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de profesión incierta

Oído en el bus

La misma señora de antes y su móvil

– ¿Qué pasa?

– ...

– ¿Te pasa algo o qué?

– ...

– ¡Ay, maña!

– ...

– ¡Jolines!

– ...

– ¿Y eso?

– ...

– Pues, vaya...

– ...

– ¿Y la cría, cómo está? ¿Le has cambiado el pañal?

– ...

– Ya...

– ...

– No, ahora vengo del Picarral. Ya me he hecho la escalera, el patio, el ascensor y digo ya basta, a la mierda...

– ...

– Ahora tenía que estar saliendo, pero, oye, que me canso...

– ...

– Ahora voy al barrio Oliver, que tengo que hacer allí lo otro...

– ...

– Aquarius es lo que tienes que tomar, Aquarius...

– ...

– Hala, adiós.

 

 

 

Una señora joven y un señor joven

– ¿Tú me has visto a mí algunas ganas o interés?

– No.

- Pues, eso. Está claro, ¿no?

 

 

Un niño jugando

– ¡Teha teha teha teha teha... Boinggg... Guash! ¡Bruuuummmm ñiha ñiha ñiha! ¡¡¡Grinjjjj!!! ¡Grochagrochagrocha! ¡¡¡Yamg crhiiiissss Kuuuug!!! ¡Brommmg emmmmmm emmmmm emmmmmm! ¡¡¡Pagf!!!

 

 

Tres señoras

– Es de horror... 

– ¿Qué hace, pues?

– Que se arranca las uñas de los pies.

– ¿Que se arranca las uñas de los pies?

– Con los dientes.

– ¿Que se arranca las uñas de los pies con los dientes? ¿Y cómo llega?

– ¡Huy que si llega, ya lo creo que llega!

– Yo la he visto en la piscina y es...

– Un horror, ya te digo...

 

 

Dos señoras

– ¡Ah, usted va a la plaza de las alcahuetas!

– Bueno, eso me suena...

– Al final de Las Fuentes, la plaza de las alcahuetas. Yo toda la vida lo he oído así.

– Pero tendrá otro nombre...

– Oiga, toda la vida he oído la plaza de las alcahuetas, 24 años que llevo y cinco años más... Pero, sí, tiene otro nombre, no me acuerdo ahora cual...

– Será el nombre oficial, claro.

– No sé. La plaza de las alcahuetas y otra cosa que le dicen...

– Mujer, en el callejero no va a aparecer como la plaza de las alcahuetas, pondrá otra cosa...

– Pues yo toda la vida la he oído llamar así, ya le digo.

– Pero el nombre oficial no será ese.

– No sé. Tiene otro nombre pero, para mí, la plaza de las alcahuetas, de toda la vida.

 

 

 

Varias jovencitas con "piercings"

– Es muy chulo. ¿Te dolió?

– Más me dolió el pinchazo de la anestesia.

– ¿Te pincharon?

– A mí me lo hicieron con spray y hielo...

– A mí, no, a mí me pincharon.

– ¿Y qué tal con hielo?

– Guay, tía. Ni me enteré. Bueno, noté como cuando atraviesas el pollo crudo, ¿sabes?

– ¡Puag!

– ¿Qué pasa? A mí me gusta. Notas una cosa así...

 

 

Una señora que se despide de un señor amigo suyo

– Bueno, yo me bajo aquí. ¡Adiós, chorrete!

 

 

Dos señoras jóvenes con un señor que no habla y otro señor mayor

– ¡Te mandaba a tomar pol culo!

– ¡Jajaja!

– Ya querrías tú tener la fuerza que tengo yo, ya te gustaría ser tan fuerte como soy yo... Cuando me operaron, yo sola me lo pasé todo, que a mí no me cuidó nadie. Como mejor se está, sola, sin nadie que te moleste. Yo es como mejor estoy. Ya te digo, ya te gustaría a ti ser tan fuerte como yo...

– Y ya querrías tú tener mis años.

– Te crees que eso es todo, ¿no? A estas, una persona de 70 años ya les parece que tiene que estar en la tumba. Pues, no señor, ahora una persona de 70 es muy joven, a ver si te enteras. Perdone, ¿qué años tiene usted? Si no le importa...

– 84 y vivo solo.

– ¿84? ¡Madre mía! ¿Has oído? Este señor tiene 84 años y mira como está. Y tú que tienes 70 parece que tienes 90. Claro, es cuestión de cuidarse, este señor se habrá cuidado...

– Llevo 20 años haciéndome la comida yo mismo.

– ¿Se hace la comida usted? ¡Y con 84 años! ¿Y tú? Antes he tenido que gritarle porque salía de casa con la chaquetilla del pijama en lugar de la camisa.

– Y la bragueta abierta.

– Y la bragueta abierta. ¿Es para gritarle o no? Semejante dejadez... Para conservarse joven hay que arreglarse y ser un poco más presumido. A mí me gusta vivir sola. No tienes que aguantar a nadie y es lo mejor. Ahora vivo con mi padre porque está mal.

– Ah, que está enfermo...

– De la cabeza, con depresión.

– Mujer, entonces es normal que...

– La depresión, como cualquier otra enfermedad: tiene que poner de su parte para curarse, si no...

 

 

 

Dos señoras

– ¿Ya has mirado eso o qué?

– Sí, ya han venido a verlo.

– ¿Y qué?

– Ya me lo han arreglado.

– La cinta, ¿no?

– No, la varilla, que como son de plástico, que son de obra...

– Pues, mira, yo pensaba que sería la cinta.

– No, ya me ha dicho que la cinta estaba bien, que era la varilla, que tienen un tope... y, ya te digo, que como son de plástico, con estos calores...

– ¿Y todas son de plástico?

– Todas, todas de obra. Menos mal que no le ha pasado a la del salón, porque con el tamaño que tiene, que llega de aquí a aquí...

– Es grande, ¿verdad?

– ¡De aquí a aquí! Si se me estropea esa, que también le pega buena solina... Ahora mismo estará...

– ¿Y la tienes bajada?

– ¡Hombre, claro! Si no, no hay quien resista con la solina que pega.

– ¿Te ha cobrado mucho o qué?

– Nada, le digo: "¿Cuánto le debo?" y me dice: "Nada, mujer, si sólo ha sido mover la varilla un poco". Cinco euros le he dado, claro, ¿qué vas a hacer?

– No, claro, si se ha portado bien el hombre... ¿Sabes algo de José Ramón?

– Pues, que le tienen que mirar, que le dijo el médico: "¿A qué le mandan aquí? Si lo que le tienen que mirar es el intestino." La médica de cabecera le había mandado a ese pensando que era una hernia pero no. Ahora le tienen que hacer análisis de sangre y eso, ¿cómo se llama? colo...

– Una colonoscopia. Lo que faltaba para el duro.

– Eso, una colonoscopia. Que eso será para mirar el colon, ¿no? Y si lo que le tienen que mirar es el intestino...

– ¿Y el colon dónde te crees que está? (Inaudible) Desde luego... Pero, ¿dices que tiene dolores? porque creo que eso no duele.

– Le dan rayadas.

– No sé... que se mire, claro. Que mire las heces, a ver si hay sangre... Puede ser roja o negra.

– Ahora, a ver cuando le miran, porque tenían un hueco para el día trece pero, como le dijeron que tenía que hacerse el pre-operatorio quince días antes...

– ¡Bah! Que lo coja, que no lo deje escapar.

– Mujer, que le han dicho que son quince días.

– Es igual, si no, ¿hasta cuándo tiene que esperar?

– Pues, ya, para finales de septiembre.

– ¡Que coja el día trece!

– Sí, ahora ya, aunque vaya mañana a primera hora, después de decir que no, ya se lo habrán dado a otro.

– Desde luego... ¡Qué asco de vida, de verdad!

– Así que mira qué panorama. Se van a ir de vacaciones...

– Pues, con lo que se preocupan por todo, estarán... Estará la Pili...

– Pues, en un sinvivir, te puedes imaginar...

– Pues que se vayan a uno privado, oye, que lo que se gasten en eso se lo van a ahorrar en tranquilidad. Yo, desde luego, a uno privado me iba. Si no, menudo verano les espera...

 

 

Un señor

– Le dije: ¡¿Qué pasa, pues?! ¡Mecagüen diez, ven aquí que te voy a soltar una hostia que te vas a enterar! Una camiseta del Real Madrid llevaba el tontolaba...

 

 

Dos señoras

– Chica, vengo del Corte Inglés y no he visto nada que me gustase.

– ¡Qué suerte!

– Pues, sí, porque yo soy de las que... Una blusa he visto por 60 euros que no estaba mal; pero, 60 euros por una blusica...

– Pues yo también tengo que mirarme ropa.

– A mí me podrían dar, ¿sabes?, cosas que les sobran... Pero que no son de mi talla, es que con mi talla...

– A mí me ha salido un engorde aquí, que a ver qué me quito: la fruta o la pasta.

– Mujer, tampoco es para tanto.

– No pero, si lo dejas... Mira como está mi madre, que parece una mesa camilla. Nada, nada, que hay que cogerlo desde el principio. Lo que pasa es que a estas horas me pongo ciega, me como hasta las piedras y eso es lo peor, eso es lo que no hay que hacer...

– Ya...

 

 

 

Una señora mayor

– Como estoy loquita, digo lo que me da la gana. Estoy como una cabra. ¿Qué pasa? Pues, digo la verdad, como una cabra estoy. Me dice uno: "Pluma, manzana o caballo". Y digo yo: "Este tío es gilipollas". ¿Pluma, manzana o caballo? Valiente gilipollas, ¿no?

Hoy, voy a la farmacia, me peso y digo: "Esta mierda de aparato no funciona. Ayer pesaba 60 kilos y hoy peso 62. Vamos, anda. ¿Por qué? Y talla: cero". Hombre, que estoy como una cabra pero tan loquita no estoy. Talla, cero. Él si que está mal, vaya mierda.

 

 

 

El autobús, a las once de la noche, con seis pasajeros a bordo

– Por favor, pasen a la parte trasera del autobús. Gracias.

 

 

Dos señoras jóvenes

– ¿Sabes quién estaba? Esa que va tan guarra, que da tanto asco...

– ¿Allí, con los ancianos?

– Sí, yo creo que esa es prostituta pero, allí estaba, yo qué sé... Hará las dos cosas, yo qué sé...

– No sé si hablamos de la misma: una que va con la cara toda sucia, los pelos por aquí, el pintalabios así... Que no sé si es drogadicta...

– La que te digo yo sí que debe ser drogadicta además de loca. Que lleva la cara que da asco, que yo procuro no estar cerca de ella porque me da un asco... Bueno, pues, esa está con un celador.

– ¿Qué me dices? ¿Con un celador, esa?

– Oye, con un celador está.

– ¿Y qué hace un celador con una mujer así?

– ¡Ay, chica, yo que sé!

– Algunos, también... Pues, para mí, que además de drogadicta es prostituta, porque yo la he visto por aquí, ya sabes... Yo no he visto nada pero...

– Sí, si a mí me dijeron que sí que lo es.

– ¡¿Lo ves?! ¡Qué ojo tengo! Y eso que a mí no me habían dicho nada, ¿eh?

 

 

Una señora y un señor

– ¡Oye, ven aquí!

– Ya voy, ya voy...

– Es que, claro, se sientan todos mal, todos, uno solo, uno solo, y no nos podemos sentar juntos.

– Ay... ¿Qué dices?

– Que como se sientan todos mal, que se sientan todos uno solo, uno solo, pues no hay manera de sentarse juntos tú y yo. Ya ves...

 

 

Un señor andaluz, viendo trabajar a una brigada de "Parques y Jardines"

– ¡¡Que se van a matá, allí, con la pala, tós tan juntos!!

 

 

Una señora y una señorita

– Cara de pan.

– ...

– Digo que no me había acordado de comprar pan, pero ya tienes tú cara de pan.

– Ya.

– Oye, cara de pan tienes.

– Cara de padre.

– Eso, también.

– Si lo tuviera.

– Padre tienes, lo que pasa...

– De portavoz, podríamos decir.

– ¡Équilicua!

– ...

– Mira qué cría.

– Ya.

– Qué mona.

– Es una gorda.

– No, no está gorda. Está rellenina, no es una cosa exagerada.

– Está gorda.

– Así de rellenita estabas tú de pequeña.

– Ya.

– Después, empezaste a andar y te estilizaste mucho.

– Será que el andar me estiliza.

– Eso será.

– En eso estoy.

– ¡Qué vas a estar! Esta semana has hecho mucho el idiota. Anda, que la bolsa de chuches que subiste el otro día...

– Bueno, es que me gustan.

– Pues ya verás para quitarte después eso de aquí. Ya verás lo que te va a costar.

– No, que ya no me compro más.

– Te vas a enterar de lo que cuesta quitarse eso de aquí, te vas a enterar...

 

 

Una niña, su madre y el resto de pasajeros

– ¡Mira mamá: el castillo de Disneylandia!

– No, hija mía, que es el Pilar.

– ¡Jo, pues se parece un montón!

– ¡¡Jajajajajajaja!!

 

 

Una abuela y su nieta

– ¡¡¡Yayoooo!!!

– Ven, ¿te quito la chaqueta?

– ¡¡¡Yayoooo!!!

– ¿Te quito la chaqueta?

– ¡¡¡Yayoooo!!!

– ¿Te quito la chaqueta?

– ¡¡¡Yayoooo!!!

– ¿Te quito la chaqueta?

– ¡¡¡Yayoooo!!!

 

 

Un señor de aquí y otro señor de allá

– Mira, si encuentras un buen local, te pones un negocio de productos de primera necesidad, abierto las 24 horas... y a ganar dinero.

– No, amigo, eso no da dinero. Yo te digo lo que da dinero, chico: una tienda erótica donde van las mujeres a comprar cosas para las despedidas de soltería. Aquí no hay de eso, chico, y eso sí que da dinero.

– Ah, lo erótico... Sí...

– Es que yo, además, pongo un sitio que echas una moneda y ves que están follando. ¿Tú sabes? Es bueno eso.

– Ya, ya...