobús, se cabrea...

– No, es que tenía que hacerse la mamografía y habrá cogido el autobús porque le tocará ahí.

– Ah, claro.

– Chica, ¿y qué morena estás?

– Que he estado en la playa, en Roquetas.

– Yo estuve este verano.

– ¡No, qué va, si vinimos hace dos días!

– ¡Que digo que yo ya estuve este verano!

– ¡Ah! Qué bonito, ¿verdad?

– Por eso lo digo.

– Pero que quince días es mucho. Nos ha dado tiempo de ver todo: Mojácar... Marbella...

– El pueblo más rico de España.

– Pero ya no es lo que era.

– ¡Toma, está el alcalde en la cárcel!

– ¡Jajaja!

– Pues, sí, chica, aprovecha, que el otro día vi a tu nuera y ya le queda poco...

– Para marzo o abril.

– ¿Tanto? Pues si me pareció que abultaba...

– Es que se engorda mucho. Le pasa como a mí. Yo, con el primero, siete kilos engordé y, con el segundo, dieciseis.

– ¡Uh! Yo, no... A mí en los embarazos me da por adelgazar.

– Como a mí.

– Y tu marido, ¿qué tal?

– Pues, mejorcico va. 

– Total por una infección...

– Le dijo el médico: "Esto se nos ha ido de las manos". Y le dijo él: "Se le habrá ido a usted, que no me recetó unos antibióticos".

– Pero, ¿se ha quedado bien, oye bien?

– Un poco dice que ha perdido.

– Pues, mira, un poco que ha perdido, si este invierno coge una autitis, otro poco y así hasta que se quede sordo.

– Sí, pues a nuestra edad, cada vez peor.

– ¿Qué años tienes, pues?

– Sesenta y tres y sesenta y dos, tenemos.

– ¡Ya ves tú! Peor está mi suegro con sesenta...

 

 

Dos señoritas jóvenes

– Chica, ese Rubalcaba me da un miedo...

– ¿Sí?

– ¡Uf! Eso tiene un peligro...

– ¿Por qué?

– No sé.

– Ah.

 

 

Un jovencito cantando

– ¡Bonita y caprichosa, del jardín la mejor rosa, pero cuando más me gusta es bailando este rock...! Quince quince años años tiene mi amor...

 

 

Dos ancianas

– María...

– ¿Qué pasa, pues?

– Al Hogar del jubilado...

– Yo también.

– ...

– Muy callada te veo, con lo que tú eres... ¿te pasa algo o qué?

– Que se ha muerto mi hijo esta mañana.

– Vaya...

– ...

– ...

– No me iba a perder la chocolatada.

– ¿Era el que estaba enfermo?

– Sí. Con un cáncer. 49 años tenía... Un chico bien majo que era...

– Ya, ya...

 

 

Una joven y su móvil

– Me dice: "Oye, no quedamos hoy, que ya quedamos ayer y quedaremos mañana". Chica, no sé... Ha estado fuera todo el fin de semana y que no quiera quedar... Me parece raro, qué quieres que te diga. Cuando le he llamado dice que se acababa de depilar y se iba a poner a estudiar, oye, es que eran las nueve y media, que no me parece ni medio normal... Y, encima, me dice que si me parece bien que llame a Begoña.

– ...

– Pues, eso, que no sé qué pensar... Que no quiera quedar y encima me gaste la broma de Begoña... Dice: "Es que a ti ya te tengo muy vista".

– ...

– A las doce. Y salgo a las ocho. No sé, aunque sea me paso yo por tu casa y hablamos un poco, que es que lo necesito...

 

 

Un matrimonio, el conductor y otro pasajero

– ¡Oiga! ¡¿Es que ya no entra el autobús por aquí o qué?!

– Tenemos que dar la vuelta en la siguiente rotonda.

– ¿Y entra por allí o qué?

– No, señor, da la vuelta y entra por donde siempre.

– Es que yo voy a Gran Casa.

– Pues, allí le deja, en "El pato rojo".

– ¡Ah, vale! Pues, vaya vuelta que nos hacen dar... Y esto, ¿a qué listo se le habrá ocurrido? Porque mira que hay listos, ¿eh? En fin... Espera, que me ha dicho que da la vuelta.

– Menos mal.

– Pues, sí, porque nosotros vamos a Gran Casa y si nos dejan aquí... ¡Imagínate!

– Pues, sí.

– ¡¡¡Pero qué haces!!! ¡¡¡¿Por qué te bajas aquí?!!! ¡¡¡Espere!!! ¡¡¡¿Ande vas?!!! ¿¿¿Pero no te he dicho que nos bajamos en Gran Casa?!! 

– No sé...

– ¡Anda...! Pero si te he dicho que da la vuelta. ¿No has visto que le he preguntado?

– Sí, sí...

– Pues, menuda tirada hay, imagínate todo esto andando.

– Ya, ya... Para otra vez ya lo sabemos.

– ¡O no! Igual lo han cambiado otra vez porque esto es que no tiene cabeza de autobús ni de nada.

– La próxima es su parada.

– ¡O la otra, yo qué sé!¡La mía es la de Gran Casa!

– Pues, eso.

– Aquí, esta es nuestra parada. Anda, vamos...

 

 

Dos señores jóvenes

– Se pone... bueno, tenías que verlo. Que ha vuelto a las andadas...

– Está bebiendo otra vez, ¿no?

– Pero, que no sé por qué, ahora se pone agresivo... A mí me dijo de todo, di que, mira... a mí me da igual pero, joder, no insultes, respeta a las personas. Se tiene que meter con todo el mundo.

– Pits...

– El otro día me llamó llorando.

– ¿Llorando?

– A moco tendido: "¡Ven, que estoy muy mal! ¡Por favor!" Me vestí y en dos minutos estaba allí. Bueno, había arrancado el timbre, había arrancado el teléfono, los enchufes... Se había bebido no sé cuantas cervezas y una botella de licor de hierbas sin comer y claro...

– ¡Puf!

– Ya te digo. Y ahí: "¡Que me quiero morir, que esta vida es una mierda...!" Lo vestí y me lo llevé a la calle porque estaba... Digo, venga, vamos a dar una vuelta, a ver si te despejas. Y en cuanto pude, llamé a Ricardo y le dije, macho, a ver si me echas una mano porque como se me caiga, yo sólo no puedo levantarlo. Y en seguida vinieron Ricardo y Marcos y ya entre los tres... Pero, él seguía, "que me quiero morir, que esta vida es una mierda..." Joder, lo que le dijo Marcos: "Tienes a tu hijo, tienes tu trabajo, tienes a tu hija, tienes un buen trabajo, porque, sí, habrá que echar horas pero...

– Sí, con el taxi hay que meter horas pero en Teruel, no tantas.

– Pues, eso, y libra cada dos fines de semana, pues, ¿qué más quiere? Que tiene un trabajo de puta madre. Yo le decía: si fuera mujer, no te me escapabas. Bueno, al final parece que se calmó un poco, lo llevé a casa y lo metí en la cama...

 

Una pareja de mediana edad

– No, una cena, no: haremos una comida de Halloween.

– Ah.

 

 

Una señora y yo

– Y esa chica, ¿qué hace, en qué trabaja?

– ¡Uf! Tiene un trabajo muy marciano...

– ¿Más que el tuyo?

 

 

Un señor que canta mientras se besa una parejita

El señor canta una canción sobre los placeres del noviazgo y las desgracias del matrimonio, cada vez más alto y más serio. Al acabar dice:

– ¡Sí, señora, he cantado, he cantado porque tenía ganas de cantar, porque he visto una cosa que no me ha gustado nada, por eso he cantado, ¿qué pasa?! ¡Van ahí besándose de una manera que acabarán haciendo el amor en el autobús! ¡Y ahora voy a cantar una jota!

A voz en grito, canta una jota sobre la vergüenza que le da entrar a ver a la Virgen porque tendría que decirle que quiere más a su novia.

– ¡Ya está, aquí me bajo! ¡Hala, seguid así, ¿eh?, seguid así!

– Chúpeme el pie, señor, le responde la jovencita aludida.

 

Una jovencita

– Te hace un gesto que te da que pensar.. y luego te dice todo lo contrario. Nunca había pillao con nadie tan raro, la verdad.

 

 

Dos jóvenes

– Dice mi tío que, si la gente supiera como está todo, no se montarían.

– ¿En qué?

– ¡En el Parque de Atracciones! Que dice que está todo jodido, todas las cuerdas por dentro, está todo reventao...

– Jodo.

– Jo, tía, estoy sin un puto euro. Entre lo poco que me han dao y las entradas que he comprao... ya puedo ir a ver a mis abuelos.

 

 

Dos señoras mayores

– Agárrese, agárrese aquí.

– ¡Ay, hija! A ver si dejo las bolsas, que no se me caigan, que el otro día se fue rodando la sandía... ¡Hala, hasta el fondo...!

– Es que no pué ser... ¡Tch...!

– No pué ser, no.

– Qué calorina, ¿eh?

– No sabe una qué ponerse.

– Vas siempre sudando, porque t'abrigas demasiao...

– ¡Como dicen que v'hacer tantismo frío!

– No, va a llover, pero intermitente: lo mismo p'arriba, que p'abajo, que p'al medio.

– Eso. Pues, la Virgen del Pilar, con lo que es, ya podía hacer algo, ¿no?

– Me paice que con el tiempo... pocos milagros puede hacer.

– Je... con el tiempo... y con todo.

– ¿Verdad? Si es que tenemos devoción y vamos y todo eso pero...

– Tenemos devoción pero... nada.

– Pues, eso.

 

 

Una joven señora y un joven señor

- Si casi no nos vemos... Ella allí y yo aquí. Voy cada quince días para verla un momento...

- Pues, túrnense, que venga ella aquí, también.

- No puede. Trabaja hasta los domingos. Ya le digo que casi no la veo. Le he dicho que como esto siga así me buscaré otra.

- ¡No, no se busque otra!

- ¿Por qué? Podías ser tú, quizás.

- Jajaja... ¡No, yo no! ¡Estás loco!

- ¿Por qué?

- ¡Jajaja, jajaja, jajaja! Me dijeron que vives otra vez con Carlos Eduardo.

- Sí, se fue, volvió: "¿Me puedes alquilar una habitación?" Y cómo, sin problema. Y usted sigue con Anita, creo.

- Ahí estamos, sí.

- Podíamos quedar algún día.

- Yo no salgo.

- ¿Y cómo no?

- No salgo.

- ¿Y qué hace metida en casa?

- Me voy a la cama.

- Venga a vernos. En mi casa también hay de eso, y no una si no varias.

- ¡Jajaja! Yo no salgo.

- Por platicar, no más.

- ¡Jajaja! ¡Ya estamos platicando!

- Quiero decir... venga sólo de visita.

- ¿Sólo de visita? ¡Jajaja! ¿Ni un cafecito me ofrecerá?

- Si quiere, yo le preparo un cafecito.

- ¡Jajaja! Un cafecito...

- A mí no me cuesta levantarme a prepararle un cafecito si le gusta desayunar en la cama...

- Qué desahogado es usted.

- Pues, no más que por reirnos un poco, ¿no es cierto? Esta pinche vida es mejor tomársela un poco a broma.

- Eso es verdad.

- Pues, eso, quedamos, platicamos...

- Tú y yo no tenemos nada y si nos vemos será por ahí, ¡jajaja!

- Podemos salir.

- Yo no salgo, ¡jajaja!, si nos vemos será por ahí.

- Pero, podemos...

- ¡Jajaja! Yo no salgo, si nos vemos será por ahí.

- Pero...

- Si nos vemos será por ahí. Yo no salgo. Sólo salgo los lunes a comprar la comida. Los lunes salgo a comprar. Los lunes.

 

 

Un señor

No pude oírle, pero estuvo todo el viaje hablando solo. Me llamó la atención porque, aunque iba afeitado, se había dejado dos mechones de barba en los mofletes.

 

 

Dos señoras

– Chica, llevamos un jaleo... Mi sobrino hace la comunión al año que viene y mi hijo al siguiente y, claro, estamos empezando a buscar sitio...

– Espera, espera... ¿Tu sobrino hace la comunión al año que viene (o sea, en el 2011) y tu hijo, al otro (en el 2012)?

– Sí, sí.

– Chica, pues yo no me daría mucho mal.

– ¿Por?

– Porque dicen que en el 2012 se acaba el mundo.

– ¡!

– Eso dicen.

– ¿Quién lo dice?

– Los mayas.

– ¿Los mayas?

– Sí, los mayas.

– ¿Esos quienes son? ¿De la ONU o algo así?

– No. Los mayas son un pueblo de Centroamérica, con una historia de miles de años, que hace muchísimo tiempo predijeron que se acabaría el mundo en el 2012.

– ¿Y tú cómo sabes todo eso?

– Porque lo he leído.

– Claro, como yo no leo... Es que no tengo tiempo.

– Ya.

– Oye, ¿y tú crees que es verdad?

– Chica, yo qué sé...

– Pues hablaré con mi marido y esperaré un par de meses, por si acaso...

 

Dos señoras de cierta edad

– Ayer vi a tu chico, que no lo conocía... ¡Madre lo que ha cambiao!

– Sí. ¿El pequeño o el mayor?

– El de melenas. De verlo con el pelo pincho a verlo así... Y es que está mu grande.

– El mayor. Pues el pequeño aún está más alto. Uno ochenta y cinco o por ahí, mide. Que su hermano tiene envidia y se aupa y dice: Estamos iguales, estamos iguales.

– Como los críos. 

– Igual. Tiene veinticuatro, maña, y nos hemos quedao en los dieciséis.

– Ya madurará algún día.

– No, si es muy maduro. Pa lo que tiene que ser maduro, es muy maduro, mu responsable. Pero, que es un enredador.

– Sí, que será maduro pa unas cosas y no pa otras.

– Ya te digo que pa lo que tiene que ser maduro, es mu responsable. Siempre lo ha sido, desde pequeñico.

– La Paqui me dijo, ¿Los hijos de la María, de qué tribu son, pues?

– ¡Jejeje, de qué tribu, dice, jejeje!

– Chica, que yo no entiendo de eso. ¿No se dice tribu o qué?

– Son de distintas tribus. El mayor, el de las melenas, ese es jevy. El otro es friki.

– Que no entiendo. A mí no me gustan así pero, bueno, son modas... Ellos sabrán. La cuestión es que sean buenos chicos.

– Sí... Como dicen ellos: Peores cosas podíamos ser.

– Sí, claro.

– Imagínate que fueran cabezas rapadas. O punkis, con lo mal que huelen, que es que es una peste como huelen...

– Es que a mis hijos no les ha dao por esas cosas, ¿sabes?.

– Pues, ya ves, yo, ya...