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de profesión incierta

Oído en el bus

Dos señoritas jóvenes

– Jo, tía, nos pusieron una peli de un pavo recitando una poesía Dadá y era todo: Guchi suchi pata flipa... Todo así, tía, que luego leí: El movimiento Dadá no se preocupa de los contenidos... Digo, tía, ¡ni de los contenidos ni de nada! Todo letras así seguidas, que alucinas.

– Ya...

– Y la segunda, era surrealista... porque era de Paul Celan, porque ponía de quién era que si no, yo no me entero de nada. Y después nos pusieron para escribir: Motivaciones y sentimientos de Biff en Muerte de un viajante. Jo, porque se me da bien la inventiva imaginativa que si no...

– ¿Qué tal es Muerte de un viajante?

– Bien... Nos pusieron la película en clase, que sale Dustin Hoffman...

– ¿Y qué tal?

– No está mal...

 

Un joven y la conductora

– Oye, ¿no pagas o qué?

– No, es que...

– Pues te puede caer...

– Oye, tía, que a estas horas no te voy a pagar.

– Que a mí me da igual que pagues como que no, a ver si me entiendes, pero yo te tengo que advertir...

– Es que a estas horas no va a subir el revisor.

– Seguramente no, pero podemos tener un accidente y no te cubrirá el seguro.

– Pssss...

 

 

Una pareja joven

- Ahora, en la prolongación del tranvía, quieren que pase por el Puente Santiago y la línea que va a la estación, a tomar pol culo.

- ¡Qué pena!

- Y lo quieren pasar por la Plaza España y la fuente esa, que lleva ahí 30 años, ¡a cascala!

- ¡Una pena!

- ¡Vaya mierda!

 

 

 

Una pareja mayor

- Un saco cemento... Tenía un saco cemento en el corral todo destrozado, que estaba duro como una piedra... ¡Aggg! ¡Qué asco, qué asco de hombre!

- Es un vago... es un vago de muy señor mío.

- Gracias que entró en la Yeneral Motos, gracias que entró en la Yeneral Motos que si no...

- Pues, sí: gracias a la Yeneral Motos...

 

 

 

Una señora y una joven

– Es que como ella tiene que ir a eso, pues la cría por la tarde no va al colegio.

– No me digas...

– El examen de lengua ya no lo ha hecho.

– Chica... Pues, oye, la cría es lo primero. Si ella no puede ir, que no vaya, pero que vaya ella y no vaya la cría... La niña está por encima de todo.

– Sí, le dijo a la Marta que iba a perder un año y ¿sabes lo que le dijo? Le dijo: Quince años has perdido tú.

– ¡Jajaja!... Ay, Virgen Santísima. 

– Mira, mira.

– ¿No has visto? Están poniendo una de árboles... No sé si esta tierra será buena para eso... Ya veremos.

– Podían poner la fuente en funcionamiento. Está tan chula esa plataforma con los chorricos...

– ¡Mira, eso son rosales! Eso son todo rosales.

– Vendremos para hacer un ramo.

– Hombre, no jodas...

– Oye...

– La niña está por encima de todo. No hay derecho, que es que es muy pequeñica para que vaya sola.

– Hombre, diez años tiene.

– Pues, eso...

– ¿Y a qué años dejaste de llevarme tú al colegio? A los diez. 

– No, a los diez, no. Más tarde.

– ¡Ah, ¿más tarde?! 

– A los once.

– Bueno, pues...

 

 

Un anciano

– Ya sabes lo que dicen: el médico y las mujeres, de pago.

 

 

Dos señoras

– ¡Estoy que se me llevan los demonios! Nosotros apretándonos el cinturón pero, los que mandan, como siempre. Oye, 200 euros que nos han rebajado de la pensión que cobramos...

– Ya, ya...

– Que no es mucho, si quieres, pero, ¿por qué tengo yo que cobrar menos que antes mientras ellos siguen...? De verdad que estoy...

– Ahora han estrenado una película que dicen que explica todo lo que ha pasado con la crisis.

– Ah...

– Inside Job o algo así se llama. Y creo que lo explica todo con pelos y señales.

– Ah... No iré a verla. ¡Mira, no me faltaba más que concienciarme! ¡Vamos, no me faltaba más que eso!

 

 

La radio del conductor

– "Si hay que ir a Ikea, se va, pero, ir para nada, estantería".

 

 

Dos señoras jóvenes

– No, pero tiene que ser de las que suben, de las que suben... Tú cogerías de las que no suben.

– ¡No, en la que cogí no decía nada de subir o bajar!

 

 

Un joven

– Oye, miras a la calle y, si tienes suerte, ves una tía... pues, mira, todo eso que te llevas...

 

 

Una jovencita

Una jovencita se sube al autobús silbando la Internacional, con mucha potencia y muy poco oído.

 

 

Dos jubilados

– Le pregunto al búlgaro, ¿Qué tal con Fermín? , y dice, “¡Bah! Me dice Fermín: doy 20 euros, ¡20 euros, oye! Y luego, me mete el coche caminos malos (que habla así, ¿sabes?) y rueda reventada ¡100 euros rueda! Ya ves…” Estaba el búlgaro que se le llevaban los demonios. Ese Fermín… ¿Tú no lo conoces, verdad?

– No.

– No tiene remedio. Imagínate, novent’años y no pué parar. A mí me dice: “Oye, te doy tanto si me riegas los olivos. Los olivos y los almendros”. Digo, vale. Cojo el tractor, le riego todo bien regao, que pa’ eso yo soy mu mirao y me gust’hacer las cosas bien, y vuelvo y le digo, ya lo tienes tó regao, y me s’encara con mí y me dice: “Pues, ahora, me llevas con tú pa’ ver si lo has regao bien”. Digo, “Hombre, Fermín, no me jodas. Que no te voy a llevar, que t’he lo he regao como si fuera mío…” Me supo mu malo, la verdad, qué quieres que te diga... Dice que le lleve… ¿Qué le voy a llevar en el tractor? Primero, que no se pué ni subir y luego que me se cae y menudo disgusto.

– Te se cae y se mata, claro. Con esa edad…

– ¡Hombre! Pues, eso. Que no, que no, qu’es mu peligroso… Pero es de desconfiao… Y luego, los hijos… que no quieren trabajar… Llego el otro día a su casa a media mañana y noté frío, que no había encendido la estufa aún… Y me dice: “Anda, sube a ver a m’hijo, que está en la segunda planta” y yo subí ya con el susto en el cuerpo, digo: “A ver si me lo voy a encontrar muerto”, que es que ya se le mató otro hijo, ¿sabes? Ahogao.

– ¿Cómo?

– Que le mandó su padre al campo a recoger remolacha y dijo: “No pienso ir” y se fue de casa y que no volvía, que no volvía y por la noche se lo encontraron flotando en la balsa esa que hay abajo el pueblo. Ahogao.

– ¿Por no trabajar?

– ¡Por no trabajar! ¿Qué te parece?

– ¡Jodo!

– Veintipocos que tenía… Y este otro, igual. Qu’este ya tiene cuarenta y tantos… Así que subía yo con una aprensión que pa’ qué. Y llego arriba y me lo encuentro tó tapao con mantas y le digo “Chiqui, Chiqui… que está tu padre abajo” y se da vuelta y me dice: “¿Otra vez? ¡Anda, llévatelo, que me va a volver loco! Te doy veinte euros y te lo llevas a tu casa. Y si no, me voy yo, que no lo aguanto.” Me bajo y hacía un frío… y yo les habría encendido la estufa pero, estando el hijo, ¿a qué m’iba a meter yo?

– No, claro.

– Yo ya le digo: “Pues, si tus hijos no quieren trabajar, vende todo, no te compliques la vida y quédate tranquilo en Zaragoza”.

– No vive en el pueblo, ¿o qué?

– No, qué va, en Zaragoza. En una calle que sale perpendicular al Mercao Central… Una que tira p’allá, p’allá… ¡Predicadores!

– ¡Ah, sí!

– El otro día que bajemos al cruce a coger el autobús, lo veo que bajaba el también y le digo : “Sube, Fermín, que te llevamos”. Así que nada, lleguemos a Zaragoza y digo, ¿Cómo lo vamos a dejar ir solo con lo mal qu’anda?, así que, nada, cogemos el autobús y nos bajemos en las murallas y me dice: “Vamos a coger un taxi” y le digo: “No me jodas, Fermín, que estamos a un tiro piedra” y el otro insistiendo… ¡Bah!, al fin conseguí llevarlo agarrao a mi brazo y lleguemos que, cuando lo vio su hija, le cayó una bronca… Después me decía: “Menuda bronca me preparó la Begoña… Menuda bronca me tenía preparada”. Y siempre así, siempre están así…

– En fin…

– ¡Coño, que me tengo que bajar aquí!

– Yo me quedo, que sigo…

– Hala, pues…

 

 

 

 

El señor que se quedó en la entrada anterior y una señora.

– ¡Hombre, Marcela! ¿A que no sabes quién acaba de bajar?

– ¿Quién?

– El Jacinto.

– ¡Ah! ¿Y qué cuenta?

– M’ha soltao un rollo con uno de su pueblo… Tú lo conocerás: El Fermín, uno que tiene novent’años y sus hijos no quieren trabajar…

– No quieren trabajar en el campo, que las hijas, en la casa rural que tienen, bien que trabajan… Y las de Zaragoza, igual… y el Chiqui… pues el Chiqui ya sabemos que está más p’allá que p’acá pero, bueno, el mozo hace lo que puede…

– M’ha dicho que se le mató otro hijo…

– Sí, se ahogo. Si es que les ha dao una vida… La mujer, siempre embarazada, que tuvo once hijos… y golpes, en fin… Y supongo que con los hijos, pues igual.

– Pues, debe tener muchas tierras porque m’ha contao el Jacinto que le va a regar los olivos, los almendros…

– ¿Sabes de qué tiene el Fermín tantas tierras?

– ¿De qué?

– De qu’es un chivato, de que cuando la guerra era un chivato y se fue quedando las tierras de todos los que delataba. De eso le viene…

– Pues, vaya…

– Por eso te digo que poca pena…

 

 

 

Dos ancianos

– No había tenido nunca perro y estaba... Claro, que su vecino se quejaba porque ladraba por la noche y eso... Que si llamaba a la policía...

– Cuida no te pongas a gritar tú por la noche y llamen los vecinos para que te detengan.

– No... Total, que el otro día se le escapó el perrico y ha desaparecido. Por lo visto, le dio un tantarantán el autobús, que vete tú a saber si no se habrá muerto y estará tirao por algún solar.. o se despistaría con el susto y se ha perdido. Espera, que me llaman. ¿Sí? Sí... sí... vale, pues ya te espero. Hala, hasta luego.

– ¿No cuelgas?

– Ya está colgao. Con que cierres... Ves, este aparato no tiene ningún ganchico para colgarlo como si fuera un jamón.

– Ya me entiendes, coño. ¿No tienes que pretar ahí?

– Que no, que se cuelga cerrando. Es el teléfono de mi chico, ¿sabes?

– Oye, que eres tú mu moderno.

– Y más que me volveré.

 

Tres señoras

– Qué buen día, ¿eh?

– ¡Ya lo creo! Mira como está la gente ya sentada en los bancos...

– Claro, si hace bueno, pues la gente se sienta en los bancos.

– Ya vendrá el frío otra vez, no te preocupes.

– Mira, el compañero se ha sentado allí.

– Pues, bueno. Cada uno es muy libre de sentarse donde le parezca.

– ¡Hombre, faltaría más! Cada uno es muy libre de hacer lo que le dé la gana.

– Pues, eso. Él se ha sentado ahí pero si nosotras nos hemos sentado aquí, pues aquí. 

– Pues, eso.

 

 

Una señora

– Pues, si es que antes la parada estaba ahí... ¡Cada vez van cambiándolas de diferente!

 

 

Dos señoras

– ¡Ay, el otro día, qué susto!

– ¿Qué te pasó, pues?

– Ay, chica, pues, que salgo de trabajar a las nueve, me voy a tomar una caña con las amigas, y, cuando ya me iba para casa, suena el móvil, miro a ver y era mi hija. Digo: ¿qué pasa? y oigo que me dice gritando: ¡Mamá, mamá! y de pronto, empiezo a oír un ruido espantoso y unos gritos, como si estuviera llorando o yo qué sé, una cosa rarísima, y yo diciéndole: ¡¿Qué te pasa, qué te pasa?! y nada, que sólo se oía ruido y gritos... Mira, se me puso un cuerpo... Le estuve llamando pero, nada, que no lo cogía. Llamé a mi marido y me dice que le había pasado lo mismo, que le llamó y no oía más que gritos y ruidos... En fin, que ya llegué a casa con el susto en el cuerpo, que yo pensaba: ¿dónde estará? ¿qué le habrá pasado? y, al cabo de un rato nos llama ella...

– ¿Y qué le había pasado?

– Pues, que fue al concierto del Cigala y le estaba gustando tanto que dijo: voy a llamar a mis padres para que lo oigan... Pa’ matarla.

 

 

Un señor joven y su móvil

– ¿Sabes por qué estoy con ella? ¿Eh? ¿Te lo digo? ¿Quieres saber por qué estoy con ella, no? ¡Pues, porque estoy enamorao, porque me tiene loco, por eso estoy con ella! ¡¿Te enteras?!

 

Dos jóvenes

– No es lo mismo "Bolas de blanca nieve" que "Blancanieves en bolas".

– No es lo mismo "Las ruinas del Machu Pichu" que venga "un machu, te meta el pichu y te arruine".

Etc., etc., etc.

 

 

Un joven

– Los metrosexuales conmigo se pondrían las botas. ¡Soy tan guapo! Todas las revistas de belleza están inspiradas en mí.