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de profesión incierta

Oído en el bus

Oído en el bus

Los actores Laura Gómez-Lacueva, Gema Cruz, David Ardid, Alfonso Pablo, el director Alberto Castrillo y yo mismo como autor, estamos intentando convertir mis conversaciones oídas en el autobús en una obra de teatro que se estrenará el próximo otoño. 

Enterado Heraldo de Aragón, esta mañana nos ha reunido para hacernos una entrevista. Como, de momento, la obra se llama "El 34, Delicias-Cementerio", hemos quedado en el inicio de dicha línea para hacernos la foto correspondiente. No había nadie en la parada. Ha subido el fotógrafo al autobús, le ha explicado al conductor lo que queríamos hacer y le ha pedido permiso para hacernos la foto sentados en el interior. El conductor le ha dicho que no y hemos tenido que fotografiarnos en la acera, con el autobús de fondo. 

Ahora que lo pienso, si hubiésemos pagado el billete, seguro que podríamos haber hecho la foto sin más explicaciones. Pero, con nuestro presupuesto, ¿cómo nos íbamos a permitir semejante gasto?

 

 

Una joven con su móvil

- Digo, sí, esto es una casa, una casa japonesa y dice, "¿Pero qué cojones de casa japonesa? ¿No ves aquí la cara y aquí una falda?" y digo, pues, sí.

 

 

 

Una joven con su móvil

- ¿Te ha llamado Sebas? ¿No tenías una llamada suya? ¡Claro! He visto que me había llamado y he dicho, "pues, no lo cojo", oye, que estos sólo cuentan con nosotras para las juergas, para nada más. Oye, pues, ¡no me da la gana! A ver...

Oye, que no tengo ganas de aguantar su rayada de conversación, que lo aguante su novia, si quiere, que para eso la tiene, que ya me veo allí aguantando sus neuras... Oye, si la gente quiere contar sus neuras, que se compre un psiquiatra, eso es lo que tienen que hacer, comprarse un psiquiatra y a mí dejarme en paz, ¡no te jode!

 

 

Una joven a un joven

- A mí me encantan los ginecólogos.

 

 

Un señor y su móvil

– ¡Que sí, que sí, que tienes toda la razón, toda la razón, desgraciao!!!

 

 

Dos jóvenes

– ¿Sabes a quién vi ayer?

– ...

– A Sonia.

– ¡Ah!

– Ya sabes que Pedro y ella se separaron, ¿no?

– Ya lo sé, ya... Normal que se separaran, si estaba claro que eran completamente incompatibles. Y Pedro... es que es idiota, es lo único que se me ocurre decir de ese chico, la verdad. Que es idiota. Coño, si me ves a mí salir corriendo, ¿a qué te metes? ¿A qué te metes, coño? Normal que se separaran.

 

 

Los hijos del señor de la entrada de abajo

– ¡Mira, ese es el bar de las tapas! Cada día ponen las tapas a un euro y las ensaladas, a dos. Cada día.

– ¿Y hoy?

– No, hoy, a precio normal.

– ¡Oye, pues podríamos haber venido ayer y habernos echado siete u ocho tapas entre pecho y espalda!

– Es que no era hora de tapas.

– ¡Bah! ¡Yo, a cualquier hora me como treinta y una tapas y me quedo tan ancho!

 

 

Un señor con su familia, en la parada

– ¡Mira cuántos autobuses paran aquí! El 32, el 33, el 38, el 51, el 52, el... ¡Ah, para, que dice "diurnos"! Se conoce que estos van de otra onda... ¡Ah, y estos son los nocturnos! Aún no me he subido en un nocturno. Hombre, si vas resacoso no está mal, ¿eh?

– ¿Tú sabes lo que tardan y la vuelta que dan? Coges uno aquí y te lleva por las Fuentes, San José... a Torrero. Te cuesta una hora. Lo mismo que andando.

– Si, pero si vas pedo... Oye, te echas a dormir y te despiertas en Torrero y todo eso que llevas por delante.

– ¡Eso, si vas a Torrero, que como te despiertes en Torrero y vayas a otro sitio...!

 

 

 

 

Una señora

(Escucha intermitente)

– A ver si hay alguien que le diga a la Merkel: "¡Oye, maja, ya está bien, ya vale, que estás asfixiando a la humanidad, a la humanidad entera!"

– Ya le digo, en cuanto nombren al nuevo, yo, en mi casa, ya se ha visto la 1. ¿Qué necesidad tengo yo de aguantar a semejantes sinvergüenzas? ¡Nada, ni hablar, que no pienso verla, no señor!

– ¿Esa, qué? ¡Poner cuatro plantas y largarse a Madrid! Eso es todo. Y cómo nos puso luego a los aragoneses, que nos insultó todo lo que quiso. Mire, fíjese que caridad tiene esa señora, que tiene una hermana en una residencia en Cariñena y en siete años no ha ido a verla ni un día. ¡Ni un día! ¡Nada! Pues, si eso lo hace con una hermana, imagínese lo que hará con los demás. Un día la vi, que iba con los escoltas y toda la pera, y le dije: "Mire, mañana precisamente tengo que ir a la residencia en la que está su hermana... Si quiere algo para ella..." Y me dijo: "¡No, señora, no, nada!" Oiga, así me lo dijo, que digo: "Anda que, menuda humanidad tiene ésta..."

 

 

 

Dos ancianas

– ¡¿Qué tal?! ¡Cuánto tiempo sin verte!

– Ya hacía tiempo, ya...

– Es que como no voy por allí...

– Ya, yo también he dejado de ir, no te creas.

– ¿Ya no vas por la estación?

– Nada. Tuve una enganchada con la... espera, ¿cómo se llama?

– ¿Quién?

– La... la... ¡La Flora! ¿La conoces?

– Un poco... Y, ¿qué pasó, pues?

– Que no me dejó jugar.

– ¡Toma! ¿Y eso?

– Yo qué sé. Llego un día, me siento a la mesa y me dice: "Tú no juegas". Y digo: "¿Por qué?" Y dice: "Porque lo digo yo. Tú no juegas".

– ¡No te fastidia! ¿Y quién es ella para decir...?

– Oye, me levanté, me fui y ya no he vuelto más.

– A mí me pasó lo mismo con la Gabriela.

– ¿Tampoco te dejó jugar?

– Bueno... más o menos...

 

 

Un señor mayor solo

- Pero, ¿cuantisma gente baja aquí? ¡Uh...! ¿Es posible? ¡Qué de personal, no me lo puedo creer que baje aquí tanta gente! ¡Hala, más todavía! 

Un poco más tarde.

- ¡Para, quieto, león, que no te toca pasar a ti, que está el semáforo pa' los otros! ¡Chico... no corras tanto! ¡Ma, qué marcha lleva! Que irá justo de hora... Qué manera de correr...

 

 

Dos señoras en el tranvía

- ¡Ay, chica! Estos asientos... ¡Que me voy pa'lante!

- Exagerada... Yo no me voy.

- Porque vas cara a la marcha pero, de espaldas... te vas, te vas.

 - Bueno...

- ¡Qué bancos más majos!

- ¿No los habías visto?

- No... Qué butaquicas más majas...

 - Bueno...

- Mira, ¿te acuerdas?

- ¡Ah, sí!

- La cafetería, ¿te acuerdas?

- Sí, sí, que estuvimos ahí...

- Ahora estaba cerrada. No sé si estarán de fiesta o habrán cerrado.

- No sé...

- La avenida Goya. ¡Madre, de como estaba...! La primera vez que la veo así, sin nada, tan despejada... ¡Qué maja!

- Claro, casi no pasamos por aquí.

- Cuando están de obras es horroroso, como pasa ahora con lo del tranvía, pero cuando lo acaban... Pues, que queda con más fundamento que antes. Mira los jardines, que alineadicos y que bien...

 

 

Un joven a una joven

– Pero, ¿qué dices? ¡Pero si no tiene pecho! ¿Tú te has fijado? Pero si tiene un agujero en medio con los pezones que le salen disparados en ángulo recto, que parecen un radar de fragata...

 

 

Una joven y un joven

Once de la noche. Una joven sube llorando al autobús. Un joven la despide diciendo:

– Sólo te pido que no me lo reproches.

 

 

Un joven latino y un joven autóctono

– Te gusto la película, ¿eh?

– Sí...

– Empezó bien pero fue decrechendo, decrechendo, decrechendo...

– Digo sí, pero sí de cojón.

– Ya, ya... Yo me quedé a ver como terminaba aquello...

– Ah, yo me fui.

– Hombre, es que casi que lo más interesante de una película es el final.

– ¡Bah!

– Qué pena el Zaragoza, ¿verdad?

– Una mierda.

– Es que como siga así, va a desaparecer.

– A mí me da igual. También soy del Rayo.

– ¡Pero no es eso! ¡Un equipo con tanta historia, con...

 

 

 

Un niño y su padre

– Papá, ¿te cuento un chiste?

– Venga, cuéntamelo.

– Mira, va... va un... no, van dos borrachos y se encuentran...

– Ah, ya... Van dos borrachos por la calle y se encuentran un espejo retrovisor y se mira uno y dice: "esa cara me suena" y lo mira el otro y dice: "¡Anda, si soy yo!" ¿Es ese?

– ...

 

 

Dos señoras

– Se conoce que le han dicho que es mejor que vaya acompañado pero, vamos, que no será nada...

– Ya... que siempre lo dicen cuando tienes que hacerte una prueba de esas.

– Pero, que no es nada más que por si acaso te mareas un poquico o algo... Pues, bueno, lo tenías que haber oído, que parecía que lo iban a matar... ¡Un drama!

– ¡Qué poco ha pasado ese!

– ¿Ese?, ¡Nada! Ese no ha pasado nada de nada.

– De todas formas, los hombres, vamos, todos no, pero muchos, se ahogan en un vaso de agua, ¿eh?

– Que sí, que sí... Tenías que haberle oído... ¡unas angustias! Que yo le dije: Oye, te acompaño, pero ya vale. Ya le dije: Tú hasta ahora me has minusvalorado, has tenido una venda en los ojos porque todavía estás enamorado de tu ex y me has tenido ninguneada... Así se lo dije.

– ¿Aún sigue así?

– ¡Ahí sigue! Ahora parece que se ha desengañao un poco con esto, pero... El muy idiota, con todo lo que le han sacao, que le han dejao seco, y aún sigue como un idiota. Dice que era por el chico. ¡Pues, oye, ahora ya no está el chico y sigue...!

– ¿Y ahora qué ha sido?

– Nada, que se conoce que no había pagado el teléfono y se lo habían cortao.

– Ya.

– Y él, pues, eso, a ponerlas...

– ¡Que se joda, oye, que se joda! ¡Por idiota!

 

 

Una señora con sus amigas

– Mi hermano es un chulo y un imbécil, un prepotente y un gilipollas. Así lo hicieron mis padres. Mi madre, como una gilipollas, "¡Ay mi chico, ay mi chico!", pues, mira, ahí tienes a tu chico, que cuando se enteró de que había vendido la casa de Pedro Cerbuna... eso sí que lo llevó mal, se quedó... con lo que costó esa casa, que el muy gilipollas, encima, la malvendió, con lo que había costado, con los esfuerzos que costó... Y mi padre, por querer realizarse en él, que hiciera las cosas que él no había podido hacer, pues, lo mismo. Bueno, pues vino de crecido...

– Crecido pero desagradable.

– Muy desagradable. Ahora, que mira, eso que le tengo que agradecer, que así no me costó nada decirle "Ya te puedes ir a donde has pasado estos veinte años, que nosotros no te necesitamos para nada". Me lo puso muy fácil, la verdad.

 

 

Una monja y su móvil

 – ¡Menuda cena! ¡A las diez y media salíamos de casa de la Encarnita!

 

 

Un joven y una joven

– ¿Qué era, como un mercadona o así?

– Algo así. Pues dice que ya lo ha hecho varias veces, ¿eh? Que entran a robar, sale el tío zumbando, baja la persiana y deja al ladrón encerrado hasta que llega la policía.

– ¡Hostia!

– No sé cuántas veces lo ha hecho, se conoce que allí entran mucho, ¿sabes?

– ¡Hostia que huevos! A mí, el otro día, me entraron las gitanas, tío, ¡que se cargaron un carro entero!

– ¿Un carro?

– ¡Un carro se habían cargado! Que me le encaré a la que lo llevaba y se me puso chulica. Se me puso chulica pero luego ya empezó a decirme "que no tengo dinero", que esto y lo otro y yo le dije: "Mira, las chuches para los críos, no me importa, que los ganchitos y eso no cuesta nada, pero, tía, que yo aquí gano 300 euros y no me van a descontar de mi sueldo las botellas que te lleves para montarte una farra, no sé si me entiendes..."

– ¿Y qué hizo, pagó?

– No, dejó el carro. Y estaba mi compañera acojonada, que yo dije "¡Tía, ya podías haberme echado una mano, que he pasado un rato...!" Otro día con un italiano. Ya sería cincuentón.

– ¿También a robar?

– No, ese iba cocido y empezó a montar bronca... Se nos tiraba encima del mostrador, empezó a romper cosas... Yo llamé a la policía y vinieron y lo sacaron. Pero luego volvió a entrar y, claro, ¿qué iba a decirle la policía? Así que pasé al del bar de al lado, que siempre nos ha dicho que si nos pasaba algo le llamásemos, y le dijo: "Mira, tío, ya te puedes largar porque yo no voy a llamar a la poli, yo te pego una paliza ahora mismo".