Los hijos de algunos no necesitarán fiambrera
Toda la vida distanciado de los números, y no saben lo arropado que me siento desde que, la otra noche, instalé un contador de visitas.
Estoy almorzando en el bar y tañen las campanas de la iglesia de enfrente.
- ¿Qué pasa que tocan las campanas?, pregunta un jubilado.
- Que se ha muerto Carrillo, responde otro.
Me cuenta una amiga que vive en Valencia, que tiene como vecino de rellano a un presunto corrupto acusado, entre otras cosas, de haberse quedado con parte de las ayudas destinadas a Haití. Y que el otro día, cuando iba a subir en el ascensor, llegó corriendo la mujer de su vecino y mi amiga, impidiéndole la entrada, le dijo:
- Espérate y sube después, que me resulta muy desagradable subir en el ascensor con una persona como tú.
A ver si cunde el ejemplo.
¡Un enamorado comprueba la belleza de Dios en la faz del sol, pero un imbécil encuentra emoción artística en el reflejo de la luna sobre el agua!
Rumi. 150 cuentos sufíes. Paidós Orientalia.
En el Centro Joaquín Roncal de Zaragoza, se están celebrando unos debates sobre distintos temas, de seis y media a ocho y media de la mañana.
No sé qué pensar de ese horario, pero les quiero contar otra cosa.
Una de estas madrugadas, apareció un señor que se dirigió a los responsables del Centro y mantuvo con ellos la siguiente conversación:
– Buenos días.
– Buenos días.
– Oye, a vosotros que sois jóvenes, igual os interesa un viaje a la Antártida.
– No estaría mal...
– Un mes entero, todo pagado.
– ¿Y eso?
– Es que hay organizaciones que buscan voluntarios para ir a levantar pingüinos.
– ¿Cómo dice?
– Sí, ir a la Antártida, un mes entero con todo pagado, para levantar pingüinos.
– Pero, ¿levantar pingüinos...?
– Es que los pingüinos, ven pasar los aviones, van levantando la cabeza para seguirlos y tanto la echan hacia atrás que al final se caen de espaldas y no se pueden levantar. Y hay que ayudarles porque si no se mueren.
– Ah.
Lo curioso es que, escribiendo "levantar pingüinos" en Google, aparecen 251.000 resultados.