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de profesión incierta

Le fantome de la Liberté

 

Por un lado, con este título Buñuel quiso homenajear a Karl Marx. Por otro, pensaba que “la libertad del artista y del creador es tan ilusoria como la otra.”

Efectivamente. Dalí pintó una Alucinación parcial. Seis apariciones de Lenin sobre un piano.

Jeanne Rucar se quedó sin piano.

Etc.

(Encima de este cuadro pinté otro. No recuerdo cual.)

 

Cet oscur objet du désir

 

“Durante toda mi vida me he esforzado por aceptar, sin intentar comprenderlas, las imágenes compulsivas que se me presentaban.” Luis Buñuel.

Hago mías estas palabras. A veces las imágenes no se presentan, se encuentran. Esta es una de ellas. No sé que diablos pinta aquí Frida Kahlo. Como diría el rabino del chiste, ni lo sé, ni me importa.

(Encima de este cuadro pinté "Diálogo entre Beuys y Duchamp". Ya no existe.)

 

 

L'âge d'or

L'âge d'or

 

Para los entendidos, lo fundamental en esta película es la escena del jardín.

A propósito, ¿dónde estuvo el Jardín del Edén: en el caldo primigenio o en el líquido amniótico? Incapaz de alcanzar tales abstracciones, he llegado en la escala evolutiva hasta donde he podido.

 

El pan de oro me lo regaló, más o menos por aquellos días, mi amigo Rubén Enciso. 

 

Los olvidados

Los olvidados

 

Las complejas relaciones materno-filiales que recorren la película de cabo a rabo tienen su sorprendente correspondencia en los complejos cálculos que sobre la mecánica del deseo realizó Duchamp para pintar su Mariée mise à nu par ses célibataires, meme.

Bien mirado tampoco es tan raro; algunos han visto en el Gran Vidrio de Duchamp un cuadro de la Asunción de la Virgen.

 

 

La Mort en ce jardin

La Mort en ce jardin

Tema mítico popularizado por Poussin en Los pastores de la Arcadia.

 En este cuadro, tres pastores y una mujer descubren sobre un túmulo el siguiente graffiti: Et in Arcadia ego.

Según Panofsky, ego  es la muerte. Según Lévi-Strauss, la autora del graffiti es la mujer.

 

La Voie Lactée

 

Dos peregrinos recorren las herejías cristianas con la misma soltura con la que un par de fichas pueden recorrer el Juego de la Oca.

(Pero es el Parchís quién tiene forma de cruz)

La Oca la copié del dibujo de un esquizofrénico “curado”, según Leo Navratil. En la fase aguda de su enfermedad dibujaba como Van Gogh. Una vez curado, dibujaba como Freixas.

(Encima de este cuadro pinté "Las gansadas de Rimbaud". Ya no existe)

 

 

 

Lukoil y Repsol

Lukoil y Repsol

 

 

Una señora joven

– Yo trabajo en el Ayuntamiento... en Urbanismo, pero no soy de las corruptas, ¿eh?, de las formales.

 

Ovejas

Ovejas

Observo que una de las páginas más visitadas de este blog es la de la oveja. Por ello, les recomiendo encarecidamente "El sacrificio", una página del blog de Harry Sonfór: http://cambiorad.blogspot.com/

(Lo siento, he olvidado cómo hacer los enlaces.)

 

 

Presentador de libros

Presentador de libros

 

Entre mis variadas actividades, a veces me ha tocado presentar libros o cosas así. Recuerdo que mi primera presentación fue con el gran Daniel Gil, el diseñador de las cubiertas de Alianza. Me dio un ataque de timidez e hice el ridículo más espantoso. De fracaso en fracaso llegué a ponerme de moda como presentador durante dos temporadas. La moda siempre es efímera pero creo que algo contribuí con mi particular sentido del humor.

Una vez, por ejemplo y porque no sé decir que no, presenté un librito infantil titulado “A soñar con los angelitos”, editado por La batidora de Ideas. El público no era el habitual en estos casos. Era la clase de público que esperarías encontrarte en un retiro del Opus Dei. Al empezar a leer, me sentía como Guillermo Brown en el cumpleaños de Humbertito Lane. Al acabar, mucho peor. Perpetrado el chandrío, puse pies en polvorosa con la dignidad de un proscrito.

El texto decía así:

 

A soñar con los angelitos es un buen libro para niños.

Casi no tendría nada más que añadir si no fuera por el subtítulo: Cuento para aprender a dormir.

¡No señor! Aquí Miguel Ángel se equivoca. O nos quiere despistar.

Los cuentos infantiles siempre son cuentos para NO dormir. Este es un buen cuento infantil porque es un cuento para no dormir como voy a demostrar ahora mismo.

Dice: Si los niños se duermen pronto… Esto ya te pone en guardia. O sea, a ningún niño le gusta dormirse pronto. Aquí ya hay un chantaje o algo. De momento, hay que estar muy despierto para ver que pasa.

 

Sigue: Vienen los angelitos y se los llevan. Ya está. Vienen los angelitos y se los llevan. Dios mío. Yo pasé mi infancia aterrorizado por mi ángel de la guarda. Me daba mucho miedo que alguien me siguiese. Si, además, era invisible, ni te cuento. Si era invisible, podía ser tres cosas: un fantasma, un ángel o un demonio. Decían que los fantasmas no existen pero los ángeles y los diablos, sí. Los diablos podían acercarse de vez en cuando para tentarte con polos de fresa o ganas de hacer pirola. Pero el ángel de la guarda estaba siempre detrás de ti. No había duda. Las mismas personas que te decían que los fantasmas no existen, te aseguraban que te seguía continuamente el ángel de la guarda: tu abuela, tu madre, tu monja… Había una lámina muy famosa que quizás recuerden. Un ángel de la guarda perseguía a su niño con tal determinación que el pobre corría a arrojarse por un precipicio. Parecía un invitación al suicidio infantil.

Está bien, pues “…vienen los angelitos y se los llevan”.

 

Pero, ojo, se los llevan volando a las nubes. Esto, para los niños que tenemos vértigo es fascinante. O sea, no se los llevan a una torre muy alta o a una montaña o a algo en lo que por lo menos puedan tener los pies apoyados en algo sólido, no: se los llevan a las nubes.

Y en las nubes, los angelitos les enseñan a saltar. Encima. Pegando saltos encima de las nubes. La lámina del precipicio es un juego de niños comparada con esto. Saltando en las nubes… ¿A qué fin? Es como cuando en las películas de terror, la protagonista sale de su cuarto a ver que pasa y baja hasta el sótano que no tiene otra salida que la trampilla que…

A ver, que me pierdo.

 

Y saltan tanto, que de las nubes caen gotas. Bueno, vale. Entonces, un poco más abajo, Miguel Ángel añade: Y eso es la lluvia. Ya. Y nos lo vamos a creer. Ese truco también me lo conozco. Sueñas que estás saltando encima de una nube y que llueve y lo que pasa es que te estás meando en la cama. Con el miedo que está pasando, ¿qué otra cosa puede hacer la criaturica?

 

Cuando llueve crecen los árboles. No sean mal pensados. Esta vez los árboles son los árboles. Lo que pasa es que cuando andas metido en estas aventuras y te pierdes por la noche en un bosque, los árboles tienen caras en el tronco, como los monstruos que descubrían los viajeros de la Edad Media, y las ramas son brazos que te quieren agarrar.

 

Y crece, crece y crece la hierba. Ver crecer la hierba presupone un estado de conciencia fuera de lo normal. No nos vamos a detener en esto para no liarnos. En fin, Alicia en el País de las Maravillas sabía algo al respecto.

 

Y la hierba se la comen las vacas. Por fin nos encontramos con un animal simpático y entrañable que parece anunciar un final feliz. Menos mal.

Pero, en la página siguiente, dice: …que se ponen muy gordas. Y pasamos página y remacha: Tan gordas, tan gordas que ya no caben en este cuento. Otra vez Alicia, otra vez esos estados alterados de conciencia. La vaca, además, tiene un aspecto de colcha que tira de espaldas. Recuerdo perfectamente mis noches infantiles con 39 de fiebre, cuando los dibujos de la colcha y la colcha entera crecían y crecían hasta hundirme en el colchón de lana y después menguaban hasta que casi no se veían y volvían a crecer y volvían a menguar… Parece muy bonito pero era terrorífico.

 

La vaca nos ha llevado a otro aspecto del libro que es muy interesante. El uso de textiles en las ilustraciones. Que la vaca sea una colcha y los angelitos estén bordados en la almohada refuerza la potencia de la pesadilla. Aunque el niño se despierte, seguirá inmerso en ella. Es una idea diabólica. Todo un hallazgo. Yo creo que este libro, al que auguro un gran éxito, se vendería mucho mejor acompañado de un juego de cama como el que le hizo a Daniel su abuelita, con tanto cariño. Es una idea que aporto desinteresadamente a la Batidora.

 

Bien, quizás haya exagerado un poco en mi propósito de defender la tesis de que este es un libro para no dormir, al contrario de lo que indica su subtítulo. Pero tengo pruebas que avalan mi teoría. Mi nieta no se ha dormida nunca con él. Se pasa horas y horas hojeándolo en busca de la vaca y no se duerme. También es verdad que no se duerme ni con este libro ni con nada.

 

 

Refundación del capitalismo

Refundación del capitalismo

 

 

Lukoil quiere comprar el 30% de Repsol

Lukoil quiere comprar el 30% de Repsol

 

 

Blogia

Blogia

Tenía problemas con este blog. A partir de media tarde, se ralentizaba aparatosamente. Llamé a un responsable de Blogia, me dijo que eran conscientes de que estaba pasando en algunos blogs por culpa de un ordenador y que intentaban remediarlo. Al día siguiente estaba arreglado.

Así da gusto.

 

N 232

N 232

 

 

ocurrencio

ocurrencio

A los 16 años descubrí las películas japonesas en los cines de arte y ensayo. Un día, fascinado por aquella estética, llegué a casa y les dije a mis padres: “De mayor quiero ser japonés”. No me hicieron ni caso.

Ayer me vi en los espejos de la clase de Tai Chi y pensé: “Aún puede que lo consiga”. 

 

HABLAR POR NO CALLAR

HABLAR POR NO CALLAR

El siguiente texto lo preparé para un congreso o encuentro sobre Historia de la Ciencia que se celebró en la Universidad de Verano de Jaca. Yo iba como divulgador. Los congresistas se rieron mucho con mi intervención pero se negaron a incluirla en las Actas correspondientes. Dice así:

 

Si de vez en cuando hiciera caso al sensato y conocido consejo de Wittgenstein y no hablase de lo que desconozco, otro gallo callaría.

¿Qué hago yo hablando de Cajal? De Cajal o de cualquier otro tema, si a eso vamos. A nivel filosófico wittgensteriano, debería desaparecer de las páginas de opinión, ya. Me pierde que no sé decir que no.

 

A/ Sí sé que de joven me enseñaron a dibujar y a pintar. Y los fundamentos del sistema diédrico-ortogonal. Casi todo lo demás lo aprendí por mi cuenta. Así me ha ido. Pasé mi juventud obsesionado por estar a la vanguardia y llegando tarde a todas partes. Al estudio de la semiótica, sin ir más lejos. ¡Qué esfuerzos por descifrar la famosa estructura ausente hasta que empecé a sospechar que sólo era una magnífica colección de perogrulladas! En cualquier caso, yo también soy capaz de sacarle pelos a una calavera. Recuerdo un gráfico que me pareció muy útil para mi trabajo:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la B a la Y, de la C a la Z... No consigo dibujarlas aquí.)

Que, según Eco, quiere decir lo siguiente: "...las líneas horizontales constituyen los ejes semánticos y las correlaciones verticales constituyen parejas connotativas fijas... En el momento en que deseo designar la unidad cultural "A", para sorprender al oyente y obligarle a prestar atención al mensaje, puedo nombrar a /B/ en su lugar, o /K/. Esta sustitución constituye un ejemplo de metáfora."

Tan sencilla explicación hizo que recordara el gráfico ligeramente modificado. Más o menos, así:

 

A                     vs.                   B                     vs.                   C                     vs.                   D

 

X                     vs.                   Y                     vs.                   Z                     vs.                   K

(Imagine el amable lector unas flechitas de la A a la X, de la A a la Y, de la A a la Z... Sigo sin poder dibujarlas aquí.)

Y como tengo muy poca capacidad para el pensamiento abstracto, suplí el gráfico por la imagen de un indio motilón en equilibrio inestable sobre un tronco, lanzando su arpón a las procelosas aguas del Amazonas con más intuición que puntería. Digamos que, en mi particular traducción de Eco, /A/ es el indio motilón  o el tronco desde el que pesca o las dos cosas a la vez (ya puestos en el salvaje Amazonas, tiremos el rigor académico por la borda); las flechitas del gráfico son sus instrumentos de caza y pesca y las letras del eje semántico inferior, las pirañas. En la elaboración de la bucólica escena he prescindido, por la propia lógica de la composición, de B, C y demás letras que componen el eje semántico superior. A estas alturas, el rigor académico debe de estar ya cerca de la desembocadura del río. Sólo falta saber para qué quiere uno la piraña y confiar en la intuición, la experiencia y la buena suerte.

 

B/ En otro libro, El orden oculto del arte, el profesor Anton Ehrenzweig sostiene la teoría de que los mitos fundamentales, el de la Diosa Madre y el Hijo autoinmolado, sobre todo, son elaboradas imágenes de los procesos creativos de la mente humana. No me extrañaría nada. Si yo, sin cortarme un pelo, convierto el mecanismo semántico de la metáfora en un indio motilón, del Hijo inmolado y resucitado podemos deducir el carácter maniaco-depresivo de la actividad creadora tan ricamente.

Eso sí, me da que pensar el hecho de que el autor de tan fascinante teoría no aparezca citado por nadie en ninguna parte.

 

C/ Cuando no hace mucho me interesé por la obra de Cajal, para hacer el librico correspondiente de la colección sobre aragoneses ilustres que llevo entre manos, descubrí con lamentable retraso su Teoría Neurotrópica y sus estudios sobre la degeneración y regeneración del sistema nervioso. Cajal afirma que todos podemos ser ESCULTORES de nuestro cerebro gracias a lo que hoy se denomina plasticidad neural. Me pareció una afirmación tan sorprendente como la teoría sobre los mitos de Ehrenzweig. Descubrí que la capacidad intelectual de nuestro cerebro está más relacionada con las sinapsis que se producen entre neuronas que con el número de éstas que lo componen; que las neuronas son capaces de desarrollar nuevas dendritas en determinadas circunstancias, lo que incrementa la posibilidad de que se produzcan más sinapsis; que los axones se desarrollan en los embriones a partir de una estructura a la que Cajal denominó "cono de crecimiento" y que explica así: "Desde el punto de vista funcional puede decirse que el cono de crecimiento es una especie de maza o ariete, dotado de una sensibilidad química extraordinaria, y de cierta fuerza de impulso que le permite desviarse o salvar los obstáculos que surgen en su trayecto hasta llegar a su destino". Al leer este párrafo reconocí, entre la maraña neuronal en la que andaba metido, al indio que llevo dentro. Mis imágenes míticas de andar por casa acababan de plasmarse en una realidad neuronal -me parece exagerado decir de carne y hueso-. Había encontrado, pues, una inesperada correspondencia entre las letras del gráfico de Eco, el indio motilón y mis propias neuronas o entre las flechitas del gráfico, las del pescador y los impulsos de axones y dendritas en busca de la sinapsis específica...

 

No sé si semejantes elucubraciones tienen algún sentido científico, pero a mí me sirven. No me puedo imaginar nada más subjetivo que una sinapsis. Igual me equivoco... En cualquier caso, les remito al título que encabeza estas líneas.

 

 

 

 

Dos señoras

– Cuenta, por ejemplo, los pasos de su casa al trabajo... y el del Moncayo, el más bonito, es tan tierno, cuando nace su hijo y sube al Moncayo...

 

(Ayer presentaba su nuevo libro Miguel Mena. No pude ir)

20-N

20-N

 

 

Un señor y una señora

– ¿Se va a sentar usted?

– No, no, se siente.

 

Garzón se inhibe

Garzón se inhibe