Tres señoras
1ª– Me pasó una cosa con el perro en Riglos...
2ª– Eso fue en Agüero.
1ª– No, lo de Agüero fue después. Lo que iba a contar fue en Riglos.
3ª– ¿En Ayerbe?
1ª– ¡No! ¡En Riglos!
3ª– Ah.
1ª– Me pasó una cosa con el perro en Riglos...
2ª– Eso fue en Agüero.
1ª– No, lo de Agüero fue después. Lo que iba a contar fue en Riglos.
3ª– ¿En Ayerbe?
1ª– ¡No! ¡En Riglos!
3ª– Ah.
– Ya habrá llamado Rosa y la del garage.
Prolongado silencio.
– A ver si no podría descolgar y ver quién es.
Prolongado silencio.
– Si es que esa...
Prolongado silencio.
– Le pregunto: "¿Qué te ha dicho tu hermano de lo que has vendido?" Dice, "nada, que haga lo que quiera".
Prolongado silencio.
– Qué bien le viene a ella.
Silencio definitivo.
- ¿Qué te ha pasado en el brazo?
- Que lo tenía inflamado, he ido a la fisio y me ha dicho: "Te pongo una venda y si el lunes sigues igual, ya haremos algo".
- ¿Y eso, de qué?
- Pues, chica, yo creo que es de llevar a la perra, que se ha hecho vieja, tiene miedo de salir a la calle y va siempre tirando, y yo, por llevarla con la correa bien corta como el encantador de perros, para que sepa quien es el jefe de la manada...
-¡"El jefe de la manada, el jefe de la manada"! ¡Pero qué jefe de la manada si luego te ve recoger sus mierdas!
– ¿Qué tal, qué tal estás? ¡Qué fuerte,¿no?!
– ...
– ¡No me digas! ¡Qué guay! ¡No sabes cómo me alegro, de verdad!
– ...
– Pero, eso es porque os queréis.
– ...
– Mujer, pues es una prueba de que quiere volver contigo, que te echa en falta. Yo aclararía por qué ha hecho eso, por qué te ha tenido abandonada tantos días...
– ...
– ¡Bueno, sois amigos con derecho a, ¿no?! ¡No sois sólo amigos, sois casi novios! Y si tú te lo trajiste fue por algo, ¿no? No vais a estar las veinticuatro horas juntos pero, bueno, salir por ahí, ¡yo qué sé!
– ...
– Hombre, si tú no le preguntas qué ha hecho todos estos días y él no te lo cuenta, no vas a salir de dudas. Yo se lo plantearía, de verdad.
– ...
– Yo ya sabía que ibais a volver, lo que no sabía es que iba a ser tan pronto. Total, que la ruptura ha durado veinticuatro horas.
– ...
– Pues, ¿ves?, eso es un detalle pero que, vamos, a mí lo que diga me importa un pimiento, tendrá que demostrar si ha cambiado o no ha cambiado y si ha cambiado, bien, pero, si no ha cambiado, pues no ha cambiado y ya está.
– ...
– Sí, ese es un chulico de esos que van de duros y después son unos blandengues, que ya conozco yo muchos así, bueno, muchos, no; no conozco ninguno.
– Y vosotros, ¿cómo lleváis la crisis?
– Mal. Además, nosotros, que nos dedicamos al tratamiento de aguas, pues, han traído el agua de Yesa y nos han jodido.
– Ya.
– Ahora, mira, nos tenemos que ir de Cariñena para allá. Huesca, Teruel... que hay que viajar más para hacer menos.
– Además la gente, cuando hay crisis, pues mira más gastarse el dinero en cosas...
– El agua de Cadrete o María, por ejemplo, es horrorosa, pero la gente prefiere esperar a ver si llega el agua de Yesa y seguir comprando agua mineral que ponerse un aparato...
– Ti v’hacer un sol chicharrante o un agua que ti vas ahogar.
– En mis tiempos, que no había escaneres ni ecografías ni nada, mi padre estaba loco por tener una chica y cuando nací yo, decía: ¡¿Pero esto es una niña o un espantajo?! Es que era fea de verdad. Pero, fea, fea, ¿eh? ¡Madre, qué fea era! ¡Mi pobre padre...!
– Es que has tenido un golpe muy bueno. ¡La otra se ha reído y todo...!
– Esta la cosa floja. Allí en el pueblo, antes, que si se tomaba uno unas cañas por la mañana, que si vamos a organizar una merienda, venga, yo compro para comer y con unos vinos, total, que al cabo del día, ¿qué se podía haber gastado uno? ¿Veinte euros?, pues, tira. Pero, ahora... ponme un cortadico y para de contar.
– Pues, sí.
– Ahora, sólo se quedan aquí los que no tienen pueblo para ir a buscar melones. Algunos van a la hortaliza... Je, je... el otro día, uno de mi pueblo, que para eso no es bruto ni nada, se fue a la hortaliza a la una y media y a las cuatro ya estaba de vuelta.
– Con todo el calor...
– Y no es eso lo malo, que cuando volvió se le habían llevado toda la cebolla.
– ¡Ahí va!
– El que se la llevó es que no lo conocía porque sino, no se habría atrevido. Además, que tiene la hortaliza en una cañada, que por donde entras hay que volver a salir. Si lo coge allí con la jada... allí se queda.
– ¡Jodo!
– Mira, el otro día nos reímos... Porque es grande y gordo... y entra al bar y uno se había escondido detrás de la puerta y al entrar le cogió el tobillo. Mira, se vuelve el otro con la gayata y empezó a arrearle... ¡Le puso...! Pero, que llevaba la gayata marcada en toda la espalda, ¿eh?
– Jodo...
– Luego este se reía... Le dice al otro, que conste que al segundo gayatazo ya he visto que eras tú. Y se reía.... Qué juerga... Ahora, que la vez que más nos hemos reído fue una vez que jugaba el Zaragoza y había un montón de coches en doble fila en frente del bar y llega uno que quería salir y empieza a tocar, piiii... piiii... piiii... piiii... así un cuarto de hora, veinte minutos, media hora... y a lo que llevaba como tres cuartos de hora, viene un tipo como de treinta años, de esos que parece que se van desganguillando, ¿sabes?, así, en plan chulico, y empieza a gritar, ¡Gilipollas, por diez minutos que me he ido! Diez minutos, decía, y llevaba tres cuartos de hora... y venga a gritar ¡Gilipollas, porque llevas un mercedes, ¿qué te has creído, gilipollas? Y así todo el rato hasta que sale el del mercedes que tendría sesenta y cinco años pero que me sacaba la cabeza y veinte kilos y le soltó una bofetada que lo tiró todo lo largo que era y dió con la cabeza contra el suelo. ¡Qué sartenazo le metió! ¡Qué sartenazo! ¿Y sabes qué hizo el otro? ¡Levantarse, meterse en el coche y salir zingando! ¡Lo que nos reímos ese día, qué juerga!
– ¡Crapulón!
– Crapulón, para nada.
- Sí, sí... claro, claro... ya... Hijo, lo tienes todo: además de jeta, victimista. Victimista, sí, siempre con el "pobre de mí, qué desgraciado soy, qué mal me va el trabajo"... Pues si no te gusta el trabajo, búscate otro, haz algo por encontrar otra cosa. Pero, no, claro, mucho hablar, mucho victimismo pero, a la hora de la verdad, nunca haces nada... Nada. Para qué, ¿verdad?, si sarna con gusto no pica... Que sí, que sí, que sabes como estoy pero a ti te la suda... Si no, no habrías hecho lo que has hecho, si lo hubieras pensado un poquico... Pero tú vas a la tuya. Pues, nada, sigue así... Que si lo hubieras pensado un poco no te habrías ido a la playa, ahora precisamente, pero, bueno, tu sabrás... A mí ya me da igual... ¿Qué pasa, que no podías quedarte este año sin vacaciones? ¿Te ha pasado algo los años que no has tenido vacaciones? ¿Te has muerto? ¿Te has deprimido? Ya... Bueno, pues yo no lo veo normal, qué quieres que te diga, no lo veo normal y punto. Que sí, que sí, que no pienso seguir discutiendo siempre lo mismo...
– ¡Oiga, que no ha parado!
– Señora: es que no ha tocado usted.
– ¿Cómo que no he tocado? ¡Claro que he tocado!
– Si hubiera tocado, se habría encendido el piloto.
– ¡No sé si se habrá encendido o no se habrá encendido el piloto, yo he tocado!
– Vale, señora, para usted la perra gorda.
– ¡Y para usted, el duro, no te fastidia!
– ¿Se baja ahora o qué?
– ¡No, voy hasta el final y daré la vuelta!
– Como quiera.
– ¡No, como quiera no! ¿Usted se cree que tengo ganas de hacer una excursión con el autobús o qué, con la prisa que llevo? ¡Iba a la residencia, que está mi madre muy grave y, ahora, tarde! ¡Tarde y mal! ¡Ah, pero voy a estar tocando todas las paradas!
– Toque y verá como funciona.
– ¡A la tercera! ¡A la tercera se ha encendido!
– Hay que tocar hasta que se encienda.
– ¡Pues que lo arreglen!
– ¿Ha visto como se enciende?
– ¡Porque habrá tocado usted algún botón!
– ¡Yo que voy a tocar desde aquí, señora!
– ¡A saber que ha hecho con los botones!
– ¿Y qué quiere que haga?
– Pues, ¡arreglarlo, si no funciona bien!
– Ahora.
– ¡Ahora, no, cuando llegue a cocheras!
– No pienso hacer otra cosa que ponerme a arreglarlo.
– ¡Mandar que lo arreglen! ¡Pues, vaya servicio! ¡Nosotros somos usuarios y nos merecemos un buen servicio! ¡Así va todo!
– Ahora han hecho allí un hotel que se llama Grand Palace, de cinco estrellas.
– ¿De cinco estrellas? Mucho es eso para Salou.
– No, en la Pineda.
– Mucho es eso... con la cantidad de mierda que hay por allí.
– Pues, se metió mi hijo a mirar en Internet, por curiosidad, y estaba todo completo.
– No puede ser...
– Y a mil euros la noche.
– Que no puede ser... Y menos a ese precio. ¡Mil euros la noche! No me jodas. Mucho dinero es ese.
– Oye, pues eso ponía.
– Eso costarán las suites, que tendrán unas suites de la hostia a ese precio y esas serán las que queden libres. Pero las normales no costarán eso.
– Dormir y desayunar, ¿eh?, nada de pensión completa.
– Pues, lo que te digo.
– ¿Así que vas a ir a la playa, eh, pequeño? ¡Dile a tu madre que te dé crema!
– ¿Tú sabes lo que me han costao los libros del pequeño pa'l colegio? ¿Sabes qué precios?
– ¡Ah! Pues me parece que los de la Isabel no han empezao todavía... No, no han empezao, no.
– Pues yo los he comprao ya. ¿Tú sabes lo que me han costao?
– ¿Esta también es tuya?
– La mediana.
– ¿Que tienes otra o qué?
– La mayor, que ahora hará trece. Esta tiene diez pero ya está tan alta como yo, la señora.
– Ya. Que he ido a comprar un poco...
– Hala, pues, adiós.
– Me lo he debido dejar en tu casa.
– Sí... te lo has debido dejar en mi casa... Pues, si te lo has dejado en mi casa... con mi madre... ¡Al loro!
– No te rayes, tío. Tu madre...
– ¡Eh...! ¡Al loro con mi madre!
- Ayer estuve mirando fotógrafo.
- El hijo de Paloma es fotógrafo, ¿sabías?
- Sí, ya hablé con ella y le dije: "Voy a mirar y con lo que me digan, a ver qué me ofrece".
- Ya, pues, eso, que lleva haciendo fotografías hace años.
- No, hace vídeos.
- ¿Vídeos? ¡Ah! Pero igual puede hacer también fotos.
- Es cuestión de mirarlo, claro. A ver si me puede hacer las dos cosas. Porque yo, fotografías así de posar no quiero, que me vayan sacando pero natural, sin poses ni nada.
- Claro, mucho mejor.
- Mañana me haré un tour, a ver... Hombre, el de San Juan de Mozarrifar no lo voy a mirar, ni el de San Gregorio...
- Ya. ¿Y cuántos sois para la boda?
- ¡Uf! Por mi parte, ciento diez.
- ¿Ciento diez?
- Pero, no por mí, por mi madre que empieza: "¿Cómo no vas a invitar a Fulano?"
- Oye, pues una cosa te digo: Es tu boda.
- Sí, pero...
- No, claro, que hay que dar gusto... Yo, tembién, la comunión de mi chico, con los abuelos que me decían "Pero como no vas a invitar a Fulano", se me convirtió en una boda. Me decían: "Ya pagaremos nosotros la comida", pero no es eso, claro.
- ¿Cómo me llamabas antes?
- Pajuara.
- No, antes de eso.
- ¿Antes? No sé... ¿Moza recia?
- No, moza recia, no.
- Mozuela.
- ¡Eso, mozuela!
- ¡Pero ven aquí!
– Creo que me tengo que bajar en la próxima... Una que hay por ahí. ¿Será la próxima o qué? Anda, ya me voy p'atrás...
– Como tenemos el fin de semana por en medio...
- Es por Juan Carlos I o Juan Pablo II o algo así...