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de profesión incierta

Oído en el bus

Un joven y su móvil

- ¿Quién es?

- ...
- ¿Quién?
- ...
- ¡Ah, sí! Que t’he llamao antes... ¿Qué pasa, bufete, tío? Co, mierdas, co, a ver si quedamos, co, y nos damos una fiesta, joder, co, llámame mañana, co...
- ...
- ¡De puta madre, co, tira, que te jodan hijo puta!

 

 

 

(Oído por Nines Nin)

Dos señores

– ¡Bah, yo a veces me he ido andando hasta los galachos!

– Puf... Demasiada cuesta.

– No creas. ¿Has ido tú alguna vez?

– No, no he ido nunca.

– Lo peor es el trozo de Juslibol, que vas por una acera que es el bordillo y poco más.

– ¿Se va por Juslibol o qué?

– Por Juslibol, sí...

 

 

Dos señores

– No sé si será verdad, pero me han contado que la bronca que tuvo Esperanza Aguirre con Rajoy fue por lo de Eurovegas.

– Ya, eso dicen... También dicen que fue por los chanchullos que puedan salir en Bankia.

– No, pero es que lo que me dijeron es que Esperanza ya tenía apalabrados sus propios terrenos para Eurovegas y resulta que lo van a hacer en otros terrenos que son de la Cospedal. 

– Oye, pues no me extrañaría nada que fuera así. Es lo más razonable que he oído hasta ahora, la verdad.

– La puta pela, macho, como dos fieras por la puta pela.

– Y luego dicen que si era por Eta, que si era por la política antiterrorista...

– Sí, la política antiterrorista... ¡Y una mierda!

 

 

 

Dos señores

Dos señores

– Esa moza es vecina mía. El otro día subió... Ya ha subido otras veces... Cuando hay luna llena, sube para que le deje salir a la terraza a enseñarle el culo. 

– ¿Para enseñarle el culo?

– A la luna, sí. Le enseña el culo con un billete de diez euros y grita: ¡Prosperidad, prosperidad, prosperidad!

– ¿Y dónde lleva los diez euros?

– Bueno, ahora dice que los lleva en la mano y se abanica el culo con ellos, pero el primer día me dijo que se los ponía en la raja. Ahora le debe dar vergüenza, no sé. Yo no la he visto, no me atrevo.

 

 

Dos señores

– ¿Sabes algo del Flaco?

– Hace días que no viene por el bar pero, bueno, cada vez peor. ¿Lo ves tú?

– Alguna vez lo veo por aquí pero, vamos, procuro evitarlo.

– Pues, eso. A mí, la última vez que vino me dijo que no tenía para comer, que sí esto, que si lo otro... total, que le di veinte euros. Y luego aún me decía que si le daba más. Sí, hombre...

– Va pidiendo a todo el mundo, es un desastre.

– Por eso no viene por el bar, porque me tendría que devolver los veinte euros.

– Si es que no ha trabajado nunca. De lo que le pasaba su madre...

– Desde que se murió su padre, porque con su padre se llevaba mal.

– Sí, pero eso es normal. Si el padre tiene sesenta y tantos y se levanta todos los días a currar mientras el hijo se queda en la cama... Normal que se lleven mal, a ver quién aguanta eso.

– Si es que, además, si vive con muy poco dinero... pues, coño, ya que necesitas poco, gánatelo, que tampoco te costará tanto.

– Ha sido un vago toda su vida y a los cuarenta ya no va a cambiar.

– Pues, oye, poca pena. A mí me dan pena los mayores, que dónde van a encontrar trabajo, pero, ¡uno de cuarenta! Que vaya a donde sea, que haga lo que sea, coño... Cualquier cosa...

– Pero, el que es vago...

– No claro. ¿Te acuerdas cuando se puso el bar en la placica esa...?

– Sí, claro.

– Pues, íbamos los amigos, que somos todos de bar, y de muchas rondas, oye, que nos dejamos dinero... Pues, íbamos por hacerle gasto y estaba cerrado. Lo tenías, a lo mejor, en el bar de enfrente...

– Ya. Jugando a la máquina, ¿no?

– Si hubiese abierto, podía haberle funcionado aquel garito pero...

– Mira, nos regaló unas sudaderas para el equipo... guapas, ¿eh? De adidas... Majas.

– No, si cuando tiene dinero es muy generoso.

– Sí, sí, se lo gasta muy alegremente, eso es verdad. Pero es que luego le dejamos allí el dinero de la porra y se lo quedó. No vimos ni un duro.

– Que se querría cobrar las sudaderas...

– Oye, que nadie se las había pedido. ¿Nos regalas unas sudaderas? Pues, oye, muchas gracias... Pero, luego no te quedes el dinero de la porra...

– A mí se me llevó un taco de lotería para no sé qué de su madre y cuando me lo devolvió, se me ocurre mirarlo y faltaba un número. ¿Tú te crees que hace falta ser inútil? ¡Hombre, no me jodas! ¡Un número! ¡Será inútil!

– Y luego se queja. ¿Te acuerdas aquella chica con la que salía?

– Una menudica, que tenía un hijo...

– Esa, que siempre se las busca igual, llenas de problemas, buscando que tengan el corazoncico sensible...

– Chico, yo no me explico, porque mira que es feo y desgarbado y cómo se lleva a las chicas... Oye, tendrá un rabo así o echará tres polvos sin dejarlas alentar, porque si no, es que no me lo explico.

– Que tiene mucha labia. ¿No se llamaba Bea, la moza esa?

– Puede... Bueno, pues me viene y me dice que la Bea lo había querido atropellar. ¡Qué le haría a la moza para querer atropellarlo, qué le haría!

– Imagínate...

 

 

Dos jubilados

- Mira, ya le están dejando a ese la receta.

- Que le han oído carraspear y han dicho: Toma, la receta.

- El otro día, aparcó uno ahí para entrar a esa tienda y aún no había llegado a la puerta y ya estaba el guardia haciéndole la receta. En lugar de decirle: ¡¡¡Eh, ahí va de ahí!!! Nada, directamente, a multar.

- Es que van...

- ¿Te acuerdas en 1950, que sólo había dos guardias? El Manolete y el Canario. ¿Cuántos guardias hay ahora?

- Me acabas de nombrar al mejor torero y al extremo del Zaragoza.

- Jejeje... Así se llamaban, oye: El Manolete y el Canario.

- Me acuerdo perfectamente dónde estaba yo cuando mataron a Manolete.

- ¿Ya habías nacido tú, entonces?

- Yo nací en 1940. Así que siete años tenía.

- Un pipiolo. Yo acababa de llegar en tren: "¡Que se ha muerto Manolete, que se ha muerto Manolete!!", por todos sitios... En Linares le mató el toro.

- Sí, señor. Me acuerdo perfectamente.

- Pues, el Manolete y el Canario, estaban los dos siempre en la Plaza España.

- Pa’ encorrer bicicletas, porque coches... Pocos había en esa época.

- ¿Tú te acuerdas de los gachógenos?

- Ahí en la estación estaban los depósitos que venían de...

- No, no... Yo no digo los gasógenos, digo los gachógenos...

- ¿Los gachógenos?

- Unas bicis con un carrico de dos asientos, que se ponían al lado del Ambos Mundos.

- No me acuerdo...

- Sí, hombre... Y la gente tenía una mala idea... Se montaban dos gordos que casi no cabían en los asientos y decían: "A las Delicias". Y subía el otro por la cuesta del paso a nivel echando los bofes... 

 

 

Una señora y un señor

– A mí, eso, me sentó fatal.

– Lo de la boda.

– Sí, eso. Me sentó fatal, la verdad.

– Es que se están pasando, no sé qué se han creído.

– A ver qué necesidad tenían ahora de tener dos críos.

– ¡O dos perros!

– O dos perros, eso.

– ¡A ver si se creen que vamos a estar nosotros pagando todos sus caprichos!

– Pues, eso.

 

 

Una señora muy irritada

- "Un calor histórico, un calor histórico..." ¡Siempre ha sido histórico el calor!

 

 

Dos ancianas

– Está todo...

– Mal, muy mal, no sé donde vamos a llegar...

– Y que no tiene arreglo, ¿eh?

– Aquí, hasta que no se empiecen a quemar bancos...

– Pero, con los banqueros dentro.

– ¡Jajaja!

 

 

Tres jubiladas

- Oye, que los bancos españoles eran los que más beneficios tenían de todo el mundo...

- Eso decían.

- ¿Y el banco de España?

- Eso... ¿Qué?

 

 

Dos señoras

- ¡Ah, mire, se va por ahí porque se ha separado de la acera!

- Es verdad... Bueno, pues, mejor.

- No sé si seguir hasta San Nicolás y luego volverme a coger el 35 en la Plaza del Pilar...

- ¿En la Plaza del Pilar?

- En la Plaza del Pilar, sí, señora... En la entrada de la calle San Gil, donde está la marquesina esa. Allí coges el 35 y te deja en la Avenida Valencia.

- ¡Maña!

- Ahí lo cojo yo.

- Ya, ya...

- Me parece que voy a hacer eso...

- O sea, que se baja allí y luego cogerá el 35 en la Plaza del Pilar.

- Sí, señora, eso mismo... Ahí, donde la marquesina, se coge ahí y te deja en la Avenida Valencia.

- Claro, claro...

 

 

Un señor joven

- Eso se arregla muy fácil: Se juntan mil tíos, entran al despacho y le dicen al menda: "Lárgate de aquí que estás despedido". "Oiga, pero, pero..." "Ni pero ni hostias. A la puta calle que estás despedido". Unos cuantos así y ya verías...

 

 

Tres señoras llenas de rosetones

- ¡Mira!

- ¡Chica...!

- ¡Mira, mira, mira, mira...!

- Estamos todas atemorizadas, ¿eh?

- ¿Has visto cómo voy?

- ¡Oye, como vamos todas!

- De la Expo, que me voy a andar por la noche con mi marido, de nueve a diez y cuarto o más, y nos asan.

- Ya veo, ya...

- Mira, yo...

 

 

Una señora y su móvil (Oído por Nines Nin)

 

- No, mamá, no es lo mismo...
- ...
- No, no es lo mismo, él dice las cosas con maldad.
- ...
- No, no, no es lo mismo... A ella le ha dado un derrame cerebral, no es lo mismo...

 

Dos señoras

- ¡Hola!

- ¡Chica, ¿qué hay?!

- Me ha parecido verte antes, cuando bajabas a las cuatro.

- ¿A las cuatro? No.

- Pues, oye, hay una que lleva el pelo igual que tú. 

- Pues no era yo.

- Pues, la he visto, con el pelo igual, igual que tú, y digo: "Mira, la María". Pero luego ya he visto que no eras tú.

 

 

Dos jubilados

- Decía Pascual...

- Pobre Pascual...

- El pobrecico Pascual... Decía: El que pa'l 2000 no se haya vuelto loco, hará el ridículo.

 

 

Una joven y un joven

- Qué conjuntao vas...

- Para ti, pero como no sabes apreciarlo, me dejaré de tanta hostia.

 

 

Una abuela a su nieto, mientras suena el "Bendita y alabada"

- No, hijo mío, que sólo se oyen, que no se ven.

 

 

Un niño, tras visitar el mercadillo medieval

- Hemos tenido la inmensa suerte del mundo de no haber vivido en la Edad Media.

 

 

Un joven

- Hay que ser muy hombre para subir en el ascensor y no mirarte al espejo.