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de profesión incierta

GEOGRAFÍA E HISTORIA

GEOGRAFÍA E HISTORIA

La marina es un género poco cultivado por los pintores de secano, siempre remisos a acercarse hasta sitios tan raros y lejanos como la costa. En cambio, la misma costa, en temporada alta, puede ser un auténtico paraíso para los caricaturistas.

1– A Salou le queda tan poco paisaje que, en algunos sitios, la primera línea de playa se adentra en el mar.

La playa se ocupa siguiendo la Ley de la Perpendicularidad, que dice: Cualquier bañista que se precie, se dirigirá desde su apartamento u hotel a la playa, caminando perpendicularmente hacia la línea de horizonte sin desviarse ni un milímetro. De tal forma que, donde haya mayor densidad de edificios, habrá mayor densidad de bañistas y viceversa. Una vez instalados en la playa, los bañistas podrán pasear paralelamente a la línea de horizonte por la orilla del mar.

2– Todo el paisaje que no tiene Salou lo tiene Port Aventura, pero es de mentira. Incluso la espectacular puesta de sol de Port Aventura, vista a través de los gigantescos cactus de escayola de Port Aventura, parece falsa.

¡Estampida! Empieza a llover sobre Port Aventura y los visitantes, cubiertos con los chubasqueros amarillos de Port Aventura, corremos a refugiarnos en las múltiples tiendas de Port Aventura.

3– En la playa de Calafell, la casa de Carlos Barral es como el testigo de un tiempo, no tan lejano, en el que se veraneaba civilizadamente.

4– Otro testigo histórico es el monolito del Médol, una antigua cantera romana, escondida junto a la autopista. Es un rincón muy pintoresco y natural y, naturalmente, solitario.

 

ESTAMPAS GOYESCAS

ESTAMPAS GOYESCAS

Goya, entre otras muchas cosas, inventó el género de viñetas, acompañadas de un breve comentario, que yo mismo estoy empleando en esta serie. Salvando las distancias, claro, que luego Joaquín Aranda me llama la atención por fatuo y sinsustancia.

Seguimos lo que las autoridades competentes han dado en llamar Ruta de Goya, y se suceden de forma sorprendente los caprichos, los disparates, incluso la tauromaquia de Ayles y los desastres de la guerra en el televisor. De entre todas las estampas que nos amenizan el viaje, selecciono las cuatro siguientes:

1– Goya pintó un cuadro en el que la aparición de un Coloso provocaba la atropellada huída del personal por unas vaguadas.

Doscientos años más tarde, hay autorretratos del Coloso esparcidos por las mismas vaguadas y ya no queda ni un alma.

2– Aun aprendo, escribió Goya en un dibujo. En pleno agosto, y aun aprenden los alumnos del curso de grabado que se está celebrando en Fuendetodos. Andan todos muy azacanados de un lado a otro y constantemente se reunen en grupitos estudiando detenidamente el resultado de su trabajo.

3– Saliéndonos de la ruta señalada por la autoridad competente, nos acercamos hasta el río en busca quizá de la maja en topless. Nos encontramos en plena solana con una escena a lo Solana (Gutiérrez). A este lugar le llaman “Playa de los ángeles”. No “kale” hacer más comentarios.

4– Hay aragoneses que han creado escuela. Goya, por ejemplo. O Miguel Pellicer, el cojo del milagro de Calanda, que pedía limosna a la entrada del Pilar. En medio de la Plaza, un epígono del calandino recibe tan escasa atención como los amputados mártires que pintó Goya en una cúpula de la Basílica.

 

LO BELLO Y LO BESTIA

LO BELLO Y LO BESTIA

 

Relatando sus excursiones por Orán, Camus nos enseñó la forma de vivir entre términos tan contrapuestos como inevitables.

La belleza de la montaña y la especulación, el encanto del paisaje y la masificación turística, la felicidad de las vacaciones y una exposición sobre la tortura, la vida bucólica y el camping de Biescas, el esplendor de la naturaleza y ese conmovedor grupo de disminuidos psíquicos en el refugio de la Sargantana...

En que berenjenales se metían los intelectuales existencialistas.

1– Jaca. No es ni Biescas ni Panticosa porque, por detrás de la abigarrada y veraniega muchedumbre, se adivina la Ciudadela. Y porque entre los veraneantes se ven muchos curas y militares.

2– En el apacible marco de la Universidad de Verano de Jaca, se habla de los problemas que asolan la enseñanza. Me pongo a dibujar mientras la profesora explica, a un grupo de estudiantes extranjeros, qué quiere decir “pasotismo”. Mi compañero de pupitre, un belga alto como un mallo, se lo pasa bomba viendo los retratos que hago de sus compañeros y, como un niño travieso, me dice por lo bajinis: “Dibuja a la profesora”.

3– Como dice Ismael, ya era raro pasar dos meses recorriendo Aragón y no encontrarnos a Labordeta.

Nos acompaña al Rapitán, a ver una exposición sobre la tortura, y se queda fuera contemplando el paisaje con su hija.

4– Si tantos sitios de los Pirineos se los han cargado haciendo cosas y casas raras, el Balneario de Panticosa se lo van a cargar sin hacer nada. Después de todo lo que hemos oído sobre la multipropiedad del Balneario, en general, y sobre los Garrigues-Walker, en particular, decido dibujarlo de culo, si vds. me permiten la expresión.

 

 

FINAL FELIZ

FINAL FELIZ

 

En realidad, este viaje fue un fracaso. No se puede ir a los sitios con ideas preconcebidas. Buscábamos a los innumerables franceses vestidos de neopreno que colapsan la circulación en los cañones de la Sierra de Guara, y no vimos ni uno. Y el caso es que, haberlos, haylos. En todos los bares de la comarca alquilan neoprenos. Por algo será.

 Ismael, que no es hombre que se amilane por tan poca cosa, enseguida encontró motivos suficientes para disfrutar del que era nuestro último viaje de verano.

1– Veánlo, por ejemplo, saboreando un excelente crianza junto a Maribel, responsable de marketing de Bodegas Enate. ¿Quién se acordaba en ese momento de los barranquistas?

2– Tras una larga caminata desde Lecina, se llega a los covachos de Barfaluy, donde pueden observarse unas curiosas pinturas rupestres ayudados por una “chuleta” que proporciona el guía. Los covachos están, por cierto, en el barranco de La Choca, un espacio protegido y vedado a los barranquistas.

3– Ismael, todo profesionalidad, estaba dispuesto a encontrar barranquistas como fuera y no dudó en aventurarse intrépidamente por las pasarelas que en descenso vertiginoso bajan desde Alquézar hasta el río Vero.

4– Sin barranquistas, tuve que enfrentarme al paisaje. Leí hace poco un artículo de J.J. Millás, en el que decía que si en los viajes el vídeo ha ganado la partida al paisaje que se ve por la ventanilla, es porque los viajeros piensan que el paisaje no tiene argumento. Permítanme despedir esta serie en la que he evitado el paisaje, con uno de argumento evidente: En Alquézar, como en tantos otros sitios que hemos visitado, siguen trabajándose el turismo cultural como una clara apuesta de futuro.

 

 

Elecciones y Bolsa

Elecciones y Bolsa

 

 

Declara el sastre de Camps

Declara el sastre de Camps

 

 

Elecciones vascas y gallegas

Elecciones vascas y gallegas

 

 

Concejales zaragozanos

Concejales zaragozanos

 

 

 

Más corrupción

Más corrupción

 

 

Dos señoras

– Y la abuela, ¿cómo está?

– Como una regadera pero tiesa.

 

El PP reclama la presunción de inocencia

El PP reclama la presunción de inocencia

 

 

 

 

 

 

Exposición

Exposición

Por cierto, que se me olvidaba, esta tarde inauguro exposición en el Paraninfo con las ilustraciones de Las Sitiadas. Están invitados. Me han prometido que habrá vino.

 

Más ladrillo

Más ladrillo

 

 

Escribá según el padre Mindán.

Escribá según el padre Mindán.

-A propósito de José Mª Escribá, y puesto que fuistéis compañeros, ¿me podrías decir algo de su personalidad de entonces? 

-Sí; vino a Zaragoza a estudiar segundo curso de Teología, procedente de Logroño, en cuyo Seminario había estudiado como externo los cursos anteriores, y donde su padre era empleado de un comercio de tejidos. Era sobrino carnal de Don Carlos Albás, canónigo-arcediano del Cabildo de Zaragoza. El no residía en mi Seminario, sino en el de San Francisco de Paula, y lo mismo que sus compañeros de residencia, tenían que venir diariamente, mañana y tarde, a las clases que se daban en el que yo vivía, que era el Pontificio. Y aunque él era algo mayor que yo, por lo menos un curso, coincidíamos en algunas clases y charlábamos fuera de ellas con frecuencia y hasta bromeábamos algunas veces. 

Acerca de su personalidad, te puedo decir que era un poco más alto que yo, de facciones redondeadas y blancas, de manos gordezuelas y suaves; le gustaba ir no sólo limpio, sino perfumado; era un poco afectado en su porte, blando en sus movimientos, aunque a veces pretendía manifestarse enérgico. Era bueno y cumplidor en su comportamiento; era también piadoso, aunque su piedad tenía un cierto aire feminoide, por lo cual le llamaban de mote: la "Rosa Mística". En las clases lograba buenas notas aunque no los primeros puestos. Apenas intervino en manifestaciones culturales fuera de las clases, ni tampoco en actividades apostólicas, como las obras misionales, las organizaciones catequísticas, etc. No obtuvo ningún grado académico, ni en Filosofía ni en Teología ni en Derecho Canónico, en nuestra Universidad Pontificia, pero en los últimos años se examinó de algunas asignaturas en la Facultad Civil de Derecho, pero no de todas. 

Con el objeto de que te des cuenta más exacta de su modo de ser, te voy a contar dos anécdotas. 

Para preparamos a las Órdenes, él de presbítero y yo de sub-diácono, a que me he referido antes, hicimos los ejercicios espirituales preparatorios, internos en el Seminario de San Carlos. Los actos religiosos comunes, (meditaciones, pláticas, rezos, etc.) tenían lugar, no en la iglesia principal pública, sino en un oratorio privado que había en uno de los pisos superiores. Escribá solía ocupar en los bancos, un lugar junto al pasillo central, precisamente delante de mí; en cierta ocasión, al finalizar un acto en el que habíamos estado de rodillas, yo seguí de rodillas con las manos juntas apoyadas sobre el respaldo del banco de delante. Escribá se sentó, y al sentarse rozó su espalda con mis manos. Se volvió y me dijo: "Por favor, quita las manos que me deshaces". Quité las manos y no quise contestar. Pero al salir, le esperé junto a la puerta y le dije: "pero, qué te pasa, José Mª, que te derrumbas de puro blandengue que eres?". Respuesta suya, "¿y qué voy hacer, si Dios me ha hecho blando y dulce como la miel de la Alcarria?". Este hecho reflejaba bien un aspecto de su temperamento. 

En cierta ocasión habíamos bajado a la clase de la tarde y estábamos esperando, con relativo silencio en el Claustro, la llegada del profesor para entrar en el aula después de él. Entre tanto, llegaron los compañeros de San Francisco y como de costumbre algunos de los seminaristas de nuestro Seminario, aprovechaban estos momentos para charlar un poco con ellos. Aquella tarde uno de los nuestros, mayor que nosotros, pues era de yocación tardía, llamado Julio Cortés, que había estado algún tiempo en Hispano-América, se dirigió a Escribá a quien conocía de antes, porque era riojano o por lo menos había vivido en Logroño; comenzó a hablar con él en conversación algo viva, creció el tono, se oyeron palabras (p.117) fuertes e incluso malsonantes, algunas acompañadas de insultos y luego pasaron a los golpes, se enzarzaron, cayeron las gafas rotas, y hubo que acudir a separarlos. Fue un pequeño escándalo que luego, en parte, pagamos todos. Los rectores de los dos Seminarios acordaron el castigo. Durante un mes a la salida de las clases de la tarde, tuvimos que reunimos las dos comunidades en la capilla de nuestro Seminario para rezar juntos el rosario. Cortés y Escribá, destacados de los demás y de rodillas, cada uno a cada lado del altar mayor dirigían el rezo. 

-¿He oído decir que el P. Escribá, antes de ser sacerdote fue Director del Seminario de San Carlos? 

-No, eso se funda en dos equívocos. Uno respecto al Seminario. Ya te hablé en otra ocasión de lo que era y significaba el Seminario de San Carlos. José-Mª Escribá no perteneció nunca a dicho Seminario. Pero en los dos pisos superiores del edificio de San Carlos, estaba instalado el Seminario que había fundado el Cardenal Benavides con el nombre de "Seminario de Pobres de San Francisco de Paula". A este Seminario estuvo vinculado Escribá; el cual, en cierto modo, estaba incomunicado con el de San Carlos: tenía escalera distinta, el comedor y los servicios distintos, etc. 

-¿Por qué se llamaba de Pobres? ¿Es que los que residían en él vivían gratis? 

-No sé cuál sería la intención del Arzobispo fundador, pero en el tiempo a que nos referimos, la única diferencia económica que existía era, que mientras en el Pontificio se pagaban seis reales por la pensión diaria, en el de San Francisco se pagaban sólo cinco. 

El otro equívoco se refiere al cargo de Director. Ordinariamente llamamos Director a quién dirige una empresa, una institución o un centro. En nuestro caso se designaba con este nombre a los auxiliares del Rector, encargados de vigilar el orden y la disciplina de los alumnos. En el Seminario de San Francisco había un Rector, que era nombrado por el Arzobispo y solía haber dos Directores-Vigilantes, propuestos por el Rector, entre los seminaristas mayores que ya vestían manteos, y que reunían unas ciertas condiciones. Este es el cargo que tuvo Escribá. 

-También se ha dicho que procedía de familia noble. ¿Qué me dices de esto? 

-A él le gustaba presumir de condición familiar superior a la de sus compañeros y solía hacerse el señorito; quizá por esto los demás le tildaban de "pijaito" (Pijaito: en lenguaje aragonés significa: señoritingo, petimetre, que presume afectadamente de posición o de riqueza, y adopta actitudes y comportamientos que no le corresponden.) 

Algunos biógrafos de Escribá han querido explicar este concepto que se tenía de él, por el hecho supuesto de que los seminaristas compañeros solían ser de condición pueblerina y casi todos hijos de labriegos, y que por lo tanto eran inferiores a él en finura y modos sociales. Pero esto sólo sería verdad en algunos casos que no llegarían a formar ambiente. No todos los estudiantes del Seminario eran aldeanos; había muchachos de poblaciones importantes como Alcañiz y Caspe, y de capitales como Pamplona y Zaragoza que no tenían nada que envidiar a Logroño. Ni todos eran campesinos: había hijos de comerciantes como él, de maestros y profesores, de farmacéuticos y médicos. Había también un grupo de jóvenes navarros y alaveses, de familias bien acomodadas, que venían a estudiar para prepararse a recibir los grados. 

Este afán de presumir de apellido y de familia le duró, toda la vida; llegó un momento que comenzó a hacerse llamar Josemaría Escrivá de Balaguer, juntando sus dos nombres de pila y añadiéndose de Balaguer, que da un cierto sabor de nobleza. Han dicho que tenía derecho a hacerlo; pero lo cierto es que ni sus padres ni sus abuelos lo usaron. Más aún, luego le buscan y le encuentran un título nobiliario: el de marqués de Peralta, que tampoco utilizaron sus abuelos ni sus bisabuelos, pero él lo asume y lo ostenta (El título de marqués de Peralta fue concedido según unos por el Archiduque Carlos, pretendiente a la Corona de España en la Guerra de Sucesión, según otros por el Rey Felipe V a D. Tomás Peralta, Secretario de Estado, Justicia y Guerra del Reino de Nápoles. Lo rehabilita en 1968 D. José Mª Escribá. Creo que hay en Aragón varias docenas de personas vinculadas al apellido Peralta que hubieran gozado de mayor derecho para la rehabilitación. Ninguno de los ascendiente de José Mª lo ostentó)

Y me pregunto, ¿por qué asumirlo y ostentarlo? Se me hace duro creer que tratándose de un sacerdote, obedeciese a una tentación de vanidad social. No sé de ningún sacerdote que aun teniendo claro derecho, haya hecho cosa semejante. Debió haber otros fines que yo no acierto a comprender. Pero para el que pretenda hacer obras mundanas, tal vez le vayan bien condiciones y títulos nobiliarios, pero para el que intenta hacer "Obra de Dios", no sólo sobran sino que entorpecen y escandalizan. Me acuerdo, a propósito, de San Francisco de Borja y de tantos otros Santos, que no sólo descendían de nobles, sino que ejercieron brillantemente la nobleza; pero en cuanto se convirtieron a la llamada del Señor, abandonaron toda sombra de vanidad, para abrazarse, despojándose de todo, a la cruz desnuda de Cristo. Quizá por eso varios años después, mejor aconsejado, renunció al título en favor de su hermano; pero el daño estaba ya hecho. 

-Como sabrás, Escribá está en camino de ser beatificado. 

-Lo sé, pero eso no hace que deje de ser verdad todo lo que te he dicho. Desde luego, Escribá no era un malvado, como algunos han pensado; pero también creo que las cosas que de él te he contado son incompatibles con la virtud heróica que, al menos antes, se exigía para iniciar el proceso de beatificación. Creo más bien que era un buen sacerdote sujeto a dos pasiones dominantes: la de presumir de alta alcurnia y la de dominio y mando sobre los demás. 

-Entonces, ¿crees que la Iglesia se precipita al dar este paso, como han pensado ya algunos ilustres eclesiásticos? 

-Yo no diría que la Iglesia se precipita, sino que está apremiada y acosada por la impaciencia de los partidarios del P. Escribá, que quieren ver oficialmente santificado a su fundador, aun a costa de que no se hagan las minuciosas investigaciones que aseguren totalmente una perfecta santidad. Hay que admitir, y yo lo admito, lo que disponga la Iglesia. Pocas beatificaciones ha habido, en que tantas personas respetables hayan expresado su extrañeza frente a dicha precipitación (En la revista ÉPOCA -Núm. 363, 10 de febrero de 1992, pág. 20-,el padre Rafael Pérez, agustino, presidente o promotor de la causa de beatificación de José Mª Escribá, dice: "el título de marqués de Peralta pertenecía a su padre". Lo cierto es que ni su padre ni ninguno de sus antepasados directos lo usó ni probablemente supieron nada de ese título. Desde el primer titular nadie lo ostentó, hasta que lo rehabilitó José María. También dice que "A las 24 horas lo había traspasado (el título) a su hermano pequeño". Esto es francamente falso; todos sabemos y somos testigos de que José Mª ostentó el título de marqués durante unos cuatro años. Otra cosa es que a posteriori se hayan hecho documentos con fechas convenientes. Ahora, que un hombre que desdibuja de este modo la verdad sea el promotor o presidente de la causa, da que pensar). Por mi parte debo decir que nada tengo contra el que fue mi compañero de Seminario, pero, desde luego el Josemaría Escrivá de Balaguer, ex-marqués de Peralta, poco tiene que ver con el José María Escribá y Albas que yo entonces conocí.

 

Dimite el Ministro de Justicia

Dimite el Ministro de Justicia

 

 

Corrupción

Corrupción

 

 

El caballero veronés

El caballero veronés

Me ha llegado este correo de Vicente Almazán. ¿Alguien puede echarle una mano?

Como no sé su nombre le he bautizado como "El caballero veronés", por eso del color verde.
Lo encontré por la calle Alfonso I, a la altura de la de Don Pedro Atarés, hace aproximadamente veinte años, en Zaragoza.
Formaba parte de un amasijo de papeles. Capas y capas de viejos carteles que sobrevivían al refugio de los más próximos a la intemperie.
Este fragmento mide unos 12 x 17 centímetros.
Está hecho literalmente polvo. Lo mantengo en un sandwich, entre dos cristales. El fondo azul no pertenece al cartel.
Me resultó enigmático y por eso le di cobijo. El lazo blanco sugiere que viste frac. Eso me lleva a asociarlo con una chistera y ésta con la magia, el mentalismo, ...
Pero no son más que especulaciones.
No dejo de preguntarme ¿quién es? y aprovecho ahora las posibilidades de la red para
hacerte partícipe de mi inquietud por si tú me puedes dar alguna pista.
Gracias,

Vicente Almazán Arribas

Historia del Arte

Historia del Arte

Me contaron el sábado una anécdota que me gustó mucho:

Una norteamericana, asistente a un congreso de no sé qué, ante un Cristo románico preguntó:

– ¿Y este Cristo, es de antes de Cristo o de después de Cristo?

(La ilustración está elegida al azar)