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de profesión incierta

Oído en el bus

Una señora joven acompañada por otra un poco más mayor

– ¡¡Gol!! ¡¡¡Goooooool!!! ¡¡¡Tomaaaaa!!! ¡Ahora sí! ¡¡¡Gooooool!!! ¡¿Ves lo que me estoy perdiendo por acompañarte?! ¡¡Lo que me estoy perdiendo!! ¡Y todo por acompañarte!

 

Un señor

– ¡Va a caer lo que no está escrito! ¡Va a caer lo que no está escrito! Y si no graniza, ni bien ni mal...

 

Una joven catalana y su móvil

– ¿Sabes que al curso que viene vamos a desescolarizar a Fabián?

– ...

– No, hombre, no dejará de recibir una educación pero será otra distinta. Estamos un grupo de gente trabajando en eso. ¡Estoy supercontenta, Michel!

– ...

– Será otro tipo de educación: sin exámenes, por ejemplo. Otra cosa, porque no se puede seguir así, porque esto es un desastre.

– ...

– Ya sé que es difícil, pero lo vamos a hacer bien, ¿qué te crees? Va a ser hasta legal, fíjate. En nuestro grupo hay de todo: maestros, educadores, gente que lleva años trabajándose los temas legales. Cada uno tiene su papeleta.

– ...

– ¡Ya sé, Michel, ya sé! Pero, ¿qué voy a hacer? ¿Esperar a que cambie el sistema por sí solo? ¡El sistema no va a cambiar y yo no me voy a quedar sentada esperando a que cambie, porque no va a cambiar. ¡Yo no me paro! Además, este es un tema que interesa a todo el mundo. ¿A quién no le interesa el tema de la educación? ¿A quién no le parece que el sistema educativo es una mierda, que ha sido un fracaso? ¡Hay millones de personas que piensan que el sistema educativo ha fracasado!

– ...

– Bueno, si no son millones, serán miles, pero muchos... Estoy supercontenta, Michel, de verdad...

– ...

– Sí, tío, tenemos que quedar, a ver si quedamos...

– ...

– ¡Vale! Pues, ya hablaremos. Un beso, Michel, muá, te quiero.

 

 

Dos señores

– ¡Eeeeeeh...!

– Al médico.

– ¿Al médico? ¿Tienes cara de estar malo o qué?

– La pierna, que me la tiene que curar.

– Hala, pues...

 

Una madre ecuatoriana y su hija

– No me suplique, usted está aquí para estudiar, para eso está, no más. Y si el día lunes no me trae un aprobado, la mando con su papá. Y a su hermana, igual. No va a estar una trabajando como una burra para que ustedes no piensen más que en salir y salir. Y cuando sale, tiene que saber estar, tiene que saber comportarse, hacer las cosas como se debe. ¿No se cansa de hacer todas las semanas lo mismo?

 

Dos señoras y el hijo de una de ellas

– ¡Anda, mira quién está ahí, tu hijo!

– ¡Hola! Que vas al instituto, ¿no?

– Mmm...

– ¡Ay, chica, con eso p'arriba... Mira que me gustan poco los chicos con eso p'arriba!

– La cresta, que se lleva así. Su hermano aún lleva más, no te creas.

– Ya, la moda. Chica, chica... Casi no lo conozco, ¿eh?, como hacía mucho que no lo veía...

– ¿A que está guapo?

– Vaya...

– Pues, que va, que tiene que recuperar dos asignaturas que le han quedao.

– Pero las sacarás, ¿verdad?

– Mmm...

– ¿Y ya con esto acabas o qué?

– Paso a segundo.

– ¡Ah! Dice que pasa a segundo, que pasa a segundo dice.

– Es que ha repetido primero.

– ¿Qué años tienes pues?

– Tiene quince.

– O sea, que aún no has cumplido dieciséis.

– No los ha cumplido, no...

 

 

 

Oído por la radio de la empresa de autobuses

– Ya me dirás lo que comes en el cuartel, Tomás.

 

Una señora joven y un joven

– ¿Y qué tal?

– Bien...

– A las que veo más es a tu madre y a tu hermana.

– ¿...?

– ¡Ay! Tú eres el hijo de la Angeles, ¿verdad?

– Sí.

– Te había confundido con el de...

– El de la Nati.

– Es que os parecéis mucho.

– Un aire...

– Pues, nada, yo, que me he separado completamente, por fin.

– Lo he visto alguna vez pero, claro, no vas a preguntar así desde lejos...

– No, el día cuatro nos separemos...

 

Un jubilado a otro

– No sabes lo decepcionado que estoy, hijo, de ser español, lo decepcionado que estoy... ¡completamente decepcionado!

 

Un señor

– Que él no me había llamao de nada... ¡Me puso de hijoputa p'arriba y dice que no me había llamao nada!

 

Un matrimonio frente a un escaparate junto a la parada del autobús

– Esto es todo de hombre...

– ¡Pero yo también quiero que vayas bien majo!

– Pues, si ya voy.

– ¡Pero de verdad! ¡Pero de verdad...!! ¡¡Hala, vamos!!

 

Un joven y un señor

– Ese no tiene ni carácter, ni personalidad, ni nada.

– Pero lleva un mercedes.

– Lleva un mercedes porque su padre siempre ha llevado un mercedes, por eso...

 

Un jubilado y el conductor

– ¿Qué pasa?

– Que se ha quedado sin saldo.

– ¿Y eso qué quiere decir?

– Que tiene la tarjeta caducada.

– ¿También caduca esto?

– ¡Hombre...!

– ¡Pues si aquí no pone nada de caducar!

– Pero, tiene que estar al tanto...

– Pues, vaya... ¿Y ahora tengo que pagar o qué?

– ¡Jodo: claro que tiene que pagar, nos ha jodido!

– Pues, cóbrese...

 

Una señorita y su móvil

– No, mira, que me lo ha explicado muy bien, me ha visto la cara y me lo ha explicado muy bien: Le tienen que abrir el hueso, sacarle todo y volvérselo a rellenar porque sino el hueso se queda vacío.

 

Una joven y su móvil

– ¡Jajaja... ¿el Batman? Jajajaja... ¿Qué me dices? Jajajajajaja... ¿Y qué va a hacer el Robin sin su compañero? Jajajajaja!

– ...

– ¡O sea, que uno se queda con la novia y el otro con el perro! Supongo que será más fiel el perro.

 

Una anciana con gayata que no se quiere sentar

– Jejeje... Soy tremenda. Si no fuera por el genio que tengo...

 

Una señora

La señora que ayer había estado en el restaurante por la comunión de su hijo, hoy venía con el traje de almirante en una bolsa de plástico con percha.

 

Dos señoras

– Hola, ¿te quieres sentar?

– Sí, anda. Ay...

– Pues, nada, que vengo del restaurante, que tengo la comunión de mi chico y aún ando con el restaurante.

– Como complican todo ahora, ¿verdad?

– Sí, chica, se lo toman como algo que yo que sé.

 

Dos jubilados

– Me voy a sentar... ¿me deja pasar o se corre? Yo voy hasta el final.

– Pase, pase, que yo me bajo enseguida.

– Parece que va parando el viento...

– Pues, sí.

– Aún está valiente, ¿eh?

– ¿El qué?

– ¡¡El viento, que aún está valiente!!

– ¡Ah, sí!

– Vengo del huerto, y lo único que resiste es una roseda que tengo junto a la tapia. Lo que tengo plantao a tres metros de la tapia, to socarrao, pa tirar.

– Je, je... La roseda, ¿eh? Lo único que no se pué comer.

– Exactamente. Las lechugas y las acelgas, socarradas. Y todo igual. Las tomateras de mi vecino... ¡puag!

– Son mu sensibles las tomateras.

– Y los pimientos, aún más.

– Sí, los pimientos son mu delicaos.

– Dice mi vecino que iba a arrancar todo y a ponerlo nuevo y le dije yo: "Espera", pero no me hizo caso y, ahora, tendrá que arrancar todo otra vez por se le ha socarrao. Yo, ahora es cuando voy a plantar lo nuevo y será lo que tire y lo de mi vecino, na...

 

Dos señoritas

– Chica, me dijo de salir juntas pero me parece que...

– Que salir con ella es como ir un poco en plan zorra.

– ¡Pues, sí! No sé...

– Me dijiste que era abogada, ¿no?

– Sí, algunos fines de semana está de guardia.

– Que tendrá que...

– Sí, con asuntos de maltrato de mujeres y cosas así... ¡Que no te puedes imaginar lo que hay por ahí!

– Oye, qué fea es su hija.

– ¡Uf, espantosa!

– Fíjate que para decir de una cría que es fea...

– Un horror.

– Y, además, la lleva tan hortera...

– Es que ella también es muy hortera, va muy hortera.

– Ya, ya... Oye, y esta otra, que boca más rara tiene.

– ¡Sí!

– Es como si no pudiera pronunciar...

– Es que le va el prive. Ya llevaría...

– ¡Ah! Que se habría tomado alguna caña.

– Vino blanco, bebe vino blanco.

– ¡Qué problema el de la bebida!

– Sí, a la gente que le va eso... Beben...

– Con ansia.

– No, como si bebieran agua.

– Y yo que no puedo... A ver, me gusta el vino, pero unos sorbitos. Yo un vaso entero, ¡incapaz!

– Ya.

– Y una jarra de cerveza... Me pongo mala sólo de verla. Me puedo tomar cuatro cañas seguidas pero ver junta semejante cantidad de cerveza...

– Esta es nuestra parada, ¿verdad?

– ¡Ah, sí, aquí tenemos que bajar!