Una niña mulata cantando
– ¡Estamos a punto de bajar del autobús, bajar del autobús, bajar del autobús! ¡A punto, a punto de bajar del autobús, bajar del autobús, del bus, del bus, del bus...!
– ¡Estamos a punto de bajar del autobús, bajar del autobús, bajar del autobús! ¡A punto, a punto de bajar del autobús, bajar del autobús, del bus, del bus, del bus...!
– Lorenzo Lamas.
– ...
– Da, l'actore...
(No entendí nada más)
– ¡Mira que le cuesta!
– Es un caso.
– ¡Que es que no eran más que cuatro tornillos!
– Todo se le hace un monte. El caso es que, cuando se pone, lo hace, pero hasta que se pone...
– Si sólo eran cuatro tornillos. Y aún quería dejarlo. Luego se ha alegrado de hacerme caso. ¿Qué cuesta quitar cuatro tornillos? Y volverlos a poner, claro.
– Es un caso.
– ¡Ah, ¿no te he dicho?! Estaba con éste en el taller y llama uno y dice: "¡Que traigo un calderín! Y le digo, "Oye, que traen un calderín", y dice: "¡Ah, sí, que estoy arreglando una bomba!" Y resulta que sube el otro y nos vemos... ¡Que no era un calderín, que era un catering que llevaba a no sé donde...! ¡Meca... es que así de lejos, a mí me ha parecido que decía calderín y como éste resulta que estaba esperando uno...!
– Ya.
– Pues, nada...
– Pues, sí.
- ¿Se quiere sentar?
- ¿Se baja pronto?
- Sí, yo bajo en seguida.
-Entonces me siento. ¡Ah...! Muchas gracias. Salimos ahora de trabajar y, encima, cojo. ¡Y que luego me digan que tengo mucha jeta!
- Vaya...
- ¿Dónde se baja usted, pues?
- En el Lidel, después de la rotonda.
- ¡Ah, sí, en el Lidel! Eso está después de la rotonda.
- Sí, señor.
- Y, esto, ¿lo acabarán pa marzo u qué?
- Vaya usted a saber.
- Dicen que tenía que estar acabao pa marzo... ¡ya pué ser que sea pa después del verano!
- Pues, igual...
- ¡Juanico!
- ¡Hombre, por fin has cogido éste! No te había visto...
- Si no hubiera llegao no lo habría cogido pero como he llegao... Yo hace rato que te había visto.
- Ah.
- ¡Adiós, María!
- Adiós, hasta mañana.
- ¡Hasta el lunes!
- ¿Y eso?
- Que m’he cogido dos días de fiesta que me quedaban del año pasao. ¡No los voy a perder! ¡Mariano! ¡¿Tú bajas en el Mercao, verdad?!
- Sí, y cojo el 29.
- Y coges el 35, ¿no?
- El 29...
- ¡Eso, el 29!
- Tú, Vicente, bajas aquí y coges el 42, ¿eh?
- Sí, el 42. Hasta luego.
- ¡Hasta el lunes, que tengo dos días de fiesta!
– ¿Qué tal, cuánto tiempo sin verte?
– Sí, chica, ¿y tu madre?
– Pues, ahí está... cada vez puede moverse menos... ya no puede salir sola de casa...
– Yo, tampoco.
– O sea que, al final, empatastéis.
– Sí, macho. Cuando íbamos cuatro-uno, empezamos a tener fallos tontos: un rebote, una pelota mal parada... en fin... Y se vinieron todos arriba, ¿eh?, que fue eso, el empuje que se notaba, que iban a por todas. Acabamos cuatro-cuatro, buf, que yo dije: Si no llegamos a marcar tanto, nos ganan.
– Entonces, tu segundo apellido es... ¿Aitor Pérez...?
– Moreno.
– ¿?
– Pero es que el primero es Peroyenea que en castellano es Pérez.
– Ah.
– ¡Ay, me parece que me he pasao! Perdona, para Inocencio, ¿me he pasao?
– Sí, se ha pasao. Ya puede bajar aquí mismo.
– Ay, chica...
– Pues, cuídate, que ayer estaba urgencias, todas las salas de sillas, camillas... ¡Muchísma gente!
– Yo le digo a Marta: "No hagas eso que te quedarás sin juguete. No hagas eso que te quedarás sin juguete".
– Haces muy bien.
– Es que yo... Yo no sé si me estaré volviendo un poco afeminado porque no me gusta que me agarre así.
– A Javier tampoco le gusta que Rosa le agarre así.
– Es que a mí no se me agarra así. Pero no sé si me estaré volviendo un poco afeminado, no lo sé.
– ¡Ay, esa cría, qué somarda! Menos mal que se ha dormido.
– Tiene cara de Robustiana.
– Si corres y se te luce... Si corres y se te luce, da gusto, ¿eh?
– Mami... Y mañana, al cole.
– ¡Cómo que mañana! Vas al cole ahora mismo.
– No, mira lo que pone ahí: "Mañana, al cole".
– Ahí pone: "Destino: Delicias"
– Es que no puedo moverlo, ¿eh?
– Pues, imagínate tener los dos brazos tontos.
- Ahora voy a verlo
- ¿Qué tal está?
- Mal, nada...
- Vaya... ¿Y tu hermana trabaja?
- Ocho horas, que va la pobre...
- Mira, yo creía que no trabajaba.
- Pues, ocho horas, y encima con el hijo que tiene.
- Ay, sí, pobre...
- Subnormal, no te digo más.
- Y él, de ahí a San Juan de Dios, ¿o qué?
- ¡Bien!, no creo que le dé tiempo. Ya nos dijo la cardio..., la cardio esa, ¡la médica!, que está peor que entró.
- Chica, chica...
- Mira, aquí me tenía que bajar para coger un taxi.
- Pues, ¡bájate, que te da tiempo!
- Es igual, ya cogeré otro autobús más adelante. Así me ahorro unas perras.
- Como quieras.
- Si voy mucho a verle. No ves que no me cuesta nada... Cojo un taxi... ¡o un autobús, si me apetece! En fin... Ya nos ha dicho la médica que tiene la hemorragia por toda la cabeza. Un horror.
- ¿Y que años tiene tu cuñao?
- Pero es que se ha bebido todo.
- ¿?
- Sesenta y cinco.
- Pues, joven.
- Joven, sí, pero quemao... Si se hubiese cuidao un poco. Aunque te advierto que, a veces, aunque te cuides te pones malo igual.
- Pues, sí.
- Ayer vi a tu chica. Ya me dijo que ha salido todo bien.
- Sí, le hicieron la ecografía y va todo bien. Ya pesan uno trescientos cada uno.
- Lo que tiene que hacer tu hija es decirle al médico que le duele el riñón y ahí abajo.
- Ya la miran, ya, ¿te crees que no la miran?
- Pero, te quiero decir, que así le dirá el médico que tiene que hacer reposo absoluto y, entonces, que diga ella: "Pues me han dicho que tengo que trabajar", y el médico dirá: "De eso, nada", y le dará la baja. ¿Cuánto gana tu hija?
- No, que si se encuentra mal, ya sabe...
- ¿Cuánto gana?
- Ochocientos.
- ¡Hola!, eso es una pasta. Y sin trabajar, más aún. Y si no le dan la baja, a los tribunales. Yo tuve un accidente con un médico y fuimos a los tribunales.
- ¿Sí?
- ¡Hombre! Me dijo el médico: "Mira, esto lo podemos ganar... o lo podemos perder".
- ¡Ya es verdad eso, ya!
- Me dijo: "Esto lo tenemos ganao".
- Qué bien.
- Pero, perdimos.
- Vaya.
- Luego me dijo lo de la prologa...
- ¿Qué es eso?
- Lo de seguir reclamando para ver...
- ¡Ah, ya!
- Pero le dije que no. Ya me había costado la broma tres mil euros porque tuve que pagar las costas. Pero, oye, el que algo quiere, algo le cuesta...
- Ya lo creo que cuesta...
- Y, total, pa nada. Eso es lo que saqué: nada.
- Ya te digo.
-
– Belén, cariño, ¿qué tal estás?
– ...
– ¡No, que teatro tengo los martes y jueves! Ahora voy a sevillanas, cariño. ¿Por qué no te animas, cariño, que nos lo pasaremos muy bien? Qué es muy divertido, ya verás...
– ...
– ¡No, cariño, que no hay espejos! Por eso no te preocupes que allí no hay espejos. Hay carteles de espectáculos, avisos... cosas así, pero espejos no hay, cariño, no hay espejos.
– ...
– De todas formas (y esto sólo es un consejo, tú haz lo que quieras, cariño), de todas formas, yo creo que cuanto antes te lo quites mejor. Te lo quitas, cariño, que no pasa nada, y ya te olvidas, hala... Cuanto antes mejor, cariño... un problema menos...
– Se empeñaron en ir a una pizzería... ¡A una pizzería! En fin, que, por dos horas, juzgué oportuno no ponerme razonable.
– ¡¡¿M'has llamao?!! ¡¡¡¿M'has llamao?!!!
– ...
– ¡Anda, pos si tengo una llamada perdida...!
– ...
– Ya... ¿And'estás? ¿Estás en casa?
– ...
– Mira a ver si hay Coca Cola en la ventana.
– ...
– En la ventana.
– ...
– En el autobús.
- …
– ¡En la ventana!
– ...
– ¿Media, sólo? Pues ya compraré...
– Me levanto, voy al baño y me veo en el espejo la camiseta llena de plumas. Digo: "¡Toma, pero si mi almohada no es de plumas! Voy a la cama y me la encuentro también llena de plumas. Yo alucinaba. Se me ocurre salir a la terraza y ¡bueno! estaba de plumas hasta arriba. Entonces dije: "Esto es que se ha comido una paloma" y pensé que podía tener la cama llena de sangre y me dio un asco... Pero no había ni una gota, oye, no encontré ni una gota de sangre en toda la casa... No quedaba ni rastro de la paloma. Se la debió de zampar entera.