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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Textos.

Despedida y cierre

Damas y caballeros, queridos e improbables visitantes de este blog:

Como blogero vuestro que soy, os debo una explicación. Y esa explicación que os debo, os la voy a pagar.

Esto ya no da más de sí. Lo dejo. La actualidad se ha vuelto tan horrible que soy incapaz de seguirla con humor. Me pongo malo. Supongo que el problema es mío, que me hago viejo. Sea como fuera o fuese, prefiero dedicar las fuerzas que me queden a cosas más gratificantes.

Continuaré, pues, en algún otro ámbito, resistiéndome –cada vez con menos fuerzas– a las tentaciones del silencio.

Disculpen las molestias.

 

 

04/09/2017 19:26 José Luis Cano #. Textos Hay 6 comentarios.

Ocurrencias

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Me recuerdo con cuatro o cinco años, intentando reproducir los fantasmas que dibujaba Tono en La Codorniz, muy consciente de que no me salían bien, de que tenían muchos fallos.

Recuerdo también que lo más desesperante era la sensación que tenía de que alguna vez había sabido dibujar y se me había olvidado. He vivido con esa angustia toda la vida.

Al final, he aprendido lo suficiente como para copiar el dibujo de un niño. Incluso puedo hacer un garabato. Pero ya no sé qué significa. Los que hacía de niño representaban lo que pensaba con total exactitud. 

 

 

18/07/2017 09:06 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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No es muy difícil volver a ser niño: basta tener una nieta pequeña para comprobarlo.

Es imposible volver a ser joven: basta tener una nieta adolescente para comprobarlo.

 

 

17/07/2017 10:36 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencio

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Viendo el estupendo documental de Vicky Calavia sobre María Moliner, se me ocurre pensar que los pintores de por aquí hemos podido sentirnos ante la exposición de Pepe Bofarull, como pudieron sentirse los señores académicos ante el diccionario de doña María Moliner.

 

 

19/05/2017 17:45 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

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Como ya les avisé, esta tarde inaugura exposición en el Palacio de Montcada de Fraga, mi amigo José Luis Tomás.

Para esta exposición, JLT ha desarrollado el siguiente juego: escribir en cada cuadro una palabra de carácter económico y acompañarla del texto que explica otra de las acepciones que puede tener, según el diccionario.

JLT me invitó a participar en el juego escribiendo un micro relato para cada cuadro, en el que aparecieran las dos acepciones de cada palabra, la habitual en economía y la que figura escrita en el lienzo.

Como ejemplo, les dejo uno de los microrrelatos en los que me atreví con el soneto. Siento no tener la imagen del cuadro, para que quedase más claro.

 

Dinero

Moneda de plata y cobre usada en Castilla en el siglo XI, y que equivalía a dos cornados.

 

Andaba el señor marqués

algo escaso de dinero

y llamó a un chamarilero

para venderle un arnés.

 

–Os doy cuarenta cornados.

–¡Pardiez, señor desahogado,

mire usted estos biselados!

–Mire usted estos oxidados,

 

este apaño con alambre…

–¡O me pagáis más dineros

u os convierto en fiambre!

 

–No hagáis tal, buen caballero:

“Menos cornados da el hambre”,

como diría un torero.

 

 

20/04/2017 13:00 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

El payaso que hay en ti

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Esto, más o menos, es lo que dije en la presentación del libro de Caroline Dream.

 

Fíjense si será raro el mundo de los payasos, que Caroline Dream, la autora de este libro, ha elegido a uno de sus alumnos más torpes para que lo presente. Yo.

Además, no pretende que hable de ella o de su libro (de los dos podría contar maravillas, como tantos otros alumnos que escriben en su página web), sino de mi experiencia en sus cursos, concretamente, y por eso, y no por afán de protagonismo, no me queda más remedio que seguir hablándoles de mí y contarles, en primer lugar, dos traumas de mi vida: uno de infancia y otro, de adolescencia.

 

A los cinco años me llevaron al colegio, a un colegio de monjas. El primer día, mientras mi madre me arrastraba de la mano, me debatía en esa bipolaridad tan aragonesa: Por una parte, estaba aterrorizado; por otra, iba muy seguro de mí mismo porque ya sabía leer: La m con la a, ma; la m con la a, ma: mamá. Así que me decía:

–Muy mal se tienen que poner hoy las cosas, para que no sepa contestar a las preguntas de la monja.

La primera pregunta de la monja fue:

–¿Tres y dos?

¿Qué dice esta buena señora? ¡¿Qué clase de pregunta era esa?! ¡No tenía ni idea de lo que me estaba hablando!

Se conoce que mi madre era de letras y la monja, de ciencias. El trauma fue tan tremendo que, desde entonces, tengo problemas muy serios con los números, y soy incapaz de recordar los teléfonos, las fechas o los precios.

 

Demos un salto de diez años. Por aquel entonces, yo hacía el bachiller superior en los maristas y salía de excursión con los boy scouts. Lo que se dice, un mundo de hombres. Las chicas me gustaban mucho pero no tenía trato con ellas. Era un tímido patológico.

Aquella nochevieja, la patrulla de los boy scouts nos juntamos a beber cerveza, por primera vez, en la torre que tenían, en la Almozara, los padres de Pedro.

Allí estábamos, hablando de literatura (el marqués de Bradomín, Tarzán de los monos…), como si fuéramos el club de los poetas muertos de Zaragoza, cuando se abrió la puerta y apareció el torrero, el señor que realmente trabajaba en la torre:

–¿Aquí estáis vosotros? (La pregunta del aragonés, que pregunta lo que ve.) ¡Pero si mis hijas están en la torre de enfrente, con las hijas del guardia civil y otras amiguicas! ¡Ahora mismo les digo que pasen a bailar!

Nada más salir el buen hombre, entramos en una especie de excitación hormonal incontrolada, que nos cortó Pedro en seco:

–Esperad a verlas.

Esperamos. ¿Ustedes se acuerdan de Françoise Hardy? ¿No se acuerdan? Es igual. En aquellos tiempos, todos estábamos enamorados de Françoise Hardy. Pues, bien, las hijas del torrero y las del guardia civil, eran todo lo contrario.

Nosotros, sin embargo, como unos caballeros, las sacamos a bailar. Bueno, también las sacamos a bailar porque las pobres chicas habían venido acompañadas por sus madres, sus padres, sus abuelas, sus abuelos, sus tías, los cuñados, los hermanicos pequeños, los parientes del pueblo y varios números de la Benemérita. No teníamos escapatoria. Se sentaron rodeándonos y vigilando que bailásemos como Dios manda. ¿Qué íbamos a hacer? Para añadir más tensión, los cuñados empezaron a mosquearse:

–¿No hay ningún disco de pasodobles o qué?

Yo no había bailado en mi vida, pero algo había oído de que había que contar: un, dos, tres, un, dos, tres… En fin, ya les he explicado antes los problemas que arrastro con los números desde las monjas… Mejor dejarlo aquí y no entrar en detalles.

Después de aquella noche aciaga, me pasó con las chicas como con los números. Más o menos. Las chicas, al final, fueron más clementes conmigo.

 

Bien, otro pequeño salto de cincuenta años (qué rápido pasa el tiempo) y nos encontramos con que me acababa de jubilar y ante mí se abría una nueva vida llena de posibilidades insospechadas.

Un día, en un escaparate de mi barrio, me fascinó la foto en blanco y negro de una señora con nariz roja y peluca a lo Andy Warhol. Desde que descubrí a Rita Tushingham en The Knack, la película de Richard Lester, de 1965, no había visto nada igual. Y me refiero concretamente a esa mezcla genial de potencia expresiva y fragilidad enternecedora, tan a lo Buster Keaton. Entendería que si no se acuerdan ustedes de Françoise Hardy, aún se acuerden menos de Rita Tushingham, pero no me digan que no saben quién fue Buster Keaton. No me hagan enfadar, por favor se lo pido.

Bien. Como ya habrán adivinado (menudos son ustedes), la foto que me fascinó desde el escaparate de una peluquería era de Caroline y el cartel anunciaba sus cursillos de clown. Pasé y volví a pasar por delante del escaparate, una y otra vez, preguntándome:

–¿Y por qué no?

Me lo estuve preguntando más de un año. Al final me decidí y me matriculé en el curso que no era. Me matriculé en un curso de nivel avanzado, para el que había que tener experiencia previa. Y yo no tenía ninguna, si exceptuamos que había estado viendo actuaciones de payasos en Youtube. De todas formas, Caroline me aceptó en el curso.

 

Le comenté mi proyecto a un amigo que se dedica a la danza terapia y comentó en plan agorero:

–¿Clown? Es una disciplina muy dura.

–¿Por qué?

–Porque en el clown, siempre partes del fracaso. Es la base sobre la que trabajas.

¡Dios mío! Pero, ¿eso no era algo de hacer reír? ¿En qué lío me había metido?

 

Llegué al curso aterrorizado, pero confiando en que Caroline me daría algún tipo de recetas, como hicieron mis profesores de Bellas Artes: Amarillo con azul: verde. Por ejemplo. O ya, en plan más avanzado: Si sale con barbas, san Antón, y si no, la Purísima Concepción. Pero no. Siempre me imagino las cosas como no son.

Les cuento qué pasó exactamente.

Hicimos un corro de sillas, nos sentamos, nos presentamos y Caroline me preguntó:

–¿Por qué estás aquí?

–Estoy buscando herramientas para gestionar mi vejez con cierta dignidad.

Creo que la respuesta me quedó redonda. Tan redonda que, a partir de ahí, todo fue rodando. Cuesta abajo. Despeñándose, más bien. O más mal.

Cada uno de mis compañeros dio sus razones para asistir al curso y, después de calentar un poco, jugando a tu-la, nos vestimos de payaso. Cada uno se vistió de lo que le dio la gana, desde payaso de tienda de disfraces hasta superman melenudo, pasando por colegiala malévola. Yo me puse una camiseta de tirantes y una capucha que me daba un aspecto siniestro, como de payaso de alcantarilla o algo así. Caroline me levantó la capucha de un manotazo:

–Esto fuera, que se te vea la cara, no te escondas.

Increíble. Me había pillado a la primera. Antes, incluso, de que yo mismo comprendiera para qué me servía la capucha.

Como no tenía un plan B, entre varios compañeros me vistieron de granjero último modelo, con un pantalón de peto y un gorro de paja. No me veía yo muy puesto en el papel, la verdad. Entre otras cosas, porque, al ponerme las zapatillas, me dio un crujido el lumbago y no me podía mover. Peor lo tuvo otra compañera a la que, casi al mismo tiempo, se le salió la rodilla de su sitio.

 

En fin. Se creó un espacio a modo de escenario entre dos mamparas negras y una hilera de sillas y Caroline dijo:

–¡Dos payasos!

Y salieron a escena dos voluntarios. Pasaron tras una mampara y Caroline dijo:

–Sois dos náufragos.

O algo por el estilo, no me hagan mucho caso. En realidad, no tengo ni idea de como empezó el cursillo. Estaba tan preocupado por el giro que tomaban los acontecimientos, que ni sabía ni lo qué pasaba ante mis narices. Las dos narices, pobres, la normal y la roja, desvariaban:

–¿Cómo voy a salir a improvisar sin haberlo preparado antes?

–Eso es improvisar, ¿no? De eso se trata.

–Ya, pero, ¿cómo se hace?

–Improvisando.

–Mujer, yo solo, aún, pero, con otros, ¿cómo?

–Como hacía con mi nieta, por ejemplo.

–Pero mi nieta era más proclive a la tragedia que a la comedia.

–Pero yo no soy mi nieta.

–Pero con mi nieta improvisaba en la intimidad.

–O sea, que me tenía que haber apuntado a unas clases particulares.

Empecé a bloquearme, a bloquearme, hasta que me bloqueé del todo y sufrí una regresión de padre y muy señor mío.

Ustedes se preguntarán:

–¿En qué quedamos, estabas bloqueado o en regresión? Y en regresión, ¿hacia dónde?

A la primera pregunta, responderé que la bipolaridad permite esas contradicciones. A la segunda, que regresé a mis cinco años. Exactamente, al momento en el que la monja me preguntó:

–¿Tres y dos?

Como aquella vez, sentí que me habían cambiado las reglas del juego, cuando la realidad era que las desconocía por completo. Aún oígo las risotadas bordes de los parvulicos, cuando la monja preguntó:

–¿Tres y dos?

Y yo respondí:

–Nueve.

Ahora, sesenta años más tarde, estaba tan obnuvilado, que me costó comprender que las risas de mis compañeros no habrían sido otra humillación sino un éxito.

 

Estaba catatónico. Permanecí agarrado a la silla, sin levantar el culo, tanto rato como me permitió la lumbalgia. Pero, todo tiene un límite. Ya no sabía como ponerme y, además, no podía seguir escaqueándome. Así que, cuando Caroline volvió a decir por enésima vez: “Otros dos payasos”, hice de tripas corazón y salí a escena. Detrás de mí salió una señora de apariencia muy agradable. Delgada y con gafas, parecía una profesora de Massachusetts. La señora agradable y yo pasamos tras la mampara. No sé qué dijo Caroline pero, nada más colocarnos las narices y al tiempo que volvíamos a escena, la señora agradable se me agarró del brazo muerta de miedo. No sé si era de verdad o lo fingía. Como yo también estaba muerto de miedo y Caroline había dicho que había que seguir el juego que te proponía el compañero, empecé a temblar también, atrapado en aquel aterrador abrazo.

Al cabo de un rato sin que pasase nada más, empecé a sentirme como en la nochevieja de mi primer baile: Agarrado a una desconocida sin saber qué hacer y con todo el mundo mirando. La señora agradable, más que una profesora de Massachusetts, empezó a parecerme la hija de un guardia civil. No creo que ambas cosas sean incompatibles. Seguíamos dando pequeños pasos por el escenario sin dejar de temblar y cada vez más aterrorizados. Pero, además, de verdad.

Me dio tiempo de recordar un cuento que oía temblando por la radio: Llega Simbad a una isla y, desde un árbol, un viejo esquelético se descuelga sobre sus hombros y se queda encima de él durante varios años. No recuerdo como se libraba Simbad de semejante situación. En mi caso, me salvó Caroline que se levantó gritando, al borde de un ataque de nervios:

–¡¡Qué horror, qué horror, dos payasos desastre!! ¡¡Fuera, fuera!!

Nos sacó del escenario empujándonos con todas sus fuerzas. No sabe como se lo agradecí. Nunca le he dado las gracias.

Desde ese momento, cada vez que Caroline pedía voluntarios, yo luchaba con mi bloqueo, al mismo tiempo que procuraba no volver a coincidir con la señora agradable.

 

Caroline ponía mucho empeño en que todos fuéramos generosos con los compañeros. En cuanto uno abusaba de protagonismo, Caroline le gritaba:

–¡Pasa el foco!

En ese ambiente de buen rollo, me avergonzaba evitar a la señora agradable, pero bastante tenía con lo mío.

 

Me fascinaba el trabajo de mis compañeros. Eran buenísimos. Profesionales, diría yo. Y se lo estaban pasando en grande. Qué envidia. Qué risa.

Me recordaban a los párvulos que sabían responder a la monja.

–¿Tres y dos?

–Cinco.

Yo me rompía la cabeza tratando de entender como hacían aquellos niños para adivinar el número que pensaba la monja. ¿Tendrían poderes telepáticos? ¿Tan pequeños?

Ahora me pasaba lo mismo.

 

Salí de nuevo, con otra compañera, a la que Caroline había llamado la atención por sus melindres de niña pequeña:

–¿Cuántos años tienes?

Desconcierto de la compañera.

–Tú eres una payasa, no una niña. No es lo mismo. No tienes que representar ningún papel. Ni de niña, ni de nada. Tienes que ser tú misma.

Pero, resulta que mi compañera era realmente una niña pequeña, tan pequeña y tan mandona como mi nieta. Como no me dejaba meter baza, me resigné a ser su muñeco favorito y a dejarme peinar con un rastrillo.

 

Otra vez, Caroline me dijo:

–Tu problema es que no te ves.

Seguro. No me veo ni cuando me peino delante del espejo con un peine normal, como para verme en ese brete. En realidad, no veía nada. Ni a Caroline, ni a los compañeros con los que actuaba, ni al público…

–¡Es importantísimo escuchar al público! ¡Tómate tu tiempo!

Imposible. En mis salidas a escena, mi único propósito era hacer mutis por el foro antes de que el público tuviera tiempo de verme.

En uno de los ejercicios, Caroline dijo:

–Ha caído un meteorito.

Y, de uno en uno, mis compañeros salieron haciendo grandes aspavientos. El meteorito cada vez era más grande y más destructor. Cuando me llegó el turno, me pareció divertido que semejante piedra me hubiera caído en la cabeza y en lugar de chafarme me hubiera hecho un chichón. Así que salí llorando, me levanté el sombrero, me señalé la cabeza y dije:

–¡¡Pupa!!

Creo que la idea era buena, pero la ejecución fue tan acelerada, que no sé si alguien entendió de qué iba.

Bloqueado para hacer el payaso, eché mano de otras disciplinas: toqué la armónica, realicé movimientos de taichi...

Oía voces lejanas:

–¿Qué hace?

–No sé... No lo entiendo...

No conseguía hacer reír a nadie, pero desconcertaba a todos. Luego me enteré por el libro que presentamos, de que eso es lo peor que puede hacer un payaso.

 

Volví a salir con otros dos compañeros, un chico y una chica. Caroline dijo:

–Estais conmocionados por lo que acabais de ver.

Yo estaba conmocionado por todo. Naturalmente, ninguno sabía lo que acabábamos de ver. Nos pusimos las narices y salimos haciendo gestos de “menudo lo que hemos visto”, hasta que la compañera, inspirada, gritó:

–¡¡¡Ha volcado un camión!!!

Apoyamos sus palabras:

–¡¡¡Ha volcado un camión, ha volcado un camión!!!

La compañera, siguió inspirada:

–¡¡¡Un camión lleno de zanahorias!!!

Volvimos a apoyar sus palabras:

–¡¡¡Lleno, lleno de zanahorias, cientos de zanahorias, miles de zanahorias, millones de zanahorias!!!

La compañera estaba embalada:

–¡¡¡Venían los conejos como locos!!!

Nos centramos en los conejos locos. Miles de conejos locos.

–¡¡¡A comerse las zanahorias!!!

Todos movimos el hocico como los conejos. Caroline dijo:

–¡Quiero ver alguna zanahoria!

Me puse de puntillas y me quedé rígido.

–¿Nada más? ¿Eso es una zanahoria?

Levanté los brazos por encima de la cabeza y agité los dedos como si fueran hojitas. Intenté poner cara de haba, que me parecía lo más parecido a una zanahoria, en esas circunstancias. Creo que a mis compañeros les hizo gracia.

–Si algo funciona, repítelo.

Es lo que hice el resto del cursillo, viniera o no viniera a cuento.

 

Yo me había matriculado como de tapadillo, como con vergüenza, sin decírselo a nadie y esperando que nadie se enterara. De pronto, en un descanso, la compañera de las zanahorias me preguntó:

–Oye, ¿tú no eres josé luis cano?

Tuve que admitirlo, claro. Era sobrina de un amigo mío. Rápidamente corrió la voz:

–Es cano, el del Heraldo.

Lo que me faltaba. Primero me quitan la capucha y luego, la clandestinidad.

Sin embargo, ya ven... aquí estoy ahora, contándoles todo esto, sin ningún pudor.

Es lo que tiene hacer un cursillo con Caroline.

 

En la comida, me dijo:

–Esta tarde voy a dedicarte un rato, a ver si consigo que te veas.

Se me pusieron los pelos como escarpias sólo de pensarlo. Por la mañana le había dedicado un rato a un compañero que se empeñaba en hacer el payaso de la forma más estereotipada posible, y no me habría gustado estar en su pellejo.

Se lo agradecí calurosamente:

–Muchas gracias, Caroline, pero no pierdas el tiempo conmigo, por favor.

Argumenté que estaba allí por equivocación y que no volvería jamás. Lo dejó correr. Tampoco por eso le he dado las gracias.

 

A punto de acabar el cursillo, Caroline dijo:

–Cinco payasos.

Entre tal muchedumbre, podía camuflarme mejor. Caroline puso música. El sirtaki. Bailábamos con una sábana que, en algún momento, se convirtió en el mar. Me agarré a una esquina y empecé a soltar toda la tensión que llevaba acumulada, como si fuera el mismísimo Polifemo. Entendería que si no se acuerdan de Françoise Hardy, tampoco se acuerden de Polifemo. Estaba tan concentrado en el salvaje oleaje que producía, que no me enteré de que estaba teniendo un éxito descomunal.

Caroline me animó:

–Por fin has entrado.

O sea, que era eso: que para que tú entres, tiene que salir el payaso que llevas dentro. O viceversa, no sé. Algo así.

 

El último ejercicio consistió en imitar la actuación de un compañero. Caroline imitó a la señora agradable. Me impresionó mucho que al ponerse la nariz roja, apareciera un brillo en sus ojos que nunca había visto. Un brillo exagerado. Deslumbrante. ¿Cómo lo hace? Supongo que es una de esas cosas que no se pueden enseñar.

 

Acabé el cursillo como un perro apaleado.

Le repetí a Caroline, en plan pelmazo:

–Muchas gracias, Caroline. Encantado de haberte conocido, pero no volveré más. Ya he comprobado que esto no es para mí.

Al día siguiente, nada más levantarme de la cama, tomé una decisión:

–Volveré.

No recuerdo que aquella noche pasara nada especial, no puedo explicarles mi reacción. Supongo que fue la conclusión del cursillo, en diferido. En forma de simulación, no, porque, si me he explicado bien, habrán visto que dos días de cursillo con Caroline equivalen a diez años de psicoanálisis. En sus cursillos todo es de verdad de la buena.

 

Me compré este libro. Me lo leí dos veces seguidas con mucha atención. Lo vi todo mucho más claro y le envié un e-mail a Caroline:

–Ya he entendido de qué va esto.

Me respondió:

–Qué suerte, yo cada vez tengo más dudas.

Esta señora, aquí donde la ven, sabe más que Sócrates y Descartes juntos.

 

Mañana empiezo mi tercer cursillo. Llevo meses esperándolo. ¿Por qué? No lo sé. No soy especialmente masoquista, ni tengo ningún interés profesional en esto. ¿Entonces? Supongo que el arte del clown, como todas las demás artes, es a la vez un veneno y su antídoto, una patología y una terapia. O, a lo mejor, simplemente, es que mi nieta se ha hecho mayor y ya no tengo con quién jugar.

 

 

 

14/02/2017 10:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

El arte de la cita

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Aquí les dejo un texto que escribí hace tiempo y que me sirvió para seguir desarrollando todo un espectáculo sobre el arte del siglo XX que, probablemente, no vean nunca sobre un escenario.

 

El arte de la cita

 

“Soy mimo conceptual contemporáneo… Es lo que hay”. (Tras la primera frase, el payaso mueve la cabeza repetidamente, afirmando. Al decir la última, se encoge de hombros y muestra las palmas de las manos.)

Esto es una cita. No es que haya quedado con ustedes, no. Bueno, sí. Sí pero no. Quiero decir que lo que acabo de decir es una cita… Que estoy citando a otro señor que ha dicho eso, un señor que se llama Alex Navarro. Habría estado bien hacer así con los dedos (signo de comillas), habría sido lo suyo, lo correcto, pero no lo puedo soportar. Es un gesto que me revienta. Hago así con los dedicos (signo de comillas) y poto. (Gestos correspondientes.)

El caso es que Alex Navarro dice: “Soy mimo conceptual contemporáneo… Es lo que hay”. Y yo repito: “Soy mimo conceptual contemporáneo… Es lo que hay”. (Repite los mismos gestos cada vez.)

¿Y por qué?, se preguntarán ustedes. Pues porque soy un mimo conceptual contemporáneo. Si el señor Alex Navarro dijera: “Soy mimo conceptual contemporáneo… Es lo que hay”, y yo no fuera un mimo conceptual contemporáneo, me limitaría a responder: Yo, también. O yo tan mal, eso ya depende de cada uno.

Pero como soy un payaso conceptual, tengo que citar. Es lo que tiene ser payaso conceptual, que tienes que citar… (Gestos como diciendo: es lo que hay.)

Se puede citar de muchas maneras. Se puede citar discretamente: “Soy mimo conceptual contemporáneo… Es lo que hay”. (Girando la cabeza y tapándose la boca con la mano.) Se puede citar ostentosamente: “¡Soy mimo conceptual contemporáneo… Es lo que hay!”. (Gestos grandilocuentes.) Puedo citar sin palabras: (El payaso se señala, coge su nariz, la suelta, esconde las manos detrás de la espalda mientras da vueltas a la cabeza. Mira la hora, la enseña y se vuelve a señalar a sí mismo. Se para, mueve la cabeza afirmando repetidamente y se encoje de hombros enseñando las palmas.)

Se puede citar… ¡¿Deconstruyendo?! ¡¿Quién ha dicho deconstruyendo?! ¡Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver…! ¡No queramos correr antes de andar! (pasos penosos por el escenario.) ¡Por favor se lo pido!

 

Yo cito de memoria. Lo malo es que no tengo. Me… Memo… Memoria. No tengo. De ahí que sea minimalista. “Conceptual minimalista”. Esto es otra cita. De Alex Navarro… (Gestos como diciendo: es lo que hay.)

En realidad, lo mío, más que citas minimalistas son citas a ciegas. Como no tengo memoria, cito a tontas y a locas y luego pasa lo que pasa… Con las tontas.

Y con las locas, ni te cuento.

¡Y con las citas… Uf!

Las unas con las otras… Se imaginan, ¿no? (Gran gesticulación creando una maraña con las manos.)

Ahora ustedes, al oírme hablar a tontas y a locas, querrán que ponga ejemplos.

(Mira insistentemente al público.) No, si no quieren que ponga ejemplos lo dicen y en paz.

Anda que no son ustedes conceptuales ni nada. ¡¡¡Sin ejemplos, sin ejemplos, hala, todo teoría!!! ¡Qué barbaridad! ¡¡¡Deconstrucción, deconstrucción, venga…!!! (agitando las manos como un energúmeno.) ¿Quieren ejemplos o no? Pues, ¡díganlo, hombre, díganlo!

Ejemplo:

“Puede que los ricos monten en camello, pero no es tan fácil que vean a través del ojo de una aguja”. Cito de memoria, pero ya habrán adivinado a quién. (Mira al público asintiendo con la cabeza) A la señora Gamp, exactamente.

Pero, la señora Gamp, se preguntarán ustedes, ¿era tonta o loca? No se sabe. En realidad, la señora Gamp no existió. La señora Gamp era Dickens. Dickens fue quién escribió: “Puede que los ricos monten a ojo, pero no es tan fácil que encuentren una aguja en un camello”.

¿La señora Gamp era Dickens? También dicen que era cierta enfermera, a la que Dickens oyó decir: “Puede que los camellos enhebren a los ricos, pero no es tan fácil que monten una aguja a ojo”.

El tema de los camellos y las agujas es muy socorrido. Recurrente, que diríamos los “conceptual clowns”. Por eso Dickens citó a la enfermera Gamp. Bueno, no sabemos si la enfermera se llamaba Gamp. Dickens, en cambio, se llamaba Dickens. Seguro.

“Puede que los ricos monten en camello, pero no es tan fácil que vean a través del ojo de una aguja.”. Una cita literal. Y literaria, si a eso vamos.

No como las mías, que son minimalistas. Y de segunda mano, porque cito a Dickens que cita a la enfermera, que vete tú a saber a quién estaría citando…

¿Y si uno es payaso conceptual contemporáneo y no cita? Pues eso se llama apropiacionismo, que es una rama conceptual distinta de la que hemos visto hoy.

 

 

 

 

 

16/12/2016 11:56 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

El muso

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Estoy escribiendo un espectáculo sobre el arte del siglo XX y, en alguna de las versiones que llevo entre manos, aparecía el siguiente texto con el siguiente título: El muso. Mi intención era ironizar sobre la reacción del machismo ante el arte feminista, pero le pasé el texto a una amiga feminista y me dijo que le parecía bastante machista.

Dudo más de mi talento como escritor que del sentido del humor de mi amiga, pero no acabé de entender su reacción y lo cierto es que, varios meses después, sigo perplejo. Si alguno o alguna de mis improbables lectores o lectoras quiere dejar algún comentario o comentaria (y esto sólo es una ironía sobre las nuevas modas en el uso de los géneros), se lo agradeceré de todo corazón.

EL MUSO

Suena, a todo volumen, la coda del paso a dos del ballet Cascanueces. El maestro de ceremonias vuelve a presentar:

MAESTRO DE CEREMONIAS. –Queridos niños, queridas niñas: ¡¡Lo nunca visto!! ¡¡¡El muso!!!

Aparece un guaperas cachas, moderno y desustanciado:

MUSO. –Hola, soy un muso. Mosso, no: Muso. De musa: muso. Las musas, con mayúscula, siguen siendo las mismas nueve señoras de siempre, ya saben:

Intentando recordar.

MUSO. –Eh… Talía… Terpsícore… Eh… Y así sucesivamente. Pero luego están las musas con minúscula, las musicas de cada artista. Yoko Ono, por ejemplo, la musica de John Lennon. La señora Ono, que de artista fluxus pasó a musica y de musica pasó a artista postfluxus. Mucha puerta giratoria que hay por ahí. Otra musa: Gala, la de Dalí. Dalí, que era un moderno y un inútil, se echó a Gala de musa y acabó hecho un clásico y un millonario. Las musas suelen tener mucho talento. En cambio los musos, con que estemos cachas y seamos guapicos de cara… (Indignado) ¡Coño, tía, para eso, búscate un bombero!

Aparece en una esquina una guerrilla girl.

GUERRILLERA. –¿Y de qué te crees que tienes las ideas, guapo?

El muso la ignora.

MUSO. –Es lo que tiene ser muso, que si musa ya es un concepto viejuno y obsoleto, muso ya, ni te cuento. Pero, oye, a cada uno le toca lo que le toca en esta vida. Aunque, mucho cuidado con los musos, que tienen más peligro que un artista conceptual con dinero. Mira el muso de Ana Mendieta. Por ejemplo.

Yo era muso de las Guerrilla Girls. Sí, sí, de todas. ¿Cuántas serían? Oiga, ni idea: como iban de incógnito… Bueno, más que muso era su pito del sereno, con perdón. No me hicieron nunca ni pito caso. Conceptualmente hablando, se entiende. Decía una:

–Tía, a mí me da mucha vergüenza ponerme delante del Moma haciendo el mamarracho.

Y otra:

–Pues nos ponemos caretas y en paz.

Y yo:

–¿Sabéis lo que estaría bien? Unas caretas de Mickey Mouse.

Y ellas, pasando de mí:

–¿Una careta de qué?

Y yo:

–De Mickey Mouse.

Y ellas:

–Calla ahora, por favor, que estamos trabajando.

Y yo:

–¡Pero tías, ¿de qué vais? ¡Que soy vuestro muso!

Y ellas:

–¡Ya lo tengo: de gorila!

Y yo:

–¡Huy, King Kong, qué miedo, qué miedo!

Y ellas:

–¿Puedes dejar de hacer el tontolaba diez minutos?

Y así, durante diez minutos, no: durante diez años.

Que decían:

–Hagamos carteles denunciando la utilización sexista de la mujer en la Historia del Arte.

Y yo:

–Eso, eso, con una foto de Pamela Anderson.

Y las muy bordes:

–Tío, estás salido, de verdad.

Y van y ponen a la Odalisca de Ingres, que se le ve una teta de casualidad.

MUSO. –Hombre, no me jodas… Nada, ellas a lo suyo, pasando de mí como de la mierda. Por lo visto les encantaba hacerme sentir un muso objeto. ¡Qué década más mala! ¡Qué ancho me quedé cuando se separaron!

Pausa.

Ahora no, ahora soy muso de Sophie Calle y esa viene detrás de mí como un corderico. A distancia, eso sí. Me sigue en plan espía. En plan performance, mejor dicho. No es que quiera ligar, ya saben que el arte no tiene que servir para nada práctico, no, no es que quiera ligar ni nada. Pero me sigue. Por desinterés, pero me sigue. Digo: Me voy a Venecia. Y cojo en Lyon el tren de las diez de la noche y la tía detrás.

El día que me vuelva y le dirija la palabra… ¡Buf, habrá que verlo! ¡Ese día habrá que verlo! ¡Igual le da un patatús y todo!

Señala al público con la barbilla:

MUSO. –Mírala. Ahí está. Sin perder detalle. La de la peluca rubia y las gafas de sol. Se cree que así no la reconozco. Mírala, disimulando, como si no hablase de ella. ¡Que te tengo calada, guapica! ¡Anda, sígueme, sígueme, anda!

Saluda y se retira volviéndose varias veces hacia la presunta. Suena, a todo volumen, la coda del paso a dos del ballet Cascanueces.

 

 

 

14/12/2016 11:21 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

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Esto es un pequeño ejemplo del diálogo que mantuve en Juan Sebastián Bar.

DIEGO. –¿Qué falló en vuestra infancia para acabar dedicándoos a esto?

YO. –Mi padre siempre repetía: Este chico es tonto. Se refería a mí. No me lo quise tomar a mal, entre otras cosas por el genio de mil demonios que tenía mi padre, y preferí tomarlo con humor, y más concretamente y en plan somarda, con humor inteligente. Y una cosa lleva a la otra y ya tal. En fin, que mi padre tenía razón. 

DIEGO. –¿Qué es para ti lo más fácil y lo más dificil de dibujar?

YO. –Los garabatos y los dodecaedros, respectivamente.

Etc.

 

 

22/09/2016 00:17 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Crítica cinematográfica

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Mi nieta ha cogido la costumbre de llevarme a ver películas de terror.

En "Expediente Warren: El caso Enfield o The conjuring", un demonio con aspecto de monja maquillada, como Margaret Tatcher, destroza la vida y el domicilio de una familia inglesa, sumida en la pobreza. Sólo respeta el decrépito sillón del que nacen todos sus problemas.

 

 

24/08/2016 10:43 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Crítica cinematográfica

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En "Nunca apagues la luz" podemos aprender que para librarnos de las amenazantes tinieblas que nos rodean, son necesarios, además de la luz y los taquígrafos, unidad de acción y algún que otro sacrificio.

 

 

24/08/2016 10:36 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Muchas gracias

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Ayer, por fin, presenté mi libro. Muchas gracias a todos. A los que pudieron venir y a los que me enviaron disculpas muy cariñosas y divertidas; a los que no pudieron venir y no dijeron nada; a los que compraron el libro y a los que no... A mis presentadores, con los que me reí y me ruboricé al mismo tiempo... En fin, que muchas gracias por haber desmentido los vaticinios de mi madre. A pesar de la puta calor.

En mi intervención, esto es lo que dije, más o menos:

 

Buenas tardes, señoras y señores.

Este, más que un libro sobre los somardas, es un libro somarda.

Dicho esto, pasemos a los agradecimientos: Sé lo que están pensando… Lo único que puedo hacer es darles 5 segundos para que abandonen la sala: Uno… Dos… Tres… Cuatro… Cinco.

Bien. Agradezco, en primer lugar, que hayan optado por quedarse. No saben cómo se lo agradezco, de verdad. Muchas gracias, son ustedes muy amables.

 

En segundo lugar, mis agradecimientos a la IFC, con la que mis relaciones laborales se remontan al pleistoceno. Antes incluso de que trabajara para esta augusta casa, en el Plioceno exactamente, desde Andalán le encargaron a un alumno mío un dibujo sobre la “Fernando el Católico”. Mi alumno convirtió al rey Fernando en un travesti. La “Fernando el Católico”. Si mi alumno tenía poco conocimiento, los de Andalán aún tenían menos, porque decidieron poner el dichoso dibujo en la cubierta. A pesar de semejantes inicios, mis relaciones con la docta casa han sido siempre excelentes, como demuestran las múltiples veces que me han pedido que colaborara como ilustrador, diseñador e incluso escritor. Qué cosas.

Gracias, pues, a su director, Carlos Forcadell, y a todos sus colaboradores por haber tenido a bien publicarme este librito. Por cierto, Carlos, ¿no estabas tú en Andalán en aquella época que he comentado? No sé, igual estoy metiendo la pata…

Ahora que lo pienso, igual este libro es tan inapropiado como la ilustración de mi alumno y estamos como entonces… En fin, vamos a dejarlo.

Mi agradecimiento a todos los profesionales de la casa: mil gracias a Álvaro Capalvo, que está en todo. Por ejemplo, en que las ilustraciones de este libro vayan salpicadas entre el texto en lugar de apelotonarse como materiales complementarios al final del libro: ha sido cosa suya. Gracias, Álvaro.

Gracias también a Ana González, que se dio cuenta de que había firmado el contrato de edición en el sitio reservado al Presidente de la Diputación y sugirió que sería más fácil que volviera a firmar en el lugar que me corresponde que organizar otras elecciones. Gracias, Ana.

Y gracias también a Virginia Tabuenca, que fue mi excelente anfitriona en la Feria del Libro de Zaragoza y me contó anécdotas muy sabrosas de la vida cultural zaragozana. Gracias, Virginia.

 

En tercer lugar, mis agradecimientos a María Ángeles Naval, responsable máxima de la colección Letra Última, en general, y de la edición de mi libro en particular.

Mª Ángeles me invitó a participar en una mesa redonda sobre el humor en la Transición y lo que dije allí le pareció digno de publicarse aquí.

–Eso tendrías que escribirlo. Yo te lo publico.

Terminó la mesa redonda, pasamos al Continental a tomar una caña, fuimos al Circo a comer un pincho de tortilla… La noche se alargó y Mª Ángeles, Carmen Peña, Ignacio Peiró y yo, terminamos a las tantas en el Basho, un local de pijos con nombre de poeta japonés. Manda tamagos, que es como se dice huevos en japonés.

Al final, Mª Ángeles me reiteró el encargo.

–Tómate en serio lo que te he dicho.

Yo tenía un proyecto que coincidía con el encargo de Mª Ángeles, pero estaba sin desarrollar. A la hora de ponerme a escribir, como por algún sitio tenía que empezar y no tengo imaginación, empecé contando aquella noche. Le envié el primer capítulo a Mª Ángeles y me respondió con un escueto e-mail:

–Supongo que será broma.

Claro, dicho así, puede parecer que esa noche pasó algo digno de contarse, pero les aseguro que lo único que hicimos fue reírnos.

Así que empecé otra vez y ya fue todo sobre ruedas. Bueno, cuando entregué el libro no había ni un euro para cultura, así que todo iba sobre ruedas pero sin gasolina. Hubo que esperar a que pasaran las elecciones municipales y autonómicas. Después, algo pasó, que tuvimos que seguir esperando… En fin, que en todos estos años he podido añadir muchas cosas, que han hecho el libro menos breve pero más universal. Y he añadido dibujos. Hace sólo tres meses, este libro no tenía dibujos. Y eso ha sido cosa de María Ángeles, que insistió sibilinamente (no sé si en plan Delfos o en plan Cumas) hasta salirse con la suya.

Gracias, Mª Ángeles, en nombre del querido público que, en los libros, prefiere los santos a la letra.

 

Tengo que agradecer a José Luis Calvo Carilla su impresionante presentación. Creo que es una de las más profundas, informadas y ponderadas que me hayan hecho nunca. Así es José Luis. De hecho, aquella noche de la mesa redonda, donde empezó todo esto y donde también actuó, se retiró mucho antes de llegar al Basho. Y así le cunde como le cunde, claro.

Lo que he aprendido con su presentación. Lo que sabe este hombre. Lo de Giménez Caballero, por ejemplo. O lo de Bergamín. O lo de Braulio Foz. O lo de Cristina Peri Rossi. O lo de Pedro Manuel de Urrea, con el agravante de que en este caso hice el retrato ficticio del propio sin enterarme de que escribía cosas como las que cita José Luis.

Sólo por haber dado pie a su enjundioso prólogo, me siento orgulloso de haber perpetrado este librico.

Espero que, algún día, José Luis escriba el libro que equivocadamente estaban esperando todos los que conocían el título del mío.

Gracias, José Luis.

 

Mi agradecimiento a Stella y Paco, de Industrias Gráficas Sansueña, esa extraña pareja, por utilizar un título cinematográfico, aunque lo suyo sea más lo precinematográfico.

Después de andar por los despachos de palacio, ir a la imprenta es como bajar a la cocina: lo más sabroso. Y eso que Paco y Stella son vegetarianos.

Lo que nos hemos reído en esa casa. Paco y yo no paramos de decir tontadas o barbaridades, mientras Stella intenta controlarnos y Teresa espera flemática que acabemos para seguir resolviendo problemas. Tengo que decir que Teresa maneja los programas de maquetación con la precisión y la soltura de una primera bailarina y que Stella y Paco se manejan entre ellos como en el paso a dos del lago de los cisnes. Gracias por tan buenos momentos, que ya no volverán.

 

Bueno, ustedes pueden ver como ha quedado el libro. Y, además, como dice Stella, que casi no pesa, lo cual, a los que padecemos del lumbago, nos hace mucho bien.

Por cierto, gracias a Javier Torres, que llevó los ejemplares de la encuadernación a la Institución y gracias al señor que me trajo los ejemplares que me corresponden de la Institución a casa, precisamente cuando no estaba, por lo que me los dejo en el puesto de verduras del mercadillo. Y gracias a Mª Jesús, también, que me los guardó tan amablemente entre las lechugas hasta que llegué a buscarlos. Muchas gracias.

 

Gracias a Isidro Ferrer por su ilustración de cubierta.

Se podría decir que Isidro y yo hemos llevado vidas paralelas pero de sentido contrario. El empezó en la Escuela de Teatro y yo en la de Artes; ahora él es Premio Nacional de Diseño e Ilustración y yo hago cursillos de payaso. Pero en algunos puntos, como ya he dicho, a pesar de ser vidas paralelas, hemos llegado a encontrarnos según la conocida teoría del punto gordo. Y este libro es uno de ellos.

Yo no quería que mi libro llevara dibujos, entre otras cosas, para no entrar en contradicción con la cubierta de Isidro, pero ha solventado el problema estupendamente, sacando a uno de mis dentones, rodeado de ojos, con una cuña como la famosa de Malevich. ¿Esto qué requiere?

Ya saben que el mensaje estético es ambiguo y autorreflexivo. O sea, que no sé si Isidro ha amontonado en la cubierta todos los ojos que les faltan a mis personajes o si ha ilustrado mi sospecha de que el humor, como diría Platón, está en el ojo o en el oído del observador más que en el garganchón del que lo emite.

Hay una tercera opción, pero no sé cual es.

Gracias, Isidro.

 

Muchas gracias a los responsables del Museo, que no sólo nos han cedido este marco incomparable, con perdón, si no que recientemente han tenido a bien colgar un dibujo que hice para promocionar este marco incomparable, con lo que no sé si he entrado en bucle.

 

Muchas gracias a los portadores, Félix y Eva, Eva y Félix, que de las dos maneras puede y debe decirse, por el interés que se han tomado para organizar esta presentación que, entre unos y otras, no ha sido nada fácil. Lo bueno que tienen los portadores es que, cuantos más problemas hay, más se ríen. Gracias, Eva, gracias, Félix.

 

Ahora seguiré con los agradecimientos a todos los sabios y a todos los tontos que dijeron las cosas que he recopilado. Y a quienes las publicaron en su momento. Y a quienes me vendieron los libros en que aparecen estas citas, Eva y Félix, por ejemplo, o incluso a los conductores de autobús donde he escuchado tantas de ellas… Y a mi familia, que me proporcionó algunas de las anécdotas más sabrosas, empezando por mi madre y acabando por mi nieta.

Pero creo que me hacen señas de que no tenemos tiempo… Así que, por lo menos, si se compran el libro, mírense la bibliografía.

 

Gracias, en fin, a Emilia, a quien está dedicada esta antología. A ella y a su achampañado sentido del humor. Por supuesto, achampañado no tiene nada que ver con san Marcelino Champagnat, fundador de los hermanos maristas, cuya fiesta celebramos el pasado lunes, pero sí que es un adjetivo de procedencia francesa. A Emilia, Louis de Funes le produce el mismo estupor que Paco Martínez Soria. Sin embargo, es más partidaria de Alain Delon que del general Palafox. También es más partidaria de Nacho Duato, aunque no sea francés, que del Verrugón. Después asegura que no le interesan los hombres guapos, mientras clava su pupila, en mi pupila azul. ¿Qué es ironía? ¿Y tú me lo preguntas? ¡Ironía eres tú!

No diré más.

Ya sé que luego a la salida, me lo reprochará: “¡Qué poco!”

Y tendrá toda la razón pero, para justificar mi brevedad, voy a leer unas breves líneas de mi breve antología:

 

 “Lo normal es hablar poco”, dijo Lao Tsé. "Se debe ser veraz, no charlatán", dijo Demócrito. “Guarda silencio mientras no tengas necesidad de hablar”, dijo Pedro Alfonso. “De lo que no se sabe, mejor callar”, dijo Wittgenstein. “Lo bueno si breve, dos veces bueno”, dijo Gracián. “Lo bu si bre, dos veces bu”, dijo Gila. “Y aún lo malo, si poco, no tan malo”, insistió Gracián, poniéndose ya un poco pesadico.

 

Tras estas líneas, sólo puedo callarme, pero antes, si me lo permiten, quiero presumir un poco de que sin haber leído a estos sabios, yo ya me callaba mucho.

De hecho, las memorias anteriores al uso de razón que estoy terminando de escribir, llevan ese título: Me callo.

Muchas gracias.

 

 

 

10/06/2016 09:48 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Otro Quijote

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Resumen de la charla que no pude dar a los alumnos del Pirámide por problemas personales.

 

 Hace unos días, charlando en un paseo con mi nieta, salió el tema del fútbol:

–Yayo, es que ahora, al que no le gusta el fútbol es un pringao.

–Como en mis tiempos.

–¿Sí?

–Igual.

–¿Y a ti te gustaba?

–No.

–O sea, que ya eras rarico.

No sé qué interés podéis tener en lo que os cuente un viejo, que ya era raro a vuestros años. De hecho, la última vez que estuve aquí, no me pareció que vuestros compañeros tuvieran ningún interés en lo que les estaba contando. Pero, como no escarmiento, hablaré del Quijote, que es el tema que toca hoy, y a ver qué pasa.

Creo que la mejor forma de organizar la charla es recurrir a las fechas. Como no tengo memoria para los números, la mayoría de ellas son inventadas, aunque creo que se aproximan bastante a la realidad. Creo.

 

Empecemos por el principio:

 

1605 Cervantes publica la primera parte del Quijote.

 

1610 Cervantes publica la segunda parte del Quijote.

 

1863 Gustav Doré ilustra el Quijote.

 

1944 Borges incluye el relato “Pierre Menard, autor del Quijote” en sus “Ficciones”.

 

1945 Salvador Dalí ilustra el Quijote.

 

1950 Mi padre va a cortarse el pelo a una peluquería del Tubo zaragozano y el barbero le ofrece una edición del Quijote, con grabados de Doré, en dos tomos, por 300 pesetas. Mucho dinero para la época, aunque ahora sean sólo dos euros. Mi padre vuelve a casa a por el dinero y para convencer a mi madre de que el gasto vale la pena. Consigue las dos cosas y se lo compra.

Desde entonces, el libro está por casa y, de vez en cuando, puedo echarle un vistazo.

Pero me interesa mucho más un folleto o catálogo que también hay por casa, más accesible a la hora de hojearlo, con una selección de las ilustraciones de Salvador Dalí. El Quijote, según Dalí, parece mucho más fantástico y emocionante.

 

1957 Grigori Kozintsev dirige una película rusa sobre el Quijote.

 

1958 En el colegio, leemos el famoso capítulo de don Quijote y los molinos y me parece una jautada. Viendo las ilustraciones de Dalí, me esperaba algo más, la verdad. Creía que los molinos, por lo menos, se convertían en gigantes de verdad. Gran decepción.

 

1959 Mi abuela está muy enferma y celebramos la Nochebuena sin armar mucho jaleo, para no molestarle. Al acabar la cena, para continuar la silenciosa velada en torno a la mesa, mi padre decide que, en lugar de cantar villancicos con panderetas y zambombas, que es lo que nos apetece, nos leerá algunos fragmentos del Quijote. Busca los más escatológicos, para que nos resulten divertidos, pero sus esfuerzos resultan un poco patéticos. Creo que no es el mejor momento para acercarse por primera vez al Quijote. Pero, menudo es mi padre. Cualquiera le dice nada.

 

1967 Veo la película rusa sobre el Quijote. Me gusta tanto que decido leer el libro. En este caso, no me parece ni medio normal decir que no he leído el libro pero he visto la película. Leo el Quijote de cabo a rabo pero a trancas y barrancas, para qué nos vamos a engañar.

Mientras yo estoy leyendo el Quijote, el resto del mundo está leyendo “Cien años de soledad”, de Gabriel García Mérquez, que se acaba de publicar.

 

1979 Ya tengo hijos y TVE estrena una serie sobre el Quijote. Vemos el primer capítulo y mis hijos y yo coincidimos, quizás por última vez en nuestra vida: es horrorosa.

 

1983 Leo por fin “Cien años de soledad” y me parece deslumbrante. Por alguna extraña razón que no recuerdo, decido volver a leer el Quijote y me parece un libro mucho más moderno que “Cien años de soledad”. Me sorprende no haberme dado cuenta la primera vez que lo leí. Me pasó lo mismo con Las aventuras de Huck Finn, de Mark Twain. Lo que me hace pensar, por muy extraño que me resulte ahora, que hubo un tiempo en el que era incapaz de captar la ironía.

 

1989 Aborrecido de dar clases en la Escuela de Artes, pido una licencia por estudios para hacer el doctorado. Por entonces, el arquitecto Ángel Peropadre está restaurando la Aljafería y me quiere encargar unas pinturas para el Salón del Trono, que suplan los tapices que colgaban en tiempos de los Reyes Católicos. Me propone hacer mi tesis doctoral sobre los problemas a los que me enfrenta su encargo.

Intento argumentar que si la pintura está muerta, como vienen diciendo los teóricos y filósofos desde Hegel, sólo le queda hueco en la restauración de edificios históricos. Siempre intentando arrimar el ascua a mi sardina. Pero, ¿cómo hacerlo? Me acuerdo de un cuento de Borges que ya he leído: “Pierre Menard, autor del Quijote” y con su misma ironía, intento trasladar los criterios de Menard a mi trabajo.

Por cierto, en estos días de tanta celebración, no está de más recordar este fragmento de dicho cuento:

“El Quijote –me dijo Menard– fue ante todo un libro agradable; ahora es una ocasión de brindis patrióticos, de soberbia gramatical, de obscenas ediciones de lujo. La gloria es una incomprensión y quizá la peor.”

Al final, ni tuve el encargo ni acabé la tesis.

 

1996 Dos amigos, Mariano Gistain y Roberto Miranda, me proponen hacer un libro sobre Goya niño. Me dejan solo con el proyecto y perpetro “Paquico Goya”, que me edita la editorial Xordica con dinero de la DPZ. Este libro, tras muchas vicisitudes que no vienen al caso, es el principio de una serie de biografías de aragoneses universales que seguí publicando con la editorial Xordica y dinero de Ibercaja durante unos cuantos años.

 

2004 La DGA me encarga coordinar la edición de un libro sobre el Quijote en Aragón, ilustrado por pintores aragoneses. Vuelvo a leer la segunda parte del Quijote. Tras un intenso trabajo de edición, la DGA, en desacuerdo con la lista de pintores que he elaborado, deshecha el proyecto sin pagarme ni un euro.

 

2005 Para celebrar el 400 aniversario de la publicación de la primera parte del Quijote, Ibercaja decide incluir un libro sobre las andanzas del Quijote por Aragón, en mi colección de biografías de aragoneses universales.

Lo más difícil, elegir los fragmentos del Quijote, ya que tengo un número reducido de páginas. Elijo los más divertidos, siempre que quepan en una página.

Desde luego, incluyo una de las frases más desconcertante de todo el Quijote:

–Sancho, pues vos queréis que os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos. Y no os digo más.

 

Lo segundo más difícil: escribir los resúmenes que hilan unos fragmentos con otros, sin hacer demasiado el ridículo. A veces me sorprende mi osadía.

 

A la hora de ilustrarlo, intento distanciarme lo más posible de Doré, que es el canon. Frente a la línea, la mancha; frente al blanco y negro, el color; frente a la perspectiva cónica, la perspectiva axonométrica; frente al naturalismo, el expresionismo… Evitar los ojos y con ellos, la mirada, para dar más fuerza a la composición, es algo que aprendí en las geniales pinturas sobre el Quijote de Daumier.

Añado algún homenaje más o menos camuflado: los encapuchados son de Guston; las cabrillas, de Chagall…

 

2008 Vagabundeo con mi nieta por la orilla de la Huecha, a la altura de Alcalá de Moncayo, su pueblo. De pronto, me señala una horquilla hundida en la tierra:

–Mira yayo, esta señal puede querer decir algo.

–Puede indicar una dirección, como una flecha.

–No, es algo más importante.

Seguimos buscando más señales. Constanza me pregunta:

–¿Esto qué es?

–Un trozo de baldosa que ha arrastrado el río.

–Es de la casa de un duende al que ha raptado un gigante. Nuestra misión es ir a rescatarlo.

Seguimos río arriba, ella como don Quijote y yo como Sancho Panza, en en busca del gigante y el duende. Vamos encontrando más señales: la hierba tumbada por las fuertes lluvias, por ejemplo, son huellas del gigante.

Buscamos en casetas para aperos de labranza, en un pozo, en los chopos cabeceros, en los troncos de pino, amontonados junto a la carretera como un inmenso laberinto…

Cuando el juego empieza a perder tensión, le señalo una paridera abandonada que hay en la ladera del monte:

–Mira, Constanza.

–¿Qué es?

–Puede ser el castillo del gigante.

–¿Qué hacemos?

–Si quieres salvar al duende, tendremos que subir.

Responde con la boca pequeña:

–Vale.

Antes de llegar a la ladera, cruzamos un campo en el que han quemado el rastrojo.

–¿Está quemado?

–Sí.

–¿Por qué?

–A lo mejor el gigante es de los que escupen fuego por la boca.

Constanza se para en seco y grita aterrorizada:

–¡Ya no sé si lo que estamos haciendo es verdad o mentira! A ver, yayo, dime la verdad: ¡¿Hay algún gigante detrás de mí?!

–No, mujer, ¿cómo va a haber un gigante?

–Claro, si, de todas formas, la tontada del gigante me la he inventado yo… ¡La tontada del gigante me la he inventado yo!

 

Al día siguiente, hablando por teléfono de nuestra aventura, Constanza concluye:

–Pero, algo pasaba, porque no es normal que haya tantas casualidades.

Pues, eso.

 

 

 

26/04/2016 19:15 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Monterroso, recién nacido

Cuando abrió los ojos, la cigüeña ya no estaba allí.

 

 

05/10/2015 08:28 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Hace ocho años, escribí en este cuadro una frase de Henri Michaux: "Artista es quien se resiste con todas sus fuerzas a la pulsión fundamental de no dejar huellas".

Empiezo a notar que, a medida que menguan las fuerzas, se va imponiendo la pulsión fundamental.

 

 

11/08/2015 17:01 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Canfranc

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El pasado domingo, 19 de julio, como todos los años desde hace 22, se celebró un acto reivindicativo por la reapaertura del Canfranc en la estación del mismo nombre. Si otros años los organizadores habían invitado a poetas, músicos o fotógrafos, este año nos invitaron a los pintores, quince o veinte, que subimos y bajamos en el canfranero y nos dedicamos a perpetrar apuntes de todo cuanto vimos. Posiblemente el próximo año vean nuestros trabajos en una exposición.

En representación de todos ellos, me tocó poner la nota cultural en el susodicho acto y esto es lo que dije:

En 1844, Turner pinta Lluvia, vapor y velocidad, un cuadro en el que el protagonista es un tren que atraviesa la pintura hacia el futuro.

 

En 1862, Daumier, el somarda indómito, pinta El vagón de tercera, lleno de chisteras, después de que otros pintores más académicos hubieran pintado repetidamente el vagón de primera.

 

En 1877, Monet pinta La estación de Saint-Lazare.

Y muchos trenes.

 

En 1904, Darío de Regoyos pinta Viernes Santo, un cuadro en el que el protagonista es un tren que avanza hacia el futuro, cruzándose con una procesión.

 

En 1909, Kandinsky pinta El tren de Murnau, que también avanza hacia el futuro, pero en sentido contrario al tren español. Sólo faltan dos años para que Kandinsky se vuelva abstracto y se nota.

 

En 1913, Giorgio de Chirico pinta varias melancolías metafísicas en las que aparece o desaparece un tren, tras una tapia turinesa.

 

En 1964, John Frankenheimer filma El tren, una película con un tren lleno de pinturas robadas y embaladas por los nazis, en los estertores de la II Guerra Mundial.

 

1971 se considera el año en que aparecen los primeros grafiti en los trenes de Nueva York. Si en la película anterior, la pintura viajaba dentro del tren, a partir de entonces viajará fuera.

 

1980. Lunes, 11 de febrero. 22 horas. Estación de Lyon. Andén H.

Sophie Calle sube al tren, siguiendo a un desconocido hasta Venecia, para someterlo a una intensa y discreta vigilancia. La documentación de su acción se conoce como Suite veneciana y marca un hito en la historia del arte conceptual.

 

2015. ¿Y nosotros? Nosotros hacemos una síntesis. O un surtidico, como quieran. Nos toca ser eclécticos. Pintamos trenes, desde el interior como Daumier o desde el exterior como Turner, Regoyos o Kandinsky; pintamos la estación como Monet o de Chirico; nos abstenemos civilizadamente de realizar grafitis porque nos da la gana y, en lugar de viajar tras un desconocido como Sophie Calle, viajamos persiguiendo una utopía. O dos.

 

 

 

20/07/2015 18:25 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

El fantasma de Servet

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El pasado jueves tuve que hablar de Servet en el Instituto Miguel Servet de Zaragoza, donde se presentaba el séptimo tomo de los estudios que sobre el sabio han realizado alumnos y profesores. Esto es más o menos, lo que dije. Quizás ya conozcan la mitad del texto.

 

¿Qué puedo decir sobre Servet?

No soy un especialista. Algunos de ustedes, sí.

No soy un tertuliano de la tele. Creo que ustedes tampoco.

Sólo soy un pintor que ha leído algo. Por ejemplo, lo que dice Servet de la circulación pulmonar de la sangre. Resumiendo: que el alma está en la sangre y Dios en el aire, por lo que, al respirar, nos purificamos.

A mí me parece que Servet era un poeta. Por no decir un taoísta.

Desde que descubrí el taoísmo leyendo a Lawrence Durrell, veo taoístas por todos los lados. Miguel de Molinos, por ejemplo, otro místico aragonés que vivió un siglo más tarde que Servet y tuvo más suerte que él: acabó pudriéndose en la cárcel.

No soy el único al que le pasa: para Nietszche y otros pensadores contemporáneos, hasta Jesucristo es taoísta y su mensaje coincide con el del poeta surrealista Paul Éluard: Hay otros mundos, pero están en éste.

De Oriente Medio para aquí, es una idea que no ha sido muy bien recibida. En el otro Oriente, el lejano, pese a la crueldad de sus dirigentes, los sabios suelen terminar sus días en su cabaña o en su nirvana, rodeados por sus fieles discípulos.

Por decir esto, en otros tiempos me habrían quemado en la hoguera; en otros sitios, me habrían rebanado el pescuezo. Que no me haya pasado nada, se lo debo, en parte, a Miguel Servet.

 

¿Por qué somos así? No lo sé. Pero es una pena. Se mata a un hombre por sus ideas y luego pasa lo que pasa. Ya lo dijo Castiello.

Y matar a un hombre suele tener consecuencias. (No siempre. Por no ponerme trascendente, demagogo ni populista, me estoy acordando de una película de Woody Allen: Delitos y faltas.)

 

Pero, bueno, matar a un hombre por sus ideas puede tener consecuencias. En 2011, por razones que no vienen al caso, tuve que pasar una tarde en Ginebra… Esperen. No vienen al caso pero prefiero aclarar que habíamos hecho un viaje por el Ródano y para volver en tren desde Lyon, por extraño que parezca, la mejor combinación era viajar hasta Ginebra para coger el tren a Barcelona. Lo digo para que no piensen que tengo alguna cuenta en Suiza o algo así.

Bueno, pues, estábamos en Ginebra y decidimos rendir un pequeño homenaje al hereje, visitando el monolito que tiene levantado en la colina de Champel. Sólo recordaba este nombre y una foto en la que se veía que el monumento se encuentra en una zona verde. Con tan escasa información, salimos de la estación de Cornavin y nos dirigimos paseando hacia el parque de Alfred Bertrand, la zona más verde y elevada de todo Champel. Eran las primeras horas de la tarde de un día de agosto que presagiaba tormenta y, lo primero que nos sorprendió fue lo lejos que quedaba la dichosa colina de las antiguas murallas de la ciudad. Se conoce que los ginebrinos guardaban las distancias para evitar el olor a chamusquina. La asepsia suiza.

En la entrada del parque había obras. Dentro, los cuervos, desde la penumbra de las zonas arboladas, contemplaban a las chicas que se socarraban al sol en las praderas. Recorrimos el parque sin encontrar ni rastro del monumento. A la tercera vuelta, Emilia decidió que había llegado la hora de preguntar. Preguntamos y nadie sabía nada. Un señor que estaba paseando a su perrito nos aseguró, muy indignado, que no había nada parecido a un monumento a Servet en todo Champel. Nos dirigimos a un intelectual, que corregía unas galeradas sentado en un banco, y nos dijo que lo que buscábamos no estaba lejos, pero que había que pasar al otro lado de la frontera.

–¿Al otro lado de la frontera?–, tradujimos, desconcertados, en voz alta.

–Al otro lado de la frontera, exactamente–, replicó en correcto castellano.

Una señora, sentada en el otro extremo del banco, corroboró.

–¡En Francia, en Francia…!

A estas alturas, ya estábamos convencidos de que nos tomaban por unos toca-pelotas y decidimos retirarnos discretamente, dada la superioridad numérica del enemigo.

Llamamos por teléfono a una cuñada, para que nos buscara la ubicación exacta del monolito por Internet. No teníamos smartphones o como demonios se llame eso. Mientras esperábamos la llamada, descubrimos en el plano de Ginebra la cercana calle Michel Servet que partía, precisamente, de una pequeña zona verde. Antes, paramos en una tetería y nos tomamos sendas Calvinus blonde (5,50 francos suizos cada una). Preguntamos a la camarera por el monumento a Miguel Servet y, aunque no sabía nada, nos indicó que podíamos preguntar en la panadería. Pero en la panadería, claro, tampoco sabían nada. En la zona verde, dividida en dos por la avenida de Champel, tampoco encontramos el dichoso monumento. Recibimos la llamada de la cuñada, indicándonos que el monumento tenía que estar junto a la calle Miguel Servet. No pudo concretarnos más.

Bajamos por la calle Miguel Servet (médico español, pone escuetamente en las placas de la calle), una calle corta, empinada, en forma de ese, una calle fea, de tapias, verjas y esquinas, presidida por una gasolinera. Ni rastro. Retrocedimos hacia arriba. Nos metimos, sin muchas esperanzas, por caminos particulares que llevaban, entre jardincillos, a los bloques de viviendas. Nada. Volvimos a bajar y torcimos a la derecha. Ahora sé que si hubiéramos torcido a la izquierda, a unos 50 metros, más o menos, habríamos encontrado el monolito. Pero torcimos a la derecha.

Antes de abandonar Champel, nos fijamos en un cartel contra la inmigración (unos pies muy oscuros avanzando sobre la bandera suiza). Un poco más abajo, al pasar por la Promenade des Bastions, nos paramos ante el enorme monumento dedicado a los padres de la patria, presididos todos, junto a otros tres reformadores, por la gigantesca figura de Calvino.

Han pasado casi 500 años de la muerte de Servet y los ginebrinos siguen abochornándose de aquel “error”, que dicen ellos. Como pudimos comprobar, el monolito pasa desapercibido, pero el fantasma de Servet sigue muy vivo en la colina de Champel.

En fin, hace dos días celebrábamos el 14 de abril. Sólo han pasado 75 años del fin de nuestra guerra y algunos ya pretenden ignorar nuestros propios fantasmas. Van buenos.

 

 

 

20/04/2015 18:18 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Cuento verdadero de Navidad

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En junio de 2004, yo tenía una sociedad civil con mi hijo, y las Cortes de Aragón nos encargaron un tebeo sobre la Institución, que teníamos que entregar a principio de curso. Ese verano nos quedamos sin vacaciones pero cumplimos los plazos.

Después, los señores diputados necesitaron seis meses para dar el visto bueno a nuestro trabajo. A los seis meses, la cosa corría ya mucha prisa. Nos enviaron la presentación del Presidente, Francisco Pina, para que la incluyéramos en la maqueta y enviáramos todo a la imprenta. La presentación estaba llena de erratas que tuvimos que corregir.

Una vez impreso el tebeo, descubrieron que, con las prisas, nos habíamos comido una línea de la presentación del Presidente. Como la culpa era nuestra, tuvimos que hacernos cargo de los gastos de desengrapar y reeditar la hoja correspondiente. Total, 6.ooo euros. Exactamente lo mismo que habíamos presupuestado por nuestro trabajo.

Para compensarnos, me ofrecieron comprarme un cuadro. Los mandé a la mierda.

 

 

22/12/2014 16:44 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencio

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Creo que los pintores tenemos mejor ojo para la literatura que los escritores para la pintura. No sé, igual me equivoco.

Por otra parte, tengo mucho respeto por el "canon" y si no puedo con Proust pienso que es culpa mía, mientras que si un escritor no puede con Tápies, suele pensar que es culpa de Tápies.

 

 

05/11/2014 10:53 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Que conste

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Rodríguez es mi segundo apellido pero, hasta donde yo sé, no tengo nada que ver con el consejero de Sanidad de la comunidad de Madrid. Que conste.

 

 

10/10/2014 09:49 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

12 de octubre

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Escribí este texto para el programa de Fiestas de la Federación de Barrios.

 

Hay que estar en lo que se celebra pero, ¿qué se celebra? ¿La venida de la Virgen? No, porque vino el 2 de enero. ¿El descubrimiento de América? Tampoco, porque la fiesta es anterior. Según los sabios, nuestro 12 de octubre celebra la primera misa que se dijo en Zaragoza, después de que la ciudad fuera reconquistada por Alfonso I, el Batallador.

Quiero creer que la fiesta tuviera unos orígenes más remotos y la Iglesia, una vez más, arrimara el ascua a su sardina.

Porque esta tribu nuestra, ubicada en el desierto, siempre ha debido tener una Piedra sagrada –bendecida por una Diosa Madre– y un Río no menos sagrado que la riega y fertiliza. De ahí la feroz oposición al trasvase. De ahí, el éxito de una tradición tan moderna como la Ofrenda de Flores o de una tradición tan antigua y coherente como la Ofrenda de Frutos, a pesar de que de la huerta zaragozana sólo nos quede el recuerdo.

¿Qué todo esto les suena a cuentos de Maricastaña o a músicas celestiales? Pues, sí. Pero, no se preocupen, que ahora viene la charanga y empiezan las fiestas de verdad.

¡Hala, pues!

 

 

 

08/10/2014 18:05 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencio

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Su buena memoria le permite tener conocimientos enciclopédicos.

 

 

06/10/2014 10:48 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Cuestión de tono

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Por los comentarios que recibo (de viva voz, que aquí no opinan ustedes hace años) me equivoqué en la presentación de mi exposición Mi vida según Gracián o el pasado que nos alcanza (vean un poco más abajo con la misma imagen). Pretendí que fuera una pieza de humor negro y me quedó gris cenizo.

Disculpen las molestias.

 

 

06/09/2014 18:12 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Mi vida según Gracián o el pasado que nos alcanza

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Acabo de inaugurar exposición en la sede de la UNED de Calatayud y esto es, más o menos, lo que he dicho:

 

Esta exposición puede ser importante para mí porque quizás sea la última que celebre como pintor contemporáneo aragonés. A partir de ahora, y visto lo visto, he decidido convertirme en pintor japonés antiguo, lo cual, bien mirado, no es más extravagante que lo anterior.

Pero dejémonos de metafísicas que no interesan a nadie y hablemos de economía, que es lo que se lleva.

Esta exposición ha tenido unos gastos: Catálogo, transporte, seguros, personal, etc…

Que en estos tiempos de crisis aguda y galopante, alguien esté dispuesto a hacer semejante desembolso con el único objeto de mostrar mi trabajo, es algo que me llena de orgullo y satisfacción, así como de un agradecimiento verdaderamente sincero. En justa correspondencia, donaré un cuadro para compensar, aunque sea simbólicamente, los gastos que les he ocasionado.

Alguno de ustedes puede caer en la tentación de pensar que quizás el cuadro que les dejo se revalorice en un futuro más o menos inmediato y que el negocio les salga redondo. Craso error.

Yo, desde que pude zafarme de las manos de los maristas, aposté por lo público: Estudié en le Univesidad Pública, fui profesor en la Enseñanza Pública; siendo de Muface, decidí pertenecer a la Seguridad Social; utilizo habitualmente el transporte público porque no tengo coche ni sé conducir.

Incluso mi carrera artística la he desarrollado en el marco de lo público, lo que es tanto como decir que no he hecho carrera alguna. El arte siempre ha ido por delante de la sociedad y el mundo del arte hace muchos años que está en manos de los Mercados. Y si no estás en el Mercado, no existes. Así que, aquí donde me ven, con más de cuarenta exposiciones individuales a las espaldas y habiendo producido por encima de mis posibilidades, yo no existo. De momento, mantengo cierto equívoco al respecto pagando mis impuestos e intentando ajustar los precios, entre mis escasos clientes, siguiendo las fluctuaciones del Ibex 35. Pero el día que me muera, me temo que todo esto no valga nada. Claro que para entonces, el problema ya no será mío sino suyo. Por eso, ahora que aún estoy vivo, quiero acompañarles en el sentimiento y recordar las sabias palabras de Baltasar Gracián respecto a la vida, que tan bien pueden aplicarse a esta exposición: “Vinimos engañados y nos vamos desengañados”.

Muchas gracias.

 

04/09/2014 20:33 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Algunos amigos consideran una extravagancia que, a estas alturas de la vida, pretenda convertirme en un pintor japonés. No ha sido menos extravagante la pretensión de considerarme artista contemporáneo en Zaragoza. 

 

 

29/07/2014 09:07 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Sucedidos

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Me contó Víctor Juan:

Ya sé que a ti no paran de pasarte cosas, pero a mí también me pasan bastantes.

Fui a buscar las serigrafías de Cossío al taller de Pepep Bofarull y me había dejado una nota en la puerta, avisándome de que estaba en el "María Morena". Vi que había allí al lado un rumano y me acerqué a preguntarle: "Por favor..." "Yo no sé nada", me respondió tajante. Aún insistí: "No, si sólo quiero saber dónde está..." "Que no sé nada".

Víctor consiguió encontrar a Pepe y llevarse las serigrafías.

Que me pasen cosas, una leyenda urbana como cualquier otra, puede venirme por parte de madre.

El viernes pasado, en la playa, paseábamos a mi madre en silla de ruedas, mi hermana y yo. Entré un momento en un chiringuito a comprar una camiseta para mi nieta y, al salir, me encontré las encontré hablando con un joven inglés, grande como un mallo, que lloraba sentado en un murete.

Me explicaron que el pobre mozo había visto a mi madre y se había emocionado mucho porque era exactamente igual que su abuela. Era tal su emoción, que cogía la mano de mi madre y la besaba insistentemente, disculpándose por el choto que llevaba.

–Sorry, sorry...

Así estuvo un rato, hasta que logró tranquilizarse y nos despedimos. Me volví un poco más adelante y vi que seguía sentado, limpiándose las lágrimas.

 

 


12/06/2014 19:01 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Ahora se les llama Pagafantas, pero de toda la vida de Dios se les ha llamado chevalier servant.

 

 

11/06/2014 11:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Bellas Artes

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El otro día en el Rastro, encontré un cuadro mío de hace quince años más o menos. No me atreví a preguntar el precio.

También encontré, dentro de una vieja carpeta que compré muy barata, algunos papeles mecanografiados por un presunto alumno de Bellas Artes en París.

Mañana, precisamente, tengo una comida con antiguos compañeros de la Escuela de Artes de Zaragoza y me ha parecido oportuno copiar algunos de los apuntes encontrados, para que vean qué diferencia hay entre la Escuela de Zaragoza y la Escuela de París.

Espero que lo disfruten todos ustedes.

 

París era como me lo había imaginado: la liberalidad de la vida sexual flotaba en el ambiente, la liberalidad de la vida sexual flotaba como polen de abril por las orillas del Sena, derramándose generosamente por toda la ciudad e inflamando ciertas partes del cuerpo del mismo modo que el polen inflamaba las narices de turistas y parisinos. Además del polen y la sexualidad, por las orillas del Sena flotaba también la pegajosa melodía del acordeón pero, qué le vamos a hacer, nadie es perfecto.

 

Beaux-Arts participaba de aquel ambiente y yo estaba fascinado. Mis sueños húmedos de interno parecían a punto de hacerse realidad. La sexualidad flotaba en el claustro y en las aulas rivalizando con el olor a esencia de trementina.

El profesor de la escuela de Barbizon compadreaba con los alumnos:

–¿De qué se puede hablar con una puta? De nada, muchachos, de nada, hay que ir directamente al grano. Allons enfants!

La profesora de Passe-partout nos contaba, entre melindres y picardías, que su marido tenía tres testículos y que ella, tan decente, lo descubrió la misma noche de bodas e incluso creyó durante cierto tiempo que todos los hombres eran iguales ya que, antes de festejar con él, no había conocido varón. Lo que no contaba nunca es cuándo descubrió que estaba equivocada.

El profesor de trigonometría tenía dos mujeres (“que alimentar”, apostillaban los compañeros envidiosos); el profesor de Molduras y Colgaduras no paraba de hacer chistes verdes con el nombre de su asignatura y se los repetía a sus alumnas a todas horas:

–En las grandes alturas, los cojones de mulo parecen molduras.

El profesor de perspectiva caballera montaba grupos de teatro para elegir a las primeras actrices entre las alumnas más guapas con no se sabe qué claroscuros propósitos, según murmuraba el profesor de sfumattos.

A veces oíamos gritos en alemán al fondo del claustro y el jefe de estudios, que nos daba clases de Academicismo y Farallones, exclamaba:

–Ya viene hoy Venus con las bragas de cordobán.

Fräulein Venus había nacido en Willendorf. Sólo era la secretaria de aquella Escuela pero, como buena valquiria, llevaba la voz cantante y tronante. Eso, unido a su nombre, la convertía en diana de todas las habladurías. Unos aseguraban que la Fräulein se entendía con el conserje del centro, monsieur Chevelu; otros decían que tenía amores con un señor de la oficina, germano como ella, aunque algo más estirado; algunos aseguraban que la víctima de sus furores era un representante de la casa Faber-Castell, aunque otros aseguraban que lo único que hacía con el representante aquel era llevarse una buena comisión… Incluso se le atribuían romances con su peinadora, pero conociendo a la señora, había que ser muy perverso para tragarse algo así.

En fin, también había un profesor catalán de naturalezas muertas, carente de todo glamour, que preguntaba a las alumnas:

–Usted, señorita, ¿qué hace aquí? ¿No sabe que para pintar hacen falta un par de huevos?

El personal auxiliar participaba de las mismas inclinaciones que el personal docente: el conserje segundo se metía en el cuarto de calderas y se calentaba mirando por un agujero que daba al vestuario de las madames de la limpieza; el conserje primero se entendía con la secretaria, según las malas lenguas antes dichas, y con la jefa de limpiadoras, según las malas lenguas no mentadas hasta ahora; el único conserje serio y formal que había en el Centro presentó un día la dimisión tras alegar que era incompatible con Bellas Artes porque él pertenecía a la Armada y no podía elevarse por encima de un metro sobre el nivel del mar… Como diría Patricia Higtsmith, en aquella Escuela había mucha locura, pero no precisamente la clase de locura que uno habría esperado encontrar allí. Hasta una vecina del barrio cogió la costumbre de plantarse en el vestíbulo y quedarse en pelotas hasta que llegaban los gendarmes y la obligaban a vestirse, para desconsuelo del alumnado que prefería ver a la vecina en el vestíbulo que a las modelos de desnudo en clase.

Las modelos, sin embargo, eran muy discretas. Excepto cuando hablaban de los temas que les interesaban, que entonces no había quién las parase: a una le gustaba la música dodecafónica; a otra, el marxismo; a la de más allá, el esoterismo. Alguna incluso se interesaba por la moda.

 

 

10/06/2014 20:16 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

La gran belleza II

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En una de las múltiples fiestas que componen la película, una niña demuestra lo moderna y lo artista que es, arrojando botes de pintura sobre un enorme lienzo blanco, con la misma furia que utilizaban los pintores de la action-painting, hace sesenta años. Un poco antes o un poco después, una actriz se estampa contra un pilar de piedra, con la misma furia que utilizaban los artistas del body-art, hace cuarenta años.

La niña pinta el lienzo con todo su cuerpo, hecha un Cristo, entre gemidos y sollozos, lo que es bastante plausible, pues enfrentarse a semejante desafío produce mucha angustia y requiere mucho coraje. También los tenistas se ayudan de todo tipo de sonidos guturales. 

La cámara deja a la niña en plena faena y sigue al protagonista de la película y a su pareja, retirándose de la fiesta. Ella observa conmovida que la niña está llorando y él vuelve a hacerse el cínico, una vez más, respondiendo que gana una millonada.

Lo desconcertante es que la cámara vuelve por unas décimas de segundo al lienzo para dejarnos entrever que la pobre niña ha convertido su abrumadora energía en una obra relamida y cursi. ¿Eso qué requiere?

 

 

13/12/2013 17:26 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

El dibujante de relatos

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Hoy se presenta el libro de Antón Castro y Juan Tudela El dibujante de relatos. No podré asistir por problemas de salud, pero este es el texto que les escribí como presentación.

 

Si uno abre algún libro de Antón Castro al azar, puede encontrar, en la página 86, exactamente, un personaje que dice como si tal cosa: “Era hermético hasta el asombro”.

A veces, como si intuyera el desconcierto del lector, Antón Castro añade: “Eso me dijo exactamente”.

También es cierto que si uno abre algún libro de Antón Castro al azar, puede encontrar otras voces mucho más previsibles: “No existe ningún abonado con este número” o “Yo también soy pintora”, aunque en este caso, qué curioso, no llega a estar seguro de haber oído tal cosa, cuando es algo que yo llevo oyendo toda la vida, un día sí y otro, también.

Pero, lo que yo quería decir aquí, y me estoy perdiendo, es que, si uno lee que un personaje dice: “Era hermético hasta el asombro”, no puede dejar de preguntarse: ¿Qué aspecto tendrá el tipo que habla así?

 

Ahora lo sabemos.

Juan Tudela realizó unos retratos imaginarios o recordados y Antón Castro descubrió en ellos el rostro de sus personajes.

O sea, que este libro nació como nacían los libros por entregas, antes de que Dickens escribiera “Los papeles póstumos del Club Pickwick” y cambiara las reglas del juego: el dibujante dibujaba las historias que se le ocurrían y el escritor intentaba explicarlas a los lectores.

Antón Castro descubrió en los retratos en blanco y negro (o virados a sepia) de Juan Tudela a sus personajes y reconoció, además, en ellos, la premonición académica o las secuelas cubistas del daguerrotipo.

Antón Castro descubrió en los dibujos de Juan Tudela a sus personajes, Juan Tudela le contó, además, los barruntos de aquellas gentes de Torrero y otros lugares del ancho mundo, los recuerdos de aquellos tiempos en los que él, Juan Tudela, inventó la modernidad gráfica de la Inmortal Ciudad, y Antón Castro puso voz a unos rostros que de inmediato empezaron a decir: “No quiero vivir con el diablo de una identidad inescrutable”, “Tócame como si me fueras a pintar por última vez” o “Yo también soy una poeta desesperada”.

 

De todos es sabido que el surrealismo nace, según Isidore Ducasse, del encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección.

Bastante más tarde, y siguiendo el ejemplo de Mary Shelley o del doctor Frankenstein (que de las dos formas puede y debe decirse), un trocito de aquí, otro de allá, ya saben, el surrealismo engendró cadáveres exquisitos como para parar un tren.

No sé si Juan Tudela y Antón Castro, primero el uno y después el otro, llegaron a Zaragoza en tren, pero no me cuesta nada imaginarlo.

El caso es que en esta ciudad, tan parecida muchas veces a una mesa de disección, el encuentro fortuito de un murciano y un gallego ha dado lugar a este bello artilugio que nos revela una visión forana y, por tanto, original y cosmopolita, de nuestro particular sentido del humor.

Que no es otro que el sentido del humor de los sabios antiguos, valga la redundancia.

 

Que ustedes lo disfruten como lo he disfrutado yo.

 

 

 

12/12/2013 18:37 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Encuentra

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Esta tarde inaugura exposición Miguel Ángel Encuentra, en Demodo Gráfico, Manifestación 17, Zaragoza.

Este es el texto que he escrito para la ocasión:

 Nel mezzo del cammin di nostra vita

 mi ritrovai per una selva oscura.

                                                Dante Alighieri    

 

Para esta exposición, Miguel Ángel Encuentra ha traído una selección de obras pertenecientes a tres series distintas, que próximamente se verán completas en Huesca: Negra  Esperanza, Rojas y Yi.

 

Negra Esperanza.

El caso es que, tanto Encuentra como yo, e tutti cuanti, hemos dejado atrás il mezzo del cammin di nostra vita, aunque seguimos encontrándonos en una selva tan oscura que hace cierta la sorprendente afirmación que me hizo nuestro pintor un día: “Al fin y al cabo, el verde oscuro es negro”. También podemos decirlo al revés y basar en ello nuestra esperanza.

A estas alturas, quedan pocas alegrías en la casa del pobre, pero aún hay alguna.

Como que guardemos en nuestros corazones el recuerdo del resplandor en la hierba verde, que te quiero verde, que cantan los poetas, o la de haber sobrevivido a los padres de la infamia, Reagan & Tatcher, que ya llevan tiempo criando malvas, y poder cumplir la profecía de Siniestro Total bailando sobre sus tumbas.

 

Rojas.

“Batirse el cobre” es la excusa que pone Encuentra para cambiar en esta serie el soporte de cartón por el de cobre.

En las superficies rojas de Encuentra aparecen rastros negros más o menos contundentes, de la misma forma que en las manifestaciones de su época, según cuenta Breton en Nadja, era justo y necesario que algunas banderas negras pusieran el contrapunto a la marea de banderas rojas.

Batir es tanto como golpear. Como golpeaba, por ejemplo, la cuña roja de El Lissitzky a los blancos. En aquel cartel, la cuña roja golpeaba desde arriba y hacia la derecha al enorme círculo blanco, mientras que en la pintura de Encuentra la cuña roja puede aparecer por cualquier lado. El que avisa no es traidor.

 

Yi

Para George Rowley, la mejor traducción para el concepto yi es algo así como “sin trabas”, aunque reconoce que “la cuarta y suprema categoría de la excelencia desafía toda definición”.

Así que el yi sólo se podrá alcanzar, si se alcanza, a partir de cierta edad. Encuentra parece estar en camino de conseguirlo.

Sus trazos de tinta china  o de tinte de mora, tan espontáneos como intencionados, sin posibilidad de retoque o arrepentimiento, se alzan ante nosotros con la contundencia de una chopera, se precipitan sobre el cartón con la fuerza de la lluvia en una tormenta de verano, tienen la rectitud de un surco, la profundidad de un congosto o la sutileza del vuelo de un mosquito.

 

Si me permiten terminaré con lo que puede parecer un chiste fácil, Miguel  Ángel sigue fiel a sí mismo, en perpetua búsqueda, para acabar de hacer cierto su apellido, Encuentra.                                                                                                       

 

 

 

28/11/2013 18:21 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Tesis

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El artículo de que les hablo en la entrada anterior termina así:

Llegados a este punto, permítanme una pregunta que me parece pertinente: Si el consumo de psicotrópicos produce un estado alterado de conciencia capaz de utilizar el color de forma desinhibida, y si la función crea el órgano y viceversa, ¿es posible que una utilización desinhibida del color pueda llegar a producir un estado alterado de conciencia similar al producido por los psicotrópicos? Sí, me atrevo a responder, aunque hubiera preferido no tener que hacerlo.

El final, en realidad, se alargaba un poco más. Esto es lo que falta:

Prueben ustedes a yuxtaponer colores sobre un papel en blanco y, como la cosa vaya bien y funcione (que puede ser que no y que entren en un estado alterado de conciencia muy chungo), verán como se pone su hipotálamo a segregar endorfinas, sus glándulas suprarrenales a segregar corticosteroides o sus testículos a segregar testosterona (en el caso de que sea usted un caballero) o sus ovarios a segregar progesterona (en el caso de que sea usted una señora).

¿Por qué creen, si no, que perseveran los ilustradores en un oficio tan mal pagado?

 

 

25/10/2013 11:16 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Ocurrencias

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Lo malo no es que te jubiles tú, lo malo es que se jubilen tus clientes.

 

 

28/06/2013 18:25 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Coincidencias

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Anoche se me ocurrió una cosa y hoy la he visto en las noticias de la tele. 

Pensando en que a esta gente tan estirada, lo que más les descompone es la risa, se me ocurrió que estaría bien asistir a sus mítines (públicos, no privados) para reírnos en sus narices.

Ya lo están haciendo. No sé si era en Portugal, pero he visto un grupo que lo estaba haciendo.

 

 

22/05/2013 17:26 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Humor y Derechos Humanos

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Hoy se ha inaugurado una exposición de humoristas en la sede del Colegio de Abogados de Zaragoza, que es quien la organiza, en apoyo de los derechos humanos. El decano del Colegio me invitó a participar en representación de los demás humoristas y esto es, más o menos, lo que he dicho:

 

Señoras y señores: 

Sé que tengo derecho a guardar silencio y que cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en mi contra pero, como la vieja del chiste… me voy a arriesgar.

Estamos ante una exposición en la que el humor apoya los Derechos Humanos. Esto nos parece lo más normal, pero lo cierto es que también puede suceder lo contrario. Me dirán que, entonces, eso no es realmente humor, pero ahora mismo no voy a entrar en disquisiciones filosóficas.

El caso es que quiero aprovechar la oportunidad que me brindan nuestro distinguidos anfitriones, para hacer pública una petición o exigencia:

Creo que, por respeto a los Derechos Humanos, precisamente, señoras y señores, los poderosos y poderosas del mundo, así como sus lacayos y lacayas, deberían prescindir de cultivar su sentido del humor en público. No tengo nada en contra de que lo practiquen en la intimidad, como hacen con el Lapao, por ejemplo, pues la intimidad es sagrada y no seré yo quién se meta en ella, no sea que me multe el señor delegado del Gobierno. Pero en público tendrían que abstenerse.

Y no lo digo por defender mi profesión de semejante intrusismo, como ya estarán sospechando algunos, sino porque el sentido del humor de los poderosos y poderosas suele ser un ataque en toda regla a los Derechos Humanos más elementales.

 

En un cuento de Jardiel Poncela, que quizás conozcan, el protagonista, un detective amargado y con úlcera de estómago, decide visitar al médico. Entre otras terapias, el doctor le anima a sonreír. El detective, completamente desentrenado, lo intenta con gran esfuerzo y la cara que pone casi mata al médico del susto.

Más tarde, le contratan para vigilar una fiesta de postín y aprovecha la ocasión para practicar un poco. A un señor que le mira con cierta insistencia le dedica una de sus forzadas sonrisas y el señor, horrorizado, se saca todas las cucharillas de plata que lleva en los bolsillos y sale corriendo.

 

Pues el mismo efecto produce el sentido del humor de los poderosos y poderosas y el de sus lacayos y lacayas. Quizás, también, por falta de práctica, como le pasaba al detective del cuento. El caso es que el sentido del humor de los poderosos y poderosas da miedo. Mucho miedo.

 

Por no ponerme obvio recurriendo a ejemplos recientes que todos pueden recordar, voy a contarles algo que me sucedió a mí hace muchos años. Tantos, que yo vivía en Torrero y el señor Belloch no había llegado al Ayuntamiento.

En la inauguración de una exposición como esta, me presentaron al concejal que presidía la Junta de Distrito de mi barrio quién, inmediatamente, empezó a tomarme el pelo sobre la República Independiente de Torrero, una ocurrencia o divertimento de los vecinos, que siempre ha tenido un carácter más festivo que reivindicativo. Yo le seguí la broma hasta que me dijo:

–Podéis consideraros todo lo independientes que queráis, pero nosotros tenemos la Cárcel y el Cementerio y en un momento dado os podemos mandar a cualquiera de los dos sitios. Y ahora que vamos a tirar la Cárcel, al cementerio directamente.

 

Creo que entenderán mi exigencia de que las poderosas y poderosos del mundo eviten practicar en público su sentido del humor.

Y que entenderán que, como dijo Serrat (don Juan Manuel, no doña Dolores) entre esos tipos y yo haya algo personal.

 

 

Señoras y señores, todo lo que les acabo de contar es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, aunque estructurada con premeditación y alevosía para convertirla en metáfora de los tiempos que vivimos. Hemos empezado haciendo risas y ya ven como hemos terminado, con un final que no tiene ni pizca de gracia.

De todas formas, muchas idem por su atención.

 

 

 

20/05/2013 22:37 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Blancanieves, el libro

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Como les anuncié en la entrada de abajo, ayer presentamos "Blancanieves" en Antígona, con escasez de público y abundancia de risas.

Julia, que en la inauguración de mi exposición había hecho equilibrios sobre unos tacones de vértigo, nos deleitó haciendo malabarismos con una cinta métrica, una diadema y una manzana, en una de esas delirantes actuaciones, mitad conferenciante mitad cuenta cuentos, que se ha inventado.

Rosa se quejó de que no le hubiera dejado ser telonera porque como ella habla en serio, prefiere no tener que hacerlo después de Julia. Su análisis del libro se centró en el número tres: Los Grimm, Julia y yo. Como los Grimm eran dos, pensé que éramos como los tres mosqueteros que eran cuatro, pero no dije nada. Rosa se pone muy seria a la hora de analizar un libro pero su brillantez le impide resultar cansina. Y hablando bien de mí, aún me parece más deslumbrante, qué quieren que les diga. Nos prometió pasarnos el texto de su intervención si no lo publicábamos en ningún blog, así que de momento se quedarán sin conocerlo, lo siento.

Después me tocó hablar a mí y dije, más o menos, lo siguiente:

Mi nieta tenía cinco años. Un día que vagabundeábamos por las orillas de la Huecha, me señaló una ramita en horquilla hundida en la tierra y me dijo:

 –Mira, yayo, esta señal puede querer decir algo.

–No sé… En el lenguaje de signos quiere decir que tendríamos que seguir por allí. Es como una flecha.

–No, pero igual quiere decir que aquí hay algo importante.

–¡Ah! No sé.

–Voy a picar a ver. No, no se ve nada. Vamos a buscar más señales.

–Vamos.

 Buscamos más señales y pronto encontramos otra:

 –¡Mira! ¿Qué es?

–Esto es un trozo de baldosa que ha arrastrado el río.

–¡Ah! Eso quiere decir que había una casa y el río la ha arrastrado porque, mira, está todo lleno de trozos de ladrillo.

–Sí, es verdad.

–A lo mejor era la casa de un duende.

–Puede ser.

–Y, a lo mejor, se ha quedado sin casa y lo ha cogido un gigante al pobre. ¡Claro! Entonces, nuestra misión de hoy es ir a rescatar al duende.

 Así que, con las cosas más claras, nos fuimos a buscar al duende. Todo lo que veíamos confirmaba nuestras suposiciones. Había llovido fuerte y la hierba estaba derrumbada.

 –¡Mira esta hierba chafada! ¡Sólo ha podido ser un gigante, ¿verdad?!

–Parece…

–Busca cuevas para ver si está el duende.

–Por aquí no sé si habrá cuevas pero, mira, allí hay una caseta.

–¿De quién será?

–No sé. Vamos a verlo. Está llena de zarzas. Llama tú al duende.

–¡¡Duende… Duende…!! Nada.

 Pasamos ante unos chopos cabeceros.

 –Vamos a ver en esos árboles que están llenos de agujeros.

–¡Sí, sí, ahí puede estar! ¡Duende! Aquí huele que apesta.

–Pues, déjalo.

–¡Mira! Vamos al pozo, a ver si está allí.

–Es verdad. Vamos al pozo. Abre, a ver…

–¡¡¡Duende!!! ¡¡¡Duende!!! Tampoco está, que rabia.

–Bueno, vamos al montón de troncos.

–Es verdad, allí puede estar porque está todo lleno de huecos.

–A ver… Vamos a dar la vuelta por aquí… ¡Mira, allí hay una casa!

–¿Dónde?

–Allí arriba, en el monte. Vamos.

 Mi nieta empezó a preocuparse.

 –¿Será del gigante?

–Puede ser…

–Mira, yayo, está todo lleno de caracoles gigantes.

–Es verdad, es muy raro que haya tantos caracoles en este terreno…

–¡Mira: un árbol quemado!

–Lleno de zarzas y piedras. Aquí podría haber estado escondido el duende y el gigante lo ha descubierto.

–Otro misterio. ¿Por qué está quemado el árbol y la zarza no?

–Pues, a lo mejor, porque la zarza ha crecido después.

–Ah. ¡Mira! ¡Hay más trozos de monte quemados!

 Habíamos llegado a un campo donde habían quemado los ribazos, debajo justo de la caseta a la que nos dirigíamos.

 –¡Es verdad! Igual es un gigante de los que escupen fuego.

 Mi nieta, que se había ido rezagando, se paró en seco y me gritó.

 –¡Ya no sé si lo que estamos haciendo es verdad o mentira! A ver, yayo, mira: ¡¿Hay algún gigante detrás de mí?!

–No, no hay nadie.

–Claro, si, de todas formas, la tontada del gigante me la he inventado yo… ¡La tontada del gigante me la he inventado yo!

 

Al día siguiente le llamé por teléfono:

–Constanza, ¿te acuerdas de lo bien que lo pasamos con la aventura del duende y el gigante?

–(En un susurro) Sí, el duende y el gigante… ¡Total, que al final no sabemos nada!

–¿Cómo que no sabemos nada? Pero si tú misma dijiste que la tontada del gigante te la habías inventado tú.

–Ya, pero algo pasaba porque no es normal que haya tantas casualidades.

 

Bueno, pues esto mío es igual. Lo mismo. Se trata de jugar hasta no saber si lo que estás haciendo es verdad o mentira, hasta que da miedo seguir adelante.

Y quedarte sin saber qué ha pasado realmente porque, aunque “la tontada del gigante” te la hayas inventado tú, no es normal que haya tantas casualidades.

 

 

09/05/2013 09:43 José Luis Cano #. Textos Hay 4 comentarios.

Blancanieves

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Les dejo este enlace por si quieren leer la entrevista:

http://www.somoslamadalena.net/#!exposicin-blancanieves/c1xw9

 

 

29/04/2013 17:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Llevo tiempo pensando que no tengo ningún futuro en el mundo de la cultura, porque no sé nada de fútbol. El otro día, esta imagen me lo acabó de confirmar.

 

 

22/04/2013 17:17 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Como saben, este curso volví a la enseñanza, pensando dedicarle algunos años, pero una nueva ley de estabilidad presupuestaria me obliga a jubilarme en agosto.

Así las cosas, ayer estuve de excursión y, a la caída de la tarde, me senté en un banco a disfrutar del día y del paisaje. La tibieza de la temperatura, los colores de la primavera y los gorjeos de los pájaros me hicieron pensar con cierta melancolía premonitoria:

–Esto debe ser la jubilación.

Tan profundos pensamientos me hicieron darme cuenta de que me había sentado junto a la tapia de un cementerio por lo que me repetí:

–Exactamente, esto debe ser la jubilación.

 

 

 

14/04/2013 23:27 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

El pintor y el emperador

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Uno de los proyectos que llevo entre manos desde hace años, es una “Antología universal del humor aragonés” que recoja las enseñanzas de algunos sabios de la Antigüedad, como Diógenes o Zhuangzi, por ejemplo, dos auténticos somardas.

Buscando material para mi antología, estoy leyendo unos “Cuentos de los sabios taoístas”, escritos por Pascal Fauliot y publicados en Paidós Orientalia, que me están reafirmando en mi descabellada idea: Los sabios antiguos son muy aragoneses.

 

Veamos como ejemplo el cuento del pintor y el emperador. Yo conocía alguna versión anterior que les contaré después de repasar esta de Pascal Fauliot.

Un emperador quiere un fresco del mejor pintor de su Imperio y le exige representar un dragón azul y otro amarillo, “símbolos de las dos energías primordiales cuya unión engendra la armonía celeste”.

El pintor pide “tiempo, víveres y suministros ilimitados” y se retira a su cueva de la montaña.

Al cabo de un año, el Emperador, impaciente, le mete prisa. El pintor pide más tiempo, más víveres y más suministros.

A los tres años, el pintor regresa a la corte y realiza el encargo. Cuando va a verlo, el emperador descubre “estupefacto dos especies de zigzags burdamente esbozados, el uno azul y el otro amarillo”. El pintor es encarcelado.

Pero, “en lo más profundo de la noche, unos rugidos despertaron al dueño de China. Éste se giró hacia el fresco y, en la estancia totalmente iluminada por un claro de luna, creyó ver dos rayos, semejantes a dragones, el uno azul y el otro amarillo. Se enfrentaban, se entrelazaban…” Etc.

El emperador pide explicaciones al pintor y este le conduce hasta su cueva. Allí, “sobre las paredes, muy cerca de la entrada, estaban pintados unos dragones azules y amarillos como los que el emperador tanto había esperado, con los detalles más realistas, las escamas resplandecientes, las garras aceradas, los ollares humeantes… Pero a medida que la antorcha se adentraba en la oscuridad, despertaba imágenes cada vez más depuradas para convertirse en simples líneas de fuerza. Al final no quedó más que la esencia vibrante de los dragones, las energías primordiales representadas con los mismos trazos de colores que los pintados en el fresco”.

Y acaba el cuento con la emoción del emperador ante semejante anticipación picassiana.

Hasta aquí la versión afrancesada, tan rococó, tan “huy,huy, huy, ay, ay, ay, ne me quitte pas”.

 

En la versión que yo conocía, mucho más escueta, el pintor tiene que pintar un animal, quizás un cangrejo (aunque también he leído algo de un gallo). El pintor se instala en un pabellón de palacio con todas las comodidades y un servicio de veinte doncellas durante cinco años.

Cuando el emperador le reclama su pintura, el pintor pide otros cinco años y otras veinte doncellas.

A los diez años, el emperador vuelve a reclamar su pintura. El pintor dice: “¡Ah, sí, el cangrejo!”, coge papel y tinta y en un momento, con cuatro trazos, pinta un cangrejo ( o un gallo) al que sólo le falta hablar.

 

En Occidente, hay otra versión de este cuento que se atribuye a muchos pintores. Cuando algún cliente le afea al artista que cobre tanto por tan poco tiempo de trabajo, el pintor responde: “Se equivoca usted, su retrato no me ha costado dos horas de trabajo, me ha costado sesenta años”.

 

 

 

 

El dibujo es de Zhuda.

27/12/2012 18:39 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Prestigio

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Hace años, un ejecutivo de cierta entidad bancaria me dijo:

– Eso de que el director general se haga la foto con un artista famoso, no lo volveremos a ver. Eso ya no da ningún prestigio.

Y así ha sido.

Por las mismas fechas, apalabré una exposición con los responsables culturales de otra entidad bancaria. Pero hubo cambios de responsables, por jubilación, y los nuevos gestores no asumieron los compromisos de la anterior directiva. Así que me quedé sin exponer. 

Al principio me molestó, para qué nos vamos a engañar, pero ahora, la verdad, no puedo sino congratularme de que las cosas ocurrieran así. En estos momentos, fotografiarme con el director general de una entidad bancaria, no creo que me diera ningún prestigio.

 

 

09/11/2012 19:21 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

El fin del arte

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Dice Donald Kuspit, en el libro que lleva el título de esta entrada, publicado por Akal, que el arte actual ya no es arte y que, además, ha caído en la banalidad más absoluta. Y achaca tan triste caída a que los artistas conceptuales han perdido contacto con su inconsciente, con el niño o el lagarto que todos llevamos dentro. Hasta aquí, parece un texto escrito para el catálogo de mi próxima exposición, que trata exactamente de lo mismo, aunque su título será Blancanieves.

Pero, después, se lía con lo bello y lo feo, con el carácter catártico de lo bello frente a lo feo, en un fárrago de palabras que se podía haber ahorrado citando esta línea de Rilke:

Porque lo bello no es sino el comienzo de lo terrible, que todavía podemos soportar...

Y luego aún se lía más sobre la necesidad de dominar el oficio para poder llegar hasta el inconsciente, cuando durante todo el siglo XX hemos sabido que para alcanzar el dichoso inconsciente lo que hay que hacer es desaprender las enseñanzas de la academia. No sé, quizás reclama el oficio para alcanzar la belleza y no el inconsciente, aunque no tengo claro si es que la belleza reside en el inconsciente o es que el inconsciente necesita un tratamiento de belleza para salir a la luz. No sé, ya digo, que al final me ha liado a mí también.

Total, para acabar poniendo de ejemplo cosas como la ilustración de ahí arriba. Cágate lorito.

 

 

09/10/2012 09:17 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Muchas gracias por sus visitas

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Toda la vida distanciado de los números, y no saben lo arropado que me siento desde que, la otra noche, instalé un contador de visitas.

 

 

21/09/2012 09:55 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

La Isla en el Cubit

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El viernes presenté la exposición El coleccionista de secretos del colectivo La Isla en la biblioteca Cubit de Zaragoza y dije más o menos esto:

 

En principio, debo advertirles de que aquí hay un problema de casting. No creo ser la persona más indicada para presentar esta exposición. Primero, porque soy pintor y los artistas de “La Isla” son “conceptuales”. Segundo, porque ellos son jóvenes y yo soy viejo y no domino la jerga profesional que suelen utilizar. Aún así, haré lo que pueda.

 

Para situar históricamente la exposición que van ustedes a ver, me remontaré, si me lo permiten, a la Edad Media. En aquella lejana época, el arte (la pintura) servía para explicar la Biblia a los analfabetos espectadores.

Pasaron los años, llegó el Renacimiento y entre los espectadores más eruditos se puso de moda que el tema de los cuadros se propusiera como acertijo. Así, por ejemplo, “La Tempestad”, de Giorgione, en la que un señor con un callado contempla a una señora desnuda amamantando a un niño, mientras al fondo vemos unas columnas troncadas y un rayo entre nubes, representa, según los estudiosos, la caída de nuestros primeros padres.

El tiempo siguió pasando y la pintura derivó hacia otros territorios más retinianos, que diría Duchamp. Fue él, precisamente, el que renegó de ese arte dirigido al ojo y el que intentó volver a dirigirse a la mente del espectador. Sólo que, en el siglo XX, era bastante difícil retomar como tema los misterios bíblicos, pues los únicos misterios que seguían vigentes eran los del sexo. Por eso, las crípticas obras de Duchamp sólo son, en realidad, emboscados chistes verdes.

Frente a mi cama, tengo un cuadro en el que reuní dos frases. La primera, de Leonardo, dice: La pintura es cosa mental. La segunda es de Bernard Shaw y dice: Todo trabajo intelectual es humorístico.

Me parece muy recomendable mantener el carácter humorístico y juguetón que tuvo en sus inicios el arte conceptual. Lo que pasa es que, al reírse de sí mismo, el arte puede confundir al espectador y llevarle a pensar que el artista se está riendo de él. Eviten ese malentendido. Aquí nadie pretende tomarles el pelo, se lo aseguro. Las obras de estos artistas tienen mucho de juego. Nos hablan de secretos que quizás ni ellos mismos conozcan. Tómenselo como lo que es, adéntrense en sus secretos con curiosidad y sentido del humor y disfruten. Muchas gracias.

 

 

 

16/04/2012 10:27 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Aspavientos

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En el artículo sobre Francesca Woodman, artista que se suicidó a los veintidós años, Muñoz Molina habla de sus padres:

Al duelo sin alivio por la muerte de una hija de veintidós años se mezcla lo que Henry James llamó the madness of art: la locura del arte, la sinrazón de dedicarse obsesivamente a él, de concederle un valor tan desmedido que acaba dañando la propia vida, las vidas cercanas.

Y más adelante, añade:

George Woodman pinta laboriosamente cuadros abstractos que probablemente no va a comprarle nadie, porque al cabo de tantos años de sacrificarlo todo a la pintura no ha logrado casi nada.

Como Van Gogh, se me ocurre pensar.

Y el escritor insiste una y otra vez como si lo que hacen los padres de Francesca Woodman fuera algo extrañísimo:

Betty y George Woodman continúan trabajando con un fanatismo de ancianos que se resisten a la jubilación a pesar de que andan ya encorvados y tienen las manos nudosas de artritis.

¡Cuánto aspaviento! A mí me parece lo más normal. Será que la locura del arte está muy extendida. He comprobado que así se comporta todo el que pinta, sea un autor consagrado, un pintor dominguero, un demente que lo hace como terapia o una niña que garabatea sin más. ¿Vidas dañadas? A saber lo que sería de esos padres si hubieran renunciado a su trabajo por no tener el talento de su hija.

Quizás en estos tiempos sea difícil de entender, pero eres pintor porque pintas cuadros, no porque los vendas. Como dice Natalio Bayo, nosotros no vendemos nuestras obras; si tenemos suerte, nos compran alguna, que no es lo mismo.

No suelo pintar un cuadro pensando en venderlo. Quizás por eso mi estudio se ha convertido en un almacén en el que no cabe nada más y ahora me veo obligado a seguir pintando en casa. No sé qué haré cuando llene la casa. Lo único que me preocupa es el marrón que dejaré a mis herederos.

 

 

09/04/2012 10:38 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Bienvenido, Mister Marshall

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Ayer, mientras esperaba al autobús de línea en Bulbuente, vi pasar una caravana de cochazos antiguos y modernos, realmente impresionantes. Los coches eran preciosos, los conductores, no tanto. La mayoría iba dentro del coche con el sombrero tejano calado hasta las gafas de sol y haciendo sonar sirenas de coche policía. Fuera de los coches ondeaban los banderines de Estados Unidos y las banderas sudistas.

Era todo lo contrario de "Bienvenido Mister Marshall": la caravana disfrazada y charanguera, desfilando patosamente ante cuatro lugareños muy serios y dignos. 

No pude fotografiarlo porque, después de una intensa mañana por el monte, me había quedado sin batería. Pero, algunos coches, eran como el de la foto.

 

02/04/2012 09:42 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Entrevista

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Myriam Martínez, la intrépida periodista cultural de Huesca, está entrevistando a los ilustradores que exponemos estos días en la Diputación Provincial.

Así ha quedado mi entrevista.

 

1.- ¿Qué le empujó desde lo más íntimo a iniciarse en el campo de la ilustración?

  Me inicié en esta disciplina para ilustrar los cuentos que me contaban mis hijos y plagiar sus dibujos.

2.- ¿Qué halla en el campo de la ilustración que no encuentre en otros terrenos artísticos?

  La posibilidad de aplicar los conocimientos que tanto me costó adquirir como estudiante de Bellas Artes y que en el campo del arte actual han quedado obsoletos.

3.- Le gusta que sus creaciones se caractericen por…

  La sorpresa.

4.- Cuando va a ilustrar un texto, ¿qué es lo que tiene claro de antemano?

  Nada.

5.- ¿Existe un común denominador entre los ilustradores aragoneses o más bien cada uno es de su padre y de su madre?

  Formalmente, más bien… Aunque creo que la mayoría participa de cierto espíritu somarda.

6.- ¿Es sólo una impresión o hay mucho talento en Aragón en este campo?

  No es una impresión: es impresionante.

7.- ¿El ilustrador es un artista?

  Aplicado.

8.- ¿Por qué hay tan pocos ilustradores que hayan podido hacer de esta profesión un medio de vida?

  Porque es la profesión peor pagada del mundo.

9.- ¿Qué piensa, qué siente cuando ve la exposición de la Diputación de Huesca?

  Que la “marca Aragón” debería contar con los ilustradores, ya.

10.- ¿Qué es para usted la ilustración?

  Ahí me ha pillado. ¿Qué es ilustración?, dice, mientras clava en mi pupila su pupila azul…

11.- ¿Qué diría si se refiriese en general al panorama actual de la ilustración, desde el punto de vista creativo

  Que, desde hace años, genera nuevos códigos derivados de su propia dinámica y obvia influencias externas.

12.- Recomiende especialmente algún rincón de la exposición de la Diputación.

  Todos. A mi nieta, sin embargo, el que más le ha gustado ha sido el de Isidro Ferrer. 

 

 

12/03/2012 13:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Más ilustración aragonesa

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Gustavo Puerta me ha dejado un comentario en la entrada “Ilustración aragonesa”, que todavía pueden leer un poco más abajo, y me parece que vale la pena que lo traiga a la portada de este blog.

 

 

Leer las líneas que le has dedicado al texto que escribí para el catálogo de la exposición “Imaginar la palabra. Ilustradores aragoneses en el siglo XXI” ha sido para mí muy estimulante y espero que el debate que abres se alimente aún con aportaciones provechosas que vayan más allá del victimismo.

Más allá de sentar los requisitos necesarios para ostentar la aspirada “denominación de origen”, me interesa indagar en qué consecuencias se derivan de utilizar la baraja identitaria, a quién ha beneficiado su empleo y cómo ha sacado provecho de él.

Si no acabo de ver a los ilustradores aragoneses agrupados como en una “denominación de origen” es porque, tal como lo expreso en el catálogo, “ni existe una cepa ni una forma de “imaginar la palabra” que distinga a los ilustradores aragoneses de los de otras latitudes”. Ahora bien, partiendo del hecho de que tal categoría parece ser aceptada de forma acritica, y que además la Edad de Oro de la ilustración infantil aragonesa ha sido proclamada, me pregunto entonces por los fundamentos de semejantes juicios. ¿Qué distingue y hace superior el oficio del ilustrador y la producción editorial aragonesa sobre los de otras regiones españolas o del mundo: …Su contacto con un valioso legado artístico?, …la consolidación de escuelas y centros de formación punteros?, …el desarrollo de una industria editorial que destaca por su calidad y ventas de derechos en el extranjero?, …la novedad y originalidad de los temas y enfoques planteados?

Que cuestione la “denominación de origen” y, sobre todo, a quienes se han valido de crear el fantasma de la “Edad de Oro” para beneficio propio, no quiere decir que no valore el trabajo y la obra de una serie de profesionales de la ilustración expuestos en la sala de exposiciones de la Diputación de Huesca. Es más, creo que el tema de la identidad merece una reflexión detenida y responsable. De este esfuerzo podría, por qué no, surgir un propuesta colectiva autoexigente y coherente capaz de enfocar, por ejemplo, la literatura infantil desde perspectivas inéditas.

 

Gustavo Puerta Leisse

 

 

 

Ya dije que compartía muchos de los argumentos de Gustavo Puerta y, de todos ellos, en mi texto, sólo pretendí matizar el de la hipotética identidad aragonesa, intentando explicarme en qué pueda consistir semejante cosa o por donde podríamos alcanzar nuestra presunta “denominación de origen”.

Gustavo Puerta, en su comentario, vuelve a ampliar el debate y, como pasa siempre con los especialistas, maneja datos que yo desconozco.

A uno, que suele estar en el estudio trabajando, se le llegan a pasar cosas, al parecer tan cacareadas, como la proclamación de una "edad de oro" de la ilustración aragonesa. No tenía ni idea, se lo juro. Ni sabía que se había proclamado semejante cosa, ni quién la proclamó, ni a quién benefició la susodicha proclamación.

Lo que sí sé es que ahora hay más y mejores ilustradores en Aragón que hace treinta años. Quizás eso sea todo. Podemos considerar que vivimos el mejor de los tiempos respecto a nosotros mismos, no respecto al mundo mundial. A Gustavo Puerta le parece muy poco y seguramente tiene razón. Pero por algo se empieza. Precisamente mi texto pretendía ir un poquico más allá, empezando a pensar alguna cosa a partir de esa mínima realidad que disfrutamos. Ya dije también que, de alguna forma, estaba haciendo Arte-ficción.

 

29/02/2012 18:03 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Ilustración aragonesa

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En el catálogo de la exposición “Imaginar la palabra. Ilustradores aragoneses en el siglo XXI”, el prestigioso especialista Gustavo Puerta no acaba de ver a los ilustradores aragoneses agrupados como en una “denominación de origen” por dos razones: Porque aquí no ha habido un centro de enseñanza que imprimiese carácter y porque la generación que me sigue “no se muestra muy ávida de dialogar con su tradición ni de incorporarla a su propio bagaje”, entendiendo por tradición “el rico patrimonio iconográfico del mudéjar, el románico o el gótico aragonés, la obra de un Goya o de un Buñuel o unos Sauras o la gráfica de un Fernández Molina o un Ramón Acín”.

Aún compartiendo en buena parte su opinión, me voy a permitir matizarle, enmendarle la plana o provocarle un poco, directamente. Más que nada por ganicas de enredar, por pasar el rato y por hacer un poco de arte-ficción. O por hablar de otra cosa que no sea la crisis y las miserables remuneraciones económicas que sufren los ilustradores. Motivos para hacerlo, los que quieran.

 

En primer lugar, quiero recordar unas palabras de Goya que no son las de “En oyendo hablar de Zaragoza y pintura, me quemo vivo” sino estas otras: “Mis maestros han sido Velázquez, Rembrandt y la naturaleza”.

O sea, que cada uno se busca los maestros donde puede o donde quiere y eso es lo más normal del mundo mundial. Y, sin embargo, pese al magisterio sevillano y holandés, Goya es el artista aragonés por antonomasia. Qué curioso.

 

En segundo lugar:¿Seguro que no existen influencias del mudéjar en el estilo geométrico de Alberto Gamón? ¿O rastros del románico en muchísimas ilustraciones de Elisa Arguilé? ¿O cierta delicadeza gótica y manierista en los trabajos de Francisco Meléndez? ¿O rasgos goyescos en los personajes y los ambientes de David Vela? ¿O reminiscencias de la sensible línea de Ramón Acín en las ilustraciones de Jesús Cisneros, aunque esto ya esté un poco más traído por los pelos?

Estas son preguntas sencillas, hechas desde el terreno marcado por el propio Gustavo Puerta. Podríamos añadir preguntas parecidas, con modelos que no cita él y sobre los que me extenderé más tarde: ¿Seguro que no existen influencias de Marín Bagüés y su río Ebro en las ilustraciones de Ana Latirtegui? ¿O colores, trazos y esquemas del grupo Pórtico en las escenas de David Vela? ¿O vestigios de la decoración del cine Dorado de Santiago Lagunas en las cajitas de Ana Lóbez o en los leoncicos de Elisa Arguilé? ¿O influencias de Bayo Marín en las caricaturas de Grañena?

Todo esto siguen siendo preguntas fáciles porque seguimos hablando de influencias formales.

 

En tercer lugar, voy a hacer algunas aclaraciones para que entiendan ustedes a dónde quiero ir a parar.

Si es verdad que, desde la llegada de la Virgen del Pilar, para triunfar aquí hay que venir de fuera, no es menos cierto que el que es de aquí y triunfa fuera, deja de ser un poco o un mucho de aquí a ojos de la tribu, por más que él mismo o las autoridades culturales aragonesas se empeñen en demostrarnos lo contrario. Qué le vamos a hacer, somos como el escorpión: Está en nuestra idiosincrasia.

Así que es más fácil que los aragoneses (aquí) tomen como referencia a quienes se han resistido a la diáspora que a los que han triunfado lejos y ya son, por tanto, patrimonio de la humanidad.

 

Yo creo que las dos referencias más importantes de la modernidad local aragonesa, ya lo he dicho, son Marín Bagüés y el Grupo Pórtico.

 

Marín Bagüés es autor de un cuadro de joteros pintado a la manera de los futuristas italianos. Con eso está todo dicho.

Creo que, como auténticos somardas, este tipo de paradojas son las que nos encanta cultivar y las que pueden otorgarnos la denominación de origen que, por motivos estrictamente formales, nos niega don Gustavo.

 

Marín Bagüés es autor, también, del cuadro de los bañistas en el Ebro que, no sólo nos ha inspirado durante muchos años para soñar una Zaragoza idílica por moderna, si no que, además, nos retrotrae a la “Vista de Zaragoza” de Martínez del Mazo y Velázquez. Y recuerden que cuando le preguntaban a Dalí: “¿Qué hay de nuevo?”, siempre respondía: “Velázquez”

 

El Grupo Pórtico se adelantó a la abstracción informalista en la posguerra y cultivó una pintura dura, jasca y sin concesiones que casa muy bien con el carácter aragonés, si es que tal cosa (como la denominación de origen “ilustración aragonesa”) existe.

 

En cuarto o quinto lugar (ya he perdido la cuenta) podría resumir este asunto diciendo que somos gente culterana o conceptista y nuestras influencias suelen ser más de carácter que formales.

No sé si David Adiego, Francisco Meléndez, Óscar Sanmartín, Antonio Santos, Diego Fermín o David Vela habrán leído a Baltasar Gracián pero, viendo sus trabajos, reconozco en todos ellos las (perdonen el anacronismo) goyescas descripciones del Criticón.

 

Y aquí, para terminar, podríamos volver a las paradojas que hemos considerado antes sobre Goya y darlas por resueltas.

 

Por cierto, no se pierdan la exposición en la Diputación de Huesca. Es magnífica.

 

 

 

21/02/2012 18:13 José Luis Cano #. Textos Hay 5 comentarios.

“Muchos humos” o de cómo llegué de coautor a coautor pasando por autor

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Muchos amigos se sienten intrigados por el hecho de que me haya puesto a escribir teatro.

Como dramaturgo vuestro que soy, os debo una explicación y esa explicación que os debo, os la voy a pagar, porque como dramaturgo vuestro que soy…

 

Cuando Teresa Larraga, actriz zaragozana afincada en Suiza, quiso poner en marcha un espectáculo sobre Miguel Servet, se dirigió a un prestigiosos autor suizo para que le escribiera el texto. El prestigioso autor diseñó un esquema en el que la obra se dividía en dos partes que discurrían paralelas, una que se centraba en el siglo XVI y otra que se centraba en el siglo XXI. Y ahí se quedó.

Teresa, que conocía mi librito sobre Miguel Servet, pensó que quizás podría escribir la parte correspondiente al siglo XVI, liberar al autor suizo de la pesada tarea de documentarse y dejar que se ocupara de la actualidad, que es lo que domina.

Acepté ser coautor de la obra y, sin tiempo apenas, imaginé una retransmisión en directo de la ejecución de Servet, en la que los periodistas entrevistan a los espectadores para enterarse de quién es el reo y qué ha pasado. Pensé que la obra podía coincidir con el tiempo real que Servet tardó en quemarse.

Cuando, más o menos, había terminado mi texto, el autor suizo decidió desvincularse del proyecto, por lo que pasé de ser coautor a ser autor.

Sin embargo, al director de la obra, Alberto Castrillo, le pareció que, tal como había planteado yo la cosa, carecía de la suficiente garra dramática como para ponerla en escena. Suelo fiarme de los profesionales, así que me comprometí a aceptar todos los cambios que quisiera introducir y a redactar los textos que hicieran falta para redondear el espectáculo.

Bien. Ahora mismo, tras el estreno en Suiza, la retransmisión desde la hoguera se ha convertido en una conferencia y mi texto ha sufrido o gozado tantos cambios que ya no me atrevo ni a considerarlo mío. Así es como he vuelto a los orígenes de mi carrera teatral o, lo que es lo mismo, al mes de junio: vuelvo a ser coautor de una obra de teatro titulada “Muchos humos”.

Eso es todo.

 

A continuación, les copio un fragmento de los que se han eliminado, en el que dos asiduas a las tardes de Telecinco conversan sobre la apasionante vida de Miguel Servet.

 

Dos comadres.

 

C1 – Pobrecillo… Igual deja mujer e hijos, el pobre…

C2 - ¡Qué va…! Si era solterico…

C1 - ¿A sus años?

C2 – Eso mismo le preguntó el tribunal.

C1 - ¿Y qué dijo?

C2 - ¿No lo sabe? Jijiji… Me da no sé qué decirlo… Jijiji…

C1 - ¿Es de risa?

C2 - ¡No, no, Dios me perdone! Es que… Jijiji…

C1 - ¡Explíquese!

C2 – Que es que lo desgraciaron de pequeñico, ¿sabe usted?

C1 - ¿Cómo que lo desgraciaron?

C2 – Eso dijo él, que en una operación, le dejaron impotente para toda la vida.

C1 - ¡Jesús, María y José!

C2 – Pero, vaya usted a saber si es verdad…

C1 – Pues, si el hombre lo dijo…

C2 – Ya, ya… También decía que se llamaba Michael de Villeneufve y que era católico cuando estaba en Vienne. Vaya pajarico…

C1 – Hombres…

C2 – Claro que, por otra parte, bien puede ser que fuera verdad… Si se pasó la vida estudiando, será porque no tenía otra cosa que hacer…

C1 – Claro, claro… Jijiji… ¡Qué cosas tiene usted!

C2 – Ya dijo él mismo que la circuncisión amortigua el deseo de la carne del mismo modo que si te cortan una oreja, se amortigua el sentido del oído.

C1 - ¿Y eso es cierto?

C2 – No.

C1 – De todas formas, este hombre sabía mucho, ¿verdad?

C2 - ¡Lo que sabía este hombre! No se lo puede imaginar… Con decirle que daba sopas con honda a sus profesores… No le digo más.

C1 – Pero, oiga… ¿y cómo lo desgraciaron?

C2 – Pues, según contó él mismo, estaba tajado de un lado y quebrado del otro.

C1 - ¡San Lamberto bendito!

C2 – Considere.

C1 – Pobre criatura… Vaya escabechina que le hicieron…Pero… eso no sería una circuncisión…

C2 – Me imagino. Si es verdad que le hicieron algo, claro…

C1 - ¿No lo comprobaron los jueces o qué?

C2 – Supongo que lo mismo les daba quemarlo entero que quebrado.

C1 – No les faltaba razón. Y se evitaban el trago de andar trasteando en sus vergüenzas…

C2 – Si era verdad, ya le digo… Que también dicen que tuvo una novia en Charlieu.

C1 - ¿Qué me dice?

C2 – Lo que oye.

C1 – Chica, chica… Y, ¿qué pasa, que le dio calabazas o qué?

C2 – Según él, todo quedó en un amor neoplatónico, que es lo que se llevaba entonces…

C1 – Ya. ¿Y lo que dicen de que había hecho voto de castidad?

C2 - ¿Quién lo dice?

C1 – Eso he oído… Que hizo voto de castidad…

C2 – Sí, claro. También dijo que había mujeres con las que se podía tener relaciones sin casarse…

C1 - ¡Habrase visto, sinvergüenza…!

C2 - ¿Y lo de la abadía de Belleville?

C1 - ¡Ah, ¿esa en la que dijeron que se había liado con la madre abadesa, antes de venir a Ginebra?!

C2 – Con la madre abadesa y con medio convento…

C1 – Pero eso son habladurías sin fundamento del tal Pompeyo.

C2 - ¿El Pompeyo del siglo XIX?

C1 – El mismo, sí, señora…

C2 – Y, siendo el Pompeyo del siglo XIX, ¿cómo nos hemos enterado nosotras en el siglo XVI?

C1 – Ya sabe que estas cosas corren que vuelan.

C2 – Eso también es verdad…

C1 – Lo más gordo, de todas formas… lo de Benoît…

C2 - ¿Qué Benoît?

C1 - El pajecillo que tenía en Vienne…

C2 – Calle, por Dios… Pero, ¿es posible?

C1 – Eso dicen…

C2 – ¿Que se entendían?

C1 – Y en el palacio arzobispal…

C2 - ¡Qué barbaridad! Yo, lo que he oído, es que ese Benoît es un auténtico querubín, muy guapico de cara…

C1 - ¡Ah, con que ya lo había oído, ¿eh?!

C2 - Ya le digo... si aquí se sabe todo en un amén Jesús...

C1 – Sí, sí… Total, que el difunto parece que hacía a todo.

C2 – Sí, señora: lo mismo hacía a la castidad que a la lujuria.

C1 – Hombres…

C2 – Todos iguales.

 

 

03/10/2011 11:33 José Luis Cano #. Textos Hay 3 comentarios.

Una tarde en Ginebra

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Hace 500 años, nació Miguel Servet en Villanueva de Sijena, para terminar ardiendo con leña verde en Ginebra. Sus cenizas fueron aventadas para que no quedara ni rastro de él.

En 2002 perpetré un librito titulado “Miguel Servet y el doctor de Villeneufve”, editado por Editorial Xordica e Ibercaja. Este año, con motivo del V centenario, Ibercaja patrocinó una segunda edición del librito y una exposición de sus ilustraciones. Además, estoy implicado en un proyecto de danza y otro de teatro sobre el mismo personaje y tengo que retratarlo una vez más, para un libro que Heraldo de Aragón publicará en septiembre.

Así que, cuando me enteré de que circunstancialmente, teníamos que pasar una tarde en Ginebra, decidí rendir un pequeño homenaje al hereje, visitando el monumento que tiene levantado en la colina de Champel.

Sólo recordaba el nombre del barrio y una foto en la que se veía que el monumento se encuentra en una zona verde. Con tan escasa información, salimos de la estación de Cornavin y nos dirigimos paseando hacia el parque de Alfred Bertrand, la zona más verde de todo Champel.

En la entrada del parque había obras. Dentro, los cuervos, desde la penumbra de las zonas arboladas, contemplaban a las chicas que tomaban el sol en las praderas.

Recorrimos el parque sin encontrar ni rastro del monumento. Empezamos a preguntar y nadie sabía nada. Un señor que estaba paseando a su perrito nos aseguró, muy convencido, que no había nada parecido a un monumento a Servet en todo Champel. Nos dirigimos a un intelectual que corregía unas galeradas sentado en un banco, y nos dijo que lo que buscábamos no estaba lejos, pero que había que pasar al otro lado de la frontera.

–      ¿Al otro lado de la frontera?, tradujimos, desconcertados, en voz alta.

–      Al otro lado de la frontera, exactamente, replicó en correcto castellano.

Una señora, sentada en el otro extremo del banco, corroboró.

–      En Francia, en Francia…

Empecé a tener la sensación de que nos tomaban por unos toca-pelotas.

Llamamos por teléfono a un familiar, para que nos buscara la ubicación exacta en Internet. Mientras esperábamos su llamada, descubrimos en el plano la calle Michel Servet que partía, precisamente, de una pequeña zona verde. Antes de dirigirnos hacia allí, paramos en una tetería y me bebí una Calvinus blonde (5,50 francos). Preguntamos a la camarera por el monumento a Miguel Servet y, aunque no sabía nada, nos indicó que podíamos preguntar en la panadería. Pensé que no era mala idea porque allí tenían horno. Pero en la panadería, claro, tampoco sabían nada. En la zona verde, dividida en dos por la avenida de Champel, tampoco encontramos el dichoso monumento.

Recibimos llamada del familiar, indicándonos que el monumento tenía que estar junto a la calle Miguel Servet. No pudo concretarnos más.

Bajamos por la calle Miguel Servet (médico español, pone en las placas de la calle), una calle corta, empinada, en forma de ese, una calle fea, de tapias, verjas y esquinas, presidida por una gasolinera. Ni rastro.

Nos metimos, sin muchas esperanzas, por caminos particulares que llevaban, entre jardincillos, a los bloques de viviendas. Nada.

Volvimos al final de la calle Miguel Servet y torcimos a la derecha.

Ahora sé que si hubiéramos torcido a la izquierda, a unos 50 metros, más o menos, lo habríamos encontrado. Pero torcimos a la derecha.

Antes de abandonar Champel, cariacontecidos, nos fijamos en un cartel contra la inmigración masificada (unos pies muy oscuros avanzando sobre la bandera suiza).

Un poco más abajo, al pasar por la Promenade des Bastions, nos paramos ante el enorme monumento dedicado a los padres de la patria, presididos, junto a otros tres reformadores, por Calvino.

De vuelta hacia la estación, los bancos estaban cerrados y las joyerías, vacías. Junto al lago, una lona blanca delimitaba el espacio de una discoteca al aire libre. Vigilando la entrada, dos pollos suizos. A la derecha, un chiringuito de bisutería india. A la izquierda, una churrería.

La música de la discoteca aventaba la crispación de sus ritmos sobre todo el lago Leman.

 

 

12/08/2011 13:53 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Una tarde en Ginebra (anexo I)

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Cerveza "Calvinus blonde".

 

 

12/08/2011 13:52 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Una tarde en Ginebra (anexo II)

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La calle Miguel Servet de Ginebra. Segundo tramo.

 

 

12/08/2011 13:52 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Una tarde en Ginebra (anexo III)

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Calle Miguel Servet de Ginebra. Primer tramo.

 

 

12/08/2011 13:51 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Una tarde en Ginebra (anexo IV)

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Una placa de la calle Miguel Servet. 

 

 

12/08/2011 13:50 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Una tarde en Ginebra (anexo V)

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Los reformadores en el monumento de la Promenade des Bastions.

 

 

12/08/2011 13:49 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Una tarde en Ginebra (anexo VI)

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Farel y Calvino.

 

 

 

 

12/08/2011 13:47 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Es posible

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Este es el texto que me han publicado en la revista Es posible

 

 

 

La viñeta expandida

 

Me piden que escriba sobre el tebeo como vehículo de difusión de los planteamientos ecologistas y sólo se me ocurre recordar lo que dijo Alicia: «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?»

 

Más sesudamente, Beuys, uno de los fundadores de los “Verdes” en Alemania, advirtió:

“Si los conceptos fueran lo único valorable, no serían necesarios los colores, los cuadros, los dibujos, la imaginación, la escultura, los tonos, la música, la danza, el teatro, ¡nada!. Todo se podría verbalizar de  manera estrictamente científica mediante conceptos”.

Además de aburrirnos como ostras o como Alicia, Beuys calculaba que, sin el apoyo de la forma artística, la mayoría de conceptos moriría antes de los seis meses.

 

Sin tiempo para escribir algo más sustancioso sobre la obvia capacidad comunicativa del tebeo y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, recupero una reflexión que me hice hace algunos años, en un trabajo sobre Arte y Naturaleza, que nos llevará un poco más lejos de lo que esperaban quienes me propusieron redactar este texto:

 

Cuando alguien canta muy mal le pedimos que se calle "para que no llueva". ¿Porqué ese tono peyorativo hacia la hipotética capacidad de hacer llover, en un país secularmente azotado por la sequía? Muy posiblemente, el canto tuvo su origen en ceremonias de invocación a la lluvia y, de hecho, las rogativas, en pleno siglo XXI, son una tradición que se resiste a desaparecer, pero todos estamos de acuerdo en que Montserrat Caballé sería incapaz de hacer llover. Ella misma se sentiría ofendida si tuviéramos alguna duda al respecto. Por extraño que parezca, detrás de semejante certeza está el mundo Académico.

La explicación, algo enrevesada, nos la da Robert Graves:

En aquellos tiempos, el patriarcalismo dividió el poder de la Diosa Madre multiplicándola por nueve y metamorfoseándola en simples musas. Apolo, hijo de la Diosa y posterior presidente del Parnaso, neutralizó el poder del arte como intermediario con su Madre naturaleza, elevándolo a mero servidor de la belleza. El canto, el arte en general, ya no era un nexo de unión entre la naturaleza y el hombre sino una ayuda que tenía éste para emanciparse de aquella.

Emprendido el camino de la escisión, el arte se debate, desde entonces, entre las directrices apolíneas y la fidelidad a unos oscuros orígenes apenas intuidos.

La compulsiva búsqueda de esos orígenes, emprendida por el arte del siglo XX, parece querer alcanzar, urgida por una latente amenaza, aquel mítico poder de mediación.

 

 

15/07/2011 19:50 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Miguel Servet y Joaquín Costa

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Esta entrevista salió publicada en Heraldo de Aragón el pasado jueves. Tanto Antón Castro, que me hizo las preguntas, como yo, que las respondí, recibimos sendas llamadas de Ibercaja por no haber dicho en ningún momento que tanto el libro Joaquín Costa, el pundonoroso como la reedición de Miguel Servet y el doctor de Villeneufve (y en su día la edición original) habían sido patrocinados por dicha entidad. Mis disculpas.

Aquí está el texto tal como salió de mi ordenador. Para la edición impresa, Antón pulió un poco sus preguntas y condensó alguna de mis respuestas.

 

¿Qué significan los centenarios? ¿Cómo se deben celebrar?

 Un centenario significa que ya han pasado cien años desde alguna ocasión señalada que aún recordamos y queremos seguir recordando.

No tengo ni idea de cómo hay que celebrarlos o conmemorarlos. Yo suelo participar en los centenarios por encargo.

¿Tienen algo en común Miguel Servet y Joaquín Costa?

 Mucho. Servet murió en la hoguera y Costa, en la bañera, pero por lo demás…Los dos fueron heterodoxos; los dos intentaron racionalizar algo (Servet, los dogmas cristianos y Costa, la vida pública española); los dos se ocuparon de asuntos muy variados; los dos tuvieron una vida solitaria y muy desgraciada...

Vayamos primero con Miguel Servet. ¿Cómo ves al personaje, qué es lo que te atrae de él?

 Me atrae esa mezcla de brusquedad en los modos y sutileza en el pensamiento.

¿Por qué es importante para ti Servet, que debemos celebrar en pleno siglo XXI: su apología de libertad de conciencia, su sentido de la dialéctica, sus descubrimientos o ese carácter de hombre para todo: médico, teólogo, geógrafo, impresor, hereje?

 Parece que lo de ser tantas cosas a la vez y no estar loco, era propio de su época: Servet era un renacentista.

De Servet han quedado dos cosas muy claras para todo el mundo: el descubrimiento de la circulación menor de la sangre y la hoguera. Mucha gente piensa que murió en la hoguera por su descubrimiento anatómico, pero lo cierto es que murió por defender sus ideas teológicas. A mí, que no sé nada de teología, me parece mucho más sutil y delicada la interpretación que hace Servet de la Santísima Trinidad (su tema favorito) que la que nos enseñaba el catecismo. Para Servet, la Trinidad quiere decir que Dios (1) se manifiesta por la Palabra (2) y el Espíritu (3). El párroco de mi pueblo intentaba que entendiéramos el mismo misterio comparando la Santísima Trinidad con un melocotón.

Sobre todo, lo que me gusta de Servet es esa modernidad propia de un poeta.

Tú lo presentas como un hombre escindido, como un perfecto esquizofrénico… Explícate.

 Bueno, en mi librico sobre el esquizoide carácter aragonés, bromeaba sobre la paradoja de que un obsesionado por la Santísima Trinidad, tuviera que adoptar hasta tres personalidades distintas, precisamente, para sobrevivir a los católicos, a los luteranos y a los calvinistas.

¿No representa Servet también al chulo aragonés, al hombre desafiante, al terco que se deleita en serlo?

 No diría yo que no.

¿Necesitaba Servet una muerte en la hoguera así para ocupar un puesto señalado en la historia?

 Desgraciadamente, en la historia de las libertades, parece que sí. Para algunos, para Stefan Zweig, por ejemplo, del personaje de Servet sólo importa su muerte en la hoguera para que Castellio, mucho más conocido en esa historia de la lucha por las libertades, pudiera argumentar: “Matar a un hombre por defender una doctrina no es defender una doctrina, es matar a un hombre”.

Sin embargo, parece ser que el descubrimiento de la circulación pulmonar de la sangre tendría que ser motivo suficiente para pasar a la historia sin necesidad del martirio.

Por qué Costa el pundonoroso? ¿Por qué pundonoroso?

 Porque lo dice él. En sus diarios, se queja de que es su pundonor el causante de todos sus problemas.

¿Tenía Costa una gran capacidad de resultar patético?

 Sí, la tenía.

¿Cuál era su mayor defecto: que se tomaba demasiado en serio, que no tenía sentido del humor?

 Su sobrino, Martínez Baselga, dice que tenía mucho sentido del humor pero no recuerdo que dé muchos ejemplos. La verdad es que parece que se tomaba muy en serio. Y eso, unido a la enfermedad, que le obligaba a adoptar esa pose estirada de las fotografías, hace que resulte antipático a primera vista.

¿Cómo son los diarios de Costa, qué te llama la atención de ellos?

 Aparte de lo que ya hemos dicho sobre la seriedad, el patetismo, etc., me llama la atención el lenguaje que utiliza, ese lenguaje decimonónico que yo descubrí por primera vez en la Codorniz, y que aquí he utilizado, siguiendo ese recuerdo, para convertirlo en humorístico sin cambiar una sola coma.

A ti parece interesarte el Costa cotidiano, el de los pequeños detalles y miserias, el enamoradizo…

 Es que en mis libros trato más de contar vidas que de explicar obras, aunque siempre vayan unidas, claro.

¿Qué es lo que te conmueve del personaje?

 Me sobrecoge que no hable nunca de su madre.

Si tuvieras que ponerte algo más serio, qué es lo que te atrae del personaje, en qué parece de veras auténticamente grande.

 Más serio ya no me puedo poner. Es grande, auténticamente grande, su capacidad intelectual.

¿Cómo has montado el texto, tan importante aquí y más extenso que los anteriores?

 Siguiendo la biografía de Cheney, que hoy por hoy, parece la más fiable (aunque los entendidos opinan que ya ha quedado desfasada) e intercalando anécdotas de las que cuenta su sobrino Martínez Baselga, que son muy jugosas. Y, como ya he dicho, recurriendo a las palabras del propio Costa cuando es él quien toma la palabra.

Todas tus obras ilustradas son un diálogo con la historia del arte, con épocas concretas. ¿Qué has querido hacer con Servet y con Costa, con quien conversas, de quién te burlas, si te lo puedo decir así?

 En cada libro suelo conversar con la época a la que perteneció el biografiado. En el caso de Servet, dialogo con Holbein, que por algo fue retratista y amigo personal de Erasmo y, en menor medida, con Il Bronzino. Cuando digo que dialogo quiero decir que les copio descaradamente. Para representar el pensamiento ortodoxo de su época, he recurrido a los dibujos de diablos y monstruitos medievales. Para interpretar al personaje de Miguel Servet, recurrí a mi buen amigo Javier de Pedro que me dejó todo su album de fotos.

En el libro de Costa, como ya había copiado sus palabras literalmente, me dio miedo que si dialogaba con su época la cosa quedara demasiado decimonónica y le hice un pequeño homenaje a uno de mis ilustradores favoritos: Wolf Erlbruch. Aunque también hay homenajes puntuales: aparece Manet, que pintó la Exposición Universal de 1867, aparece un dibujo de mi nieta…

¿Para quién son tus libros, José Luis?

 Para todos los públicos.

¿Qué te permite hacer y decir el humor? ¿Qué sería de ti sin humor?

El humor me permite decirlo casi todo. Pero en ese casi cabe un mundo.

Sin humor, no me habría atrevido a escribir.

 

 

11/04/2011 17:22 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Buñuel y la linterna mágica

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En el 111 aniversario de Luis Buñuel, como ya saben, se presentó el corto de animación "Buñuel y la linterna mágica", escrito y dirigido por Javier Espada, animado por María Velázquez y dibujado por mí.

A petición del público, reproduzco lo que dije en la presentación:

Parece que siempre que tengo que hablar, me dicen lo que debo hacer. Hace diez días, mi nieta me organizó una presentación del último libro que he publicado, en su clase, y me advirtió:

–Mira, te voy a decir lo que tienes que hacer. Primero hablas un poco de tu libro, ¿no?, luego dibujas algo en la pizarra, nos dibujas algo en un papel para que lo podamos fotocopiar y utilizar en la clase de plástica y les enseñas a mis compañeros la foto que me hiciste disfrazada de Nosferatu.

Ahora, Javier me dice que sea breve. Así que me limitaré a celebrar esta fecha tan señalada, este 111 aniversario, que irremediablemente remite a la Santísima Trinidad (uno y trino) y que aún me emociona más al recordar, aquí en Calanda, que el párroco de mi infancia nos explicaba el Misterio de la Santísima Trinidad comparándola con un melocotón.

Ante el entusiasmo del público al oír la palabra melocotón, decidí retirarme discretamente. Sin embargo, algunos de los asistentes, algo más tarde, me pidieron que les explicara el parecido entre una cosa y Otra y les repetí las palabras del párroco tal como las recuerdo:

– La Santísima Trinidad es como un melocotón que se compone de piel, carne y hueso. La piel es melocotón pero no es el melocotón, la carne es melocotón pero no es el melocotón, el hueso es melocotón pero no es el melocotón. Sin embargo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, o sea, que la Santísima Trinidad no es como un melocotón...

 

 


24/02/2011 13:20 José Luis Cano #. Textos Hay 3 comentarios.

Las tribulaciones de un pintor de provincias en Madrid o lo que cuesta mantener el Círculo de Bellas Artes.

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Mi buen amigo Rubén E. decidió que hacía demasiado tiempo que yo no exponía en Madrid (la última vez fue hace ya 20 años) y era un error que había que subsanar inmediatamente. Me recordó que nuestra común amiga Teresa A. se había encargado de que Pepe C. expusiera en el Círculo de Bellas Artes y pensó que podía repetir la misma jugada conmigo. Como Teresa hace muchos años que se fue a Madrid, Rubén llamó a Carmen M. para que me pusiera en contacto con ella, Carmen me pasó su teléfono (tras avisarle de lo que se le venía encima), hablé con Teresa y quedé con ella en Cuatro Caminos, cierto día del invierno pasado.

Le llevé unos catálogos para que pudiera hacer las gestiones oportunas y me explicó que lo de Pepe C. había sido algo circunstancial, que ella no se dedicaba a eso pero que, como tenía mucha cara, estaría encantada de conseguirme la exposición o, por lo menos, de intentarlo. Se lo agradecí reiteradamente y me volví a Zaragoza con cierto cargo de conciencia por haber complicado la vida de una amiga sin ton ni son.

En los meses siguientes, recibí varias llamadas de Teresa informándome del progreso de sus gestiones y a la décima, más o menos, me comunicó que aceptaban hacer mi exposición en la sala Juana Mordó, el 14 de abril de este año, si yo corría con todos los gastos. Diseñé mis estrategias, eché cuentas y confié en poder hacer el catálogo, el transporte y el “vernisage” sin gastarme un euro. No me pregunten cómo porque eso es cosa mía.

Así que llamé a Teresa y le dije que aceptaba las condiciones que me ponían y que me gustaría tener una reunión con la encargada de la sala para concretar. Al cabo de un mes, quedamos en el Círculo, nos recibió Laura M., una joven muy simpática, y cuando empecé a plantearle los puntos que quería aclarar, me interrumpió diciendo que lo primero que tenía que saber es que mi exposición debía estar esponsorizada. Le dije que sí, que yo corría con los gastos de catálogo, transporte y “vernisage” y me respondió que esos eran mis gastos pero que los suyos ascendían a 16.000 euros que yo debía abonar para seguir hablando. Yo me habría levantado inmediatamente pero Teresa, entre atónita e indignada por la novedad, intentó ganar tiempo para asimilar la nueva situación argumentando que podríamos encontrar soluciones. Así que, dispuesto a pasar el rato, pregunté por los gastos que tenía el Círculo, a lo que Laura me respondió que había que pagar un vigilante para la sala durante todo el mes. Le pedí que me contratara, ya que 16.000 euros por un mes de trabajo era un sueldo que me parecía interesante. Como si no me hubiera oído, nos invitó a visitar la sala para que viéramos lo bonita que es y se interesó por el título de la exposición. Le encantó enterarse de que el título era “Blancanieves” y a mí me encantó que la sala, como me señaló amablemente, tuviera una pared más alta que las otras. Le encantó que hubiera previsto hacer unos dibujos en la pared de la entrada para ahorrarme los vinilos correspondientes y la tranquilicé informándole de que el detergente para borrarlos corría de mi cuenta.

Tras la versallesca conversación, Teresa y yo nos fuimos con la música a otra parte.

Ante dos rosados y unas aceitunas, Teresa, casi conmocionada, empezó a pensar la manera de conseguir los 16.000 para que yo no me quedara compuesto y sin sala. Yo sugerí atracar un banco, ella sugirió la posibilidad de pedírselos a su jefe que, por lo visto, tiene cierta afición al mecenazgo. Le hice ver que su jefe no me conoce de nada y que bastante haría si conseguía venderle un cuadro. No le pareció mala idea y prometió intentarlo. Yo le prometí que si conseguía sacarle 16.000 euros a su jefe, nos los repartiríamos como buenos hermanos y al Círculo que le dieran Bola.

Y en esas estamos.

 

 

16/02/2011 12:04 José Luis Cano #. Textos Hay 7 comentarios.

LOS SIETE SENTIDOS CAPITALES

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Hace algunos años (de todo hace algunos años), me puse de moda como presentador de libros. Qué cosas. Llegué a presentar este libro de poemas de Magdalena Lasala con grabados de Ana Aragüés.

Como no tengo ninguna imagen del libro, les dejo esta alegoría de la pintura que pintó Vermeer.

Esto es lo que leí:

 

  • Quiero mostrar, en primer lugar, mi perplejidad porque Magdalena y Ana hayan puesto su confianza en mí para conducir este acto, dadas mis conocidas dotes de orador, y, así mismo, debo presentarles mis disculpas por atreverme a presentar un libro tan sensual con esta pinta de hermano marista que arrastro desde el colegio, y, lo que es todavía peor, faltándome un sentido, careciendo de olfato.

 

  • Para Magdalena Lasala, los sentidos son “canales de comunicación y de expresión, unen el dentro y el fuera, el arriba y el abajo, la luz y la sombra, el deseo y el miedo; ellos nos muestran desde el exterior lo que hemos proyectado desde nuestro interior como si de un espejo se tratase”. Como este libro tan sentido, auténtico punto de encuentro entre esos dos territorios contrapuestos que describe Magdalena: el deseo y la realidad.

 

  • Auténtico punto de encuentro entre el deseo y la realidad, en principio, como simple objeto físico. Magdalena y Ana han deseado confeccionar un libro precioso y lo han conseguido pese a la fuerte resistencia de la realidad manifestada en forma de impresores y encuadernadores. Lo peor de este asunto no es que los simpáticos duendes de imprenta se hayan convertido en antipáticos virus informáticos, lo peor es que la desidia y la chapuza estén alcanzando uno de los últimos reductos de amor al oficio que nos quedaban: el de las artes gráficas. Quede constancia de mi solidaridad con el particular viacrucis de las autoras, que tantas veces hemos recorrido los que trabajamos para el mundo editorial.

 

  • Magdalena y Ana han hecho con los cinco sentidos lo que Alejandro Dumas hizo con los tres mosqueteros: añadir alguno más. Así han conseguido llegar hasta siete: Vista, oído, olfato, gusto, tacto, intuición y humor. Aunque las dos se ocupan de cada uno de estos siete sentidos, hay un cierto reparto de papeles entre ellas. Primero porque, de alguna forma, la poesía es un arte para el oído mientras la gráfica es un arte para la vista; del mismo modo que la poesía es el arte de la intuición mientras que, en este caso –y en otros muchos–, la imagen es el mejor vehículo para el humor. Llevamos cuatro sentidos repartidos y nos quedan tres que son comunes: olfato, gusto y tacto. El tacto lo disfrutamos en el propio libro-objeto, en esas sugestivas diferencias de “cuerpo” y de color, y en esa calidez especial del papel Fabriano. Gusto, el que han puesto en su diseño, evidentemente. Respecto al olfato, como no tengo, me remito a lo que dijo Wiggenstein: De lo que no se sabe, mejor callarse.
  • Magdalena, como poeta, habla más desde la intuición, desde o del deseo. Ana, que habla desde el humor, habla quizás más de o desde la realidad. Cuestión de talantes. Los poemas de Magdalena son muy sensuales. El término sensual se aplica, según el diccionario, a los placeres producidos por los sentidos y, en una segunda acepción, según el diccionario ideológico de Julio Casares: “Dícese de la persona demasiado aficionada a dichos placeres”. Ese demasiado es demasiado.
  • Magdalena desafía el insufrible tonillo moralista del diccionario ideológico porque, para ella, los sentidos, que nos comunican con el “mundo” y las “cosas” en general, como dice en su introducción, nos comunican especialmente con el “otro”, como dice en sus versos. Los sentidos, en su poesía, establecen comunicación prioritaria con quien dispone de los mismos sentidos que nosotros y está dispuesto a compartirlos, comunicación de multiplicada sensualidad que la propia autora califica de osada. Ana parece tener sus dudas sobre la posibilidad de tan gozosa comunicación o hace más hincapié en los peligros que corremos con nuestras osadías que en los placeres que nos proporcionan. Para comunicarnos algo tan serio como sus aparentes recelos, Ana, como los payasos, nos hace reír recurriendo a la pintura, aunque no se la aplique directamente en la cara.
  • Basta con recorrer el diálogo que establecen Ana y Magdalena, a propósito de cada uno de los siete sentidos, para comprobar lo que decimos, y para encontrarnos, nada más empezar, con las inevitables excepciones que confirman la regla.
  • Empecemos por la Vista: Ana escribe –porque no lo hemos dicho pero Ana escribe en todos y cada uno de sus dibujos–, Ana escribe, repito: “Ver para creer” que puede ser un perfecto lema de pintora o un capcioso comentario goyesco. Para el caso, de Tauste. Y juega con la mirada contenida en el ojo, con el ojo que miras y con el ojo que te ve. Magdalena parece tener una relación todavía más conflictiva con la mirada y nos habla de lo invisible, el aire, la nada. No se fía de las apariencias y quiere ir más allá. Tiene que tocar, como Santo Tomás; o como los niños, o las niñas, que tienen los ojos en la punta de los dedos.
  • Oído: Mientras Magdalena describe una auténtica cópula entre las palabras y el oído, Ana le pone un corcho a la oreja y hace oídos sordos. Si la escritora desconfiaba de la mirada, la pintora parece desconfiar de las palabras. De hecho, todo lo que Ana escribe en sus grabados tiene doble o triple sentido.
  • Olfato. Repito: No debería decir ni una palabra al respecto mientras no me opere. Pero es que Magdalena escribe: “La vida se cuela ascendente a la oscuridad de mis mundos inciertos donde duerme incontrolable, la esencia de mi ser. Brota hacia dentro mi propio nombre”. Y Ana resume: “Huelo”, lo que me hace caer en la cuenta de que, no sólo tengo un conocimiento parcial de la realidad, sino que es imposible que pueda cumplir la filosófica empresa de conocerme a mí mismo. Un desastre.
  • Gusto: Magdalena compone uno de sus poemas más turbadores y proustianos, si se me permite hacer un  chiste fácil a propósito de su nombre. Pero, donde ella encuentra el dulce sabor de la granada, Ana encuentra un sabor ácido que le sirve para demostrar que sobre gustos no hay nada escrito, con perdón de Magdalena, y para hacer referencia al procedimiento que está usando, en un juego de palabras desopilante.
  • Tacto: Al anhelo de “tocar el deseo con los dientes”, a la “insolente osadía” de Magdalena “descifrando las huellas de tus mensajes por mi cuerpo”, opone Ana el discreto consejo de andarse “con mucho tacto” acompañado, eso sí, de un dibujo que ilustra literalmente el verso de Magdalena y convierte sus gracianescos consejos en erótica ironía. Ya he sugerido antes que el menor grado de sensualidad en el trabajo de Ana era sólo aparente.
  • Intuición: Aquí sí que se encuentran las dos autoras. Su doble afirmación es rotunda: La intuición es femenina. Por si quedara alguna duda, añade Magdalena “Y no te necesito”, lo que me obliga a hacer un discreto y elegante mutis por el foro pasando página.
  • Humor: Al parecer, lo más difícil de definir. Magdalena se dedica a encadenar negaciones, partiendo de la primera:”El humor no es risa” para ir cercando poco a poco “el secreto escurridizo del rey bastardo”, hasta dar con la definición exacta:”El humor es reír”. A partir de ahí, Ana opta por ponerlo en práctica. Parte de la última negación de Magdalena, “No es blanco sobre blanco”, para arrimar el ascua a la sardina de la historia del arte y escribir sobre un cuadrado negro “Ceci nést pas noir sur noir”, o lo que es lo mismo, para encadenar de una tacada todo un rosario de negaciones: esto no es un malevich, esto no es un magritte, esto no es un benn y ni siquiera es un aragües , pues cualquier identidad se disuelve en la risa, en el reír, del mismo modo que se disuelve en el sexo, en el fornicar.

 

  • Tras este rápido recorrido por los siete sentidos capitales de Ana y Magdalena, me queda una cierta sensación de desequilibrio pues temo que mi postura no haya sido del todo neutral, que mi tono se haya identificado más con el de la pintora que con el de la escritora, que mis comentarios hayan estado más teñidos de humor que de pasión. No se debe a razones corporativistas. Es, otra vez, una cuestión de talantes. Si se me permite aventurar una última definición del séptimo y último sentido, por atender a la llamada a la osadía que nos hace Magdalena más que por enmendarle la plana, diría en mi descargo que, simplemente, el humor es pudor.

 

  •  Muchas gracias.

 

01/08/2010 13:28 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Van Meegeren

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En el último Babelia, Manuel Vicent habla del falsificador Van Meegeren, autor de unos cuantos vermeers falsos. Creo que descubrí a este falsificador en un libro sobre la obra completa de Vermeer. Como la obra de Vermeer es tan escasa, completaban el catálogo contando el famoso caso de las falsificaciones del mismo modo que Vicent.

Lo que no entendí entonces, y sigo sin entender ahora, es que Van Meegeren falsificara cuadros de Vermeer tan mal. ¿Por qué decía que los cuadros eran de Vermeer si no tienen nada que ver? ¿Y por qué le creyó tanta gente?

Me recuerda el caso de tantos impostores que se han hecho pasar por otros sin parecerse en nada; que se hicieron pasar, por ejemplo, como cuenta Bram Stoker, por el rey Sebastián de Portugal sin saber portugués... Según Borges, en esa radical falta de parecido radica el éxito de la empresa.

Pues, será eso o que alguien hizo negocio con las supuestas falsificaciones (siempre se trata de hacer negocio, claro). Pero, ¿por qué Vicent, por ejemplo, un entendido en arte, cuya hija dirige una galería, sigue insistiendo en el malentendido tantos años después? 

 

24/05/2010 13:20 José Luis Cano #. Textos Hay 3 comentarios.

Estudio Camaleón

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El Estudio Camaleón celebra su veintena de años de existencia con esta exposición.

He colaborado en el catálogo con el siguiente texto:

 

Historia Natural

 

Los camaleones son saurópsidos escamosos. Vamos, que tienen más conchas que un galápago.

La mayoría reside en África, contando con que África empiece en los Pirineos, como dijo aquel. Existen más de 160 especies, cuatro de las cuales, a pesar de su carácter solitario, se reunieron durante cierto tiempo en Zaragoza ciudad. Esta anomalía de la naturaleza se subsanó en cuanto los cuatro camaleones empezaron a ponerse agresivos los unos con los otros, como suele ocurrir siempre que se da tan extraordinaria circunstancia, aunque, en honor a la verdad, debamos aducir que el mordisco de camaleón no es muy doloroso.

En la naturaleza del camaleón está el ser solitario y sólo deja de serlo para aparearse.

 

Los camaleones son famosos por cambiar de color como otros cambian de chaqueta, aunque habría que advertir a los malpensados que su cambio obedece mucho más a la flexibilidad de su carácter que a la volubilidad de su alma.

Su piel es rica en queratina por lo que, además de cambiar de color, tienen que cambiar de piel como otros cambian de chaqueta. En realidad, en remotas y borrascosas temporadas, los camaleones cambiaban tanto de todo que al final no se sabía quién era camaleón y quién no; y podías quedar fatal si te encontrabas a uno de ellos por la calle.

Porque, además, para acabarlo de arreglar, los camaleones suelen ser animales diurnos y la noche les confunde.

 

Es famosa su lengua rápida, alargada y, en algunos casos, viperina, que disparan a toda velocidad hasta distancias vertiginosas, lo que resulta muy molesto para los artrópodos y bastante obsceno para el Cabildo Metropolitano de la Ciudad.

Los ojos de los camaleones suelen ser sólo dos pero con movilidad suficiente como para girarlos 360º o más, si van muy pasados de rosca. Incluso son capaces de alcanzar una visión estereoscópica, lo que los hace más humanos, para qué nos vamos a engañar.

Algunos camaleones tienen adornos en la cara como protuberancias, crestas o cuernos, lo cual, más que un adorno, es una cabronada. Afortunadamente, nuestros camaleones carecen por completo de tales atributos y saben presentarse en sociedad con el decoro y la elegancia que la ocasión requiera.

No se sabe si son sordos o se lo hacen. Tampoco sabemos si son ovíparos u opíparos y son cuestiones en las que no vamos a entrar.

Los camaleones, según la ciencia, pueden vivir de cuatro a cinco años y, en casos extremos, llegar hasta los quince.

Los camaleones, según la leyenda, nunca mueren.

Ateniéndonos a estos dos contrapuestos criterios sobre su longevidad, desear larga vida a un camaleón de veinte años puede resultar bastante absurdo.

De todas formas, seamos absurdos, por si acaso, que no están los tiempos como para andarse con tontadas.

 

06/05/2010 18:28 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Tengo que reconocer que un coleccionista zaragozano puede exponer pintura alemana en su ciudad, cosa que un pintor zaragozano no puede hacer.

 

La pintura es de Peter Zimmermann, que ahora mismo tiene un cuadro colgado en el Palacio de Sástago.

15/04/2010 17:55 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Gabinete artístico

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Visito la exposición del mismo título en el Palacio de Sástago, que muestra la colección particular Los Bragales,  y "leo" una historia que no tiene nada que ver con la realidad, puesto que el coleccionista que muestra sus adquisiciones es santanderino.

Mi historia dice así: Un discreto coleccionista, asiduo a la Galería Libros, compra obras de pequeño formato en las sucesivas exposiciones que organiza don Víctor Bailo. Cuando ya ha formado una pequeña colección, conoce a Miguel Marcos, quien le anima a ser más ambicioso convirtiéndose en cliente suyo. El buen señor se deja convencer y empieza a adquirir obras de formatos descomunales en la galería de su nuevo asesor. Poco después, advierte que, con semejantes formatos, se ha quedado sin sitio. Pero, ahí está Miguel Marcos para permitirle seguir cultivando su obsesión mediante un nuevo formato que apenas ocupa espacio: el vídeo. 

Por si fuera poco, y como tiene mucha mano, Miguel Marcos organiza una exposición en el Palacio de Sástago, que halaga la vanidad del cliente y que permite al galerista cobrar los correspondientes emolumentos como comisario de la misma, a cargo, por supuesto, del erario público.

 

05/04/2010 11:22 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Ocurrencias

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Al Pensador de Rodin, las torres del Pilar le sientan como a un Cristo dos pistolas.


La foto es de Primo.

29/03/2010 13:26 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Pesadilla

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Estoy preparando una charla que tengo que dar próximamente, y quizás eso lo explique todo.

La otra noche soñé que me encontraba metido en un espectáculo tipo “El club de la comedia” y que no servían de nada mis protestas ante los organizadores de que lo mío no era, precisamente, eso. No tenía nada preparado, claro, y mientras improvisaba entre cajas alguna majadería sobre la actualidad política que me permitiera salir mínimamente airoso del embrollo, vi con horror que quién me precedía en el espectáculo era Marianico el Corto. Las risas del público con su actuación acabaron de convencerme de que la mía estaba condenada al fracaso. Las risas eran tan estruendosas que consiguieron despertarme.

 

 

26/02/2010 19:51 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Arte y naturaleza

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Me dice Marta, una amable lectora, que me pasé comentando la exposición de Penone que se celebró en Barcelona hace algunos años. (Pueden verlo en el apartado "Textos")

Seguramente tiene razón. Penone es un artista muy interesante y reconocido en el mundo del Arte.

Sin embargo, yo pretendía llevar mi crítica más allá. Tradicionalmente, el arte ha sido visto como un punto de encuentro entre naturaleza y cultura, un punto de encuentro más bien escorado hacia la cultura, me parece. Pero, en estos tiempos de crisis ecológicas, parece que el arte debería escorarse más bien hacia la naturaleza. "¿Por qué seguir creando cultura cuando lo que falta es naturaleza?", es la pregunta del millón.

En la Documenta de 1982, Beuys respondió plantando 7000 robles como acción artística en la ciudad de Kassel.

La keniata Wangari Maathai, premio Nobel de la Paz de 2004, lleva plantados 30 millones de árboles en toda África sin ninguna pretensión artística.

Lo siento mucho (mentira) pero, este simple dato me parece más emocionante que toda la antológica de Penone.

 

11/02/2010 18:39 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Capitanas

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Hoy, desde el 33, he visto tres capitanas cruzar rodando un paso de cebra a la altura de la Aljafería.

Cuando dije, no hace mucho, que a medida que el ladrillo coloniza la estepa, la ciudad se desertiza, no me imaginaba que el proceso fuera tan rápido.

 

14/01/2010 12:14 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Ilustradores

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Dice Jordi Llovet, en un prólogo a Los papeles póstumos del Club Pickwick, que las novelas por entregas del siglo XIX se escribían según un argumento proporcionado por el director literario de la publicación correspondiente y A PARTIR DE LOS DIBUJOS que el ilustrador contratado ya tenía hechos sobre tal argumento. Al parecer, fue Dickens, precisamente, el primero que exigió que fuera al revés.

Esta historia podría ser el argumento de un bonito libro ilustrado.

 

13/01/2010 10:20 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Avatares

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Leo que muchos espectadores de la película "Avatar" sufren depresión al comprender que nunca podrán vivir en un mundo como el que muestra la película.

No me extraña: a mí me pasa lo mismo con los tapices de La Seo.

 

13/01/2010 00:22 José Luis Cano #. Textos Hay 3 comentarios.

Más de cien razones

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Me escribe Víctor Juan pidiéndome un texto sobre maestros para su nuevo blog: http://masdecienrazones.blogspot.com/

Le he enviado esto:

 

Yo estudié Bellas Artes. En la entonces Escuela Superior San Jorge de Barcelona, hacías cinco cursos de pintura y medio escaso de pedagogía. Sólo te enseñaban a pintar, pero obtenías un título que sólo te servía para dar clases. El libro que había que estudiar para aprobar la asignatura de pedagogía era “La educación por el arte”, de Herbert Read, un libro extraordinario que tenía el pequeño inconveniente de no dar ningún tipo de formación práctica.

Y mucho menos para trabajar como profesor de dibujo en la Escuela de Artes de Zaragoza. Allí estuve 18 años. Al principio, haciendo lo que había visto hacer a mis profesores aunque, eso sí, evitando reírme de los trabajos de mis alumnos y hacer comentarios sarcásticos como los que había oído: “¿Qué hace usted aquí, señorita? ¿No sabe que para pintar hacen falta dos cojones?”

Cuando entré como interino en la Escuela, sólo pretendía ganarme la vida medianamente y aguantar las clases esperando que acabaran para ponerme a pintar como un loco, que era lo que realmente me gustaba. Ya dijo Chesterton que “el temperamento artístico es una enfermedad que aqueja a los principiantes”.

Después, fui cogiendo afición a mi trabajo remunerado, me volví más responsable respecto a mis alumnos y estudié por mi cuenta la mejor forma de enseñarles lo poco que sabía.

Mucho más tarde, nos prepararon a conciencia desde Madrid para impartir el recién creado Bachiller Artístico, siguiendo el riguroso método de la Escuela de Basilea, que contradecía todo lo que yo había estado experimentando hasta entonces. A pesar de todo, me convertí en el paladín del nuevo método frente a mis reticentes compañeros, que no acababan de entender que dibujar un cubo en perspectiva fuera más pedagógico que dibujar una oreja de escayola.

Los dos primeros cursos fueron apasionantes.

Pero pronto llegaron las hordas que elegían la opción artística para no estudiar ni ciencias ni letras ni tecnologías y se acabó la diversión. Un buen día me di cuenta (me había quedado solo en clase) de que el único interesado en la asignatura era yo y me largué.

De momento, no he encontrado ningún motivo para volver.

Sin embargo, por redimirme de aquella deserción, acudo a todos los centros que tienen a bien invitarme para que les ilumine sobre mi incierta profesión.

 

También ayudo a mi nieta a hacer los deberes, esa cosa tan antipática que intentamos erradicar en mi época con tan poco éxito.

A pesar de que nuestras sesiones de deberes son inenarrables e interminables, reproduzco aquí un pequeño diálogo como irónico homenaje a los maestros que siguen dejándose la piel día a día:

 

 Venga, Constanza, vamos a hacer los deberes. ¿Qué tienes que hacer hoy?

 Tengo que repetir estos números que me borró la seño porque estaban mal.

 Hala, pues… ¡No, Constanza! Espera, que si sigues así te los borrará otra vez… No sé si te habrán explicado cómo hay que hacerlo. Mira, ves, entre estos dos “unos” hay tres cuadraditos vacíos. Cuentas uno, dos y tres y haces la raya vertical que tiene dos cuadraditos de alto, desde aquí hasta aquí, y, después, la rayita inclinada que va desde aquí arriba de la vertical hasta la otra esquina del cuadradito, ¿ves?

Constanza se vuelve mosqueada y me pregunta con mucha sorna:

 ¡¿Tú también eres profesor o qué?!

 

08/01/2010 20:35 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Intelectuales

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El otro día, un amigo ateo y estudioso del Islam, intentaba ilustrarnos sobre los principios en los que basó Mahoma su doctrina. Antes de que se pudiera explicar, alguien presentó una enmienda a la totalidad argumentando que Mahoma se casó con una niña de seis años. Mi amigo, estupefacto, intentó explicar que no hay ningún documento fiable sobre la vida del Profeta pero le respondieron agitando la amenaza islámica en el siglo XXI y ahí se acabó la discusión. Como en La Noria.

Al día siguiente, Manuel Vicent, en Babelia, insistiendo en las tormentosas relaciones de Picasso con las mujeres en general y con Dora Maar en particular, aportaba el dato inédito de la coprofagia del artista. Manuel Vicent no pretendía invalidar la obra de Picasso por ese motivo pero tildaba semejante práctica de "vanguardista".

 

31/12/2009 10:36 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Zaragoza, Capital Europea de la Cultura

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Ayer recibí un documento con las aportaciones de los distintos grupos de trabajo al proyecto "Zaragoza, Capital Europea de la Cultura", elaborado tras una primera ronda que ya les comenté.

En las conclusiones de mi grupo (Educación para la cultura) no vi que figurase ninguna de mis propuestas que, en realidad, sólo eran dos:

a/ Que se eduquen primero los gestores culturales para que no tengan que pedirnos ideas a los creadores (con perdón), entre otras cosas porque, yo, por lo menos, no tengo ni idea de gestión cultural. No he sabido gestionar mi propia producción, como para ponerme a gestionar la de los demás.

b/ Que se valore la estepa que nos rodea como elemento fundamental de la cultura aragonesa.

A la vista de que no he pasado ni la primera criba, respondí a Fernando Rivarés preguntándole qué pinto yo en la próxima reunión, pero todavía no me ha contestado.

 

10/12/2009 17:40 José Luis Cano #. Textos Hay 3 comentarios.

Ocurrencias

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El proceso creativo es inefable (adj. Que no se puede explicar con palabras, inenarrable). Por tanto, todo lo que viene a continuación, sobra.

 

Cuadrado blanco sobre fondo blanco de Malevich.

04/12/2009 15:53 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Ocurrencias

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El proceso creativo tiene dos partes: la concepción y la realización. En la primera, pretendemos comernos el mundo. En la segunda, somos devorados por la obra.

 

Pintura negra de Goya.

04/12/2009 15:50 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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El proceso creativo se suele producir en un estado alterado de conciencia. De ahí su inefabilidad. El estado alterado de conciencia se suele alcanzar sin recurrir a ningún tipo de sustancia.

 

 Anunciación de Fra Angélico.

04/12/2009 15:47 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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En algún momento de profunda alteración psíquica, uno puede llegar a creer que tiene poderes o, lo que es peor, poder.

 

Performance de Joseph Beuys.

04/12/2009 15:46 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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A veces, más que en los momentos de exaltación maniaca, el estado alterado de conciencia se alcanza en las fases más monótonas y mecánicas del proceso: rotulando, por ejemplo.

 

Little Sparta de Hamilton Finlay.

04/12/2009 15:45 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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El proceso creativo es una patología.

 

El proceso creativo es una terapia.

 

 

Bodegón de Miró.

04/12/2009 15:45 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Una cosa que no he entendido nunca: Que el proceso creativo sea relajante para los aficionados.

 

Pintura del aduanero Rousseau.

04/12/2009 15:38 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Ya lo he dicho otras veces: Creí entender el fundamento psíquico del proceso creativo leyendo a Anton Ehrenzweig, y nunca he visto citado a este autor en ninguna parte. (Para ser sincero, en Google tiene 10.900 entradas.)

 

Escultura de Henry Moore.

04/12/2009 15:37 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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El proceso creativo, bien entendido, empieza en la disciplina y acaba en la libertad.

 

Pintura de De Kooning.

04/12/2009 15:36 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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San Juan de la Cruz lo definió de un plumazo: “Mil vuelos pasé de un vuelo”.

 

Pintura de Zhu Da.

04/12/2009 15:36 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Machado fue un poco más farragoso: “Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

 

Grabado de Tápies.

04/12/2009 15:35 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Todo fluye. Incluso las vomitonas.

 

Pintura de Pollock.

04/12/2009 15:34 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Existe un Wille zur Malerei o instinto de pintar, heredado de nuestros más remotos antepasados y, por otra parte, existe la extendida sospecha de que la pintura ha muerto. “Ahí te quiero ver”, me digo todas las mañanas ante el lienzo.

 

Pintura de Altamira.

04/12/2009 15:34 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Decía Antonio Saura que la pintura es la actividad que requiere tomar más decisiones por segundo. ¿No será demasiado llamarlas “decisiones”?

 

Pintura de Saura.

04/12/2009 15:33 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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En mi caso, el proceso creativo se produce a trompicones, con breves descargas de creatividad tan intensas que me tengo apartar del trabajo como alma que lleva el diablo, para poder volver a la carga.

 

Fotograma de "Band a part" de Godard.

04/12/2009 15:32 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Soy partidario de la pintura gestual. Por eso titulé un texto sobre el proceso creativo: “Casi nada lo del ojo y lo llevaba en la mano”.

 

Sibila de Velázquez.

04/12/2009 15:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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¿También es instintiva mi tendencia conceptual?

 

Intervención de Duchamp.

04/12/2009 15:30 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Algunas veces desearías que el proceso creativo te convirtiera en Zhu Da; otras, en Vermeer o Picasso… Pero, al final, te tienes que conformar con ser tú mismo.

 

Pintura de Vermeer.

04/12/2009 15:30 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Hablando sobre el proceso creativo, nos puede pasar lo que pasa habitualmente con la educación sexual: que puede ser muy erudita y tratar pormenorizadamente todo lo referente a glándulas, cuerpos cavernosos, intríngulis anatómicos, embarazos y enfermedades… y olvidarse de contar el gustirrinín que da.

 

Retrato de Dora Maar pintado por Picasso.

04/12/2009 15:29 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ocurrencias

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Por cierto, en el proceso creativo también es falso que los hijos vengan con un pan bajo el trazo.

 

Fotografía del taller de Bacon.

04/12/2009 15:27 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Zaragoza, Capital Europea de la Cultura

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Sigo con el mismo tema de más abajo.

Los argumentos para la candidatura a Capital Europea de la Cultura son: Goya, Buñuel, Fernando el Católico, Zaragoza Latina y Mudéjar.

Goya y Buñuel porque no pueden faltar; Fernando el Católico, porque se cumplen 500 años de su muerte; Zaragoza Latina porque "es la capital telúrica de la Hispanidad", con un par; y el mudéjar, porque es Patrimonio de la Humanidad.

Como pueden ver, todo bastante traído por los pelos de fuera de Zaragoza porque aquí no hay nada.

Ante la insistencia de Fernando Rivarés de que propusiéramos alguna cosa concreta, reivindiqué esa nada argumentando que lo que une Zaragoza con Fuendetodos, Calanda, el mudéjar y lo telúrico (Fernando el Católico lo dejo aparte por imposible) es el desierto que nos rodea, la nada que, hasta donde tengo comprobado, es lo que más impresiona a quienes nos visitan. También argumenté la actualidad del tema pues soy de la opinión de que conforme la Ciudad le gana terreno al desierto, la actividad ciudadana se desertiza en justa correspondencia.

La propuesta fue bien recibida por los asistentes que ya imaginaban la bonita simetría de una capital cultural del desierto tras una expo del agua. Otra cosa será lo que opinen los políticos.

 

27/11/2009 11:56 José Luis Cano #. Textos Hay 4 comentarios.

Zaragoza, Capital Europea de la Cultura

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En la reunión que cito aquí debajo, alguien planteó que si se quiere cambiar la política cultural de la Ciudad, tienen que rodar cabezas. Apoyé la moción pero di una alternativa menos cruenta: como nuestro grupo se ocupaba de la "educación para la cultura", propuse que los gestores culturales sean los primeros en educarse antes de ocuparse de nosotros, que asistan a cursos en el extranjero o, por lo menos, se enteren de lo que hacen los gestores de otras ciudades.

Ya les hablé de la impresión que me produjo el museo Kolumba de Colonia. Y no por la calidad de sus obras, si no por el talento con el que estaban expuestas, por el inteligente trabajo de los gestores del Museo. No pude dejar de acordarme de que en la Expo, la pintura aragonesa se expuso con los cuadros colgados perpendiculares a la pared y a cinco metros de altura. Nunca había soñado yo con llegar tan alto.

La foto es del museo Kolumba.

 

27/11/2009 09:36 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Zaragoza, Capital Europea de la Cultura

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Esta mañana he participado en una de las reuniones que se están celebrando para redactar el Plan Estratégico de Cultura de Zaragoza, de cara a su candidatura para capital cultural europea en 2016.

No he podido saber por qué, si se bajan los presupuestos destinados a cultura, si los trabajadores culturales nos concentramos para denunciarlo, si el público en general considera que "a esos vagos, ni un euro", refiriéndose a nosotros, y si Pilar Navarrete como portavoz de la Administración dice que ese público en general tiene más razón que un santo, que somos vagos y flojos... digo, que no sé por qué quieren que Zaragoza sea capital cultural.

Me recuerda el chiste que ya he contado tants veces de los boy-scouts.

Pregunta el jefe:

- A ver, Pepito, ¿Qué buena acción has hecho hoy?

- Ayudar a cruzar la calle a un ciego.

- Muy bien. ¿Y tú, Juanito?

- Ayudar a cruzar la calle al ciego.

- ¿A otro ciego?

- No, no, al mismo ciego.

- Ah... ¿Y tú, Carlitos?

- Yo, también.

- Pero, ¿por qué le habéis ayudado todos?

- Porque no se dejaba.

(Continuará)

 

26/11/2009 18:54 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Nosferatu y la Verónica

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No me digan que no tiene gracia la controversia suscitada por un obispo sobre si lo que celebramos mañana es la noche de los muertos o de los no-muertos. Con tal excusa, les propino un texto que escribí cuando, siguiendo el razonamiento de Chesterton (vean la siguiente entrada), yo tenía temperamento artístico. Les evito la primera parte en la que trataba de justificar mis extravagancias.

 

Nosferatu, el vampiro de la noche, obligado a destruir las formas de vida que le posibilitan la supervivencia (si se me permite la expresión tratándose de un no-muerto); condenado a una existencia entre tinieblas, pues quedar expuesto a la luz diurna le supone la destrucción total o, dicho de otro modo, el descanso al que sorprendentemente se niega, aunque asegure que hay cosas peores que esa muerte que con tanto celo evita; el triste vampiro, es incapaz de reflejar su imagen en un espejo (aunque Murnau pareciera ignorarlo).

Es dudoso que su imagen sólo se le revele a él y resulte invisible a los mortales (no es eso lo que sugiere Polanski), lo que a su vez nos hace dudar de que su repulsivo y entrañable aspecto le sea conocido. Igualmente ignoramos si, en tal caso, alienta el deseo de conocerlo, de conocerse, lo que pudiera ser bastante más probable. De la imposibilidad de satisfacer tal deseo nacería en él el mismo tipo de horror a las superficies especulares que siente el pintor ante el lienzo en blanco, tratando al embadurnarlo de plasmar la imagen que aparentemente le reproduzca y simultáneamente oculte la superficie delatora de su auténtica condición.

En contraposición a este triste Nosferatu, Príncipe (que no espíritu) de las Tinieblas, se alza la inesperada figura de la Verónica, retratista amateur y enragée capaz de captar su verdad en el lienzo mediante la espontaneidad de una acción afectivamente comprometida con la realidad. Características estas, por otra parte, determinantes en el éxito de su empresa, cuestión que se subraya para aprovechamiento de quienes optan por un hipotético arte comprometido elaborado sobre tácticas e ideologías.

La rotunda imagen de este mito se ve perturbada por la ambigüedad que le otorga su posición de “portadora del lienzo” (véase el Greco) situándose al otro lado del mismo en una ubicación extrapictórica que le permite una sorprendente retirada por el foro. Con lo que nos hallamos de nuevo enfrentados a la tela.

Nos queda la posibilidad de experimentarla como paño de la Verónica o, lo que es lo mismo, como tregua. Tal carácter descarta cualquier esperanza de que podamos alcanzar soluciones de ningún tipo mediante la práctica pictórica pero nuestro necesario empecinamiento evitará que, a pesar de todo, nos apartemos de ella. Enfrentado al lienzo como a un espejo, el pintor interroga las ciegas superficies tratando de obtener, más que simples repuestas, la envidiable capacidad de Alicia para atravesarlo.

 

 

29/10/2009 20:28 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Hijo Predilecto de Zaragoza

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Este es el texto de agradecimiento que leeré esta tarde en el acto correspondiente.

 

Autoridades todas, vecinos de Zaragoza, foranos, compañeros de los medios de comunicación en el ejercicio de vuestras funciones… Queridos hermanos: Felicidades.

 

Señoras y señores:

Las efusivas palabras de don José Manuel Alonso me han recordado el día en el que Plácido Serrano me presentó a Chumy Chumez, explicándole todo lo que hacía y hago. “Pues, si hace tantas cosas, es que le pagan todas mal”, sentenció el sabio.

 

Hace unos meses, rechacé recoger la medalla de defensor de Zaragoza porque estaba muy enfadado con este Consistorio; porque desde pequeño tengo fobia a los cuadros de honor y porque me considero indigno de semejante título, ya que como defensor, soy una ruina.

Señoras y señores: Todo lo que he defendido de Zaragoza ha caído arrasado bajo la piqueta, la sierra mecánica o la desidia. Salvo el Mercado Central, que yo recuerde.

Como diría Quevedo, ruina seré, mas ruina descarada, que aún se atreve a plantearles un reto: ¿Por qué no colocan una placa conmemorativa en la casa natal de sus hijos predilectos? Comprendan que me atrevo a planteárselo por la sencilla razón de que mi casa natal cayó hace tiempo bajo la piqueta.

 

Confieso que he llamado a esta ciudad de todo menos bonita. Hasta llegué a perpetrar un libro titulado Zaragoza y editado en Valencia, para demostrar que tengo más razón que un santo. Después, me propusieron hacer lo mismo con otras ciudades y me negué en redondo porque, señoras y señores, madre no hay más que una.

 

Que, pese a todo, Zaragoza me considere hijo predilecto suyo, me emociona hasta el extremo de no poder ni pensar en la posibilidad de que, con semejantes antecedentes, la predilección que siente la Ciudad por mí sea la misma que siente cualquier madre por el hijo tonto.

 

Acepto, además, el título, con la tranquilidad de conciencia que me da el saber que este democrático Ayuntamiento, por no caer en el feo vicio del nepotismo, jamás encargará una marca de la Ciudad o cualquier otra promoción a ninguno de sus hijos, ya seamos predilectos o de los otros.

 

Señoras y señores: Imitando tan cosmopolita proceder, acabaré con una cita del cantautor madrileño Rosendo Mercado, repitiéndola una y otra vez, aun a riesgo de afrontar los rigores de la SGAE:

Que tengo tantas cosas que decir

Y tú, como si no fuera contigo,

La historia se repite y aún así

prometo estarte agradecido,

prometo estarte agradecido…

 

Muchas gracias

 

10/10/2009 13:08 José Luis Cano #. Textos Hay 11 comentarios.

Manila

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Recupero el texto que escribí para presentar el libro de relatos de Santiago Gascón. El libro está editado por Xordica.

MANILA

 

Nunca perdonaré a Santiago Gascón la faena que me ha hecho.

Cuando me propuso presentar esta breve colección de cuentos en el Oásis, acepté con la alegría de cualquier humorista cabezudo al que le brindan la oportunidad de actuar en el mismo escenario que la Pilara. Me puse más contento que unas pascuas.

Pero, al llegar a la página 11 de su libro, más o menos, empecé a sospechar que no me había llamado por ser un humorista cabezón. ¿Por qué coño me llamaría, entonces?

 

Resulta que este libro no es ninguna broma. Por decirlo de alguna manera: “Manila” es lo más romántico que he leído en los últimos años. Me recuerda a Poe. Las mismas historias apasionadas y apasionantes, el amor, el horror y el frío dedo de la muerte escribiendo en nuestra espalda su texto febril… La emoción en estado puro.

Es cierto que no encontrarán aquí ni un Maelström, ni un pozo, ni un péndulo, ni una cripta con salida de emergencia. Los nombres del horror son otros: Cuba y Baler en el 98, cualquier pueblo de España en plena Guerra Civil, Palestina ahora, la cifra AU-3821-M marcada a fuego en la muñeca, la pensión no contributiva, Burgos, Franco, Pinochet, Jánovas, la cuenta ahorro-vivienda, la sexta planta de la Casa Grande…

Pero, se nombran, también, las patrias de la felicidad: la infancia recordada y el cuerpo deseado. Y el lenguaje deslumbrante y secreto de los mantones de Manila. Y el lenguaje, a secas. O mejor dicho: el lenguaje tan cálido y jugoso como el sudor de los amantes tropicales.

 

Al comienzo de uno de sus relatos, Gascón cita El Libro de los Muertos: “Dioses del vasto cielo, contempladme todos. He llegado al final de mi viaje. Aquí me tenéis ante vosotros”.

Permítanme que yo cite al conde Drácula: “Hay cosas peores que la muerte”.

Recuerden el extraño caso del señor Valdemar, suspendido entre la vida y la muerte como alguno de los protagonistas de este libro: el paciente amnésico de la sexta planta, el condenado a muerte obligado a cavar tumbas, la beata arrepentida o la familia aragonesa que recorre incesantemente el país de irás y no volverás…

Hay muertes peores que la muerte. La de Berenice que cuenta Poe, tan parecida a la de Sole, la novia del amnésico; o la de tita Silvina, la Iyalocha de Shangó, sea lo que sea tanto lo uno como lo otro; o la de Lamberto, el pobre violinista jubilado… Y la de Cano, muerto de sida en una sola línea.

 

Santiago Gascón nos presenta a sus criaturas ya vencidas, recordando los momentos de felicidad que hay en una vida, según el sabio chino: Tres minutos escasos. Apostillaba Cioran que incluso los sabios chinos pecan de optimistas y exagerados. Gascón se pasa: alguno de sus protagonistas contabiliza hasta diez días continuados de éxtasis con una segunda oportunidad, por si fuera poco. Otros han de conformarse con encontrar la gloria en el postrer instante de su vida. Hay cosas peores que la muerte.

 

Y, siguiendo a Poe, la obsesión, por supuesto, siempre la obsesión. Como en sus cuentos, algunos personajes de Gascón también se obsesionan con los muertos y las muertas. Pero, siendo el autor de Mallén, precisamente, la obsesión por las vivas no se centra en las tísicas de la Casa de Usher sino en las negronas caribeñas y en las moceticas de su pueblo. El efecto es el mismo: Caserones incendiados, rayos asesinos, apertura de tumbas y víctimas arrebatadas por la muerte o la locura al cielo o al infierno. P’al caso, de Tauste.

 

Los protagonistas rememoran, desde la derrota, el trabajoso camino que han tenido que recorrer para alcanzarla. Incluso el indiano, que aparece en el relato cuando sólo es un niño, carga con el fatal desvarío de sus mayores. Los caminos erróneos son tan numerosos, por lo menos, como el número de cuentos: el esperpéntico rodeo del murciano para llegar desde Totana a Mallén, el viaje de vuelta de Moisés por el río Hudson, el de Eliseo Barrabés por medio mundo al encuentro de la bala que le está destinada…

 

Hay otra lectura de estos relatos, referencias cinéfilas y cinéfobas, miradas sesgadas o irónicas que le añaden fundamento y encanto: Shanghai Lily, como su propio nombre indica, viaja en el expreso Barcelona-La Coruña hasta que un representante burgalés se la lleva al muermo; los hijos del último de Filipinas no reconocen las aventuras de su padre en “aquel melodrama sin brillos” que proyectan en el cine de su pueblo; Eliseo Barrabés y Benito Aladrén compran el mismo mantón de Manila con noventa páginas de diferencia; el violinista jubilado aplica la implacable lógica capitalista en perjuicio propio; Ayayayayyyyyy, cantaba irremediablemente el charro charraneado o charrasqueado, no recuerdo…

 

En la misma línea, podemos hacer estas otras lecturas literales:

“Mis papás fueron guiados por el Altísimo para hacer este prodigio, a ver si ahora es usté capaz de mejorarlo con sus manos”; dice una puta cubana.

“Yo estuve ante la reina y es sólo una mujer menuda que habla peor que nosotros”; dice un excombatiente.

“¿A quién se le ocurre ser violinista? ¡Mira que obtener una beca en julio del treinta y seis!”; dice una nuera.

“Échelo de su vida, mi santa, que si algo sobra en la tierra son negros…”; dice una santera.

“¿Ya sabes tú lo lejos que han puesto Cuba y lo que puede marear un barco?”; dice Victorino, el ciego.

“¿Sólo sabes charrar o tienes un par de pistolas pa que nos desgrasiemos?’, dice el niño Gascón.

 “Tú naciste un domingo y, desde las ventanas, pudimos ver cómo el Zaragoza le metía cuatro goles al Langreo”, dice su padre…

Bajo las densas capas de belleza y pasión de estos relatos, se escucha el latido delator del corazón somarda de Gascón. Que no le cabe en el pecho. Como a la novia del amnésico, por cierto.

 

02/10/2009 12:33 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

La lechera de Muñoz Molina

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En el último "Babelia", Muñoz Molina publica un artículo sobre la lechera de Vermeer. Empieza diciendo que destaca sobre los cientos y cientos de obras expuestas en el Metropolitan. (Aunque la buena señora suele residir en el Rickmuseum de Amsterdam, donde tiene que competir con la señora que lee una carta junto a la ventana, que tampoco es moco de pavo y que también es de Vermeer.) 

Ahí Muñoz Molina demuestra tener muy buen ojo.

El resto del artículo podría dejarse exactamente igual que está escrito si la lechera, en lugar de una pintura, fuera una fotografía.

Al final del artículo (que no tengo ahora delante)  el autor apunta la posibilidad de que Vermeer hubiera conocido el microscopio y que de ahí, de haber podido ver las cosas tan de cerca, le viniera su pasión por el detalle. No entiendo lo que quiere decir pero es igual.

Resulta que, ahora mismo, en la entrada provisional al Rickmuseum, cuelga un gigantesco plotter con una descomunal reproducción de la cara de la lechera. Ante la posibilidad de ver la pintura tan de cerca, lo primero que se comprende, como ya señaló Magritte, es que eso no es una lechera. En segundo lugar, los pintores, que somos un poco zafios y sin muchos recursos léxicos, sólo podemos explicar lo que vemos diciendo que "se nos caen los cojones al suelo". ¿A qué viene esa ordinariez? A que creemos encontrarnos ante lo inefable (inefabla, en aragonés). Pero quizás un escritor con los recurso de Muñoz Molina pudiera hacer una descripción pormenorizada o aproximada de la cara de la lechera vista tan de cerca. Así estaría hablando de pintura.

Todo lo demás es literatura.

 

28/09/2009 11:10 José Luis Cano #. Textos Hay 5 comentarios.

Kolumba

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Kolumba es un museo diocesano de vanguardia, una contradicción en sus términos. Kolumba es el museo del arzobispado de Colonia. Levantado sobre las ruinas de un antiguo convento, el edificio es obra (magnífica) de Peter Zumthor.

En el interior, el edificio establece un fluido diálogo con el yacimiento arqueológico del antiguo convento y, más arriba, en las salas del museo, las obras antiguas siguen dialogando con las contemporáneas.

Al parecer, se expone una brevísima selección de los fondos del museo que va rotando periódicamente. El montaje es magnífico y te deja con la boca abierta en un santiamén.

Una vez recuperado, adviertes que el montaje no sólo es bellísimo sino pertinente: El montaje hace decir a las obras lo que quizás nunca habrían sospechado sus autores. Algo parecido pasa con la lectura que hace San Clemente de los fragmentos de Heráclito: que ves como, arrimando el ascua a su sardina, se lleva el gato al agua del mismo río, dos veces y las que haga falta. Si la Iglesia lo hizo con los clásicos, e incluso con todas las festividades paganas, solsticios incluidos, no va a dejar de hacerlo con el arte contemporáneo por muy difícil que pueda parecer en principio.

Para que entiendan un poco mejor de qué va la cosa, les pondré algún ejemplo:

Frente a dos custodias de oro, el inmenso cuadro granate de Phil Sims se transustancia en la Sangre de Cristo inevitablemente; junto a un apostolado gótico con sus policromías y sus dorados, el perchero con gabardina y sombrero sobre enorme fondo de oro de Kounellis es la viva imagen de la presencia o la ausencia de Jesucristo; el misticismo de Chillida en sus homenajes a San Juan de la Cruz parece sobrepasar a la sencilla talla románica que los contempla...

Así, sala tras sala, pasamos del Dolor a la Trascendencia, de la Pasión a la Resurrección, de la Vida a la Muerte y de la Muerte a la Vida, saltando los siglos de seis en seis o de siete en siete, con una intensidad a la que no estamos acostumbrados. El vértigo que produce el vaivén conceptual al que se nos somete, es mucho más intenso que el llamado mal de Stendhal.

Ante tanto poderío intelectual, ante tan sutiles como arriesgadas estrategias, el visitante zaragozano no puede por menos que recordar los patéticos intentos de nuestro Cabildo Metropolitano por cubrir con Pintura alguna cúpula del Pilar.

Ahora bien, tratándose de Nuestra Santa Madre Iglesia, no se sabe qué da más miedo: si el provincianismo de los unos, el cosmopolitismo de los otros o las dos cosas juntas.

 

 

La fotografía es de Frank Peter Lohoff.

 

 

28/08/2009 11:08 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Antón Castro

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Ayer, Antón Castro cumplió cincuenta años. Aprovecho la circunstancia para colgar el texto que leí en la presentación de su libro El álbum del solitario, hace ya unos años.

Los amigos comunes me criticaron mucho por ejercer ese aragonesismo que consiste en alabar una cosa criticando otra. Sin embargo, Antón no me retiró su amistad.

 

El álbum del solitario

 

– Hay amores que matan. El que me tiene Antón es uno de ellos. En menos de una semana, me ha hecho hablar en público ante auditorios imposibles: En Antena Aragón, ante un grupo de niñatos que me recordó los peores momentos de mis años de profesor y ahora, aquí, ante Vds., que tienen muchos más méritos y sabiduría que yo para presentar a este monstruo. Encima, en este caso, pretende que, como el libro, hable de fútbol. Lo que más le va a durar.

 

– Éste es un libro tremendo, que escarba en los recuerdos más lacerantes de cualquiera que haya sido joven. A mí, particularmente, me ha hecho sentir francamente incómodo. Leyendo los recuerdos de este púber, miedoso y embustero, recordé la terrible pregunta que se hace un personaje en Historia de dos ciudades: “¿Cómo va a gustarme este tipo si se parece tanto a mí?”

 

– Y es un libro que reivindica que el miedo y la inseguridad son consustanciales de esa edad y no fruto del nacionalcatolicismo como las gentes de mi generación hemos llegado a creer. Obviando, por otra parte, tantas lecturas anteriores.

También resulta sorprendente que ese espíritu infantil, que uno tiende a creer perdido tras su propia infancia, se mantenga intacto incluso en la era de la televisión.

 

– Este libro hace bueno el aforismo de Elias Canetti: “El pasado crece en todas direcciones cuando se describe”. El libro de Antón no es que crezca, es que se desparrama. En cuatro líneas te encuentras quince personajes fascinantes de los que nos quedamos con las ganas de saber algo más. Es una forma de contar de inequívoca raiz popular. Ejemplo: “Deseaban saber si era cierto que moceaba en Barrañán o en Loureda con una tal Nieves, bellísima, pelo negro y largo hasta el culo, esbelta, el sueño de cualquier joven” (Aquí hay también influencias de los anuncios de contactos) “el sueño final de Matías Bermús, el hijo del panadero de Santa Mariña que se murió en la mili de no se sabe qué poco después de recibir de ella una carta donde le decía que no insistiese, malpocado, que mujeres así las había a barullo y que quería a otro hombre. Me gustaba pensar que a mi hermano, tal vez.” Y remata genialmente: “Me dieron de comer dos veces: patatas fritas con tortilla francesa y pan empapado en vino por la tarde. Mis primos Breixiño y Agustín merendaron lo mismo.”

 

– El libro es como un álbum de 17 instántaneas y un epílogo imprescindible. Cada una de las instantáneas recoge un repertorio completo de excusas para el miedo: el padre, los compañeros, los muertos, las tabernas, los locos, los suicidas, los fantasmas, las chicas, la feroz melancolía... A mí, lo que más miedo me ha dado ha sido el fantasma de una niña de primera comunión, al atardecer, en la cueva de un acantilado bajo un merendero.

 

– En la página 62 aparece el verdadero álbum del solitario. Una colección de 4 fotografías hechas por el mítico Manuel Seara de Castro al protagonista, Antonio Fabeiro. Otro homenaje de Antón a la fotografía. Y van...

 

– Cada vez me gusta más como escribe Antón. He de decir que mi educación literaria es autodidacta, basada en intuiciones.

Ejemplos: Después de los clásicos juveniles, me formé como lector con Baroja.

Otro: El crítico, no recuerdo quien era, que hablando de una obra tan fantasiosa como Alfanhuí, se quedaba con la precisa descripción que hacía Sánchez Ferlosio del arreglo de una puerta. Algo parecido decía Dalí, pero esa es otra historia.

Otro: El personaje de Conrad que comienza su novela Victoria diciendo: “Los hechos, son los hechos, señores, lo único que importa”.

En definitiva, que siempre he sido proclive a la austera estética del menos es más.

 

– Dónde hace diez años escribía Antón: “Resulta casi imposible verlo en una angosta calleja de Úbeda jugueteando sobre la polvareda con una bola roja que, según él, contenía los océanos remotos, las noches agitadas de los jabalíes errantes e incluso esa serranía que se erguía ahí mismo ante sus ojos”, ahora dice: “Ni siquiera tuve ánimos para jugar a la pelota en el campo de hierba que habíamos recuperado en la falda del Pedregal, entre la huerta del médico Amenedo y la escuela de las chicas”.

 

– Otro ejemplo: El principio de la novela, que es prodigioso.

 

– Si la escritura de Antón cambia, la forma de hablar de sus personajes permanece en esa especie de alucinación que parece poseerlos. Parecen salidos de una película de Werner Herzog. Nadie habla como ellos, lo cual nos mantiene en inestable equilibrio entre el vértigo y la carcajada. Es como si el tono sentencioso y desmesurado estuviese continuamente fuera de lugar. Dice, por ejemplo, un niño de trece años, rematando un capítulo: “Esa mujer no es sólo una putanga, sino que tanbién es una criminal. Nunca volveré a su casa”. Otros cuentan: “El suyo fue el entierro más increíble, con más curas y mujeres casadas llorando, que ha habido nunca por aquí”. O: “Qué partidos, Cándido. Mi padre, que era albéitar y ganadero, se sentaba en el ribazo, fumaba cuarterón con placer y observaba. Por las noches, subía a mi habitación y venía a curarme la piel magullada, las sangrantes heridas. Aún recuerdo que me hacía gritar de dolor con sus ungüentos. “Hijo, estuviste en Melilla entre piojos y hambrientos, siempre estragado, y ahora padeces por puro gusto. Maldito sea el fútbol.” Cuando el tono ampuloso se corresponde con la ocasión, casi es peor. Un tal Vicente Castro resucita a un muerto al grito de: “Levántate, Servando, que yo te lo mando”.

 

– Sé que las comparaciones son odiosas pero no me queda más remedio que comparar: Este es un libro entre Mack Twain y Kafka como voy a demostrar en tres puntos:

A/ Las aventuras de Fabeiro tienen como telón de fondo el mar así como las de Huck Finn tienen el río; pero si el río era un refugio para Huck, el mar es similar al de los 400 golpes para Fabeiro: Un muro, como dice Aute.

 

B/ En el primer capítulo, Castro, como Huck Finn y Kafka, nos habla de las complejas relaciones con el padre. (En el segundo, eso sí, nos habla de fútbol.)

 

– Otro paréntesis: Sé que Antón estaba dolido por una crítica en la que se dudaba de que este libro fuera una novela, como si eso tuviera alguna importancia. De todas formas, quiero recordar el aviso con el que, ya en 1884, empezaba Mark Twain su libro. “Aviso: Las personas que intenten encontrar un motivo en esta narración serán procesadas; las personas que intenten encontrarle una moraleja serán desterradas; las que intenten descubrirle una trama serán fusiladas.” Antón podría avisarnos con la misma contundencia si no fuera por el último capítulo que paso a glosar.

 

C/ Es lógico que el libro de un gallego esté teñido de nostalgia, de morriña. Mucho más si ha sido escrito desde la distancia y mucho más si se ha escrito desde un sitio como Aragón. Y si se abandonó al mismo tiempo territorio y adolescencia. Pero es que, además, dicen que no hay peor nostalgia que la que se siente por lo que nunca has tenido. Y Fabeiro, como todos, por miedo, se ha perdido muchas cosas. En el último capítulo, creo que rememora ese cuento kafkiano que no recuerdo bien. Alguién llega a una ciudad. En la puerta de la muralla, un guardián le impide el paso. Él espera toda su vida para poder entrar. Ya agonizante pregunta: “¿Cómo es que no ha venido nadie más en tantos años?”, y el guardián le responde: “Por que esta entrada te estaba reservada a tí”.

En el último capítulo se da una vuelta de tuerca a la crueldad de la nostalgia. Osea, que no es cierto que la peor nostalgia sea la que se siente de lo que no se ha tenido. La peor nostalgia es la que se siente por lo que no has tenido sabiendo, ahora, que podía haber sido tuyo. Fabeiro encuentra a su guardián a tres mil metros de altura para que por un instante pueda tocar el cielo con los dedos, un segundo antes de darse cuenta de que ya es demasiado tarde.

 

Por cierto, creo que ya es demasiado tarde. Muchas gracias.

 

Como no tengo la caricatura que le hice cuando publicamos los Retratos Imaginarios, ilustro este texto con otra de Lee Miller, la fotógrafa que tanto le gusta.

 

 

26/08/2009 12:08 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Sé manejarme en las distancias cortas

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Recupero este texto que escribí en 1990 para el libro Pintores en Aragón. El collage es de 1973.

 

 

Eran las dos y cuarto y estaba hambriento. En el buzón había una abultada carta con membrete de la DGA; rasgué el sobre y busqué la firma: ”Hipólito”. Supe que tendría problemas.

Decía más o menos: ”¿A que no me cuenta usted su vida artístico-aragonesa en un par de folios mecanografiados a doble espacio?”. Solté un juramento. Recordé la sentencia de Ronaldo, el franchute: ”El arte deviene “charlatán” cuando deja de ser erótico”. ¿La encuesta como bromuro? La cosa se ponía fea. No entendía nada y tenía que comer.

Para bien o para mal, tengo un perro al que hay que bajar a la calle tres veces al día para que se alivie. Paseándonos, empecé a darle vueltas al asunto. Tenía su lado positivo, era un reto que ponía a prueba mi capacidad de síntesis.

Yo partía de salida con una buena ventaja: soy escueto de nacimiento. No sé si por parte de Aragón o por parte de Pintura, pero lo soy. Es más, nací axfisiado y los años no me han hecho cambiar.

Quizás no fuera suficiente. Temí que me pasara lo que a Jonathan Swift. Al hombre no le gustaba ponerse pesado en las cartas y, habiendo enviado una excesivamente extensa, se disculpó argumentando falta de tiempo. Lo cuenta Italo Calvino en su Seis propuestas para el próximo milenio. Cuenta, también, que Borges, en El jardín de los senderos que se bifurcan, escribe al mismo tiempo “un cuento de espionaje, que incluye un cuento lógico-matemático, que incluye a su vez la descripción de una interminable novela china, todo concentrado en una docena de páginas”. Demasiadas páginas. El mismo Borges recopilaba cuentos breves mucho más breves. Como los del famoso filósofo taoísta Chuang Tzu, a quién Merton consideraba el Groucho Marx de la China milenaria. De ser así, Lao Zi, a quién Cioran considera más difícil de imitar que a Júpiter, sería su hermano Harpo.

Keaton es único.

 

Me estaba perdiendo por los cerros de Úbeda cuando la brevedad en esta tierra es una tradición. “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, dijo Gracián. Hemos tenido que esperar al siglo XX para que Gila profundizase en el tema: “Lo bu, si bre, dos veces bu”, lo cual tiene más mérito dado que Gila no es aragonés. Sí lo era Juan Pablo Bonet que, mira por dónde, inventó un lenguaje para sordomudos.

Pasaban los días. En mi mesa se apilaban libros, catálogos, folletos, enciclopedias, recortes de prensa, fotografías, carnés, mapas, planos, esquemas, apuntes y borradores. Algo no encajaba en todo esto. A folio por década, me salían cuatro folios.

Salí a dar una vuelta. Subiendo por la calle del Parque, los versos del viejo Kobayashi zumbaron con sarcasmo en mis oídos.

“Caracol...

poco a poco... subiendo al monte Fuji...”

Empecé a ver claras un par de soluciones: el haiku o el aforismo. O algo por el estilo. Seguí a buen paso, con la cabeza en ebullición, realmente excitado. A la altura de Correos me abordó una vieja amiga. Farfullé una excusa y me alejé intentando no perder el hilo.

¡Por fin! Tenía la respuesta. Sabía que nunca llevo un lápiz, pero lo busqué inutilmente en todos los bolsillos. Tendría que confiar en mi deplorable memoria. (Soy demasiado optimista pero los años me ayudan a soportarlo con estoicismo.)

Tuve suerte. Al llegar a casa pude escribirlo de un tirón. Sólo titubeé al distribuir las comas y pasarlo a máquina. Escribo con dos dedos.

A la mañana siguiente bajé a entregarlo. Decía: ”No me puedo quejar. Vamos, es que ni puedo ni quiero”.

No les gustó. “Inténtalo otra vez, muchacho”, me dijeron.

 

 

14/08/2009 10:23 José Luis Cano #. Textos Hay 6 comentarios.

Oxígeno

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El 24 de febrero de 1823, Rehbein susurró al oído de uno de los presentes, ante un Goethe convaleciente:

"Una mejor respiración también suele conllevar una mejor inspiración".

Goethe le escuchó y confirmó jovialmente sus palabras.

 

125 años más tarde, nací asfixiado.

Sin embargo, leí, no hace muchos años, que en ciertas regiones de África, el niño que nacía asfixiado y sobrevivía, estaba destinado a ser el brujo de la tribu.

 

13/08/2009 10:40 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Payasos y Pintura

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En el último número de Babelia, aparece un artículo en el que se anuncia que Jorge Galindo expondrá 400 cuadros en el Musac de León. El autor justifica el número de obras en que es un pintor compulsivo que no puede parar. Después nos enteramos de que, de las 400 obras, 300 son dibujos y 50 más no las ha pintado él sino un jubilado del que no cita ni el nombre. Yo creo que la paradoja de ser un pintor compulsivo que encarga a otro la ejecución de sus cuadros es lo que le ha abierto las puertas de un museo de arte contemporáneo.

Las 50 pinturas que no ha pintado él son retratos de un payaso. El pintor siente la necesidad de justificarse por pintar (?) payasos y lo hace argumentando que, presuntamente, lo último que pintó Picasso fue su autorretrato como payaso y que murió sin desmaquillar.

Si yo encontrara un argumento tan pertinente, igual me justificaba por hacer todos los días el payaso en el Heraldo de Aragón. Y en este blog.

 

13/07/2009 09:10 José Luis Cano #. Textos Hay 4 comentarios.

Cuerpo y Pintura

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En el mismo número de Babelia, Calvo Serraller glosa la pintura arrebatada y se muestra escéptico sobre su futuro. Dice que no nos tomaríamos en serio una "replicación cibernética de la furia". Sin embargo, las obras digitales de Broto, por ejemplo, no son cosa de risa.

Calvo Serraller acaba dubitativamente: "En cierta manera, pienso que, en definitiva, el fin de la pintura es o coincide con el fin del cuerpo". Entiendo lo que quiere decir pero, tomándolo al pie de la letra y a la vista de esta fotografía de Gisele Bündchen, creo queda pintura para rato.

 

13/07/2009 08:56 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

Parecidos razonables

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En la estupenda exposición que hay estos días en el Paraninfo de Zaragoza, se puede jugar a los parecidos razonables: Sunyer es el Cézanne español; Anglada Camarasa, el Van Dongen español; Iturrino, el Matisse español; Solana, el Ensor español; Sorolla, el Velázquez valenciano... 

 

06/07/2009 16:51 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Matisse en el Thyssen

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El sábado vi tres exposiciones de pintura, tres: Matisse en el Thyssen, Sorolla en el Prado y Richter en Telefonica.

La exposición de Matisse podría resumirse así: ¡Huyhuyhuy, ayayay, nemequitepa! En la época que han seleccionado, el pintor había olvidado el fauvismo y no había descubierto las tijeras. Lo que sí usaba mucho era el aguarrás.

En esa época, resulta mucho más "fiera" Sorolla que Matisse. A Matisse da la sensación de que se le apoderan los problemas que se plantea,  mientras que Sorolla no tiene tiempo de plantearse problemas porque se le va la luz.

Eso sí, como escultor, Matisse sigue siendo una fiera.

 

 

29/06/2009 09:01 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Sorolla en el Prado

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Mientras Matisse se decolora con la madurez, a Sorolla le suben los colores con la edad. El problema es que no consigue independizarlos de la luz y se queda sin ser moderno. Vaya por Dios. (Y por las maragaterías y las valencianadas). 

 

29/06/2009 08:53 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Gerard Richter en Telefonica

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Viendo las fotos pintadas de Richter, uno se pregunta retóricamente si no estará más influenciado por Sorolla que por Matisse.

 

29/06/2009 08:45 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Los libros que más me han influido

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Como ya anuncié en su día, di una charla sobre este tema en la Biblioteca de Aragón. La cuelgo aquí a petición de mis sufridos espectadores. Ya digo un poco más abajo que no tengo ninguno de los libros de los que hablo y, por tanto, he tenido que ilustrarlos como he podido. Ustedes perdonen.

 

06/05/2009 12:54 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Cinco reflexiones y 27 libros.

1ª reflexión: Poco me han debido de enseñar los libros si he aceptado dar una charla como esta.

 

2ª reflexión: Hablar de los libros que han influido en mi vida es como desnudarme. Más vale que sea un desnudo retrospectivo, de cuando estaba de mejor ver. Al fin y al cabo, los libros que más inciden en la vida son los que se leen de joven.

 

3ª reflexión: Hay libros que han sido muy importantes en nuestra vida y de los que no tenemos memoria. ¿Dónde aprendí el estoicismo de los espartanos? En los libros de texto, supongo. Pero, ¿y el estoicismo de los sioux?

 

4ª reflexión: Por azares de la vida, en este momento no poseo ninguno de los libros de los que voy a hablar. Espero que sirva para que mis recuerdos no se contaminen.

 

5ª reflexión: Junto a cada título de la siguiente lista, narraré una anécdota que confirme la influencia que ha tenido el libro sobre mi vida. El que avisa no es traidor.

 

06/05/2009 12:46 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

A/ Los libros de texto. Editorial Luis Vives.

Mis libros de texto eran los libros de texto del nacional-catolicismo y, contando con que yo era un niño y, encima, crédulo, supongo que influyeron en mi vida mucho más de lo deseable. No diré más.

Pasemos a cosas serias.

 

No se merecen ni ilustración.

 

 

06/05/2009 12:45 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

B/ Los tres mosqueteros. Alexandre Dumas

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Tampoco voy a ponerles en antecedentes de semejante clásico. Me limitaré a señalar algunas de las cosas que me enseñó:

-     a/ Se puede ser amigo de alguien tras haber reñido con él. Esto me costó entenderlo. Yo no reñía nunca con nadie porque pensaba que sería para toda la vida.

-     b/ Los cardenales pueden ser malos.

-     c/ Las mujeres, peores.

-     d/ Y mejores.

-     e/ Las cosas pueden no ser lo que parecen.

-     f/ Los fanáticos pueden ser tan corruptibles como cualquier otro. Sólo se necesita un poco más de tiempo.

-     g/ Los famosos y flamantes mosqueteros eran unos simples “mandaos”. (Muy decepcionante, claro, pero, ¿a quién le interesaba ser el rey?)

-     h/ Una consigna: “Todos para uno y uno para todos”.

Cuando yo era niño, la solidaridad era una cosa muy importante. Sobre todo si había que hacer frente a la banda del Pololo, que pululaba entre el Boterón y el Reformatorio, o a los hermanos maristas que pululaban por la clase y el recreo. Quizás hago mal en equipararlos. La banda del Pololo nunca pegaba con la saña de los maristas.

En 1956, influenciado, pese a todo, por mis profesores, yo soñaba con salvar a Hungría del comunismo, capitaneando una compañía de mosqueteros.

Años más tarde leí a Marx (tampoco mucho) y en seguida reconocí su consigna: “Mosqueteros del mundo, uníos”.

 

06/05/2009 12:44 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

C/ Las aventuras de Guillermo. Richmal Crompton

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Guillermo fue el maestro. Había que vivir como Guillermo. Dentro de lo posible, porque en mi casa no había canalera por la que deslizarse hasta la calle y vivía en un quinto piso interior, en pleno casco antiguo. Para parecerme a Guillermo, además, tenía que despeinarme y desabrocharme los zapatos después de salir de casa. Buena es mi madre…

Creo que, entre Savater y los escritores que me han precedido en estas charlas, ya se habrá dicho todo sobre Guillermo. O casi.

 

Mi padre me dejó un libro de Guillermo a los diez años y a los pocos días se lo devolví aburrido.

Insistió cuando yo ya tenía doce años. Esta vez me volví loco y leí un volumen tras otro sin levantar cabeza. Pero en seguida me di cuenta de que, por más que corriera, nunca llegaría a ser como Guillermo en sus eternos once años: había perdido una oportunidad de oro por no leerlo a la primera. Es algo que no me perdoné en la vida.

De todas formas, he seguido llegando tarde a todo.

 

Mi mejor amigo se llamaba José Luis Grilló y leía a Guillermo al mismo tiempo que yo. No decíamos nada pero estoy seguro de que los dos pensábamos lo mismo. Aunque, en el fondo, yo sospechara que Guillermo era él. ¡Señor, qué sufrimientos!

Se murió antes de que pudiéramos hablarlo con la suficiente distancia.

En aquel curso, los Hubertitos del colegio preparaban una función de teatro sobre los mártires cristianos. Nuestra banda de los proscritos se dedicaba a espiar los ensayos y a provocarles con abucheos y pitidos desde el fondo oscuro de la sala, para salir después corriendo por miedo a que nos pillara el director de la obra, el hermano Bruno, e intentara enrolarnos en las misiones.

El día del estreno, durante el recreo, fui con Grilló al foso del teatro, donde guardaban el vestuario, y destrozamos todo lo que pudimos con verdadero frenesí. Parecía que nos hubiéramos vuelto locos, pero era simplemente que no teníamos casi tiempo.

Cuando se levantó el telón, el alumnado empezó a reírse de los pobres actores, de las túnicas que habían quedado como minifaldas andrajosas, de sus cascos abollados que no les entraban en la cabeza, de las espadas que sacaban amenazadores para quedarse con la empuñadura en la mano… Los maristas tuvieron que parar la representación varias veces para acallar el escándalo y, al final, suspenderla definitivamente para alivio de los pobres mártires.

Mientras tanto, Grilló había desaparecido. Volvió cuando el Hermano Director anunciaba que iban a proyectar directamente la película sobre las misiones con la que se completaba el acto. Pasó el tiempo, los alumnos, enardecidos, empezamos a patear mientras coreábamos “que empiece ya que el público se va” y al final el hermano Director, ciego de ira, nos envió a clase bajo amenaza de excomunión general si oía una sola palabra. Grilló me dijo al oído, aguantándose la risa: “He subido a la cabina y he dejado la película que no hay quien la desenrede”.

Estaba claro quién era Guillermo. Yo, a pesar de mi aspecto cetrino, tenía que conformarme con ser Pelirrojo.

 

06/05/2009 12:43 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

D/ El libro de la selva. Ruyard Kipling

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Después de descubrir con Guillermo mis limitaciones para el liderazgo, entré en los boy scouts y de golpe y porrazo me nombraron guía de mi patrulla. La única forma posible de afrontar la situación era convertirme en el scout perfecto, el mejor, el más preparado, lo que quizás justificaría la insostenible situación en la que me encontraba frente a mis amigos.

Una de las cosas que tenía que hacer un buen scout era leerse “El libro de la selva”. Hay libros que influyen en la vida y hay vidas que influyen en las lecturas. Seguramente, todas.

Así que me lo leí. Ya conocen el argumento del libro, que no se parece en nada a las películas que sobre él se han hecho: Vida de un niño criado por lobos en plena selva tropical y educado por un oso y una pantera en lugar de por el Foca y el Gotzilla, como yo. Su enemigo, en vez del Demonio, era un tigre de Bengala. Vivir en plena Naturaleza no tenía más que ventajas.

El libro era buenísimo, aunque al final, por amor, Mowgli intentara civilizarse. Yo no podía con aquello. No tenía nada contra el amor, pues a los 5 años ya estaba enamorado de una niña de párvulos y de una señorita de preu, pero me parecía una pérdida de tiempo y una tontada el hacerse mayor y civilizado. Ahí empecé a detectar en mí cierto complejo de Peter Pan, aunque entonces ignorara que era un complejo y que se llamaba así. En fin, más tarde descubriría que hasta los lobos esteparios acaban bailando charlestón.

A pesar de todo, el libro me descubrió la posibilidad de poder ser protagonista sin tener que entrar en competición con mi mejor amigo. Me parecía mucho más cómodo disputar el liderazgo a toda una manada de lobos que a Grilló. El libro me confirmó en mi vocación de “campasolo”, vocación que todavía cultivo.

Cambió, también, mi relación con los animales, a los que empecé a considerar como de la familia y con los que he llegado a tener relaciones bastante sorprendentes. Les pongo un ejemplo: En una de mis largas caminatas por los montes de Cuarte, vi venir hacia mí una especie de diablillo volador. Al principio pensé que había pillado una insolación, pero el diablillo aterrizó en una mata cercana y pude comprobar que sólo era un escarabajo longicorne. Me aproximé con mucho cuidado, extendí un dedo y se lo pasé por el lomo. El escarabajo empezó a ronronear como un gato. Se lo juro.

 

El cuadro es de mi exposición en la Lonja de Zaragoza.

 

 

 

06/05/2009 12:40 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

E/ Las aventuras de Huckleberry Finn. Mark Twain

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Cuando me preguntan en esas encuestas tan de moda, que quién es mi héroe de ficción favorito, siempre nombro a Huckleberry Finn.

La primera vez que leí el libro lo pasé fatal. Me fascinaba el viaje en balsa por el río Mississippi, huyendo aguas abajo junto a su amigo Jim, me parecía el mejor libro que había leído en toda mi vida, pero me faltó pillarle la ironía que tenía todo aquello. Quizás porque yo era muy joven; quizás, según leí mucho más tarde, por culpa del traductor. El caso es que me parecía un libro bueno pero acongojante, no sólo por el riesgo continuo de recibir un balazo, sino también por el dilema moral que se le planteaba a Huck: ayudar a su amigo Jim era pecado mortal porque su amigo era un esclavo negro huyendo de sus amos. Y me agobiaba más porque me parecía que yo habría hecho lo mismo, aunque se fuese a hacer puñetas mi alma inmortal; aunque me dieran miedo los dos estafadores que no dejaban solos ni a sol ni a sombra a los protagonistas, aquellos estafadores que eran como el viejo que se subió a los hombros de Simbad en uno de sus viajes y que me daba más miedo que nada, cuando oía el cuento por la radio. Arriesgaría mi alma inmortal aunque me dieran miedo aquellas señoritas como arañas dibujadas por una joven romántica que daba pena; aunque me dieran miedo los muertos que bajaban por el río o los que velaban en casas desconocidas y a los que desenterraban en medio de la tormenta para recuperar el tesoro que escondían; aunque me dieran miedo los fanfarrones del Viejo Sur; aunque me diera miedo el mismo Jim con su disfraz de apestado…

En fin: que igual no era capaz de hacer lo mismo que Huck, fíjense lo que les digo. Era demasiado arriesgado. Una cosa es parecerse a Guillermo Brown y otra, a Huckleberry Finn.

Eso sí, había un aspecto del libro que me hacía feliz: Tom Sawyer, que sale al final y es el verdadero líder de su pandilla, queda como un auténtico tontolaba.

Ese libro me hizo mayor.

 

Algo más tarde, a los 16 años, practicaba remo en el Club Náutico.

Un día planeamos dejar las yolas y los outrigers y subirnos a una balsa para bajar navegando por el Ebro. Conseguimos ocho neumáticos de tractor en alguna parte y Enrique Royo, que era ebanista, preparó unos largos y gruesos listones para sujetarlos.

El sábado siguiente llegamos hasta cerca del castillo de Miranda, no recuerdo si andando o en algún otro medio de transporte. Acampamos en una vieja cantera y dormimos al raso. Por la mañana, nos dividimos en dos equipos: unos fueron a la gasolinera de Juslibol a inflar los neumáticos y otros nos quedamos cortando cañas para hacer la cubierta de la balsa.

Por motivos logísticos, decidimos hacer dos. Atamos los neumáticos a los largueros, echamos encima una capa de cañas y, sobre ésta, unas lonas. Apilamos las mochilas en el centro, nos colocamos en los laterales armados de palas de kayak y pértigas y comenzamos el descenso.

Al principio, por inercia o porque éramos tan jóvenes, remábamos con fuerza, picándonos de una balsa a la otra. Más tarde, nos dejamos arrastrar por la corriente. Teníamos muchas horas por delante y el recorrido no era demasiado largo. Después de comer, nos amodorramos al sol sobre las balsas. Unos macarrillas salieron de su modorra en la orilla derecha al vernos pasar y empezaron a insultarnos. Desde el centro del río fue una tentación irresistible responderles con un “maricón de playa” que les hizo pasar de las palabras a los hechos. En seguida nos dimos cuenta de que ellos disponían de todas las piedras del mundo y nosotros sólo de las que caían en la balsa. Volvimos a remar con fuerza.

Más adelante seguimos con nuestra siesta y la corriente nos empujó a un laberinto de ramajes del que procuramos salir con el menor número de arañazos. En un tramo de poca profundidad, las aguas se aceleraron y temimos que se rajaran los neumáticos.

Sobre las seis de la tarde llegamos a la altura de la vieja Pasarela. Maniobramos para unir las dos balsas y hacer una entrada más espectacular. El numeroso público que paseaba por la ribera empezó a aplaudirnos. Nosotros respondimos saludando con la falsa modestia de los héroes de las películas.

 

Cuando años más tarde volví a leer la novela de Mark Twain, en la edición del Barco de Papel, me pareció incluso mejor de lo que recordaba. Allí estaba de nuevo todo aquel horror, pero matizado por la más fina ironía. Bendita sea.

 

 

06/05/2009 12:38 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

F/ La novela policíaca

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Hubo otro libro que también me hizo mayor.

Yo leía sobre todo en verano. Unos veranos me centraba en las novelas de aventuras y otros, en las novelas policíacas. De éstas, leí las de Ellery Queen, Rex Stout y, sobre todo, las de Agatha Crhistie.

Un día cogí una novela sin tapas, con las hojas roídas y amarillentas que se titulaba “El collar de jade”. No parecía muy prometedor. Pero me pasó lo mismo que con Huckleberry Finn: Tras leer aquel libro, Ágata Crhistie me pareció una maravillosa autora de literatura infantil. Aquel zarrio de novela era como un puñetazo de los que dejaban grogui al protagonista.

Algún tiempo después, mientras leía a la generación del 98, que parecía ser lo más moderno que se podía leer entonces, yo añoraba encontrar algo tan potente como lo que había leído en aquella novela.

No me alargo más: según he sabido más tarde, su título original es “Farewell, my lovely”, y está escrita por el mismísimo Raymond Chandler.

El título de la película, por si quieren situarla, era “Adiós, muñeca”.

Vuelvo a preguntarme: ¿Cómo tenía tanto olfato para la buena literatura si luego no he podido con Marcel Proust?

 

06/05/2009 12:36 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

G/ El sueño de Pepito

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Mi tío Álvaro, que también es mi padrino, me regaló un día un cuento antiguo e ilustrado, con ese título tan repelente. Pero resultó que lo que tenía Pepito no era un sueño sino una pesadilla. El niño Pepito, a causa de una fiebre muy alta, soñaba que era un anciano que, no sé por qué, conseguía que la muerte respetara a los seres humanos. Miles de ancianos decrépitos recorrían las calles rezando el rosario y buscando al causante de su extremada longevidad. Me horrorizaba lo que podían hacerle si resulta que era inmortal… Había también un caritativo señor que cuidaba al anciano niño y sacaba sus orinales de la habitación. No sé si era el mismísimo diablo, no recuerdo… El anciano niño, arrepentido de su buena acción, llamaba a la muerte que aparecía en su trono, rodeada de esqueletos, flotando sobre los tejados al otro lado de la ventana…

Como verán, recuerdo mucho mejor las ilustraciones que el texto.

Es uno de los libros que más han influido en mi vida inconsciente. En cuanto me ponía malo y me subía la fiebre, lo que sucedía muy a menudo, me convertía en el Pepito del cuento y tenía las mismas pesadillas o peores. Era como si todo lo que nos enseñaban en el colegio sobre el infierno se juntara con todo lo que había leído sobre la enfermedad y la muerte en el dichoso cuento, para agravar mi estado de salud, física y mental.

Para superar el terror, me dediqué al estudio de la anatomía del esqueleto.

 

La imagen del libro me la ha proporcionado Vicente Almazán.

 

06/05/2009 12:36 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

H/ Relatos de fantasmas

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No contento con el sueño del puñetero Pepito, me leí las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer, los Cuentos de Edgar Allan Poe, el Drácula de Bram Stoker y otras muchas historias de fantasmas y similares.

Drácula lo leí también con fiebre y fue una experiencia inolvidable.

Después descubrí a Nosferatu, pero esa es otra historia. De cine.

Mis pesadillas eran prodigiosas. Una de las más repetidas era la de que entraba en un iglesia barroca que, de pronto, se convertía en un museo lleno de salas repletas de Cristos yacentes, Vírgenes embutidas en fanales, momias engalanadas y recostadas en sus urnas y otros tantos horrores de la imaginería religiosa. Siempre me perdía en aquel laberinto y nunca conseguía encontrar la salida. Me despertaba aterrorizado.

De mayor me enteré de que había tardado 40 horas en nacer y de que lo había hecho asfixiado. En plan freudianico, deduje que mis pesadillas eran un reelaborado recuerdo de mi nacimiento, influenciado por mis visitas a la iglesia de San Cayetano en Semana Santa, y me quedé tan pancho. En realidad, creo que aún lo pienso. Y pienso que quizás tendría que añadir a esta lista algún título freudiano.

Pero, volvamos a mis pesadillas: Un día, en el semanal de El País, vi un reportaje sobre el convento de las Descalzas Reales de Madrid y reconocí asombrado el escenario de mis sueños.

Pregunté a mis padres si había estado alguna vez allí, pero ni ellos lo conocían. Así que me fui a verlo y me encontré con que estaba cerrado por obras. Tuve que esperar dos años.

Por fin conseguí entrar y, de mala gana, me uní a la visita guiada pues no había otra alternativa. La guía, por la forma de expresarse, debía ser legionaria de Cristo Rey. Un señor me comunicó vehementemente lo indignado que estaba con sus comentarios. Para todo tenía pero, en aquel momento, yo iba a lo que iba.

El convento, tal como me esperaba, era el escenario de mis pesadillas. Lo recorrí sobrecogido, descubriendo los Cristos yacentes, los fanales con santa, los Niños de Pasión, los trampantojos, los recovecos, los relicarios…Al entrar en una sala, descubrí sobre un altar, una alpargata-cilicio que no había visto nunca. Mientras la contemplaba fascinado a la par que aprensivo, oí decir a la guía:

    Y aquí tienen ustedes este Niño Jesús, de Alonso Cano…

Me volví como un rayo y vi al Niño Jesús, sentado en un sillón, con la cabeza apoyada en la mano, dormidico como un tronco, que era mi vivo retrato a los tres o cuatro años.

Entonces, como Chuang Tzu, no supe si yo era un señor que había soñado que se perdía por las Descalzas Reales, o soy un sueño que tiene el niño dormidico en el convento.

 

La imagen corresponde a la escalera principal de las Descalzas Reales.

06/05/2009 12:34 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

I/ El fantasma de Canterville. Oscar Wilde

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Era uno de mis cuentos favoritos. En principio, porque empezaba con buenas dosis de humor: Una familia americana compra un castillo escocés con fantasma y todo. El fantasma intenta hacerles la vida imposible para que se vayan pero sucede todo lo contrario. Los niños de la familia le gastan toda clase de bromas pesadas, el fantasma acaba aterrorizado... Me partía de risa. Aquel libro me resarcía de todo el miedo que había pasado con los fantasmas, vampiros, demonios y maristas.

Pero, de pronto, como llevo repitiendo desde que he comenzado a hablar, la historia cambiaba de tono por culpa del inevitable amor y se convertía en una historia romántica en el más amplio sentido de la palabra. Esta vez, la historia de amor me pareció mucho más atractiva que otras, quizás porque el enamorado era el fantasma y la chica entraba en la dimensión desconocida y terrorífica del reino de los muertos, con tapices que hablaban y lúgubres pasadizos secretos. Muchos años después leí en otro libro que citaré después, que las imágenes más poderosas del arte son las que aúnan los tres momentos fundamentales de la vida: nacimiento, amor y muerte.

Algo de eso debía de pasar en aquel cuento para que le perdonara ese cambio tan inesperado del humor al amor.

No se lo van a creer, pero tengo una innata tendencia a la melancolía que he intentado curarme con los años. Por cierto: ¿Qué libro me previno contra la melancolía?

 

Creo que esta portada que he encontrado en la red, era la misma que tenía yo.

06/05/2009 12:33 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

J/ Cinco comedias de Jardiel Poncela

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Recuerdo que era un libro de la editorial Aguilar, en papel Biblia y tapa verde de cuero. Allí leí “Eloísa está debajo de un almendro”, después de haber leído las aventuras de Sherlock Holmes o “Cuatro corazones con freno y marcha atrás” después de haber leído las fantasías científicas de Jules Verne o “Angelina o el honor de un brigadier”, después de haber leído unos cuantos dramones decimonónicos. Descubrí lo que es la parodia, el pastiche y la posibilidad de reírse a carcajadas de las cosas más serias. Y yo era un niño muy serio, aunque me tronchase de risa leyendo aquello. De hecho, mis juegos podían basarse en las novelas de aventuras, en las del Oeste, en las de detectives, en las de fantasmas… pero nunca jamás se me ocurría representar una comedia, aunque tengo una foto pintado de payaso que puede llevar a engaño.

En aquel libro, venían, además, los esquemas de trabajo que se hacía el autor (o que decía que se hacía) para montar sus comedias. Creo que también me descubrieron cierto método de trabajo que he aplicado consciente o inconscientemente.

 

06/05/2009 12:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

K/ Las novelas de Jeeves. P. G. Wodehouse

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Para los que no conozcan estos relatos, el esquema se repite en todos ellos: Un lechuguino inglés se mete en unos líos espantosos (espantosos para un pijo londinense de los años veinte) de los que sólo sabe salir con la ayuda de su mayordomo Jeeves. Las soluciones de Jeeves eran siempre inesperadas y paradójicas, lo que me parecía el colmo del ingenio literario.

Los relatos de Jeeves eran puro humor inglés e influyeron muchísimo más que Casañal en mi sentido del humor aragonés.

 

06/05/2009 12:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

L/ El candor del padre Brown. G. K. Chesterton

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Tanto Chesterton como el padre Brown eran unos maestros de la paradoja como demuestra el hecho de que el autor llamase candoroso a su personaje. Si la paradoja me fascina, no me fascina menos el escepticismo, sobre todo, practicado por un cura de pueblo. Para que luego me llamen sectario y anticlerical. En los cuentos del padre Brown siempre había tenebrosos a la par que presuntos misterios (con los que Iker Jiménez podría haber llenado una o dos temporadas), que asustaban a todos excepto al señor cura, que, como quien no quiere la cosa, acababa encontrando una explicación lógica para todos ellos.

Tanto el mayordomo Jeeves como el padre Brown eran unos auténticos somardas. Repito: creo que el humor aragonés lo aprendí de los escritores ingleses.

 

06/05/2009 12:30 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

M/ Buster Keaton contra toda infección sentimental. ¿Editado por José Luis Guarner?

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Este libro recopilaba una serie de textos sobre Búster Keaton, escritos por personajes tan famosos como Buñuel, Lorca y Alberti. Lo compré porque ya conocía a Keaton, pero descubrí que, además de ser un genial cómico del cine mudo, había sido un icono de la modernidad. Lo que me faltaba para alimentar mi mitomanía.

Keaton es el mejor, con diferencia, pero lamentablemente no estamos aquí para hablar de cine. Sólo diré que conseguí hacerme con todas sus películas, que me he pasado horas y horas de mi vida viéndolas y que todavía disfruto y aprendo con ellas.

En el poema de Alberti que aparece en el libro, Buster Keaton busca a su novia por el bosque y va gritando: “¡Georgina, Georgina, ¿qué eres: una dulce niña o una verdadera vaca?!”

Mi hija se llama Georgina por culpa de este poema. Ahora no me habla pero es por otros motivos.

 

Me ha hecho gracia ilustrar este libro con una escena sentimental que pinté hace tiempo.

06/05/2009 12:29 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

N/ Tarás Bulba. Gógol

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La novela me resultó rasposa de leer porque yo ya estaba en edad de matar al padre y la historia, creo recordar, trataba precisamente de conflictos paterno-filiales a nivel cosaco. Con el agravante de que los hijos iban de modernos, pero resultaba mucho más simpático el anticuado de su padre.

Cito aquí esta novela porque, en alguna de sus página, uno de los hijos, enamorado hasta las cachas, rememora los pechos de su amada. Y sea porque está muy bien contado o porque lo leí en el momento oportuno, el caso es que ahí mismo comprendí que los curas nos habían estado mintiendo y que soñar con los pechos de la amada era algo bonito y natural y no la guarrada que decían los muy asquerosos.

Lo cual, evidentemente, me cambió o alivió la vida mucho más que la sorna de los humoristas ingleses.

 

 

06/05/2009 12:28 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Ñ/ Dafnis y Cloe. Longo

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Es una novelita que trata de los amores de un pastorcillo y una pastorcilla tan ingenuos como yo. Casi tontos. Puede que fuera el primer libro que leí a escondidas, no porque mis padres me lo prohibieran expresamente, sino por si acaso.

Para mí era un libro erótico, para otros seguramente será un clásico. Depende de la edad.

Aprendí bastante sobre amor y sexo, en el plano teórico, aunque tardé muchos años en poder aplicar sus enseñanzas. Una vez más, pensaba yo, porque no vivía en plena naturaleza, como los pastorcillos o como Mowgli. Creo que mi espíritu ecológico viene de ahí. De ahí y del desprecio heredado de mi padre a lo que él denominaba cincomarceros: los que salen al campo y no saben recoger la basura que esparcen.

Por otra parte, creo que ya me estaba haciendo mayor cuando leí este libro, porque la parte de los piratas no me interesó demasiado.

 

No tengo la portada que era mucho más ñoña que esto.

 

06/05/2009 12:27 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

O/ Las mil y una noches

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Puede que fuera el segundo libro que leí a escondidas. En este caso, porque mi padre lo tenía en un armario cerrado con llave junto a las memorias de Casanova y a una novelita sicalíptica. Tampoco lo leí entero: iba buscando los fragmentos por los que mi padre lo había escondido.

Descubrí el erotismo del exotismo y aún sigo seducido por el mito del harén oriental. Quizás por ser pintor. De hecho, ha sido un tema recurrente en pintores a los que considero mis maestros. Y pintores tan opuestos como Ingres y Delacroix o Picasso y Matisse, por nombrar sólo a los mejores.

 

El cuadro es de Ingres.

 

06/05/2009 12:26 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

P/ Sonata de estío. Valle-Inclán

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De los escritores del 98, Unamuno me amargó la vida con “El sentimiento trágico de la vida”, Baroja me divirtió muchísimo con las aventuras de sus héroes y sus categóricas opiniones y Valle-Inclán me sedujo con su peculiar lenguaje y el irónico dandismo del marqués de Bradomín, feo, católico y sentimental, como era yo, aunque me faltara el cinismo suficiente y me sobrara timidez a raudales para recorrer el camino del libertino con semejante equipaje. De todas sus aventuras, la que más me gustó fue la de México. Sus amoríos con la Niña Chole me descubrieron, tras el erotismo pagano de Dafnis y Cloe o el exótico de las mil y una noches, los refinamientos del erotismo decadente. Con dieciséis años y sin estrenar. Lo que puede un libro.

Añado una anécdota erótica, con el aroma de aquellos tiempos, para alimentar su morbo:

El colegio de los maristas era sólo para chicos. Mi grupo de boy-scouts, como su propio nombre indica, también. Así que mi relación con ellas era prácticamente nula. Me daban miedo.

Aquella Noche Vieja, los scouts de mi patrulla, que es como llamábamos a la pandilla, decidimos pasarla bebiendo y charrando en la torre de los padres de Pedro Fondevila. Allí estábamos tan campantes, hablando de literatura y de mujeres con una copa en la mano como unos hombretones, cuando entró el torrero con un amigo suyo para ver qué hacíamos. Se alegró muchísimo de que estuviéramos solos porque sus hijas y las hijas del guardia civil que vivía enfrente, estaban solas en la casa de al lado. Así que decidieron organizarnos un guateque y pasar a buscarlas. Estábamos todos excitadísimos pero Fondevila nos advirtió de que no nos hiciéramos ilusiones. Efectivamente: pasaron las mozas, muy feícas las pobres, escoltadas por toda su parentela. Los mayores se pusieron en corro alrededor de la habitación y empezaron a azuzarnos para que saliéramos a bailar entre risotadas y chascarrillos. Naturalmente, sus pobres hijas aún tenían menos ganas de bailar que nosotros.

Qué ratico más malo pasamos. No sé ni como fuimos capaces de superar el trauma de aquella primera vez.

 

06/05/2009 12:25 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Q/ El anticristo. Friedrich Nietzsche

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Después de sufrir las enseñanzas de los maristas, tuve el inmenso placer de encontrar en este libro lo que yo habría querido expresar si a la rabia hubiera unido la erudición que me faltaba.

Aprendí que no se critica el cristianismo oponiendo chistes fáciles a los chistes siniestros de Ratzinger, Rouco y compañía, como está de moda, sino yendo hasta el fondo del asunto sin compasión. Y el fondo del asunto no son las elucubraciones teológicas más o menos ocurrentes sino la doctrina moral de la culpa y el castigo. No entendí todo lo que decía Nietzsche y estoy seguro de que algunas cosas las entendí al revés pero, qué más da: No me voy a culpabilizar también por eso.

Lo que pasaba con Nietzsche es que se ponía tan tremendo, que acababas dándole la razón como a los locos. Bastaba con mirarse al espejo para comprender lo lejos que estaba uno de Nietzsche, aunque me ya había dejado bigote, y del superhombre.

 

No sé si recuerdan pero, el Cabildo Metropolitano, de la maneta de Heraldo de Aragón, nos convocó a principios de los ochenta a un grupo de pintores para decorar algunos espacios del Pilar. En aquella época, yo estaba leyendo a Nietzsche y debería haber renunciado al encargo. Pero me pudo la vanidad y la expectativa de ganar dinero y acepté, decidido a poner una vela a Dios y otra al Diablo, sin especificar quién era el uno y quién el otro.

El programa iconográfico del Pilar se basa en las letanías a la Virgen. Nos ofrecieron una lista para elegir y me decidí por la que dice “María, causa de nuestra alegría”, para sorpresa de quienes por mi trayectoria solidaria pensaban que me iba mejor lo de “María, Reina de los pobres”. Pero es que, como ya he dicho, entonces estaba leyendo a Nietzsche y bueno está lo bueno, pero no tanto.

Del Zaratrusta tomé las ideas para elaborar las imágenes que ilustraban la contagiosa alegría mariana. Creo que llegué a elaborar un texto teórico que respaldaba todo aquel repertorio traído por los pelos: La Virgen bailaba por encima de nuestras cabezas utilizando el sol como pandero, una paloma reposaba sobre la cabeza de un león, dos muchachas comían manzanas recién cogidas del manzano, unos gloriosos cuerpos desnudos se alzaban de la tierra bailando la jota, los cuatro elementos posaban en el horizonte mientras una barca desplegaba sus velas al viento… Todo ello con un tratamiento lo suficientemente estilizado como para evitar el riesgo de caer en la horterada más atroz. Los canónigos aprobaron mis bocetos por unanimidad sin que, hasta el día de hoy, gracias a Dios, haya llegado a pintarse nada.

 

06/05/2009 12:24 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

R/ El camino de Chuang Tzu. Thomas Merton

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En un libro de Lawrence Durrell, titulado “Una sonrisa en el ojo de la mente”, dice el autor que si alguna vez tuviera necesidad de creer en algo, creería en el taoísmo, una religión atea.

Oí decir a Sánchez Dragó que el libro que más le había influido en su vida era el Dao de king (antes Tao te king) de Lao Tzu (antes Lao Tsé), la Biblia taoísta. Poco se nota.

Yo, modestamente, me quedo con Chuang Tzu (antes Chuang Tsé), que además de taoísta es humorista. Merton le llama el Groucho Marx del taoísmo pero yo creo que está más cerca del humor de Buster Keaton.

Tras la furia de los demonios cristianos y la furia de los demonios anticristianos, qué bienestar produce la calma chicha de los filósofos chinos.

Y eso que leyendo a Chuang Tzu comprobé que mi vida estaba completamente equivocada. Y no por el cuento de que soñó que era una mariposa y al despertarse no sabía si era un hombre que había soñado que era una mariposa o una mariposa que estaba soñando que era un hombre, como me pasó a mí en las Descalzas Reales, no. Cuenta Chuang Tzu, que un día, el emperador salió de caza con todo su séquito. Al llegar a un río, vieron una manada de monos durmiendo la siesta en la otra orilla. El emperador disparó contra uno de ellos y falló. El animal empezó a burlarse dando gritos y cabriolas como el mono titiritero. Todo el pelotillero séquito del emperador disparó a la vez contra él y cayó acribillado.

Tras leer esto, sigo haciendo el mono cada mañana en el Heraldo de Aragón.

Me queda la esperanza de poder seguir las enseñanzas de Chuang Tzu en el último momento. Cuentan que mientras agonizaba, los discípulos decidieron preparar la tumba “para que no se lo comiesen los cuervos”.

-     ¿Por qué esa discriminación entre cuervos y gusanos?, preguntó Chuang Tzu.

 

06/05/2009 12:23 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

S/ Ratoncito y gatonazo. Autor e ilustrador desconocidos

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De muy pequeño, me regalaron este libro. La trama era lo de menos: Unos gatos intentan rodar una película y Ratón Cito les desbarata todo el tinglado, como Grilló y yo hicimos más tarde en el colegio. Lo que me gustaba del libro era el tinglado que montaban, más teatral que cinematográfico, por cierto.

Los gatos, por ejemplo, rodaban la escena de un trovador rondando a una damisela. En la magnífica ilustración, se veía la fachada de la torre tras la que se alzaba una escalera de mano en la que estaba subida la gatita para asomarse a la ventana. El trovador cantaba junto a una charca que en realidad era un barreño oculto entre unos juncos recortados en madera. En la charca se reflejaba la luna que en realidad era otro recortable suspendido en el aire con una caña de pescar.

Me moría por hacer algo así. Pero, después de darle muchas vueltas, pues ya era un auténtico negado para el bricollage, me di cuenta de que, aunque hiciera exactamente lo mismo, nunca tendría la magia que tenía en el dibujo. Y en consecuencia, en dibujante me quedé.

Ahora bien: ¿cómo sabía yo que aquel dibujo era bueno? Pude recuperarlo de mayor y les aseguro que lo era.

¿Cómo pude hacer esa especie de análisis semiótico, siendo tan pequeño; cómo fui consciente, como diría Eco, del residuo extra-semiótico no codificable de aquella ilustración si de mayor me costó tanto esfuerzo entender “La estructura ausente”?

 

Como no tengo ninguna ilustración de aquel cuento, reproduzco la imagen que ilustraba la cubierta de "La estructura ausente" de Eco.

 

06/05/2009 12:22 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

T/ Historia de la Pintura Española. Augusto Mayer

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Es un libro que nunca he leído pero que ya hojeaba antes de tener uso de razón.

Naturalmente, lo que me influyó de ese libro fueron las ilustraciones, que eran malísimas. A mí sólo me interesaban las de blanco y negro; las de color me parecían directamente vomitivas. Las de blanco y negro, en cambio, tenían unos manchurrones negros por exceso de tinta que destruían las presuntas sutilezas del claroscuro y les daban a todos los cuadros un aspecto siniestro muy emocionante.

Aunque se trataba de una historia de la pintura española que iba desde el Románico hasta Goya, el libro se centraba mayormente en la pintura barroca, con sus horripilantes temas y sus iluminaciones tenebristas, acentuadas, además, por la deficiente impresión, como ya he dicho.

Pero para mí, aquello era el arte. Allí estaban los grandes maestros: Velázquez, Goya, el Greco, Zurbarán … Lo cierto es que poco más había visto, a no ser algún que otro Murillo en las cajas de bombones y en las estampitas religiosas, o las ilustraciones del sueño de Pepito que tanto recordaban a Valdés Leal…

En mi casa había también un libro sobre Picasso pero casi como ejemplo de lo que no había que hacer. Aunque yo le encontraba cierto encanto morboso que no me atrevía a confesar.

Pero arte, lo que se dice arte, ya digo, el del libro de Mayer. Cuando a los 16 años visité el Museo del Prado por primera vez, casi me decepcionó que los originales no fueran tan tremendos como yo los conocía. Empecé Bellas Artes con la misma idea sobre la pintura, pero todos mis profesores se empeñaron en que me lo replanteara diciéndome que la pintura era color y todas esas cosas.

Hace cuatro o cinco años, empecé a replanteármelo, tal como me sugirieron mis maestros.

 

He intentado simular el aspecto que tenían aquellas ilustraciones por medios digitales.

06/05/2009 12:20 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

U/ Los signos en rotación y otros ensayos. Octavio Paz

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Yo daba clases de pintura a Vicente Pascual Rodrigo y, un buen día, me regaló este libro. Mi alumno era mucho más inteligente que su profesor. La primera vez que lo leí, como me ha pasado tantas veces, no entendí casi nada. Apenas sabía quienes eran Mallarmé, Rimbaud, Sade, Duchamp, Buñuel… Aún sabía menos de Octavio Paz. Intenté informarme un poco y volver a leerlo con más conocimientos. Leí el golpe de dados de Mallarmé, la temporada en el infierno de Rimbaud, la Justine del Marqués de Sade, las entrevistas con Duchamp de Pierre Cabannes… Vi todas las películas que pude de Buñuel (ahora ya las he visto todas) y vi y leí lo que aquellos libros me llevaron a ver y leer en una especie de cadena que, afortunadamente, no tiene fin. Volver a leer el libro me ayudó a entender lo que no había entendido en los libros que leí para comprenderlo. Los signos en rotación, como diría Paz…

Fue uno de los libros con los que empecé a interesarme mucho más por el ensayo que por la novela. Y más, todavía, por los libros inclasificables que tan de moda se han puesto últimamente.

Ese libro me descubrió, además, las complejas relaciones que podía haber entre tradición y modernidad. Por aquel entonces, los artistas jóvenes, resumíamos la modernidad en cargar contra todo lo anterior sin saber qué era.

En fin, quizás puedan hacerse idea de lo que me influyó este libro, si visitaron mi exposición de la Lonja, en 2007.

 

06/05/2009 12:18 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

V/ Conversaciones con Marcel Duchamp. Pierre Cabannes

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Yo creía que Buñuel encarnaba la modernidad hasta que leí estas conversaciones. Ya lo he contado en otro sitio. Creo que los que recibimos una educación católica en España, como Buñuel y yo, salvando las distancias, tenemos bastante difícil el acceso a ser absolutamente modernos, como reclamaba Rimbaud.

De aquellas conversaciones me interesó el personaje mucho más que el artista. Era un hombre tranquilo que siempre había hecho lo que le había dado la gana. Había intentado evitar los compromisos y reducir al mínimo sus necesidades. No recordaba como había sobrevivido durante años sin trabajar. Parecía un buen ejemplo a seguir, pero tendría que haberlo leído antes: Acababa de nacer mi segundo hijo y estaba a punto de firmar mi primera hipoteca.

Leyendo aquellas conversaciones quedaba claro que Duchamp no tenía nada que ver con las interpretaciones metafísicas que daban algunos a su obra. Por otro lado, el muy ladino tampoco explicaba nada y se limitaba a confirmar su interés por los juegos de palabras y por el juego del ajedrez. Años más tarde, tuve que leer a Juan Antonio Jiménez para comprender que lo que había hecho Duchamp como artista no era si no una colección de chistes más o menos verdes aunque muy sofisticados. Sin embargo, su influencia en la historia del arte es similar a la influencia en la historia de la literatura de ese otro humorista llamado Cervantes. Por cierto: debería haber incluido el Quijote en esta lista.

El sábado, 18 de abril de este año, hace dos semanas, apareció en Babelia un artículo de Vila-Matas hablando sobre las conversaciones de Cabannes con Duchamp. Búsquenlo, se lo recomiendo.

 

06/05/2009 12:18 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

W/ El Criticón. Baltasar Gracián

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Lo leí con mucho esfuerzo pero encandilado. Los pesimistas suelen ser más divertidos que los optimistas. También me encandilaron Kafka, Beckett y Cioran, por citar algunos pesimistas divertidos y de renombre.

En esta novela filosófica, Andrenio, el hombre natural o salvaje, es guiado por Critilo, el hombre con educación o civilizado que le advierte de las trampas del mundo y de sus habitantes, en una maraña de alegorías y metáforas que no dan tregua. Andrenio y Critilo son las dos caras de una misma persona. Como el doctor Jeckyll y míster Hyde. Desde siempre he sido proclive a la esquizofrenia, por partida doble: por artista y por aragonés.

Por otro lado, las imágenes del Criticón son tan plásticas, que me pareció que los grabados de Goya las podrían ilustrar perfectamente. También me recordaron a la historia del arte de Mayer que antes he comentado. Me sentía en mi salsa en medio de aquel barroquismo desaforado.

Pero, por llevarme la contraria a mí mismo, cosa en la que he perdido media vida, pensé que, a finales del siglo XX, el libro de un conceptista debería ilustrarse mediante procedimientos conceptuales. Y me decidí a hacerlo.

 

Yo daba clases en la Escuela de Artes y estaba a punto de volverme loco. Llevaba 18 años y empezaba a hacer cosas tan raras como ir a clase y no llegar nunca. Decidí coger un año sabático para salvarme y, pedí una licencia por estudios para hacer el doctorado en Bellas Artes. Primero intenté doctorarme en la Universidad de Zaragoza pero me pusieron toda clase de pegas académicas: No tenían convenios firmados con la Universidad de Barcelona, donde me había licenciado. “Si fuera la de Cáceres…”, me sugirieron. También les pareció insólita mi pretensión de hacer pasar como tesis doctoral la realización de las ilustraciones para El Criticón. A mí no me parecía tan disparatado. Argumenté que nadie lo había hecho antes y que mi trabajo práctico podía ir acompañado de un estudio teórico. Estaba tan animado que incluso había empezado a trabajar en apuntes y bocetos.

Y justo en aquel momento, después de cuatro siglos sin que lo hiciera nadie, apareció una edición del Criticón ilustrada por Antonio Saura.

Quizás algún día retome el proyecto.

 

06/05/2009 12:17 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

X/ Pierre Menard, autor del Quijote. Jorge Luis Borges

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Con Borges me pasó lo mismo que con tantos otros. Me costó empezar pero luego no he parado de leerlo y releerlo, una y otra vez como un poseso. Incluso he tenido el honor de que me consideren su epígono.

De todos sus cuentos, cito el de “Pierre Menard, autor del Quijote” porque es el que mejor recuerdo. La trama es sencillísima, aunque el contenido no lo sea. Pierre Menard decide escribir el Quijote en pleno siglo XX. Por supuesto, sin copiarlo, partiendo de cero. El narrador dice que es tarea compleja pero no imposible. De hecho, a lo largo de toda su vida, Menard consigue terminar tres capítulos completos y algún que otro fragmento. El narrador analiza las similitudes y las diferencias que se establecen entre el texto original de Cervantes y el mismo texto escrito cuatro siglos más tarde por Menard.

Para José Carlos Mainer, de lo que habla el relato es de la traducción. No seré yo quien contradiga al sabio, pero prefiero pensar que el relato se refiere al pastiche, un género menospreciado que me fascina por el punto gamberro que puede tener. De hecho, todos mis libritos de Xordica me los planteo en ese registro.

 

Por entonces, mi amigo Ángel Peropadre dirigía las obras de restauración de la Aljafería y me había propuesto pintar una serie de grandes cuadros que actuasen como los tapices originales que se colgaban en el Salón del Trono, al que pretendía devolver todo el colorido que en su día tuvo. Todo lo contrario de lo que hicieron Pemán y Franco, por cierto. Como dice Larroy: “Un problema, dos soluciones”.

Tras mi fracaso con el Criticón, centré mi tesis doctoral en el arduo problema que me planteaba Peropadre: Cómo pintar en edificios histórico-artísticos y, más concretamente, en el Salón del Trono del Palacio de la Aljafería.

 Empecé con los filósofos posmodernos, que me parecía lo más adecuado al tema, pero di más vueltas que un pirulo sin llegar a ninguna parte que me interesara. Es lo que pasa con los filósofos, que sirven para pensar pero no dan soluciones concretas así los mates. Aquellas lecturas, eso sí, me sirvieron para hacer de abogado del diablo y argumentar que, puesto que la pintura ha muerto, el lugar idóneo para pintar sólo puede ser un edificio histórico-artístico en restauración. Cómo hacerlo, es otra historia.

Recordé la de Pierre Menard e intenté buscar correspondencias entre sus problemas con el Quijote y el trabajo al que me enfrentaba yo para pintar la Invención de la Santa Cruz, tema que había elegido por su idoneidad con el espacio creado por los Reyes Católicos y porque es un tema desarrollado en la colección de tapices de La Seo de Zaragoza.

La redacción de la tesis sirvió para organizarme la cabeza aunque no llegara a concretarse más que en una serie de bocetos que no sé lo que podrían haber dado de sí. A Peropadre lo habían echado de la Aljafería por diferencias de criterio con el presidente de las Cortes y el proyecto ya no tenía sentido.

 

06/05/2009 12:16 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Y/ El orden oculto del arte. Antón Ehrenzweig

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Este libro lo encontré en la biblioteca de la Escuela de Artes de Zaragoza. Tenía en la cubierta una ilustración de Vassarely, aquel pintor “op” que se hizo tan famoso, y lo cogí creyendo que trataría de la composición pictórica y me podría servir para preparar algunos ejercicios para mis clases. El autor, profesor de arte y psiquiatra, explica, nada más empezar, que allí se puede encontrar de todo. Efectivamente: encontré ejercicios para mis alumnos pero no del tipo formal que yo esperaba; encontré un ensayo sobre la relación entre arte y esquizofrenia en el que se hace uno de los estudios más rigurosos que conozco sobre el proceso de pintar; encontré una descripción de los niveles oceánicos del subconsciente donde hablaba, como he dicho antes, de la capacidad del arte para reflejar en una sola imagen los tres momentos fundamentales de la vida. Y encontré otro ensayo en el que se estudia el mito de la Diosa Madre y el Hijo autoinmolado que me dejó turulato. Primero, por enterarme de la cantidad de dioses y héroes de todas las culturas, hijos todos de la Diosa Madre, que han sido crucificados, desmembrados, quemados, desollados, que han sido enterrados, que han visitado los infiernos y que, a los tres días, han resucitado. El autor afirmaba que lo que realmente cuentan estos mitos son los procesos más profundos de la creatividad humana. Y acaba demostrando que las distintas variantes del mito precisan las diferencias entre creatividad artística y científica.

No parece ninguna tontería, ¿verdad? Pues, como ya he repetido muchas veces, nunca he visto citado al doctor Ehrenzweig en ninguna parte. En Google sólo tiene 10.400 entradas.

Quizás yo haya contribuido a que sea tan poco conocido en nuestro entorno: es el único libro que he robado de una biblioteca.

 

Lo leí en castellano pero no he encontrado otra portada.

 

06/05/2009 12:15 José Luis Cano #. Textos Hay 5 comentarios.

Z/ Paquico Goya. José Luis Cano.

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Perdonen que me cite pero este libro ha influido mucho en mi vida.

Con motivo de celebrarse no sé qué conmemoración goyesca, Mariano Gistain y Roberto Miranda me propusieron hacer un libro sobre Goya niño. Me entusiasmó la idea y empecé a tomar apuntes inmediatamente. Cuando ya tenía un esquema de lo que podía ser, les llamé para contrastarlo con su trabajo, del que se habían olvidado completamente para ocuparse en otros proyectos. Eran demasiado rápidos para mí.

Así que decidí liarme la manta a la cabeza, hacerme el libro yo solo y conseguir que me lo publicara Xordica. Y lo hizo, con la colaboración de la DPZ. “Paquico Goya” fue mi primer libro y pretendía ser todo lo contrario de lo que era aquella serie de tebeos de nuestra infancia que se llamaba “Cuando los grandes héroes eran niños”. Fue un éxito: había niños que se lo sabían de memoria y otros que se quedaban con la boca abierta cuando me los presentaban sus santas madres.

Animado por todo ello, perpetré un segundo título: “La Santa Infancia de Luis Buñuel”. La DPZ ya no quiso saber nada y nos dirigimos a Ibercaja. Allí nos informaron de que ese año, por alguna otra conmemoración que no recuerdo, tocaba hacer el Conde de Aranda. Lo hice y no les gustó, quizás porque en sus treinta y dos páginas, Pedrito recibía nueve bofetas de su maestro jesuita. Para evitar las sospechas de que en aquella casa hubiera censura, me encargaron una biografía completa del Conde. La biografía de un político para niños…

En fin. Me armé de valor y la hice, se publicó y le envié un ejemplar dedicado a Manuel Pizarro, presidente de Ibercaja en aquel momento, con mi ofrecimiento para hacer toda una serie de biografías sobre personajes aragoneses, si le interesaba. Me contestó diciendo que el libro le había gustado mucho.

Poco después, coincidimos casualmente en un funeral, me saludó muy amablemente y me comunicó que había tenido una idea: Hacer una serie de biografías de personajes aragoneses.

Le contesté que me parecía una idea estupenda. He vivido de ella durante los últimos años.

 

06/05/2009 12:12 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Zaragoza rebelde

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Este es uno de mis textos para el libro "Zaragoza rebelde".

 

Santa Cruz, plaza del arte.

 

Con semejante slogan, alguien tuvo la idea de convertir la Plaza de Santa Cruz en un Montparnasse zaragozano, a principios de los años setenta. La idea era muy hortera pero decidimos aprovecharla. Podía ser un buen lugar para organizar happenings y performances.

El primer día organizamos la fiesta del papel. Hicimos una amplia convocatoria dirigida a los niños y el domingo por la mañana apareció Joaquín Jimeno en un camión cargado con papeles de todo tipo. No recuerdo dónde lo había conseguido. Descargamos en la plaza y empezamos a improvisar. Teníamos pinturas, tijeras, pegamentos, grapadoras… y niños, muchos niños que se desembarazaron de la compañía de sus padres y entraron en un incontrolable frenesí creador o destructor, no recuerdo. Lo que sí recuerdo es que un niño se hizo, con mi ayuda, un vestido que recordaba mucho a la bata de médico de Groucho Marx. Loco de contento fue a enseñárselo a su madre: “¡Mamá, mamá!” La buena señora le soltó una bofetada de las de padre y muy señor mío. Por mamarracho.

 

Los siguientes domingos, las actividades ya fueron dirigidas a los adultos. También había muchos. Cada uno hacía lo que le daba la gana. Algunos incluso empezaron a llevar cuadros para vender. Recuerdo que un día repartí octavillas con un fragmento de Julio Cortázar: “Qué maravillosa ocupación ir andando por el bulevar Arago contando los árboles, y cada cinco castaños detenerse un momento sobre un solo pie y esperar que alguien mire, y entonces soltar un grito seco y breve, girar como una peonza, con los brazos bien abiertos, idéntico al ave cakuy que se duele en los árboles del norte argentino”. Muchos, por miedo o porque eran apolíticos, se negaban a cogerlas.

 

26/04/2009 12:31 José Luis Cano #. Textos Hay 5 comentarios.

Untitled I

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Texto para el catálogo de la exposición de Enrique Larroy en el Museo de Teruel. En el catálogo escribimos diez personas sobre distintos aspectos de la pintura. A mí me tocó hablar de los títulos. Va en dos partes.

Untitled

 

 

Una imagen vale más que mil palabras, pero el público agradece el subrayado de esa imagen con alguna que otra palabra.

Son esas palabras que se reúnen bajo el título de “título” y que nos permiten hablar de pintura o de historia de la pintura o de tantas otras cosas con fluidez y sin liarnos más de la cuenta. Como las propias imágenes, esas pocas palabras valen más que mil palabras. Decimos La Maja desnuda y no hace falta que expliquemos: “Ese cuadro apaisado que pintó Goya en el que aparece una señora desnuda y tumbada en un sofá verde con las manos debajo de la cabeza y los pechos debajo de las axilas”. Por no entrar en si el cuadro es relamido o rococó.

Los títulos valen más de mil palabras pero los hay que valen diez mil o más. Por ejemplo, El rapto de las Sabinas. Anda que no nos ahorramos palabras ni nada diciendo El rapto de las Sabinas, tanto si el cuadro es de David como si es de Picasso.

Gracias, pues, a los títulos, nos evitamos practicar el bonito arte de describir un cuadro mediante recursos literarios. Eso que, como ya saben ustedes, se llama ekphrasis. Y es una pena, porque esa hermosa disciplina, que practicó con indudable éxito Julio Cortázar, es algo muy curioso y entretenido.

Si yo fuera un teórico, como Alberto Valdivia Baselli, diría que “la interacción semiótica estética… no es un espacio de taxonomías divorciadas, sino de inclusiones simbólicas que desarrollan un discurso velado, analizado por la pragmática lingüística y los análisis del discurso, que pocos decodifican con facilidad” para añadir a continuación que “los sistemas semióticos lingüístico (poético) y visual (plástico) podrían ser entidades que se descodifican entre sí y, de esa manera, permitirían al emisor o receptor hipotético plantear una codificación o descodificación si no feliz, aproximada o creativa”.

Pero ni soy un teórico, ni esto es una tesis, ni estamos hablando de la ekphrasis, pese a que algunos títulos son a la ekphrasis lo que los haikus a la poesía. Es más, algunos títulos parecen haikus: En un cuadro grande una hoja de hierba no da para mucho. El título es de Larroy. Y el cuadro, también.

 

Los títulos habituales pueden ser todo un hallazgo o una auténtica obviedad: La maja vestida o El grito o Blue Orange Red, por poner tres ejemplo, no sé si de una cosa o de la otra.

El título, dice Arturo Ripstein, “es un pequeño problema que puede redondear una obra”. Exacto. “El título cierra la obra”, añade. Cierto: Es raro que una pintura empiece por el título. A no ser que diga uno: “Me voy a pintar un retrato” porque, entonces, ya sabemos como se titulará. Igual que si te encargan: “Pínteme usted La Eneida”, que todo puede ser…

 

Los títulos, a lo largo de la historia, han sido tan obvios como los propios cuadros para cualquiera que domine la iconografía. En tal caso, no hace falta ningún título para saber que lo que tienes delante es un San Antón o una Purísima Concepción.

Quizás lo de titular cuadros se complicó con la aparición de la fotografía. Como todo. A partir de entonces, ni las obras ni los títulos podían ser tan obvios como antes. Es cierto que en el Renacimiento surgió una minoritaria tendencia a poner títulos que ocultasen el tema de la obra para entretenimiento de los eruditos: La tempestad de Giorgione, por ejemplo.

Pero, tras el invento de la fotografía, uno ya no podía pintar una anciana, una mujer y una niña sin endilgarles el título de Las tres edades. Les llegó a pasar hasta a los fotógrafos.

Ahí tenemos, también, la deriva de Duchamp, por poner otro ejemplo que nos complicó la vida. Empezó con su Fontaine, un título sencillo aunque indecoroso, para, tras un largo silencio, acabar titulando Etant donnés: 1-la chute d'eau, 2- le gaz d'éclairage.

A propósito de Duchamp, Beuys tituló un cuadro Das schweigen von Marcel Duchamp wird überbewertet (El silencio de Marcel Duchamp ha sido sobrevalorado). En el cuadro ponía lo mismo pero pintado con chocolate. Como cuadro es bueno; como título, obvio.

Sin embargo, huir de la obviedad puede producir títulos repelentes y/o detestables: ¡Y aún dicen que el pescado es caro!, un sorolla con una olla.

Lo normal es que un buen título dé juego semiótico: Ceci n’est pas une pipe. El famoso título también está rotulado en el cuadro bajo la representación pictórica de una pipa. Por la sofisticación a la obviedad o viceversa. Como los teóricos siempre tienen mucho más que decir sobre pinturas y títulos que los propios autores, Foucault tuvo que escribir todo un libro para criticar a Magritte por explicarlo en tres palabras.

Escarmentados por casos como este, muchos pintores deciden no titular sus cuadros. Así, Sin título (Untitled), es el título que más se repite. Incluso Larroy, tan titulador, lo emplea alguna vez. Eso, sí: el Untitled nos devuelve irremisible y afortunadamente a la práctica de la ekphrasis.

 

24/04/2009 09:35 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Untitled II

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Recuerdo una exposición en el Reina Sofía en la que se confrontaban Dadá y Constructivismo. Lo más curioso era que las obras expuestas, partiendo de conceptos enfrentados, alcanzaban aspectos idénticos.

Por ese terreno de juego se mueve la obra de Larroy, heredero de los dos equipos y consciente de las contradicciones y paradojas que, en su época, los dadaístas y los constructivistas no podían ver.

Así, pues, la mañana que Larroy se levanta más constructivista que dadaísta puede titular Señales de color o Banderas blancas; el día que se levanta más dadaísta que constructivista, en cambio, los títulos pueden ser Tomavistas o La mirada presumida y el día que no se levanta ni dadaísta ni constructivista sino todo lo contrario, titula Male Beach.

O Sin título.

Un problema dos soluciones, como dice en otro título, aunque puede ser más drástico: What problem? No problem.

En cualquier caso, los títulos de Larroy nunca son obvios. Si titula una obra Azul horizontal, lo más probable es que el azul sea vertical, si es que hay algún azul. Quizás por eso, últimamente publica en sus catálogos una serie de textos que pretenden explicar la relación entre sus títulos y sus obras:

 

“Vuelo sin motor, 2002

Óleo/tela

89 x 162 cm.

Si un ciervo es así, estaremos con él. Era el otro posible título”.

 

Un problema, dos soluciones; ya saben. Un año antes, era más explícito:

 

“Étnico, 2001

Óleo/tela

200 x 200 cm.

A menudo parece que lo étnico es primitivo y que lo primitivo es ingenuamente auténtico. La pintura ni es auténtica ni es ingenua, aunque sí que tiene algo de primitiva”.

 

Larroy explica: “Estos breves comentarios son total invención, lo que no quiere decir que sean falsos, pero sí susceptibles de cambios”.

 

En fin, que sería absurdo que yo comentase los comentarios. Entre otras cosas, porque puede resultar pretencioso intentar explicar lo que ya ha explicado el autor. Yo no soy Foucault. En todo caso, dada mi condición de ilustrador, estaría a mi alcance ilustrar los comentarios a los títulos de sus cuadros para seguir cerrando círculos, pero, ¿a fin de qué?

Insistentemente mareados es otro título de Larroy.

Vamos a dejarlo aquí.

 

24/04/2009 09:32 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencio

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Supongo que esto ya se ha dicho muchas veces, pero no me resisto a las reiteradas provocaciones de los comentaristas de procesiones en las televisiones públicas:

Es tal la pasión por la vida que tiene la Iglesia que para adorar a un resucitado, lo representan siempre muerto.

Si quieren, matizo lo de "siempre" con un "casi".

 

11/04/2009 11:48 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

ocurrencio

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Acabo de leer "Indignación", la novela de Philip Roth y veo en la tele un fragmento de Ben-Hur. Las dos obras tratan de las desventuras de un joven judío condicionado por los avatares político-históricos que le toca vivir. Los dos viven enfrentados a las autoridades (romanas o académicas), los dos viven indignados, etc. Acaba peor el protagonista de "Indignación". 

 

11/04/2009 11:19 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Este cuerpo es humano

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A petición de Rosa Tabernero, reproduzco mis palabras en la presentación de “Este cuerpo es humano”, pese a que la misma Rosa reconoció que lo mejor fueron los silencios.

Señoras y señores:

Me uno a los agradecimientos de Carlos y sólo me queda decir que el libro está excelentemente editado, que los textos de Carlos están muy bien pero que yo estoy fatal.

A la desviación de tabique nasal que sufro desde niño, se unen las afecciones en la pituitaria para no dejarme respirar, lo que me produce una irritación en la faringe que me llega hasta la epiglotis. Después está lo de las cervicales: Tantos años de trabajo sobre el tablero, soportando el excesivo peso de esta cabeza, hace que me duela el músculo trapecio desde el occipital hasta las escápulas.

Peor es la presión que ejerce la quinta vértebra lumbar sobre el sacro, aprisionando el nervio ciático, lo que duele un huevo. A nivel coxofemoral, claro.

No quiero aburrirles con mis problemas de próstata, mis desarreglos gastrointestinales y el meteorismo.

Pero sí quiero comunicarles que sufro una cierta degeneración neuronal que me impide establecer las sinapsis adecuadas en el momento oportuno. Ustedes perdonen y muchas gracias.

 

Me gustaría añadir que, al finalizar mis palabras, Julia Antígona exclamó: ¡Olé ese cuerpo!

 

La fotografía "Este escaparate es humano" es de Vicente Almazán.

 

06/04/2009 10:44 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Carne con patatas

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Escribí este texto hace unos años. A un profesor de BB. AA. de Barcelona le pareció poco respetuoso y bastante gamberro.

 

 

Caixa-Forum, en la avenida del Marqués de Comillas de Barcelona. Dos exposiciones: "RODIN y la revolución de la escultura. De Camille Claudel a Giacometti" y "GIUSEPPE PENONE (Retrospectiva). El hombre frente a la naturaleza".

 

Nada más entrar en el vestíbulo de la entidad por la impresionante puerta giratoria, nos recibe, a modo de portero, el mismísimo Profeta de Gargallo. En el repulido ambiente barcelonés, parece gritar como un voceras que acabara de reconocer a un paisano: ¡¿Ande vas?!

 

Las dos exposiciones que comentamos se encuentran frente a frente. Vayamos por orden, empecemos por Rodin. Al entrar en su sala, un extenso rótulo nos advierte de los problemas que tuvo en su época por innovador y revolucionario. No me extraña. Sus contemporáneos debían preguntarse estupefactos: ¿Escultura? ¿o es culturismo? En las figuras de Rodin, el músculo está al servicio del agobio. Sus figuras sufren y gozan con todo el cuerpo de forma animalesca. ¿Es fuerza o esfuerzo? El Pensador sueña un nuevo récord. No creo que pasara un control anti-doping.

Rodin, siendo buenísimo, abrió de par en par las puertas del Infierno. Como un titán. La maqueta grande de su Puerta del Infierno es una auténtica locura. Contagiosa, además. El número de sus epígonos es tan inconmensurable como la eternidad del fuego eterno. Los músculos se hipertrofian, las caras se desencajan, los cuerpos se descoyuntan intentando seguir al maestro.

Las figuras de Rodin llegan a fragmentarse( la magnífica Meditación sin brazo) anunciando la modernidad. Bourdelle, caricaturizando al maestro, casi la alcanza. Esta idea de la caricatura como origen de la modernidad no es ninguna broma.

 

Los excesos de musculación y expresividad se dan de morros, como no podía ser menos, con el rigor cubista: los cuerpos, ahora, pretenden imponerse por su propio volumen, sin aspavientos. Pero, reducidos a escueto volumen, caen por su propio peso en la geometría.

Giacometti, prescinde de los aspavientos y del volumen y, tras pensárselo dos veces, en 1959 retoma el movimiento del hombre que camina de Rodin. Sólo que, a estas alturas de la película, el andarín está ya exhausto, en los huesos.

 

Diez años más tarde, las cosas no han mejorado mucho. Giuseppe Penone, pretendiendo rescatar un árbol de la viga que lo contiene, consigue dejarlo en la puritita raspa. Y es una presencia contundente: del hombre apenas queda rastro.

Penone, como tantos artistas conceptuales, se tiró al monte. Ya lo he recordado otras veces: “Pa’l monte, idea”.

Con los años, como tantos artistas conceptuales, vuelve a la civilización con el nabo entre las piernas. Todos empezaron trabajando con las vitales fuerzas naturales y han acabado haciendo “naturalezas muertas”.

Veamos algún ejemplo. Penone, de joven, cuelga una jaula-trampa de un árbol y espera que el crecimiento del mismo la inutilice. Años más tarde, forra una sala con millones de hojas muertas de laurel enjauladas en tela metálica. Una monitora se esfuerza por convencer a un grupo de estudiantes de que es un espacio muy agradable. No sé; he de reconocer que no tengo olfato.

Penone, de joven, fotografía ligeros soplos de polvo deshaciéndose en la penumbra del bosque. Años más tarde, los soplos se solidifican en arcilla, con glotis y todo, y ocupan la sala completa de un museo.

En sus últimas obras, la corteza de los árboles está repujada en cuero; las raíces, talladas en mármol y las ramas, vaciadas en bronce. La representación de la naturaleza en Penone es tan incolora o monocroma como la escultura del siglo XIX. Paredes enteras forradas de espinas de acacia y ni una sola gota de sangre de los operarios.

En un rincón, sin embargo, destacan los puntos verdes de los grillos que van creciendo en un montón de patatas. Sólo las que son de bronce permanecen inalterables. Es lo que pasa por contar las mentiras del arte con patatas de verdad.

La vida es breve; el arte, largo, pero qué quieres que te diga…

 

Tanta tendencia a la extenuación, tanto en el arte de la naturaleza como en la naturaleza del arte, puede explicar la deriva de los artistas hacia la realidad virtual.

Si el arte es la mentira por antonomasia (como ya demostró Oscar Wilde, aunque se tienda a olvidarlo), de echarla, echarla gorda.

 

 

18/03/2009 13:17 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

El no tan extraño caso de Benjamin Button

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No he visto la película pero la sipnosis me resultaba conocida. Tampoco había leído el libro. Pensé en los "Cuatro corazones con freno y marcha atrás" de Jardiel Poncela. Tenía que ser algo más familiar.

Al final he caído. Es lo que aprendimos los pintores de mi generación: comenzar en la Academia y acabar en la infancia.

 

16/03/2009 12:34 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

VIAJES

Hace unos años, Heraldo de Aragón nos encargó a Ismael Grasa y a mí, la realización de unos reportajes sobre los sitios de veraneo de los aragoneses. Aunque Ismael se ocupaba de los textos, yo también escribí unos breves comentarios sobre mis dibujos. Los dibujos no sé dónde están. Los textos son los siguientes.

Los he ilustrado con imágenes robadas.

 

04/03/2009 09:36 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

LO QUE UNE LA HUMEDAD

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¿Qué dibujar?, que diría Lenin. Paisajes, no. Odio reducir la sublime experiencia de la Naturaleza (Kant) a pintura de género. Por otra parte, se nos supone más observadores del paisanaje en vacaciones que del paisaje vacacional, lo que me aboca al castizo género (la ilustración parece ser proclive a ellos) del costumbrismo.

Haré, pues, una colección de estampas, acompañadas de algún comentario, que reflejen los modos y maneras que se gastan los veraneantes en cada sitio que visitemos.

En este viaje, de momento, descarto todos los apuntes en los que no aparece el agua (la cultura balnearia me ha calado) y me quedan los siguientes:

1– Por la mañana, un paciente en albornoz bebe su quinto vaso de agua templada y diurética junto a la fuente, los cuartos de baño y un inmenso extintor.

2– Después de un placentero y relajante masaje subacuático, entro en lo que tomo por una sauna cuando en realidad es un espacio para hacer inhalaciones. Me siento en las gradas de madera junto a un grupo de desconocidos y desconocidas en bañador. Me acuerdo de los papiones sagrados del Nilo, hago amistades, descubro mi solubilidad y me mareo.

3– Los jardines del balneario están llenos de paseantes que beben en todas las fuentes que encuentran a su paso. La que inauguró el arzobispo de Bucarest es de las más concurridas. Todos somos un poco snobs.

4– Los bañistas de Alhama dan de comer a los peces del lago y se bañan con ellos. Ya había descubierto yo en Jaraba lo que une la humedad. 

 

04/03/2009 09:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

LA MÁQUINA DEL TIEMPO

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Estuve en Ansó hace treinta y cinco años y nunca había vuelto. Por eso, éste era para mí un auténtico retorno al pasado. Al encontrarme con los participantes en el Festival de Culturas Pirenáicas, pensé que me había pasado siete pueblos, incluyendo romanos y cartagineses.

Nuestras idas y venidas por los valles se correspondían con las idas y venidas de mi cabeza por el tiempo. Y éste fue el resultado.

1– Las niñas de un grupo folklórico francés parecían modelos de Millet, el pintor del conocido Angelus de Millet. Los boy scouts, en cambio, visten a la moda, lo cual me resulta muy chocante pues, nosotros, para salir de excursión, nos vestíamos de antiguos.

2– Cuando, hace treinta y cinco años, acampamos en el valle de Zuriza, sólo había un cuartel de carabineros y unos cuantos caballos. Ahora hay un silencioso camping (Dios sea loado) y todo tipo de medios de transporte.

3– Visitamos una acampada de alumnos marianistas. Me pregunto si el joven monitor que nos atiende, con pañuelo pirata en la cabeza, será seminarista.

4– Josefina se concentra en el complejo peinado de churros de Mary Carmen. Falta cubrirla de cintas, lazos, joyas, sofocantes y escapularios; pero así, sin ningún adorno y con ese aire sumiso con que se deja peinar, sobrecoge su apariencia medieval. Después, convertida en un icono, el efecto será más atemporal, no sé si por su estrecha relación con el mito o con el estereotipo.

5– El museo de escultura al aire libre de Echo, soleado y solitario, tiene algo de cementerio en el que estuviesen enterrados los sueños de una generación de artistas que pretendió cambiar el mundo con sus obras. El museo, como el Infierno, está empedrado de buenas intenciones.

 

04/03/2009 09:30 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

VIAJE AL OTRO MUNDO

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“Hay otros mundos, pero están en éste”, dijo el surrealista. “Hay otros mundos, pero son más caros”, apostilló el humorista. Nuestro viaje por el Bajo Aragón demuestra que ninguno de los dos estaba equivocado.

1– En la Torre del Visco, Jemma y Piers sirven el desayuno en la cocina. Han preparado la mesa con productos elaborados por ellos mismos: Queso fresco, requesón, mermeladas, zumos, mantequilla, bizcocho, pan tostado... Jemma propone empezar por algo fuerte: huevos con bacon o jamón, quizás. Entonces baja un huesped mallorquín con su cajita de All-Bran de Kellogg’s y Jemma y Piers, los perfectos anfitriones, con auténtica flema inglesa, sirven el café.

2– En el Molí del Hereu se come rodeado por prensas y molinos de aceite. En este museo-restaurante, la presencia del aceite es abrumadora, tanto en la decoración del local como en el conejo escabechado del menú.

3– Visitamos a Teresa Jassá en su taller de cerámica junto a la antigua balsa de Calaceite. Nos cuenta: A/ que tiene un ataque de artrosis que no se puede mover, B/ que unos franceses van a recrear en teatro la leyenda que sobre la sirena de la balsa de Calaceite escribió Javier Aguirre y C/ que esa leyenda es falsa y la inventó el propio Aguirre.

No sé, no sé...

4– En La Parada del Compte, cada habitación está decorada rememorando un lugar distinto. Ocupo la Mérida, que quizás resuma mejor que ninguna otra la personalidad del propietario, una especie de mediterraneidad exacerbada en la que se dan cita la Roma antigua y la Barcelona más lúdica y cosmopolita.

Me sumerjo en las mini-termas de mi habitación y, en lugar de tomar un baño, tomo un apunte.

 

04/03/2009 09:29 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ARTE Y PARTE

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Empecé esta serie con un alegato antipaisajista y me encuentro con un Encuentro de Pintores de Paisaje en Albarracín.

Albarracín es una ciudad tan compleja como las formaciones geológicas que la rodean. Por el color de sus fachadas y el arremolinamiento de sus calles, alzadas sobre el verdor de la vega, se asemeja a una rosa. Solo que la rosa ha sido siempre un símbolo de la fugacidad de la belleza y Albarracín lucha por mantener su belleza inalterable. Etc.

Hay que ser un poco burro para empecinarse en dar formato de tarjeta postal a cosas así.

1– A pesar de todo, resulta conmovedor ver a los pintores afanados ante el lienzo con problemas, casi siempre, irresolubles. Por la noche, en el coloquio que azuza más que modera ese monstruo de la cultura y de la comunicación que es Antón Castro, los pintores hablan del Alma, el Espíritu, la Belleza y la Esencia. Parece que en cualquier momento van a decir “inefable”, pero no.

2– Antonio, el “Canuto”, es otro artista. Fabrica yeso rosa de forma totalmente artesana. Trabaja con energía y seguridad y cuando habla de su trabajo no divaga. Sus explicaciones técnicas tienen un sencillo aliento poético.

Antonio realiza su trabajo en condiciones extremas: produce su excelente yeso en un ribazo. A la Fundación Santa María, que tanto hace por la imagen de Albarracín, no parece importarle mucho.

3– Ramiro, el alcalde de Peracense, se reconcome hablando de la excesiva colonización valenciana del vecino pueblo de Bronchales. Mientras, los valencianos ocupan las últimas almenas de su inexpugnable castillo.

4– Nuestro amigo Luis es coleccionista de antigüedades y un guía excelente. De su museo, más o menos imaginario, destaca, entre otras piezas, el arrecife fósil de Ojos Negros y esa encina de 1.300 años.

 

04/03/2009 09:29 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ORDESA INVISIBLE

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Hay paisajes imposibles de pintar y algunos, incluso, difíciles de ver. Como Ordesa.

1– Los excursionistas hacen cola en la parada del autobús que sale de Torla. No hay tantos como para que no nos dejen ver el bosque, pero interfieren mucho. Una vez en Ordesa, los veremos pasar y traspasar con el Parque Nacional de fondo. No sé si ellos nos ven igual a nosotros porque algunos ni saludan.

2– Al parecer, hasta hace 150 años, los viajeros evitaban la desasosegante visión de las montañas bajando las cortinillas de sus diligencias. No es extraño. En aquellas épocas se creía en el hombre como medida de todas las cosas y tanta desmesura resulta inhumana.

Desde Punta Cuta, los torbellinos que forman los estratos que nos rodean recuerdan demasiado su prehistórica eclosión. La fuerza volcánica de un genio como Van Gogh, por ejemplo, se queda en simple fogatica de aliagas frente a la fuerza volcánica que originó todo esto. No se puede mirar durante mucho tiempo sin sentir un cierto vértigo. Para combatirlo, parcelamos y acotamos el paisaje con el visor de la cámara o con los prismáticos, ponemos nombres y etiquetas a los distintos picos y buscamos florecillas entre las rocas.

3– Otra vista de las Tres Sorores. Esta vez desde la perspectiva de una vaca, otra forma de invisibilidad que puede adoptar el paisaje.

4– Los esgrafiados de la siniestra cárcel de Broto (siglo XVI) están enmarcados por gruesos trazos. Sólo un pájaro -con los dos ojos a un lado de la cabeza, como mis caricaturas- carece de marco y parece volar al aire libre.

De momento, estos dibujos tampoco pueden verse.

 

04/03/2009 09:28 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

GEOGRAFÍA E HISTORIA

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La marina es un género poco cultivado por los pintores de secano, siempre remisos a acercarse hasta sitios tan raros y lejanos como la costa. En cambio, la misma costa, en temporada alta, puede ser un auténtico paraíso para los caricaturistas.

1– A Salou le queda tan poco paisaje que, en algunos sitios, la primera línea de playa se adentra en el mar.

La playa se ocupa siguiendo la Ley de la Perpendicularidad, que dice: Cualquier bañista que se precie, se dirigirá desde su apartamento u hotel a la playa, caminando perpendicularmente hacia la línea de horizonte sin desviarse ni un milímetro. De tal forma que, donde haya mayor densidad de edificios, habrá mayor densidad de bañistas y viceversa. Una vez instalados en la playa, los bañistas podrán pasear paralelamente a la línea de horizonte por la orilla del mar.

2– Todo el paisaje que no tiene Salou lo tiene Port Aventura, pero es de mentira. Incluso la espectacular puesta de sol de Port Aventura, vista a través de los gigantescos cactus de escayola de Port Aventura, parece falsa.

¡Estampida! Empieza a llover sobre Port Aventura y los visitantes, cubiertos con los chubasqueros amarillos de Port Aventura, corremos a refugiarnos en las múltiples tiendas de Port Aventura.

3– En la playa de Calafell, la casa de Carlos Barral es como el testigo de un tiempo, no tan lejano, en el que se veraneaba civilizadamente.

4– Otro testigo histórico es el monolito del Médol, una antigua cantera romana, escondida junto a la autopista. Es un rincón muy pintoresco y natural y, naturalmente, solitario.

 

04/03/2009 09:26 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ESTAMPAS GOYESCAS

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Goya, entre otras muchas cosas, inventó el género de viñetas, acompañadas de un breve comentario, que yo mismo estoy empleando en esta serie. Salvando las distancias, claro, que luego Joaquín Aranda me llama la atención por fatuo y sinsustancia.

Seguimos lo que las autoridades competentes han dado en llamar Ruta de Goya, y se suceden de forma sorprendente los caprichos, los disparates, incluso la tauromaquia de Ayles y los desastres de la guerra en el televisor. De entre todas las estampas que nos amenizan el viaje, selecciono las cuatro siguientes:

1– Goya pintó un cuadro en el que la aparición de un Coloso provocaba la atropellada huída del personal por unas vaguadas.

Doscientos años más tarde, hay autorretratos del Coloso esparcidos por las mismas vaguadas y ya no queda ni un alma.

2– Aun aprendo, escribió Goya en un dibujo. En pleno agosto, y aun aprenden los alumnos del curso de grabado que se está celebrando en Fuendetodos. Andan todos muy azacanados de un lado a otro y constantemente se reunen en grupitos estudiando detenidamente el resultado de su trabajo.

3– Saliéndonos de la ruta señalada por la autoridad competente, nos acercamos hasta el río en busca quizá de la maja en topless. Nos encontramos en plena solana con una escena a lo Solana (Gutiérrez). A este lugar le llaman “Playa de los ángeles”. No “kale” hacer más comentarios.

4– Hay aragoneses que han creado escuela. Goya, por ejemplo. O Miguel Pellicer, el cojo del milagro de Calanda, que pedía limosna a la entrada del Pilar. En medio de la Plaza, un epígono del calandino recibe tan escasa atención como los amputados mártires que pintó Goya en una cúpula de la Basílica.

 

04/03/2009 09:24 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

LO BELLO Y LO BESTIA

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Relatando sus excursiones por Orán, Camus nos enseñó la forma de vivir entre términos tan contrapuestos como inevitables.

La belleza de la montaña y la especulación, el encanto del paisaje y la masificación turística, la felicidad de las vacaciones y una exposición sobre la tortura, la vida bucólica y el camping de Biescas, el esplendor de la naturaleza y ese conmovedor grupo de disminuidos psíquicos en el refugio de la Sargantana...

En que berenjenales se metían los intelectuales existencialistas.

1– Jaca. No es ni Biescas ni Panticosa porque, por detrás de la abigarrada y veraniega muchedumbre, se adivina la Ciudadela. Y porque entre los veraneantes se ven muchos curas y militares.

2– En el apacible marco de la Universidad de Verano de Jaca, se habla de los problemas que asolan la enseñanza. Me pongo a dibujar mientras la profesora explica, a un grupo de estudiantes extranjeros, qué quiere decir “pasotismo”. Mi compañero de pupitre, un belga alto como un mallo, se lo pasa bomba viendo los retratos que hago de sus compañeros y, como un niño travieso, me dice por lo bajinis: “Dibuja a la profesora”.

3– Como dice Ismael, ya era raro pasar dos meses recorriendo Aragón y no encontrarnos a Labordeta.

Nos acompaña al Rapitán, a ver una exposición sobre la tortura, y se queda fuera contemplando el paisaje con su hija.

4– Si tantos sitios de los Pirineos se los han cargado haciendo cosas y casas raras, el Balneario de Panticosa se lo van a cargar sin hacer nada. Después de todo lo que hemos oído sobre la multipropiedad del Balneario, en general, y sobre los Garrigues-Walker, en particular, decido dibujarlo de culo, si vds. me permiten la expresión.

 

 

04/03/2009 09:23 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

FINAL FELIZ

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En realidad, este viaje fue un fracaso. No se puede ir a los sitios con ideas preconcebidas. Buscábamos a los innumerables franceses vestidos de neopreno que colapsan la circulación en los cañones de la Sierra de Guara, y no vimos ni uno. Y el caso es que, haberlos, haylos. En todos los bares de la comarca alquilan neoprenos. Por algo será.

 Ismael, que no es hombre que se amilane por tan poca cosa, enseguida encontró motivos suficientes para disfrutar del que era nuestro último viaje de verano.

1– Veánlo, por ejemplo, saboreando un excelente crianza junto a Maribel, responsable de marketing de Bodegas Enate. ¿Quién se acordaba en ese momento de los barranquistas?

2– Tras una larga caminata desde Lecina, se llega a los covachos de Barfaluy, donde pueden observarse unas curiosas pinturas rupestres ayudados por una “chuleta” que proporciona el guía. Los covachos están, por cierto, en el barranco de La Choca, un espacio protegido y vedado a los barranquistas.

3– Ismael, todo profesionalidad, estaba dispuesto a encontrar barranquistas como fuera y no dudó en aventurarse intrépidamente por las pasarelas que en descenso vertiginoso bajan desde Alquézar hasta el río Vero.

4– Sin barranquistas, tuve que enfrentarme al paisaje. Leí hace poco un artículo de J.J. Millás, en el que decía que si en los viajes el vídeo ha ganado la partida al paisaje que se ve por la ventanilla, es porque los viajeros piensan que el paisaje no tiene argumento. Permítanme despedir esta serie en la que he evitado el paisaje, con uno de argumento evidente: En Alquézar, como en tantos otros sitios que hemos visitado, siguen trabajándose el turismo cultural como una clara apuesta de futuro.

 

 

04/03/2009 09:22 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Fin de semana en Madrid

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Fuimos a ver “Cabaré de caricia y puntapié”, el espectáculo que sobre textos de Boris Vian, ha montado Alberto Castrillo. No se lo pierdan. Vendrá al Teatro Principal de Zaragoza.

Fuimos a ver la exposición de Bacon. Al final de la misma, proyectan una entrevista con el pintor. Me gusta más cómo habla que cómo pinta.

Fuimos a ver la exposición de la Escuela Yi en Caixa Forum. Da gusto ver pintura contemporánea de ese nivel. Luego ves los bocetos de Barceló para su cúpula y es que no hay color. A pesar de que la Escuela Yi trabaja prácticamente en blanco y negro.

Fuimos a ver “Una semana de bondad” y no era esta semana sino la próxima.

Fuimos a ver “La sombra” y no habían encendido la luz.

Fuimos a ver la Almudena, por recomendación de un amigo. Esa estética halterofílica, que diría Sánchez Ferlosio, recuerda mucho a la del Imperio romano en sus estertores. ¡Qué feo todo, por Dios!

 

 

 

09/02/2009 17:24 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Repeticiones

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Jesús Rabadán, el hombre que me enseñó a pintar, me enseñó también un rancio librito que empezaba, más o menos, así (cito de memoria):

"Quién no tenga posibles económicos, que no siga leyendo. Este librito pretende formar artistas, no mártires".

El sábado en Babelia, citaban una frase de Juan Muñoz, el escultor español de prestigio internacional:

"Si no hablas varios idiomas y no tienes liquidez económica para viajar a donde haga falta en el momento necesario, no tienes futuro ni presente".

Como dijo Julio Iglesias, la vida sigue igual.

 

25/01/2009 22:55 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

La muerte del arte

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Ayer, en El País y con el título "El año del Juicio Final", Félix de Azúa anunciaba por enésima vez la muerte del arte. Tiene razón en casi todo lo que dice pero lleva 40 años intentando convencernos del famoso óbito. ¡Qué agonía, co! Ahora señala a 1972 como el año en que se produjo tan desgraciado acontecimiento. Pero, 200 años antes, Hegel dijo lo mismo. Igual que se equivocó Hegel, puede equivocarse Azúa.

Bueno, ahora que lo pienso, todos nos repetimos. Hasta el ajo. Como prueba, adjunto un texto que escribí después de una tarde de exposiciones por Barcelona y que no se llegó a publicar. Creo.

 

 

BUCLES

 

MACBA. Exposición antológica de la señorita Piper. Arte conceptual: textos y fotografías. Adrian Piper (Nueva York, 1948) es mulata, con perdón. Y toda su obra, un contundente alegato antirracista. Para los gringos, ya se sabe, todo es o blanco o negro.

–Excepto la señorita Piper, supongo.

–No, listillo: la Piper es negra.

De tal contexto, tal texto. Para que se hagan una idea: Cubículo negro. Interior. Vídeo: diez policías blancos apalean a un conductor negro. Sonido: discurso del Presidente sobre la Ley y el Orden.

 

–Una caña, please.

La señorita Piper y yo nacimos el mismo año. Pero, mientras yo descubría la importancia del subconsciente en los procesos artísticos, ella analizaba dichos procesos conceptual y sistemáticamente. Siempre llego tarde a todo.

Bucle melancólico de la cerveza en mi estómago. Retorno sentimental al desconcierto de mis tiempos de estudiante en Barcelona. A veces, el tiempo pasa en balde. ¡Hip!

 

No es cierto, claro. Antes de ir al Macba, vi más cosas.

A/ Galería Joan Prats. Exposición de Muntadas. Arte conceptual, ya saben: textos y fotografías. Y dibujos serigrafiados. Ahora, Muntadas calca fotografías de prensa con rotulador: la del trío de las Azores, por ejemplo.

 

B/ Galería Carles Taché. Exposición de pintura de Viaplana. De pintura. A ver como describo yo esto. Viaplana pinta intuidos rincones del inconsciente con apariencia de fotografías en blanco y negro viradas ligeramente a verde.

 

La fotografía, pues, es el eje del bucle de ambigüedades semánticas que anticipaba la reflexión que Dan Cameron se hacía, dos días más tarde en las páginas de El País, sobre “la brecha enorme que existe” entre el arte político y el arte poético. Añadía: “La complejidad de la situación política requiere también una complejidad equivalente en el tratamiento del arte”.

Hala, pues.

 

El grabado de Durero se titula Melancolía.

 

22/01/2009 17:30 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Toros

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En la década de los 90, estuve dibujando toreros para los carteles de la Plaza de Toros de Zaragoza. El diseño no era mío, sólo las ilustraciones. Cuando llevábamos tres o cuatro carteles, se enteraron mis clientes de que nunca había visto una corrida de toros. Me invitaron a ver una en el callejón. Fue tremendo. El suelo temblaba, la barrera crujía, los coágulos de sangre pasaba volando sobre mi cabeza. Un toro se rompió un cuerno nada más salir... En fin.

Poco después me pidieron un texto para una revista que editaba la Plaza y escribí esto. He suprimido un párrafo que coloqué al final para contemporizar.

¿Qué ver tiene?

Si, los que tenemos un oficio en el que, para bien o para mal, se emplea mucho la cabeza, nos acercamos al mundo de los toros, nuestros anfitriones, que saben lo raricos que somos, intentan vendérnoslo aludiendo a los orígenes míticos de la fiesta, perdidos en la nebulosa de oscuros ritos prehistóricos, muy probablemente dedicados a la Diosa Madre, la famosa Diosa Blanca de Graves, Diosa Triple del nacimiento, del amor y de la muerte. Osease, la Luna, cuyos cuernos en cuarto creciente encontrarían exacto reflejo en los del toro. Quienes nos ilustran, suelen citarnos el ejemplo de las ágiles y casquivanas sacerdotisas cretenses, representantes de toda una cultura mediterránea que, por razones que ahora no vienen al caso, sólo ha conseguido sobrevivir en la Península Ibérica.

Sin embargo, una vez en la plaza, uno sospecha que al verdadero aficionado no le interesan nada estos prolegómenos eruditos y que lo que disfruta o sufre es muy distinto de las especulaciones arqueológicas que puedan legitimar la fiesta y muy distinto, en todo caso, de lo que podamos ver el resto de los mortales.

Y es que en la fiesta de los toros, tal como ha llegado hasta nosotros, la estética más remota que se rememora es la dieciochesca (goyesca, que se le llama popularmente), es decir, la estética de un tiempo en el que se quiso acabar con los mitos para siempre poniendo al hombre bajo la advocación de la Diosa Razón. Paradójicamente, la misma Ilustración que pretendía liberar al hombre de un terrible pasado, en el que había vivido sojuzgado por terrores supersticiosos y sangrientos ceremoniales, dio origen a las Academias –que reglamentaron estrictamente hasta el más nimio aspecto de cualquier actividad incluyendo las corridas de toros– y a la guillotina.

Estoy hablando por hablar, o estoy escribiendo porque me han pedido muy amablemente una colaboración para esta revista. Quizá, por eso, esté desvariando un poco. Pero, lo que sí he creido entender, por todo lo visto y oído, es que el verdadero aficionado disfruta sobre todo con el estricto cumplimiento de la reglamentación académica que a cada suerte le corresponde.

Y, precisamente desde hace un siglo, los reglamentos y academicismos están muy mal vistos en el mundo del arte, aunque sólo sea de boquilla. Claro que, en el mundo del arte, ni se mata ni se muere, lo cual facilita mucho cualquier veleidad transgresora.

 

La imagen no corresponde a ningún cartel. Es la caricatura de Pedro Díaz Layús, el Baulero, que publique en "Zaragoza".

19/01/2009 18:39 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Cabrera

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Hace dos años, hice unas aucas con 24 viñetas, por encargo del Museo de las Guerras Carlistas de Cantavieja. Estos son los ripios que me salieron.

 

 

El Tigre del Maestrazgo

 

1- Cabrera nace en Tortosa

de familia muy hacendosa.

 

2- Del seminario, el muy pillo,

se va a jugar al tresillo.

 

3- Rebotado va y se alista

en Morella de carlista.

 

4- Va consiguiendo poder,

traicionando a Carnicer.

 

5- Para demostrar quién manda,

fusila alcaldes en banda.

 

6- El enemigo, irritado,

a su madre ha fusilado.

 

7- Y Cabrera, tras vengarse,

va a Cantavieja a quedarse.

 

8- Con la expedición al Sur,

su feudo queda al albur.

 

9- Al retornar en su busca,

cae un rayo y le chamusca.

 

10- ¡Ya llegan los de don Carlos!

Cabrera corre a ayudarlos.

 

11- Atacan la capital

y se lo montan fatal.

 

12- Ya es el conde de Morella,

por apoderarse de ella.

 

13- Cabrera, hecho un feroche,

asesina a troche y moche.

 

14-Sus prisioneros hambrientos

se comen hasta a los muertos.

 

15- A Cabrera no le para

ni el abrazo de Vergara.

 

 

16- Aunque el glorioso Espartero

le vence como a un chusquero.

                                                                   

17- Cabrera, del sofocón,

se hunde en una depresión.

 

18- Huye a Francia hecho un guiñapo

Pero haciéndose el chulapo.

 

19- Se establece de tendero,

pero es muy mal vinatero.

 

20- Apoya a Montemolín,

¡otro fracaso, jolín!

 

21- Se casa en Londres Cabrera,

con una rica heredera.

 

22- Y la “flema” londinense

le ayuda a que se lo piense.

 

23- Al reinar Alfonso XII,

¡Cabrera lo reconoce!

 

24- Y muere como un bendito

aquel felino, aquel mito.

 

 

 

13/01/2009 20:43 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

ocurrencio

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Los teóricos se parecen a los curas (esos teóricos del Más Allá y de la familia): Les cuesta mucho reconocer errores y disculparse por ellos.
Así, por ejemplo, leí en el blog de Félix de Azúa que un día, hablando con Luis de Pablo de cual podía ser la causa de que hubiera compuesto música tan difícil, el compositor confesó que era como si una voz le dijera que eso era lo correcto. Y Azúa se preguntó: ¿Quién sería?
Me indigné tanto que ni me molesté en mandarle el siguiente comentario:
¿Quién se lo decía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Quién se lo decía? ¿Y tú me lo preguntas?
Teoría, ¡eras tú!

29/12/2008 10:35 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencio

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Posibilidades del anacronismo: Ver a Picasso como el primer y mítico pintor de la Humanidad que generosamente proporciona modelos a todos sus descendientes, desde los primitivos africanos a los bohemios de principio de siglo, pasando por los clásicos griegos y los pompiers decimonónicos. Pensar que la torpeza de Manet tiene su culminación en la obra de Velázquez. O que los pre-rafaelistas son anteriores e incluso posteriores a Rafael. 

 

20/12/2008 12:15 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencio

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Sólo vemos lo que se mueve. Mantenerse inmóvil es mantenerse oculto. Y la pintura se mantiene inmóvil. Es más, inmoviliza todo lo que toca. 

 

20/12/2008 12:07 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Albarracín

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Estuve en Albarracín dando unos talleres de ilustración. Antón Castro, el coordinador, nos pidió un texto sobre la experiencia. Escribí los textos que siguen pero nunca se publicaron.

Aprovecho para hacerlo aquí, ilustrados por Constanza Cano Henn.

 

17/12/2008 19:23 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Los niños de los Montes Universales

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Los niños de los Montes Universales viven en pueblos pequeños y apartados. Para poder llegar al taller literario que les han organizado en Albarracín, han tenido que madrugar mucho y se les nota. Están dormidicos. El monitor intenta despertarles diciéndoles que vamos a cocinar un cuento. Los niños de los Montes Universales le miran como si hubiera dicho: Vamos a meter un libro en el horno y sacaremos un bizcocho. Desperezándose y bostezando, algunos niños van nombrando personajes sin saber muy bien para qué. Un tigre, una perdiz, un caracol... Ningún niño de los Montes Universales dice un pokemon ni un pikachu. Uno dice un exterminador un exterminador un exterminador un exterminador... Además de agresivo, es un niño muy pesado.

Llega la hora del almuerzo y los niños de los Montes Universales sacan unos bocadillos enormes que se comen ansiosos mientras juegan.

Los niños de los Montes Universales vuelven a clase hechos unos fieras y se comen crudos a todos los personajes que aparecían en su cuento. 

 

17/12/2008 19:20 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Una niña

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Entre los niños de los Montes Universales hay una niña pequeña y regordeta con flequillo y sin dientes, con camiseta roja y chaqueta amarilla. No sé por qué, pero todos nos fijamos en ella. Coge una barra de pegamento y el profesor le dice: “Toma ésta otra”. Ella protesta: “Sí, claro, la gastada”. El profesor le dice: “Pues devuélvemela”. “Ah, no”, dice la niña, que se llama Sofía. 

 

17/12/2008 19:19 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Los niños del bosque encantado

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Asisto a unos encuentros sobre literatura infantil y juvenil en Albarracín. Esta mañana he decidido hacer pirola e ir en busca del bosque encantado. Al llegar al sendero que conduce al bosque, veo que se me ha adelantado un colegio. ¿De dónde salen tantos niños en este pueblo? Los niños y los maestros caminan con parsimonia en una fila india interminable. Decido seguir por la carretera y dar un rodeo para adelantarles. Esta mañana he decidido hacer pirola.

 

17/12/2008 19:18 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

El hijo de Alberto Serrano

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El hijo de Alberto Serrano es igualico que su padre. Alberto Serrano es un hombre grande con gafas y barba. El hijo de Alberto Serrano no lleva gafas ni barba pero es igualico que su padre. Alberto Serrano ha venido para hablar de dragones. El hijo de Alberto Serrano ha venido para hablar de su padre. El hijo de Alberto Serrano dice: “Cuando mi padre habla por la tele se pone tan serio que parece un catedrático de universidad”. Y lo dice tan serio que parece un catedrático de instituto. 

 

17/12/2008 19:18 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Los niños de los títeres

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Esta noche hay sesión de títeres en el Molino del gato. Algunos niños ocupan las primeras filas un poco nerviosos. Un señor golpea dos maderas como si fuera el tic-tac de un reloj. Se enciende un foco y aparece un ahorcado. Una señora se tropieza con él y grita aterrorizada. Los niños se tapan los oídos aterrorizados. La señora mira atentamente al ahorcado y se enamora de la forma más tonta. Los niños no saben si reir o llorar. 

 

17/12/2008 19:17 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Las niñas de Cálamo

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Isabel y Paco Cálamo han venido a los encuentros de Albarracín con sus niñas. Son rubias y delgadas. Una es la mayor y otra, la pequeña. Mientras los mayores hablan de literatura infantil, las niñas de Cálamo dibujan sin parar. Otras veces se levantan y van y vienen no se sabe a dónde.

Cuando su madre sube al estrado de los oradores, la niña pequeña de Cálamo se sienta debajo de la mesa entre sus piernas hasta que termina.

La niña mayor de Cálamo organiza una exposición con sus dibujos. Aunque son muy bonitos, tiene que explicárselos pacientemente a los especialistas en literatura infantil que no entienden nada. 

 

17/12/2008 19:14 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

El niño que todos llevamos dentro

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Durante los encuentros de literatura infantil y juvenil, hemos hecho lo posible y lo imposible para que saliera el niño que todos llevamos dentro. El mío, por cierto, se llama Pepe. Es curioso: el niño que todos llevamos dentro sólo sale cuando estamos trabajando. Habría sido bonito que hubiesen salido los niños que todos llevamos dentro y se hubiesen puesto a jugar al corro. O a médicos. Hemos hecho lo posible y lo imposible, ya digo, para que saliesen los niños que todos llevamos dentro: contar cuentos, cantar canciones, hacer novillos, gastar bromas, ver títeres... Pero, en cuanto se asomaban los niños que todos llevamos dentro, aparecía la economía de mercado, la política comercial de las grandes editoriales y las normas presuntamente obligatorias de lo políticamente correcto y no había nada que hacer.

Por fin llegó un hada buena en nuestra ayuda, pero no una cursi de esas de capirote con una varita mágica en la mano, no, un hada de pelo blanco con una muleta en una mano y un güisqui en la otra: El hada Matute, nada menos. El hada Matute dijo: “He sufrido mucho”. Y nos acongojó. Y dijo: “La patria del hombre es la cama”. Y nos encandiló. Después nos contó el sueño de los cosacos: “Yo soy un joven cosaco que cabalga el último de una larga fila de cosacos. En cabeza cabalga el patriarca de los cosacos con un gran mostacho. De pronto se para y hace un gesto así, un gesto precioso que me encanta, y nos paramos todos. Acampamos en círculo alrededor de un gran fuego apoyados en las sillas de montar. Entonces empiezan a cantar los cosacos y, señores, ¡cómo cantan los cosacos! Empiezo a entrar en el sueño con los cosacos y ¡qué maravilla, señores, entrar en el sueño con los cosacos!”

Los niños que todos llevamos dentro han empezado a salir emocionados y se dirigen trotando hacia el sueño del hada Matute. Entonces se oye una gran algarabía en la escalera y los niños que todos llevamos dentro gritan jubilosos: “¡¡Los cosacos, los cosacos!!” Pero no son los cosacos: son las niñas de primera comunión de Albarracín que vienen a que el hada Matute les firme sus cuentos. Los niños que todos llevamos dentro hacen ¡plop! muy cortados y desaparecen. El hada Matute tiene un golpe de tos y Antón Pirulero le ofrece un vaso de agua. El hada Matute se indigna: “¡¡Agua, nunca!!”

–“¿Y un poquito de güisqui?”

–“Tampoco es eso.”

 

17/12/2008 19:12 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Vanguardia

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Dije: “Los artistas se adelantan a su tiempo. Manzoni expuso botes con “Mierda del artista”, hace treinta años, y hoy he visto por televisión el anuncio de una muñeca que caga”. El público se ofendió; no por mis ordinarieces escatológicas sino por la pretensión de que yo, como artista, fuera por delante de ellos. 

 

16/12/2008 18:16 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Cuarte de Huerva

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Hace unos años, en calidad de vecino de Cuarte, me pidieron redactar el pregón de las fiestas patronales. Lo publicaron en el programa de actos pero no me invitaron a leerlo. Quizás fue mejor así.

Cuando conocí Cuarte de Huerva, hace casi cuarenta años, era un pueblo viejo y silencioso, replegado sobre sí mismo en la ladera del monte, y rodeado de una fértil huerta. El destino de nuestro grupo de boy scouts –domingo tras domingo, verano tras verano– eran los frondosos sotos que se extendían por la ribera del Huerva, y a cuya sombra acampábamos, muchas veces durante todo el fin de semana. Allí nos bañábamos en las pocetas del río, en unas aguas frías y claras por las que veíamos pasar pequeños grupos de barbos, o subíamos hasta la cueva que había a la entrada del barranco y espantábamos a los cientos de murciélagos que se arracimaban en el techo. Nosotros, niños de ciudad, pudimos disfrutrar de la naturaleza más asilvestrada a una hora de marcha, tan sólo, de Zaragoza.

Ahora Cuarte es otra cosa. Es un pueblo rejuvenecido y rico que dejó de replegarse en sí mismo para abrirse al mundo con todas sus consecuencias. La industria ha vaciado sus calles de tipismo para llenarlas de sucursales bancarias, de voces con distintos acentos y pieles de distintos y exóticos tonos. La vitalidad de su recobrada juventud nos abruma un poco a los mayores. Esa mezcolanza palpitante de bloques de viviendas, naves industriales, parcelas remozadas y retazos de huerta; esas obras omnipresentes por todos lados, esas calles levantadas y vueltas a levantar incansable e incesantemente; la insólita convivencia entre el ritmo pausado de los peatones y el tráfico incesante de coches y camiones; esa proliferación de polideportivos, casas de cultura, plazas de toros; esa piscina aupada encima de un monte o ese monte desaparecido bajo las excavadoras de la fábrica de cemento; todo ese frenesí se parece mucho al frenesí de los cochecitos teledirigidos que giran y giran frente a mí terraza o al de los quinceañeros que suben y bajan a lomos de sus todoterreno.

Estoy seguro de que con tanta energía y tanta riqueza este pueblo puede llegar a ser tan bueno como el que más, a nada que se lo proponga y se sosiegue un poco. Medios no le faltan.

Pero, permítanme que yo, que desde hace doce años trabajo muy a gusto en mi taller de Cuarte, compartiendo con sus vecinos el asombro ante tanta metamorfosis y tantas expectativas, permítanme, digo, que siga cultivando la añoranza por aquel viejo Cuarte, verdadero paraíso perdido de mi perdida infancia.

Y mientras desde el monte repaso mis mejores recuerdos, diviértanse ustedes que estamos en fiestas.

 

16/12/2008 18:08 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Punto y aparte

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A Marcel Duchamp le corresponde el mérito de haber realizado la crítica más demoledora del arte con el mínimo esfuerzo. Prescindió a la vez de la práctica y de la teoría. Su riguroso silencio aun resuena en nuestros oídos revelando lo que oculta: la risa contenida.

Hagamos una pausa en el engorroso asunto que llevamos entre manos para acercarnos a su famoso urinario (auténtico punto y aparte, a su vez, en la historia del arte), más por curiosidad intelectual que por necesidad fisiológica.

Ya es sabido: Duchamp presentó un urinario, firmado R. Mutt, a la primera exposición de la Society of Independent Artist en 1917, con el título Fontaine, y no fue admitido.

La mayoría de la crítica, al hablar de la Fontaine, se centra en el concepto ready-made obviando discretamente el chiste (de sal gruesa, se dice eufemísticamente) que propone su título. J. A. Ramírez, en su espléndido trabajo “Duchamp, el amor y la muerte, incluso”, nos informa de un texto que Duchamp incluyó en la tarjeta de su exposición en la Galería Paul Guillaume: “Prohibido orinar en la galería”, de donde deduce, lógicamente, “la imposibilidad para Duchamp de olvidar la función habitual de ese objeto cuando decidió enviarlo a la Exposición de los Independientes convertido en Fuente.”[1]

Osea que, además de exponer un urinario como obra de arte, nos recalca cual es su uso, al tiempo que nos prohibe utilizarlo. El arte no es útil.

La reacción normal de cualquier persona decente sería transgredir la prohibición del provocador: Más nos valdría no haberlo hecho. La posición del urinario, girado 90º respecto a su posición habitual, hace que “el hipotético usuario...reciba “devuelta” su propia orina, como cascada en sentido inverso, a través del agujero por donde normalmente entra el agua que limpia el urinario.”[2]

Lo cual justifica cualquier tipo de precaución crítica ante semejante artefacto. El urinario de Duchamp es una auténtica Fontaine de problemas para la crítica y el arte.

Duchamp no teoriza –recordemos su proverbial desdén por la tesis– y evita los manifiestos: “Se trataba de no hacer otro manifiesto de una nueva pintura.”[3]

La ventaja que tienen los objetos sobre las palabras es precisamente su silencio. Su poder seductor proviene de esta cualidad (“Y yo, con mi silencio, te enamoraba”, canta el Lebrijano). La mera presencia del urinario en una exposición supone una crítica radical a todos los conceptos sobre arte que existían hasta entonces. Pero, al mismo tiempo, esa presencia muda, esa impasibilidad del objeto, su absoluta falta de argumentación, nos seduce hasta tal punto que el urinario acaba convirtiéndose en un mito de la modernidad.

De ahí la generalizada opinión entre los neovanguardistas de que es preferible crear un objeto que genere ideas  a tener una idea que pueda generar objetos.

Es oportuno recordarlo pues Duchamp, al vaciar de sentido la creatividad artística, al poner en evidencia tanto el concepto de “genialidad” como el de “oficio”, propicia que sean los teóricos quienes pretendan llenar ese vacío. No se dan por enterados de que la Fontaine pone en cuestión tanto la práctica como la teoría. Si la práctica artística desaparece por el sumidero del urinario, parecen pensar, será la teoría quien guíe al arte hacia el futuro.

Como denuncia Tom Wolfe –otro humorista–, serán los críticos Greenberg, Rosenberg y Steinberg quienes pasen a la historia, quedando Pollock, Newman o Johns como meros ilustradores de sus Palabras.[4] . Que los artistas intenten recuperar terreno erigiéndose en teorizadores de su propia obra sólo lleva, en la mayoría de los casos, a rebajar el nivel intelectual del debate artístico.

El urinario de Duchamp es la respuesta lógica a los problemas planteados por los filósofos sobre la subjetividad estética y artística desde que Kant dijera algo así como que “para gustos están los colores”. El urinario es su reducción al absurdo. Tiene vocación de punto final : ”El arte ha sido pensado hasta el fin y se disuelve en la nada”, explica el propio Duchamp.

¿Se puede tomar en serio a un humorista? “Yo he interpretado mi papel de bufón artístico”[5] . Sólo a los bufones se les permite decir la verdad, precisamente porque nadie les toma en serio. Aparentemente, ni siquiera el propio Duchamp se tomaba en serio. Sus veinte años trabajando clandestinamente en su “Etant donné” lo prueban. ¿O prueban todo lo contrario? Podemos pensar que suscribió el acta de defunción del arte para transgredirla o que trabajó en “Etant donné” sin ninguna pretensión artística. Ambas hipótesis resultan modélicas.

Esa capacidad del arte para estar por encima de los conceptos filosóficos le permite también, al parecer, estar por encima de los conceptos artísticos.

Por el sumidero del urinario se van todos los conceptos artísticos existentes. Podríamos decir que por ese sumidero se nos ha caído el alma a los pies. ¿Qué nos queda?

El cuerpo, nos repite insistentemente Duchamp aunque sea de esa forma suya un tanto necrófila. O Roland Barthes, tratando de hacer

un discurso que no se ennuncie en nombre de la ley y/o la violencia; cuya instancia no sea ni política, ni religiosa, ni científica; que sea de algún modo el resto y el suplemento de todos estos enunciados. ¿Cómo llamaremos ese discurso? erótico, sin duda, pues tiene que ver con el goce; o quizá también : estético, si se prevé hacer sufrir a esa vieja categoría una ligera torsión que la aleje de su fondo regresivo, idealista y la aproxime al cuerpo, a la deriva.[6]

 

Por eso precisamente, la Fontaine no es un punto final sino un punto y aparte : Tendremos arte mientras el cuerpo aguante.

 



[1]Ramírez, J. A., Duchamp, el amor y la muerte, incluso, Siruela, Madrid, 1993, p. 56

[2] Ramirez, J. A., op. cit., p. 56

[3] Cabanne, Pierre, Conversaciones con Marcel Duchamp, Anagrama, Barcelona, 1972, p. 62

[4] Wolfe, Tom, La palabra pintada, Anagrama (1º edición 1976 - 2º edición 1982), Barcelona, p. 135

[5] Cabanne, Pierre, op. cit., p.144

[6] Barthes, Roland,citado por José María Valverde en su Breve historia y antología de la estética, Ariel, Barcelona, 1990, p. 250

04/12/2008 16:43 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

ocurrencio

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Me consideraba un bicho raro porque me resultaba más fácil entender el Tao que el Tae pero, gracias a la crisis, veo que le puede pasar a cualquiera.

 

03/12/2008 21:15 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

San Preciso

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Considera, alma cándida, que te tienes que morir, que desde el instante mismo de tu nacimiento emprendiste el camino hacia la muerte y advierte que, algunos de quienes te precedieron en tan riguroso trance, supo hacer de la necesidad virtud quedando en la memoria de los hombres por el mero hecho de sucumbir a esta ley inexorable. Así, por ejemplo, nuestro nunca bien ponderado Juan de Lanuza. Así el santo a cuya advocación nos acogemos hoy que alcanzó, junto a la inmortalidad, la gloria de los altares sin otros méritos conocidos. Matando, podríamos decir, dos pájaros de un tiro. (O tres, si le contamos a él).

Este trabajito figuraba en el libro "Santos sin devoción" editado por el Foro de Diseño.

 

 

03/12/2008 12:06 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencio

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La lectura de Baudrillard y ciertas noticias de actualidad en aquel momento, me llevaron a escribir esto, hace ya unos años:

La capacidad de simulacro de la anti-ciencia puede vencer en capacidad simuladora a la propia ciencia. Pese al dictamen de los científicos sobre la falsedad de la Sábana Santa de Turín, la reliquia se sigue adorando como verdadera. No sólo eso. Si la ciencia dictamina que la reliquia es falsa, se cuestiona a la propia ciencia otorgando poderes sobrenaturales a la reliquia: Quién la visite en determinadas fechas será perdonado del “pecado de aborto” por simple decisión del obispo de la ciudad que la custodia. Al mismo tiempo, la Iglesia no se pronuncia sobre la autenticidad o no del Sudario. Esa posibilidad de que un objeto falso, un simulacro, ostente poderes sobrenaturales con plena conciencia del juego y el artificio, excede todo cuanto pueda hacer el arte en el mismo sentido. 

 

 

03/12/2008 11:06 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

ocurrencio

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Los herederos de las vanguardias sustituyen los signos de interjección que erizaban los viejos manifiestos, por signos de interrogación. 

La obra es de Frank Stella.

 

03/12/2008 10:57 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

"Chinoiseries"

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Quizás recuerden (porque es la página más visitada) que ilustré "Churretes y viejos" con una pintura de Zhu Da. ¿A qué fin?

Bueno. El artículo hablaba de la libertad que alcanzan algunos viejos pintores. Un día leí, quizás a George Rowley, que los pintores informalistas se reclaman herederos de los pintores chinos tradicionales cuando lo que hacen es todo lo contrario: Los informalistas basan su trabajo en la gestualidad pulsional inconsciente mientras que los chinos pintaban con la espontaneidad surgida de una rigurosa disciplina. Los chinos controlan y los expresionistas se descontrolan.

Como dijo Pepe Bofarull hablando de Tápies con Vicente Villarrocha: "Sí, pero, de la misma misma China, no es".

Ahora que ando liado con mis propias chinoiseries, lo tengo muy presente.

 

El grabado es de Tápies.

28/11/2008 09:49 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Presentador de libros

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Entre mis variadas actividades, a veces me ha tocado presentar libros o cosas así. Recuerdo que mi primera presentación fue con el gran Daniel Gil, el diseñador de las cubiertas de Alianza. Me dio un ataque de timidez e hice el ridículo más espantoso. De fracaso en fracaso llegué a ponerme de moda como presentador durante dos temporadas. La moda siempre es efímera pero creo que algo contribuí con mi particular sentido del humor.

Una vez, por ejemplo y porque no sé decir que no, presenté un librito infantil titulado “A soñar con los angelitos”, editado por La batidora de Ideas. El público no era el habitual en estos casos. Era la clase de público que esperarías encontrarte en un retiro del Opus Dei. Al empezar a leer, me sentía como Guillermo Brown en el cumpleaños de Humbertito Lane. Al acabar, mucho peor. Perpetrado el chandrío, puse pies en polvorosa con la dignidad de un proscrito.

El texto decía así:

 

A soñar con los angelitos es un buen libro para niños.

Casi no tendría nada más que añadir si no fuera por el subtítulo: Cuento para aprender a dormir.

¡No señor! Aquí Miguel Ángel se equivoca. O nos quiere despistar.

Los cuentos infantiles siempre son cuentos para NO dormir. Este es un buen cuento infantil porque es un cuento para no dormir como voy a demostrar ahora mismo.

Dice: Si los niños se duermen pronto… Esto ya te pone en guardia. O sea, a ningún niño le gusta dormirse pronto. Aquí ya hay un chantaje o algo. De momento, hay que estar muy despierto para ver que pasa.

 

Sigue: Vienen los angelitos y se los llevan. Ya está. Vienen los angelitos y se los llevan. Dios mío. Yo pasé mi infancia aterrorizado por mi ángel de la guarda. Me daba mucho miedo que alguien me siguiese. Si, además, era invisible, ni te cuento. Si era invisible, podía ser tres cosas: un fantasma, un ángel o un demonio. Decían que los fantasmas no existen pero los ángeles y los diablos, sí. Los diablos podían acercarse de vez en cuando para tentarte con polos de fresa o ganas de hacer pirola. Pero el ángel de la guarda estaba siempre detrás de ti. No había duda. Las mismas personas que te decían que los fantasmas no existen, te aseguraban que te seguía continuamente el ángel de la guarda: tu abuela, tu madre, tu monja… Había una lámina muy famosa que quizás recuerden. Un ángel de la guarda perseguía a su niño con tal determinación que el pobre corría a arrojarse por un precipicio. Parecía un invitación al suicidio infantil.

Está bien, pues “…vienen los angelitos y se los llevan”.

 

Pero, ojo, se los llevan volando a las nubes. Esto, para los niños que tenemos vértigo es fascinante. O sea, no se los llevan a una torre muy alta o a una montaña o a algo en lo que por lo menos puedan tener los pies apoyados en algo sólido, no: se los llevan a las nubes.

Y en las nubes, los angelitos les enseñan a saltar. Encima. Pegando saltos encima de las nubes. La lámina del precipicio es un juego de niños comparada con esto. Saltando en las nubes… ¿A qué fin? Es como cuando en las películas de terror, la protagonista sale de su cuarto a ver que pasa y baja hasta el sótano que no tiene otra salida que la trampilla que…

A ver, que me pierdo.

 

Y saltan tanto, que de las nubes caen gotas. Bueno, vale. Entonces, un poco más abajo, Miguel Ángel añade: Y eso es la lluvia. Ya. Y nos lo vamos a creer. Ese truco también me lo conozco. Sueñas que estás saltando encima de una nube y que llueve y lo que pasa es que te estás meando en la cama. Con el miedo que está pasando, ¿qué otra cosa puede hacer la criaturica?

 

Cuando llueve crecen los árboles. No sean mal pensados. Esta vez los árboles son los árboles. Lo que pasa es que cuando andas metido en estas aventuras y te pierdes por la noche en un bosque, los árboles tienen caras en el tronco, como los monstruos que descubrían los viajeros de la Edad Media, y las ramas son brazos que te quieren agarrar.

 

Y crece, crece y crece la hierba. Ver crecer la hierba presupone un estado de conciencia fuera de lo normal. No nos vamos a detener en esto para no liarnos. En fin, Alicia en el País de las Maravillas sabía algo al respecto.

 

Y la hierba se la comen las vacas. Por fin nos encontramos con un animal simpático y entrañable que parece anunciar un final feliz. Menos mal.

Pero, en la página siguiente, dice: …que se ponen muy gordas. Y pasamos página y remacha: Tan gordas, tan gordas que ya no caben en este cuento. Otra vez Alicia, otra vez esos estados alterados de conciencia. La vaca, además, tiene un aspecto de colcha que tira de espaldas. Recuerdo perfectamente mis noches infantiles con 39 de fiebre, cuando los dibujos de la colcha y la colcha entera crecían y crecían hasta hundirme en el colchón de lana y después menguaban hasta que casi no se veían y volvían a crecer y volvían a menguar… Parece muy bonito pero era terrorífico.

 

La vaca nos ha llevado a otro aspecto del libro que es muy interesante. El uso de textiles en las ilustraciones. Que la vaca sea una colcha y los angelitos estén bordados en la almohada refuerza la potencia de la pesadilla. Aunque el niño se despierte, seguirá inmerso en ella. Es una idea diabólica. Todo un hallazgo. Yo creo que este libro, al que auguro un gran éxito, se vendería mucho mejor acompañado de un juego de cama como el que le hizo a Daniel su abuelita, con tanto cariño. Es una idea que aporto desinteresadamente a la Batidora.

 

Bien, quizás haya exagerado un poco en mi propósito de defender la tesis de que este es un libro para no dormir, al contrario de lo que indica su subtítulo. Pero tengo pruebas que avalan mi teoría. Mi nieta no se ha dormida nunca con él. Se pasa horas y horas hojeándolo en busca de la vaca y no se duerme. También es verdad que no se duerme ni con este libro ni con nada.

 

 

24/11/2008 10:18 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

ocurrencio

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A los 16 años descubrí las películas japonesas en los cines de arte y ensayo. Un día, fascinado por aquella estética, llegué a casa y les dije a mis padres: “De mayor quiero ser japonés”. No me hicieron ni caso.

Ayer me vi en los espejos de la clase de Tai Chi y pensé: “Aún puede que lo consiga”. 

 

21/11/2008 17:15 José Luis Cano #. Textos Hay 2 comentarios.

HABLAR POR NO CALLAR

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El siguiente texto lo preparé para un congreso o encuentro sobre Historia de la Ciencia que se celebró en la Universidad de Verano de Jaca. Yo iba como divulgador. Los congresistas se rieron mucho con mi intervención pero se negaron a incluirla en las Actas correspondientes. Dice así:

 

Si de vez en cuando hiciera caso al sensato y conocido consejo de Wittgenstein y no hablase de lo que desconozco, otro gallo callaría.

¿Qué hago yo hablando de Cajal? De Cajal o de cualquier otro tema, si a eso vamos. A nivel filosófico wittgensteriano, debería desaparecer de las páginas de opinión, ya. Me pierde que no sé decir que no.

 

A/ Sí sé que de joven me enseñaron a dibujar y a pintar. Y los fundamentos del sistema diédrico-ortogonal. Casi todo lo demás lo aprendí por mi cuenta. Así me ha ido. Pasé mi juventud obsesionado por estar a la vanguardia y llegando tarde a todas partes. Al estudio de la semiótica, sin ir más lejos. ¡Qué esfuerzos por descifrar la famosa estructura ausente hasta que empecé a sospechar que sólo era una magnífica colección de perogrulladas! En cualquier caso, yo también soy capaz de sacarle pelos a una calavera. Recuerdo un gráfico que me pareció muy útil para mi trabajo:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la B a la Y, de la C a la Z... No consigo dibujarlas aquí.)

Que, según Eco, quiere decir lo siguiente: "...las líneas horizontales constituyen los ejes semánticos y las correlaciones verticales constituyen parejas connotativas fijas... En el momento en que deseo designar la unidad cultural "A", para sorprender al oyente y obligarle a prestar atención al mensaje, puedo nombrar a /B/ en su lugar, o /K/. Esta sustitución constituye un ejemplo de metáfora."

Tan sencilla explicación hizo que recordara el gráfico ligeramente modificado. Más o menos, así:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la A a la Y, de la A a la Z... Sigo sin poder dibujarlas aquí.)

Y como tengo muy poca capacidad para el pensamiento abstracto, suplí el gráfico por la imagen de un indio motilón en equilibrio inestable sobre un tronco, lanzando su arpón a las procelosas aguas del Amazonas con más intuición que puntería. Digamos que, en mi particular traducción de Eco, /A/ es el indio motilón  o el tronco desde el que pesca o las dos cosas a la vez (ya puestos en el salvaje Amazonas, tiremos el rigor académico por la borda); las flechitas del gráfico son sus instrumentos de caza y pesca y las letras del eje semántico inferior, las pirañas. En la elaboración de la bucólica escena he prescindido, por la propia lógica de la composición, de B, C y demás letras que componen el eje semántico superior. A estas alturas, el rigor académico debe de estar ya cerca de la desembocadura del río. Sólo falta saber para qué quiere uno la piraña y confiar en la intuición, la experiencia y la buena suerte.

 

B/ En otro libro, El orden oculto del arte, el profesor Anton Ehrenzweig sostiene la teoría de que los mitos fundamentales, el de la Diosa Madre y el Hijo autoinmolado, sobre todo, son elaboradas imágenes de los procesos creativos de la mente humana. No me extrañaría nada. Si yo, sin cortarme un pelo, convierto el mecanismo semántico de la metáfora en un indio motilón, del Hijo inmolado y resucitado podemos deducir el carácter maniaco-depresivo de la actividad creadora tan ricamente.

Eso sí, me da que pensar el hecho de que el autor de tan fascinante teoría no aparezca citado por nadie en ninguna parte.

 

C/ Cuando no hace mucho me interesé por la obra de Cajal, para hacer el librico correspondiente de la colección sobre aragoneses ilustres que llevo entre manos, descubrí con lamentable retraso su Teoría Neurotrópica y sus estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso. Cajal afirma que todos podemos ser ESCULTORES de nuestro cerebro gracias a lo que hoy se denomina plasticidad neural. Me pareció una afirmación tan sorprendente como la teoría sobre los mitos de Ehrenzweig. Descubrí que la capacidad intelectual de nuestro cerebro está más relacionada con las sinapsis que se producen entre neuronas que con el número de éstas que lo componen; que las neuronas son capaces de desarrollar nuevas dendritas en determinadas circunstancias, lo que incrementa la posibilidad de que se produzcan más sinapsis; que los axones se desarrollan en los embriones a partir de una estructura a la que Cajal denominó "cono de crecimiento" y que explica así: "Desde el punto de vista funcional puede decirse que el cono de crecimiento es una especie de maza o ariete, dotado de una sensibilidad química extraordinaria, y de cierta fuerza de impulso que le permite desviarse o salvar los obstáculos que surgen en su trayecto hasta llegar a su destino". Al leer este párrafo reconocí, entre la maraña neuronal en la que andaba metido, al indio que llevo dentro. Mis imágenes míticas de andar por casa acababan de plasmarse en una realidad neuronal -me parece exagerado decir de carne y hueso-. Había encontrado, pues, una inesperada correspondencia entre las letras del gráfico de Eco, el indio motilón y mis propias neuronas o entre las flechitas del gráfico, las del pescador y los impulsos de axones y dendritas en busca de la sinapsis específica...

 

No sé si semejantes elucubraciones tienen algún sentido científico, pero a mí me sirven. No me puedo imaginar nada más subjetivo que una sinapsis. Igual me equivoco... En cualquier caso, les remito al título que encabeza estas líneas.

 

 

 

 

21/11/2008 10:25 José Luis Cano #. Textos Hay 1 comentario.

Otra historia real

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Esta es la historia que más veces le oí contar a mi padre.

 

LOURDES

 

18 de julio de 1936. Los Exploradores de Zaragoza están acampados en Ordesa. El jefe de campamento es un holandés afincado en Zaragoza, directivo de la fábrica de Lejías Conejo, al que todos llaman Señor Tim (de Timmerman).

Tras los primeros momentos de desconcierto, se enteran de que Zaragoza es “zona nacional” y Ordesa, “zona roja”. Las autoridades republicanas deciden retener a todos hasta ver que se hace con ellos. Los milicianos montan guardia para que no se marchen. Desde ese momento, el juego favorito de los acampados consiste en burlar su vigilancia. Algunos proyectan arriesgadas fugas. La mayoría sale a robar patatas por los campos cercanos. Un día vuelve de Torla el Señor Tim: “Yo también colaboro con la causa”, dice sacando un chorizo de Pamplona de su pantalón.

Pasan las semanas, llegan los primeros fríos y la situación empieza a ser insostenible. Gracias a la intervención de la Cruz Roja, viajan de Ordesa a Barcelona. Se alojan en un convento. Durante los días que permanecen en Barcelona se encargan de realizar diversos trabajos. Mi padre, por ejemplo, con 16 años, actúa de portero en una asamblea del POUM: “Compañero, hay que dejar la pistola en esta mesa antes de entrar al salón”. Algunos se rebrincan. Al final tiene sobre la mesa un verdadero arsenal.

Viajan a Marsella en barco. Llegan de noche y se alojan en un hospital. Pasan entre las camas de los enfermos que los miran de forma inquietante. Por la mañana descubren que están en un manicomio. Uno de los internos barre incansable una única baldosa, procurando no salirse.

Los llevan a Lourdes y se alojan en un convento de monjas. Ejercen funciones de camilleros. Llevan a los enfermos a las piscinas y a las procesiones. Ave, ave, ave María….Cuando las monjas no les ven, conducen las camillas y las sillas de ruedas cono patinetes. Algunos enfermos acaban estozolados. Ayudan a entrar a los enfermos en las piscinas de agua bendita. Hay unas bolsas con dos asas para bañar a los peregrinos que no tienen brazos ni piernas.

Empiezan a sentirse vigilados cada vez que salen de paseo. Un buen día, rodean al espía republicano que les sigue con ánimo de escarmentarlo. Pero descubren que su enemigo es una buena persona y deciden dejarse espiar para que el hombre no tenga problemas con sus jefes. A veces bajan a avisarle: “Que hoy no vamos a salir”. Otras veces le engañan.

Llega el crudo invierno y con él las memorables nevadas y las batallas con bolas de nieve. Aprenden francés y se ponen motes que conservan toda la vida: “El Hanchis”, un chico de grandes caderas; “Petitón” (petit homme), otro demasiado bajito…(No sé si aprendieron francés con las francesas porque mi padre era muy reservado en esos asuntos. Sólo hablaba de las monjas).

Por fin, tras nueve meses, acaban las mejores y más largas vacaciones de su vida y vuelven a Zaragoza.

Más tarde se enteran de que han sido canjeados por una compañía de revistas ,“Las naranjas de la China”, que había visto interrumpida su gira en Zaragoza, precisamente. Al parecer, la primera vedette de la compañía era amante de un conseller de la Generalitat.

 

Algunos antiguos exploradores dan con ella en los 80 o los 90 y se desplazan a Madrid para conocerla. Ella les recibe abrazándoles emocionada: “¡Hijos míos!”.

 

 

19/11/2008 10:39 José Luis Cano #. Textos Hay 8 comentarios.

Una historia real

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Celedonio Cañas era un buen alfarero. Sus botijos eran famosos en toda la comarca.

Celedonio tenía una hija, la Marisica, una niña tan delgada tan delgada que parecía de mentiras. Tan  delgada tan delgada era la Marisica que un día se murió.

Le pusieron el vestido de primera comunión, aunque le venía un poco corto y se le veían las garrillas, y todas sus amiguitas fueron a verla con un poco de miedo y un poco de envidia.

Tras el entierro, Celedonio, sólo y triste, siguió haciendo botijos para toda la comarca.

Un día le pareció ver a la Marisica por el pasillo de su casa. El pobre Celedonio pasó una noche fatal, con una pena muy grande en la boca del estómago, soñando con su hija. Al levantarse por la mañana, se la encontró revoloteando sobre la balsa de agua como una libélula a cámara lenta. “¡Hija mía!’, dijo Celedonio.

La Marisica no dijo nada pero, en una de las vueltas, le alargó un papelito y, a la vuelta siguiente, empezó a esfumarse hasta que desapareció.

Celedonio, emocionado, se limpiaba los mocos con el papel de Marisica.

Cuando se serenó un poco, vio que el papel estaba lleno de letras y números que no comprendía. Decidió visitar al maestro. El maestro miró el papel detenidamente, con un poco de aprensión, y dijo: “Esto debe ser una fórmula”. Le pidió a Celedonio que se lo dejara y a los dos días se presentó en el alfar anunciando: “Su hija de usted le ha proporcionado la fórmula de una piedra esméril que revolucionará el mercado”. Celedonio exclamó:”¡Hija mía de mi vida y de mi corazón!” “Necesitaremos dinero”, dijo el maestro. Celedonio se sobresaltó: “¡¿Dinero?!” “¡Dinero, dinero, alma de cántaro!”, respondió el maestro como si estuviese en clase.

Celedonio, aconsejado por el maestro y por un vecino, hipotecó el alfar y se entrampó hasta las cejas.

El maestro, además de pedir un crédito, pidió la excedencia.

Tras muchos trabajos, esfuerzos y sacrificios consiguieron fabricar la piedra esméril. “La llamaremos FERRISA”, dijo el maestro. “¡La piedra FERRISA!”, exclamaba embobado Celedonio.

 

Fue un fracaso.

El maestro volvió a sus clases y Celedonio, que amortizando deudas se había quedado en la calle, acabó trabajando como celador en el Hospital Provincial de Zaragoza.

 

18/11/2008 18:40 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencio

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Hace falta cara para hacer un retrato. 

Este era el retrato del fotógrafo. Se llamaba Jalón Ángel. Bueno, ese es el nombre que se puso para hacer retratos. En realidad se llamaba García.

 

18/11/2008 18:27 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Churretes y viejos

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Mi amigo Pepe Cerdá y yo coincidimos a veces en algunas críticas desde posiciones completamente distintas. Uno de los últimos artículos de su blog me da pie para coincidir, matizar y discrepar de sus irónicos comentarios. No sabe él cómo se lo agradezco.

El artículo se desarrolla a partir de la famosa cúpula de Barceló. ¿Qué decir sin haberla visto? Que una estalactita como Dios manda, tarda miles de años en formarse. ¿Qué se puede hacer en un año? Churretes. La imitación servil de la realidad confirma que las comparaciones son odiosas.

Para Pepe, todo empezó con Pollock y puede que tenga razón. Tampoco Pollock es santo de mi devoción. Su pintura me parece un tanto impostada. Creo que quiso hacer, por otros medios (u ocurrencias, que diría Pepe), lo mismo que había hecho Monet después de pintarse un kilometraje de nenúfares. Lo que no creo es que Pollock fuera el origen del “vale salirse del dibujo”. El responsable fue el viejo Tiziano. Y el Greco, el que impostó sus hallazgos.

La verdadera tradición es la de los viejos “salidos”: Tiziano, Rembrandt, Goya, Monet, Picasso… pintores que vivieron lo suficiente para alcanzar la clarividencia. Se puede argumentar que esa pretendida clarividencia era fruto de sus achaques: vista cansada, pulso tembloroso, demencia senil…

Aquí, señoras y señores, voy a dar un salto mortal por sentirme incapaz de argumentar racionalmente lo que sigue. ¿Y si todo esto tiene algo que ver con lo que leo en la contraportada de La Vanguardia del día 12?

“… cuando en la física cuántica investigas la naturaleza de una partícula elemental, como un electrón, no la encuentras, está vacía. Es decir, que el electrón sólo existe en relación con el sistema de medición y el observador, no es posible observar un sistema sin perturbarlo”.

 

¿Habrá que perder los sentidos para encontrar el sentido? Continuará. 

 

La pintura es de Zhu Da (1626-1705)

14/11/2008 10:21 José Luis Cano #. Textos Hay 5 comentarios.

ocurrencio

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El arte actual vuelve al museo simulando inconformismo y radicalidad y el museo hace la vista gorda. El museo, que tenía vocación de eternidad, intenta ponerse al día. Nada es lo que era. 

La imagen es de Jacques Villeglé.

 

11/11/2008 18:16 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

A todo hay quien gana

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En Zaragoza estamos muy orgullosos de que San Lamberto, tras ser decapitado en las afueras de la ciudad, recogiera su cabeza del suelo y se volviera andando con ella bajo el brazo.

Pero leo en "Iconografía de los Santos aragoneses I", de Wilfredo Rincón y Alfredo Romero, editado por Librería General, que San Félix y Santa Régula fueron decapitados, "tomaron en las manos sus cabezas y fueron a lavarlas a una balsa junto a la fuente de Torrijo y desde allí prosiguieron su camino, guiados por una vaquilla, hasta el vecino monte que servía de límite con Vijuesca, donde, tras ser sepultados, se construyó una ermita para su veneración. Sus cabezas se guardaron en urnas de plata."

Y más: San Frontonio, uno de los innumerables mártires de Zaragoza, también fue decapitado y su cabeza "subió corriente arriba las aguas de los ríos Ebro y Jalón hasta llegar al puente de Épila, y fue recogida por los sacerdotes de la villa, que la guardaron en un relicario de plata".

¿Es, pues, una costumbre aragonesa o se ha practicado en otros lugares?

Que tales cabezas se conformen con una simple urna de plata tras mostrar tanta determinación para decir la última palabra sobre su destino final, dice mucho del genuino carácter aragonés. Si es que existe semejante cosa.

 

 

11/11/2008 10:31 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Niños

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Había un niño que siempre tenía que cargar con su primo pequeño. Encima, un día, tuvo que aguantar que su primo pequeño le dijera: ¡Chorrón, más que chorrón, que quieres ser el jefe!

 

Había un niño que se llamaba Abao. Cuando Gotzilla entraba en clase, todos los niños saludaban diciendo Abaoabaoabaoabao…, hasta que Gotzilla se cabreaba como un mono.

El niño Abao aborrecía este juego.

 

Aquel niño, cuando estaban en corro recitando la lección, mostraba a escondidas las yemas sangrantes de sus dedos.

Sus compañeros, horrorizados, contemplaban los cortes que se había hecho con una cuchilla de afeitar y le recomendaban acudir al botiquín.

- Ya se curarán solas, que son mayorcicas, respondía riéndose por lo bajinis con la suficiencia histérica que le caracterizaba.

 

El niño poeta, cuando el profesor se iba de clase, escribía en la pizarra sorprendentes versos sobre los búcaros de hiel que nos reserva el aciago destino.

El niño poeta gustaba de correr como un loco por los pasillos y estamparse contra la pared.

Aseguraba muy serio que estaba enamorado de una cabra vieja.

 

El niño justiciero mandaba anónimos a sus vecinos advirtiéndoles de que vigilaba su sospechoso comportamiento.

Escribía los mensajes en una cartulina con letra gótica, firmaba con una mano negra y quemaba los bordes para que pareciese pergamino antiguo.

Su padre era hincha del Arenas, club de fútbol. Los domingos que perdía su equipo, tapaba con un paño morado el escudo que presidía el comedor y no hablaba con nadie hasta el martes o el miércoles.

 

El niño mago se pasaba el día haciendo juegos de manos con sus barajas. Su padre trabajaba en el Casino Mercantil. El niño mago no podía extender el brazo izquierdo y lo llevaba siempre doblado. Esa circunstancia parece que hacía más meritoria su habilidad.

 

Había un niño que regalaba muy afectuoso las virutas que producía su sacaminas y se empeñaba en que los otros niños se las guardasen en el plumier. Nunca se supo si era un niño tonto o un cabroncete.

 

Era un niño tan pobre tan pobre que sus padres lo mandaron al campamento de verano con el traje de los domingos.

 

El niño prodigio tenía que cantar en todas las fiestas a las que estaba invitado, el muy imbécil.

 

Parecía un niño normal, hasta que un cura lo humilló en clase revelando a sus compañeros que usaba gafas sin necesidad, por pura coquetería.

 

Otro niño que parecía muy normal se metió cura. No tuvo lo que hay que tener para despedirse en persona de sus amigos y les mandó una carta que sólo consiguió emocionar a sus señoras madres.

 

El niño forofo, al acabar un tormentoso partido, le pegó con un palo al árbitro en la cabeza y el árbitro intentó matarlo. El niño se meó en los pantalones y no volvió a ser forofo de nada.

 

Era un niño raro. En su casa había una habitación llena de vitrinas. En cada vitrina se exhibía, a modo de belén, una escena completa de geypermanes con todo lujo de detalles; un safari, un campamento indio, una batalla de la II Guerra Mundial…

Sólo se podía mirar.

 

El jefe de la banda de los niños veraneantes preparaba los enfrentamientos con la banda de los niños del pueblo, haciéndoles formar: ¡A cubrirse!, gritaba como un militarote.

Y en perfecta formación esperaban a los niños del pueblo que no venían nunca.

 

Otro niño era hijo del diminuto profesor de gimnasia, que era militar y se llamaba Abundio. Aquel niño, pese a todo, no daba ninguna pena.

 

Había un niño muy mimado que se murió.

 

Los niños del colegio rodeaban a la anciana sentada en el suelo de la plaza y le insultaban a voz en grito. La anciana señora se hacía la sorda hasta que, de pronto, se cogía una flema con los dedos y la lanzaba como una centella contra ellos. La leyenda cuenta que siempre acertaba en algún ojo.

 

Un pobre niño vivía con su tío cura. Un día, el pobre niño fue acusado de robarle unas pesetas y los curas del colegio le pegaron una paliza en plan corporativo.

 

El niño cojo tenía las piernas retorcidas y caminaba apoyado en dos gayatas de madera. Como no podía jugar en el recreo, el pobre se sentaba junto a la pared y se entretenía derribando con los bastones a los niños que pasaban ante él.

 

Un curso coincidieron dos niños que no podían salir al recreo por motivos de salud. Solos en clase, ideaban todo tipo de torturas para sus profesores.

 

Una niña muy pequeña dijo un día: “Os voy a contar un cuento. Esto era una Virgen muy presumida y de plexiglás”.

 

 

10/11/2008 15:08 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencio

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En estos tiempos, las provocaciones en el arte son como los trampantojos: Admira la capacidad del artista para crear una ilusión que, en realidad, no engaña a nadie. 

 

07/11/2008 18:06 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Exiliadico I

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Si es cierto, como dijo el otro, que la patria del hombre es su infancia, yo soy un exiliado sin haberme movido de la ciudad.

–“¡Mira éste, como todos!”, apostilla el agudo lector.

Cierto, cierto, pero algunos, al menos, conservan el escenario de sus juegos, el territorio patrio, las señas de identidad, algo... No es mi caso.

 

Fui un niño que vivía en una casa modernista, con bazar de juguetes y todo, que derribaron en cuanto me hice mayor.

Estudié en el colegio de la Consolación y en el de los Hermanos Maristas. Los curas y las monjas vendieron sus respectivos edificios. Ahora son oficinas. El arzobispo vendió o regaló al Opus la iglesia de nuestra parroquia, derribó la de San Juan y San Pedro, cuya torre mudéjar se asomaba a la ventana de mi clase, y cerró La Seo.

Pues que sus puertas me cierra, de mis pasos en la Tierra, responda el clero, no yo.

 

Fui un niño que jugaba en los jardines de la Plaza del Pilar y paseaba el andén central del Paseo Independencia. Que se bañaba en los tres ríos, siguiendo las doctrinas de Heráclito, que hacía excursiones al soto de Doña Sancha, justo por donde pasa la autopista de Barcelona, y a los pinares de Valdegurriana, justo por donde pasa el cuarto cinturón.

Hasta hace poco pensaba que siempre me quedaría el laberinto de las Canteras por estar ubicado en el desierto. Volvía a equivocarme: ahora es un “vertedero controlado” y ha desaparecido bajo la enrona.

Ha desaparecido también el estudio de Rabadán, donde aprendí a pintar, y a punto está de correr la misma suerte el que compartí con mi padre durante muchos años.

No soy un paranoico. Sé que los responsables de tanto progreso no tenían nada contra mí. Estaban, simplemente, ganando dinero.

–“¿Para qué querrían tanto?”

 

–“Pues para ponerse dos colmillos de elefante en la entrada de su dormitorio, oiga”. 

 

Varios años después de escribir esto, sigo sumando: Ha desaparecido Ranillas, donde guisé mi primera paella; ha desaparecido el Náutico, donde fui remero de los 16 a los 21 años; la Escuela de Artes, en la que fui alumno durante 5 años y profesor otros 18, está en avanzado estado de descomposición...

(continuará)

 

03/11/2008 11:06 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Exiliadico II

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No sé si recuerdan: la semana pasada me quedé viendo los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes, ya desmoronados por la política especulativa de nuestros próceres. Me habían dejado la ciudad pelada de referencias infantiles.

Bien, pues como por razones familiares no podía irme de la escombrera zaragozana, pensé salvarme del derribo alejándome lo más posible de aquellas ruinas, no fuera a caer algún cascote y tuviéramos un disgusto. Pegué un corte de mangas al pasado y me encaré arrogante al futuro.

 

Con la ingenuidad que caracterizaba a los jóvenes de antaño, decidí dedicarme a la práctica del arte moderno en lugar de comprar terrenos en Valdespartera. Y como, si te pones, te pones, me subí al tren de las Vanguardias. Al cabo de cierto tiempo me di cuenta de que era como el tren de la bruja: te molían a escobazos y dabas vueltas y vueltas sin llegar a ninguna parte. Yo estaba entusiasmado. Al fin y al cabo, era mi nueva patria.

De la que me tuve que apear porque me mareaba. Se me iba la cabeza. Y es que, en un plisplas, había experimentado con la nueva figuración, el neodadaísmo, el povera, el pop, el op, el surport-surface, el happening, el environement, el agit-prop el mail-art y el land art. Y con lo lúdico, lo lírico, lo crítico, lo críptico, lo político, lo místico, lo esquizofrénico y lo semiótico.

Mi nueva patria era demasiado rápida para un chico de provincias como yo. En fin...

Una vez en tierra de nadie, me dijeron, quizás por consolarme, que aquel enloquecido carrusel, que cada vez giraba más deprisa, era sólo un sucedáneo; que las auténticas Vanguardias habían sido derribadas, hacía muchos años, por la especulación. Vete tú a saber.

 

 

Ahora trabajo y vivo en territorios fronterizos. La sencilla pregunta “¿Profesión?” me pone en un brete. Y sólo me separa del cementerio el tercer cinturón. 

(Ya no. Esto lo escribí hace un tiempo.)

 

03/11/2008 11:05 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencio

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Ventajas del arte conceptual: Pensar mancha menos que pintar.

 

31/10/2008 23:33 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencias

He llegado a una edad en la que puedo permitirme no pintar lo que me da la gana. 

 

31/10/2008 23:30 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

ocurrencias

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La prueba de que el arte es fiel reflejo de la sociedad que lo produce es que, cuando el arte se ríe de sí mismo, el espectador piensa que se está riendo de él. 

 

31/10/2008 23:27 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.

Praxis

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¿Para qué escribí esto?

¡Ah, sí...! Para uno de los Congresos sobre Literatura infantil y juvenil que organiza Rosa Tabernero en Huesca.

 

 

En estas breves líneas intentaré cercar la praxis teóricamente desde distintos puntos de vista, de un modo similar al que utiliza Adorno para cercar al Arte en su Teoría estética, si se me permite la pedantería. Me pasa con ciertos libros como a otros con Ava Gadner: que se la leían de cabo a rabo para poder contarlo.

 

1/ Yo soy pintor. Me formé para serlo. También sé que no he aportado nada sustancial a la pintura, no soy idiota. Cierto crítico alemán acuñó la definición de “pintor suficientemente bueno” para los pintores con interés que no hacen aportaciones decisivas. Ni a eso llego. Pero me considero un pintor aceptable. Estimación tan subjetiva, sin embargo, no ha sido corroborada por el interés de ningún crítico ilustre ni el de ninguna galería solvente. Tal desinterés, da que pensar. Sobre todo, en una forma alternativa de ganarse la vida.

 

2/ Elegí malos tiempos para hacerme pintor. Recientemente visité la exposición Kalos-Atenas en el Palacio de Sástago de Zaragoza y se confirmaron mis peores aprensiones sobre la época en que me tocó ser joven promesa. Confundíamos todo: la modernidad con el amaneramiento, la libertad con la teoría, el tocino con la velocidad… Qué desastre. Semejantes despropósitos, ahora, dan mucho que pensar.

 

3/ ¿Qué pasó? Nos hablaron de la muerte del arte pero no les creímos, teníamos veinte años, éramos eternos. Algo más tarde, algunos filósofos matizaron un poco: el arte no acababa de morirse pero se hacía soluble. La pintura, ni te cuento. Vattimo lo advirtió enumerando incluso los conceptos en los que se disuelve: utopía, kitsch y silencio. Semejante lista da tanto que pensar que escribí una tesis doctoral sobre ella.

 

4/ Siempre he asumido y reivindicado mi carácter esquizoide por partida doble: como artista y como aragonés. En el primer caso, hay numerosos estudios sobre el tema. El más interesante, a mi modo de ver, el de Anton Erhenzweizg, autor que nunca he visto citado en ninguna parte, lo cual también da que pensar. Así mismo, da que pensar el hecho de que los estudiosos estén abandonando el modelo de artista esquizoide por el de artista autista. En este caso, que piensen ellos. No pienso tirar por la borda la elaboración teórica de toda una vida por semejante tontería.

 

5/ En cuanto al esquizoidismo aragonés, también existe algún trabajo al respecto y yo mismo he perpetrado un librito que espero poder publicar algún día. Para el antropólogo Ortiz-Osés, por ejemplo, el aragonés es como una construcción mudéjar hecha de piedra y ladrillo, de dureza y fragilidad. No hay como repasar las vidas y las obras de nuestros genios más ilustres para darse cuenta de qué razón tiene. Incluso Marianico el corto participa de esa dualidad.

 

6/ Mi esquizoidismo de pintor aragonés se exacerba ante la disolución de la pintura. Por lo visto, según Dorfless, es porque sigue existiendo un impulso genético que nos impele a pintar con la misma fuerza que cuando empezamos a hacerlo en las cuevas de Altamira o en las páginas de los libros de texto. El problema es, ¿qué pintar cuando todo ha sido pintado?

Qué agobio, ¿no?

 

7/ De perdidos, al río, al río de la historia del arte, para qué te vas a andar con tonterías. Si ya no puedo ser original, quiero pintar, al mismo tiempo, como un pintor de El Fayum y un calígrafo chino, como un miniaturista medieval y Piero de la Francesca, como Tiziano y Velázquez, como Rembrandt y Vermeer, como Goya e Ingres, como Cèzanne y Van Gogh, como Picasso y Matisse, como Rothko y Jasper Jones, como Anton-i Tápies…

 

8/ En los estertores de las últimas vanguardias, creí que la única posibilidad de cumplir mi sueño era trabajar en la ilustración. No me había enterado aún de que existía la posmodernidad.

En algún momento, la ilustración fue el paraíso del pastiche o así me lo pareció a mí. Hace tiempo, escribí algo sobre este tema en un catálogo para nuestra amiga Ana.

 

9/ Coincidió que en ese momento preciso fui padre. Lo cual da que pensar que te cagas. De ahí mi relación con la literatura infantil y juvenil. Además de aprender de todos los pintores que he citado antes, aprendí de mis hijos.

 

10/ Con el tiempo encontré la manera más adecuada de combinar todos estos elementos: Una colección de biografías de aragoneses más o menos heterodoxos, más o menos heterodoxa. La colección me ha permitido parodiar todos los géneros y todos los estilos. Y lo que te rondaré, morena.

 

11/ Aunque últimamente creo percibir que la pintura ya no puede refugiarse en  la ilustración, mucho más influida ahora por los hallazgos del diseño gráfico o mucho más autónoma gracias a su propio desarrollo y al desarrollo informático. Lo cual me está dando que pensar…

 

28/10/2008 13:19 José Luis Cano #. Textos No hay comentarios. Comentar.


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