Rebajas de verano
– ¡Anda, mira quién está ahí, tu hijo!
– ¡Hola! Que vas al instituto, ¿no?
– Mmm...
– ¡Ay, chica, con eso p'arriba... Mira que me gustan poco los chicos con eso p'arriba!
– La cresta, que se lleva así. Su hermano aún lleva más, no te creas.
– Ya, la moda. Chica, chica... Casi no lo conozco, ¿eh?, como hacía mucho que no lo veía...
– ¿A que está guapo?
– Vaya...
– Pues, que va, que tiene que recuperar dos asignaturas que le han quedao.
– Pero las sacarás, ¿verdad?
– Mmm...
– ¿Y ya con esto acabas o qué?
– Paso a segundo.
– ¡Ah! Dice que pasa a segundo, que pasa a segundo dice.
– Es que ha repetido primero.
– ¿Qué años tienes pues?
– Tiene quince.
– O sea, que aún no has cumplido dieciséis.
– No los ha cumplido, no...
Cuando me presentaron al padre del niño ético, del que hablo aquí debajo, me dijo:
"Ya tenía yo ganas de conocerte".
Por aquellos años, Ibercaja había regalado serigrafías de artistas aragoneses a sus clientes más distinguidos. A mí, como a todos los demás, me encargaron dos y se me ocurrió hacer sendos homenajes a Duchamp y Beuys.
El padre del niño ético, que, como ya he dicho, era director de una sucursal de Ibercaja, repitió:
"Ya tenía yo ganas de conocerte. En menudo lío me metiste con las litografías aquellas. Yo, cuando las vi, ya pregunté: Oye, ¿no hay otras? Porque me mandaron todas iguales, las tuyas solamente, que ya podían haber mandado un surtidico para que los clientes pudieran elegir... Pues, ¡menudo como se pusieron algunos!... Como si les hubiera tirado un gato a la cara. Uno me trajo la serigrafía enrollada y me dijo: ¡Esto se lo mete usted por el culo! Por eso te digo que ya tenía yo ganas de conocerte... Por lo menos, que te enteres".
No tengo fotos de las serigrafías, lo siento.
"Ética y estética son una misma cosa".
Ludwig Wittgenstein
Hace tiempo, la esposa de un director de sucursal de Ibercaja, a la que supongo lectora de Wittgenstein, me dijo:
"Mi hijo es muy ético. Pero, mucho... Mira, es incapaz de salir de casa si no lleva conjuntado el pantalón con la camisa, con los zapatos..."
– Ya me dirás lo que comes en el cuartel, Tomás.
1/ No se ha visto nada más satánico ni más artístico en los teatros alemanes.
Ernst Decsey
2/ Con esto va a causarse un perjuicio terrible.
Guillermo II
3/ ¡Con este perjuicio pude construirme mi villa de Garmisch!
Richard Strauss
4/ Decididamente, es más una sociedad anónima que un genio
Karl Kraus
Recopiladas de El ruido eterno de Alex Ross.
Theodor Herzl formuló por primera vez su visión de un Estado judío después de asistir a una representación de Tannhaüser.
Alex Ross. El ruido eterno.
– ¿Y qué tal?
– Bien...
– A las que veo más es a tu madre y a tu hermana.
– ¿...?
– ¡Ay! Tú eres el hijo de la Angeles, ¿verdad?
– Sí.
– Te había confundido con el de...
– El de la Nati.
– Es que os parecéis mucho.
– Un aire...
– Pues, nada, yo, que me he separado completamente, por fin.
– Lo he visto alguna vez pero, claro, no vas a preguntar así desde lejos...
– No, el día cuatro nos separemos...
Cuando Alejandro Magno cayó gravemente enfermo, los médicos no se atrevían a tratarlo por miedo a pagar con la cabeza la muerte del paciente. Sólo Filipo de Acarnania, médico y amigo del rey, tuvo el valor de acudir en su socorro y preparó un remedio. Y entonces Parmenio, el más fiel de los cortesanos, mandó al soberano una carta de advertencia. "Majestad –decía la carta–, el rey de Persia, Darío, ha sobornado a Filipo con promesas de matrimonio con una de sus hijas, y éste viene ahora a envenenarte". El rey no mostró la carta a nadie, pero cuando Filipo le trajo el cáliz con la medicina, se la dio a leer mientras bebía la mixtura sin miedo. Uno leía y el otro bebía, hasta que, al final, se miraron a los ojos.
Andzrej Szczeklik.
Clara Marta me ha enviado un enlace a
http://www.imaginaria.com.ar/?p=6097
en donde hablan muy elogiosamente del libro que escribió Carlos Grasa e ilustré yo.
Cuando el conde Keyserling "sufría los horrores del insomnio que no le daban tregua", encargó a Johann Sebastian Bach una música... somnífera. Dicen que Bach aceptó a regañadientes este encargo impropio, que, para colmo, estipulaba que la pieza debía ser ligera y amena. Así nació un aria serena con treinta variaciones rebosantes de virtuosismo, llamadas variaciones Goldberg...
Andrzej Szczeklik. Catharsis. Acantilado, 2010.
No he leído la novela ni había visto la película hasta la otra noche, en que me quedé a verla por televisión. Me pareció una versión pretenciosamente seria de "El día de la Bestia". Como lo que hacía "Aterriza como puedas" respecto a las películas de catástrofes, pero al revés. ¿A qué fin?