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de profesión incierta

Oído en el bus

Una señora

– Parecía que iba a llover y nada. ¡Anda que no le cuesta llover en Zaragoza ni nada! Puede estar una semana amagando, nublao, que parece que va a caer sabe Dios qué, al final, ni una gota.

(Al bajar del autobús, me puse como una sopa.)

 

Una señorita y su móvil

– Me dijo: "Si me das esa información te invito a una cena", y luego dice: "Si la información lo vale, que si no, con una caña es suficiente" y yo le dije que si me invitaba a cenar era por mí y no por la información que iba a darle y que, además, yo me merecía una cena en el mejor restaurante de Zaragoza. "Vale, ya reservo sitio en La Matilde", me dijo y yo le dije que la información no era como para que se dejara desplumar en La Matilde, que podía ser en otro sitio, jajaja, y me dijo: "Vale, ¿cuándo quedamos?" y yo, haciéndome la interesante le dije; "Espera, déjame ver mi agenda... a ver... el martes, no, el miércoles, tampoco..." y me dice: "Oye, en ese plan, puedo pedir reserva en El Bulli, que creo que dan para dentro de dos años", jajaja, y le dije: "Bueno, para el viernes" y me dice: "Vale, pues ponte guapa" y le digo: "¿Me pongo el vestido de la boda de mi hermana o vale con unos vaqueros?" y dice: "Lo que sea, que ponerte más guapa de lo que eres va a ser difícil, hija", jajaja, y digo: "¿Vas de caballero o qué?", jajaja, y dice: "Por supuesto, yo soy un caballero chapado a la antigua" y ya vi que iba a por todas, jajaja, que estaba disparando con la artillería pesada. Y puse un comentario en el facebook, puse: "¿Todavía quedan caballeros de los de antes? ¡Pronto lo sabremos!", jajaja, y me contestó: "Vas a comprobar que todavía quedan caballeros de los que ceden el paso en la puerta a las mujeres", o sea que es que es chapado a la antigua pero a la antigua, antigua, antigua de verdad! Jajaja. En fin...

(La señorita cambió de sitio y no pude oír más)

 

Una señora

- ¡Qué gusto! Fíjate, esa criatura va a aprender inglés casi sin enterarse... ¡Qué majico el Chispica!

 

Un joven dirigiéndose a otro que está en la calle

- ¡Avecuan-oquedamo! ¡¡¡A-vé-cuan-o-que-da-mó!!!

 

Bus

Queridos amigos:

Muchos de ustedes me preguntan por el número de autobús en el que escucho las conversaciones que transcribo. ¡Las cosas no son tan sencillas! Pero puedo citar alguno: 33, 34, 31, 36, 24, 22, 51... Más algún otro que cojo de forma esporádica y cierto autobús de línea.

Eso es todo.

 

Una joven

– ¡Es verdad, ¿eh?! En cuanto pasas de los veinte, es que te pierdes... Te preguntan qué años tienes y, así de pronto, no sabes si son veintitres o veinticuatro...

 

Una señora amiga y yo

– O sea, que te pones a escuchar y luego escribes lo que oyes.

– Pues, sí.

– ¿Y qué cosas oyes?

– Pues, el otro día, por ejemplo, una señora decía que los rodaballos eran tan feos como las iguanas; su amiga le dijo que a ella le gustaban las iguanas y la primera le preguntó extrañada:"¿Las iguanas macho?"

– ¡Sí, señor, las iguanas macho, que tienen dos penes!

– ¿Cómo?

– ¿No lo sabías? Tienen dos penes y aunque les extirpes uno, siguen siendo fértiles.

– ¿Ves? Estas son las cosas que copio...

 

Una joven

– Yo, en ese sentido, me parece que lo tengo crudo... A ver, si te soy sincera, yo es que con los críos... como que no. ¡Hombre, con mi sobrino, por ejemplo, pues hago el gilipollas lo que haga falta y me tiro por el suelo o lo que sea! Pero, cuidar un crío... ¡No sé cuidarme yo como para cuidar a un crío! ¡Y además, con lo que hago rabiar a los críos...!

 

Una joven madre

– ¡A Carmen, mi hija...! Le encanta, se lo toma... "Mamá, dame suero. Déjame que me lo tomo yo..."

 

Dos señoras

– ¿Qué habéis comido?

– Rodaballo.

– Mira que son feos los rodaballos.

– ¿Feos?

– Sí, feos. Son más feos que las iguanas.

– A mí las iguanas me gustan.

– ¿Las iguanas macho?

 

Dos jóvenes

– No pienso ir a la Romareda a ver al Real Madrid, porque siempre que viene, el público se vuelve madridista. Y me jode.

– ¡Ya estamos con que el Madrid es de derechas!

 

Oído en el bus

Proliferan los escuchadores. Visiten esta dirección:

http://tierradehormigas.blogspot.com/

 

Una mocita y su móvil

– Mamá, ¿cómo se hace un huevo duro?

– ...

– ¡Qué cómo se hace un huevo duro!

– ...

– ¡¡Un huevo duro!!

– ...

– ¡¡¡Un huevo, joder, que estás sorda!!!

– ...

– Es que me quiero hacer una ensalada. Compro lechuga, ¿no?

 

Dos señoras jóvenes a las nueve de la mañana

– Pues, nada, otro día más...

– ¡Chica, que aún no ha empezado!

– ¡Bah! Para lo deprisa que pasan...

 

Un joven

¿Qué juego de cien combinaciones es el más adecuado para representar correctamente todo el espectro?

 

Un grupo de adolescentes

– Mira, Panishop.

– Ahí entramos... ¡Jajaja!

– Cuando bajábamos a la cabalgata de Reyes... ¡Jajaja!

– ¡Jo, es que nos bajamos mogollón de paradas antes!

– Entramos ahí y nos comimos todo. Nos pusimos como cerdas.

– ¡Jajaja! Llegamos tarde a la cabalgata y no vimos nada.

– Yo hacía de niña pequeña y lloraba porque había perdido a mi madre. ¡Jajaja! Y la María decía: "¡Por favor, por favor!

– ¡Jo, yo decía… "¡Por favor, por favor!" y la gente aún se pretaba más! ¡Jajaja!

– ¿Y la carta?

– Jo, ¿aún escribes la carta?

– Yo escribo la carta todos los años.

– Yo esa noche es la que más tranquilo duermo de todo el año.

– ¡Oye, ¿no nos tenemos que bajar aquí?!

– No, que este gira.

– A mí me parece que tenemos que bajar aquí.

– Nada, que dicen que no.

– ¿Quién?

– Esos.

– Esos... ¡Que sí, que tenemos que bajar aquí! ¡Corre!

– ¡¡¡Aaaah!!!

– ¡¡¡Jajaja!!! ¡¡¡Que se ha quedado sola Carlota!!!

– ¡¡¡Jajaja!!! ¡¡¡Hiiii... hiiii... hiii...!!!

– ¡Hala, tía, ¿cuando para?!

– ¡Jo, si Carlota no sabrá ni donde está!

– ¡¡¡Hiiii... hiiii... hiii...!!!

– Pero, ¿aún sigue?

– ¡¡No para hasta la Plaza España!!

– ¡¡¡Hiiii... hiiii... hiii...!!!

 

Tres señoras

– Hace calor, aquí.

– Es que está puesta la calefacción, ¿no lo notas?

– Es que está haciendo mejor tiempo.

– Pero, es que está puesta la calefacción. Mira, sale de aquí.

– Es que yo no sabía que ponerme, ¿eh?

– Es que no se sabe que ponerse. Con este tiempo...

– En mi casa, que vivo en el nueve, sales a la terraza y viene un ventarrón...

– Yo vivo en el siete, pero en mi terraza da de lleno. ¡Menudo...!

– ¿Y cómo saliste el otro día?

– ¿Cómo voy a salir? ¡Pues tuve que bajar por la escalera!

– Los siete pisos, claro.

– Oye, en caso de incendio, se bajan.

– Se bajan y se suben, si es preciso.

– Yo dije: "¡Madre, mía, la primera vez que bajo al portal en zapatillas!"

– Es que en esos casos...

– Oye, pues que fui la mar de cómoda todo el día.

– Si tienes que salir corriendo, no te da tiempo más que de coger lo más imprescindible...

– Yo no cogí nada, ni el móvil ni nada, ni dinero ni nada... Nada.

– Lo malo es si te dejas las llaves.

– Sí, si te dejas las llaves en casa y la puerta abierta y te entran...

– Pero como ya habían bajado todos...

– No, si yo digo si te dejas las llaves en casa, se cierra de portazo y luego no puedes entrar.

 

 

 

Una señora cabreada que ha estado taponando la salida mientras bajaban cincuenta escolares

– ¡En vez de prepararse, se... se...!

Un matrimonio bastante mayor

– No para: que si ahora quiero estudiar inglés, que si ahora, informática... Y en casa, que tiene todo resuelto, que no se tiene que preocupar de la limpieza, ni de la comida... la cama hecha... Ahora se iba al baile, ¡ya ves tú qué futuro! Si le hubieran enseñado algo de provecho, algo de labores, ganchillo, por ejemplo, que se le da tan bien a su abuela... ¡algo de provecho!

– ¿...?

– ¡De provecho, de provecho, no! ¡Algo para estar entretenida ella!

 

Dos jubilados, una señora y yo

– Sí, a ese lo tuve yo y le dije: "Aunque tengas que fregar y guisar, yo sólo te voy a encargar una cosa. Pero, quédate aquí, que te puede interesar. Aprendes y después te puedes colocar de cocinero en un cuartel o algo así.

– Ese vivía...

– Sí, ¿no te acuerdas? Que vivía por ahí, entrando por abajo, por Santa Teresita, tres o cuatro puertas y ya estaba su casa. Yo no llegué a estar, siempre pasaba de largo.

– Estábamos bien, entonces, ¿eh?

– Me mataba a trabajar pero no me quejo. Oye, lo que trabajaba, me lo pagaban.

La señora, a mí:

– Vaya primavera fría, ¿eh?

– Fría, fría...

– ¡Todo el invierno, ¿eh?!

– Pues, sí... menudo invierno.

– Y espera... Con todas esas catástrofes por ahí, pobres. ¡Uh! No sé qué va a ser de la Tierra.

– Mal plan.

Los jubilados:

– Pero, a ti, ¿quién te pagaba?

– Yo cobraba por ellos, o sea, venía el del Banco Hispanoamericano, ¿te acuerdas?, ¡el Cano!, pues, venía ese, pero antes tenía que pasar a cobrar el cheque americano...

– ¡Ah, te pagaban el cheque americano!

– Sí, sí... y luego, cambiaba de ventanilla y me lo pagaba el Cano. Que antes teníamos que bajar en frente de la calle Alfonso, que entonces estaba allí el Banco Hispanoamericano.

La señora:

– ¿Bajamos en lo de Germán o qué?

– Pero, si bajamos en lo de Germán es para irnos ya a casa.

– ¡A casa, a casa! (A mí) Ya pagaban bien los americanos, ya.

– ¿Estaban ustedes en la Base?

– Mi marido.

– Ya.

– Cuando salían diciendo, la gente que salía diciendo: "¡Fuera los americanos, fuera los americanos!", yo decía: "Eso lo decís porque no trabajáis con ellos". Pero, luego se fueron y bajaron los sueldo ¡Prrrrrrr....! Por eso, mi marido se jubiló en cuanto pudo, porque así le quedaba más pensión, ¿sabe?

– Claro.

Los jubilados:

– No, la primera vez que nos echaron fue sin nada, con lo que habíamos cobrado aquel mes, que por eso hablo yo tan bien de don Francisco de Goya y Lucientes, alias "El gallego"... 

– Pero, ¿sigues viviendo en Las Fuentes!

– ¡No, qué va, primero viví en Las Fuentes, luego me fui a Rodrigo Rebolledo y ahora vivo aquí, donde me crié, he vuelto a donde me crié. Donde me crié antes de irme a Barcelona, a Francia... En mi trabajo hay que moverse mucho porque si no... Aquí había cuatro restaurantes en guerrilla, ¿qué futuro tenía?

– Claro...