Una niña pequeña y su madre
–¡Jajaja... Fue superdivertido! El lobo era periodista, la abuela hacía deporte...
–Así no es el original.
–Ya, mamá, pero es que lo habían modificado.
–¡Jajaja... Fue superdivertido! El lobo era periodista, la abuela hacía deporte...
–Así no es el original.
–Ya, mamá, pero es que lo habían modificado.
–Oye, ¿y qué tal el perrico?
–De juguete.
–Es que es monísimo.
–Pero me vuelve loca.
–Los cachorros, ya se sabe...
–Pero, que le dije al de la tienda: ¿Me dará mucho trabajo? Y me contesta: ¡Sí, hombre, no da trabajo Rajoy y se lo va a dar el perro! No te jode...
–En un minuto te haces un huevo duro.
–El huevo duro no se cocina.
–¿Que no se cocina? ¡El huevo duro se echa al puchero, tonto l'haba!
–Eso es el huevo pasado por agua.
–¡Hola!
–?
–¿Qué tal?
–¿Me dices a mí?
–Sí, claro.
–Pues, no sé...
–Sí, hombre...
–?
–¿No vives ahí?
–No.
–¿No eres mi vecino?
–No.
–Pues, nada...
– ¡Ahí va, ahora me entero!
– ¿De qué, de que se ha muerto Chávez?
– No, a mí Chávez no me interesa... Un chino que ha matado a un perro en una gasolinera.
–¡Qué tiempo más malo, qué frío hace!
–Hace fresco, ¿eh?
–Se ha levantado un aire...
–Pues, nosotros, nos vamos a Tarragona.
–¡Madre, qué ocurrencia! ¡Con el tiempo que hace! ¡Qué ocurrencia!
– Vamos de mal en peor. Yo el progreso lo comparo al traje de baño de las mujeres: que progresando, progresando... se ha quedado en nada.
– Hombre, algo tenemos en común: las gafas y la barba, jajaja...
– Es verdad.
– Yo, ¿sabes?, soy aficionado a la pintura...
– ¡Anda!
– ¿Qué pasa?
– Que ya tenemos algo más en común.
– ¿También pintas o qué?
– Sí.
– ¿No te dedicarás a eso?
– Más o menos.
– Bueno, yo soy aficionado, ¿sabes? Habré pintado siete u ocho cuadros.
– Yo, algunos más.
– Es que no es para mí. Mira, cuando acabo el cuadro me quedo satisfecho pero mientras lo pinto... ¡Uf! La ansiedad, ¿sabes?, la ansiedad... Que se pasa muy mal.
– Qué me vas a contar a mí.
– Pues, eso, que yo... no... A mí me gusta vivir tranquilo, prefiero oír música que ponerme de los nervios porque no te sale lo que quieres. No, no... ¡Hay que tener la olla un poco p’allá para dedicarse a eso! Oye, perdona, ¿eh? Que yo me pongo a cascar y no sé lo que digo.
– No, no, si tienes toda la razón.
– Ya te digo, a mí me gusta vivir con clama, que ya he pasado lo mío. Yo empecé de pastor, ¿sabes? Quince años me pegué.
– ¿Y qué años tenías cuando empezaste?
– ¡Once! ¡Bah... No sabes tú lo que era eso!
– Me imagino. Hombre, hay otro pintor muy famoso que también empezó de pastor.
– ¿Quién?
– Giotto.
– ¿Giotto? ¿Italiano o qué?
– Sí, señor: italiano.
– Pero empezar de pastor no es garantía de nada, ¿eh? Hay cada uno...
– Como en todos los sitios, me imagino.
– ¡Bah... te podía contar...! ¿Me dejas que te cuente una anécdota que me pasó el otro día?
– Faltaría más. Cuenta, cuenta...
– Pues llevé unos cuadros a la droga de Borja donde compro los lienzos, porque en mi pueblo no hay nada de eso, y estaba allí la mujer que pintó el Ecce Homo.
– ¡Anda!
– Y me dice: "¿Eso lo has pintado tú?", y digo: "Sí, señora", y se queda mirando y me dice: "Oye, ¿cómo lo haces?", y digo, jaja: "¡Yo qué sé, le doy así...!" y me decían los otros: "No le digas como lo haces, ¿por qué le tienes que decir a ella cómo se hace? ¡Que se joda, que ella sale en la televisión y todo!
– Oye, la familia es la familia... Yo quiero mucho a mi hermana pero me tiro por mi mujer y mi hija, claro. Y aún te digo más, que algunos me dicen que estoy loco: Me tiro más por mi mujer que por mi hija, que, oye, al final, la que te va a cuidar es la mujer, que la hija se irá cualquier día, que ya tiene veintiuno, y formará su propia familia y, si todo va bien, si no se tuerce nada, con suerte, vendrá a verme alguna vez. Y para. Y mi mujer será la que se quede conmigo y me cuide si me hace falta. Ahora que yo, una cosa te digo... Que dicen algunos que si dar la vida... ¿La vida? ¿Quieres que te lo diga bien claro? ¡Yo no doy la vida por nadie! ¿Me has entendido? ¡¡Por nadie!! Yo por mi hija haré lo que sea, le ayudaré todo lo que pueda... Si necesita un riñón, que cuente con él, faltaría más... Pero la vida... ¡¿La vida?! ¡No me jodas, la vida! ¡La vida! ¡Mi vida es mía! ¡No la doy por nadie! Eso, que quede claro, ¿eh?, que quede claro.
– ¡Jajaja!
– ................
– ¡Jajajaja!
– .........................
– Ya...
– ............................................................................................................
...............................................................................................................
– Hombre, los tornillos tendrán que estar prietos, jaja...
– ............................................................................................................
...............................................................................................................
............................................................................................................
...............................................................................................................
– Ya...
– ..............................................................................................................
...........................................................................................................
............................................................................................................
...............................................................................................................
............................................................................................................
...............................................................................................................
............................................................................................................
...............................................................................................................
– Pues, yo, estábamos el otro día y llamó...
– ................................
– Vale, vale, venga, ciao.
– ¿Sabe si el lunes es fiesta?
– Sí, señor, fiesta.
– Pero, ¿de todo?
– Del todo.
– ¿También cierran las empresas?
– Sí, señor. Es fiesta para todos.
– ¿Y las cervecerías también cierran?
– Hombre, eso ya...
– ¿Y las empresas de cervezas?
– No sé, oiga...
– ¿Cristina?
– ...
– Hola, ¿estabas en la cama?
– ...
– Yo, a las ocho.
– ...
– Pues es que, cuando volvía a casa, me encontré con unos amigos y ya...
– ...
– Sí, claro, hasta las ocho. Y hoy tenía misa a las doce, así que casi no he dormido.
– ...
– Lo pasamos bien, ¿eh?
– ...
– Yo, a partir del tercero, ya perdí la cuenta.
– ...
– Bueno, recuerdo un orujo de hierbas... Eso debió de ser lo último...
– ¿Cómo ha tardado tanto?
– El tráfico, señora, el tráfico.
– Ya lo decía yo.
– ¿No ve que es hora punta?
– Y aunque no fuera hora punta. Está el tráfico fatal con el dichoso tranvía...
– Tendrás que buscarte otra más joven para venir a sitios con esta música. ¡Me está volviendo loca!
– ¡Qué dices! Pero, si esto es del 73.
– Pues, entonces, tendrás que buscarte otra más vieja.
– En mi pueblo tenemos un cura que es pa' verlo... Habría que grabarlo y que lo viera toda España.
– Ayer oí no sé qué de que el vino es bueno para la tensión.
– Hombre, claro. Ya lo sé.
– Y el café, que siempre habían dicho que te subía la tensión...
– Te la sube momentáneamente.
– Ahora, de ahí a que sea bueno para la tensión...
– Ya sabes que un día dicen una cosa y al otro dicen otra.
– Sí, antes el jamón era malo y ahora es bueno.
– Es que ahora sobrán.
– Demasiados jamones hay ahora.
– Como el aceite de oliva, que también decían que era malo y ahora es bueno.
– ¡Ah! De oliva, sí... Es que entonces no había.
– Sí que había. Lo que no se podía comprar...
– Pues, eso, que como ahora el jamón está barato, pues es bueno.
– Lo que es bueno son las legumbres.
– ¡Cuida con las legumbres!
– ¿No son buenas o qué?
– Sí, claro que son buenas, pero a mí me dijo el médico que no vaciase el bote directamente en la sartén, que las lavase primero para quitarles la espuma que sueltan...
– Es verdad, que sueltan una espuma que parece detergente.
– Pues, eso. Igual que detergente. Y las lavas y sigue saliendo esa espuma asquerosa...
– Oye, pues eso haré. Lavar las legumbres, es verdad, no había caído...
– Vete a saber qué conservantes llevan. Como para meterte en el cuerpo esa mierda.
– Eso haré, eso. Lavarlas, pero bien.
– ¿Eres un gigoló o qué?
– ¿Un gigoló?
– Un gigoló.
– ¿Qué es eso?
– Uno con mucho atractivo que lleva a las mujeres de calle.
– Vete a la mierda.
– Decía: ¿Es o no es? Después de tantos años...
– Pues, bueno, yo siempre por aquí...
– Pero hacía mucho que no te veía.
– Pues, por aquí siempre. ¿Y tú?
– Bien, ya ves... Bueno, que viene el autobús, me alegro de verte...
– No, si nosotros subimos en este, también.
– ¡Ah, que subís en este! Pues, nada...
– Pasa...
– No, que me quedo aquí, que bajo en Escolapios.
– Nosotros, también.
– ¡Madre, ¿este es tu chico?!
– El pequeño.
– ¡Madre el pequeño! ¿Qué años tiene, pues?
– Trece. La mayor ya tiene veinte.
– Chica, chica, como pasa el tiempo. ¡Madre, cómo está! ¿A quién ha salido, pues, tan alto y tan lustroso?
– A su padre.
– Como pasa el tiempo. Ochenta y dos tengo yo ya, ¿eh? Que cuando he oído el payaso ese que se ha muerto con ochenta y tres digo: Mira, uno más que yo. Maña...
– ¿Quién se ha muerto?
– ¡El payaso ese, ¿no sabes?!
– No...
– Pues si han estado toda la tarde sacándolo en la tele...
– Pero, se ha puesto el chico un juego y ya no he visto nada.
– ¡El Miliki!
– ¿Miliki se ha muerto?
– El Miliki. Toda la tarde llevan en la tele sacándolo.
– Ya, ya, que no he visto nada. No sabía.
– Pues, yo, te miraba, te miraba y decía: ¿Es ella o es su madre?
– Hombre, mi madre es más mayor.
– Ya, pero después de tanto tiempo, como os parecéis tanto...
– Eso dicen, que me parezco mucho a mi madre...
– Y tu madre, ¿qué tal?
– Bien... Hala, que ya estamos.
– Espera, que me cuesta bajar...
– ¿Has visto cómo pegaban?
– Si te viene uno de esos, hay que cogerlo entre varios y, lo primero de todo, quitarle el casco.
– Un poco difícil...
– Pues, es lo que hay que hacer, quitarle el casco y morderle, pero moder... bien, buen mordisco, sin soltar.
– En la yugular.
– Exactamente. Que se desangre.
– ¡Pues, eso, que yo qué sé!