El cajero de una Caja le pregunta a un africano:
–¿Que necesitas libertad?
–¡Necesito libretá!
El País, en el último número de Babelia, nos informa de los éxitos casi póstumos que está consiguiendo Alex Katz. Por lo leído, ha sido un pintor tan rebelde como Esperanza Aguirre.
–¿Te puedo plantear un problema generacional?
–Hombre, claro.
–Es que estoy muy rayado porque me estoy dando cuenta que somos una generación de pagafantas.
–Pues, si vieras nosotros...
–No, verás, es que mi generación, desde que hemos nacido, estamos viendo películas en las que se dice que todos los hombres somos igual de cabrones, igual de hijoputas, todas las películas igual, pero no hay ni una sola en la que se diga que todas las tías son unas putas, por ejemplo...
–No te pases.
–¡Pero, si es que es verdad! De las tías no se puede decir nada y de los tíos... Y claro, nos hemos vuelto todos pagafantas. Y lo malo, lo que me raya es que parece que soy el único que lo ve, parece que están todos tontos, tío, es alucinante, ¡Soy el único que se da cuenta de lo que pasa!
–¿Y qué piensas hacer?
–No sé, tío... Tendré que ser como un profeta clamando en el desierto...
–Dí que sí, Nietzsche.
–¡Eso, tío, soy como Nietzsche, es verdad! Bueno, aún estaré en el estado de camello, seguramente, pero voy a ser el profeta del superhombre: ¡¡¡El superhombre no paga Fantas!!! Guay, tío.
El inventor de viajes es un libro escrito por Irene Vallejo, basado en las Historias verdaderas de Luciano de Samósata, ilustrado por mí, diseñado por Víctor Montalbán y editado por Comuniter Editorial.
Cuando leí el libro, decidí ilustrarlo basándome de alguna forma en el arte griego y, más concretamente, en el periodo helenístico. Primero pensé en la cerámica, pues en este libro con tantos buenos y malos, podía jugar con la contraposición de figuras negras sobre fondo rojo y figuras rojas sobre fondo negro. Pero los ensayos que hice no acabaron de convencerme.
Entonces, claro, no tuve más remedio que pensar en la escultura. En un viaje a Berlín, me caí de culo viendo los frisos del altar de Pérgamo. El único problema es que el blanco y negro (o las gamas de grises) no me parecía una buena solución para un libro tan imaginativo y dirigido a los niños. Afortunadamente, en el Neues Museum, coincidimos con la exposición El color de los dioses, en la que se demostraba el colorido que tenían originalmente las obras de la Antigüedad. ¡Viva!
Empecé a trabajar sobre esta base, con esquemas geométricos, pero los resultados volvieron a ser decepcionantes, tirando a rancios. Entonces recordé que, como había descubierto Gerhard Richter en sus vidrieras de la catedral de Colonia, la única geometría que puede resultar actual es la basada en el píxel. Y por ahí seguí.
Luego vino el problema de la iconografía y asalté con un punto irónico, como suelo hacer y como solía hacer el propio Luciano, todo el panteón del arte griego. Ahí me encontré con otro problema, y es que en la triste época que nos está tocando vivir, es impensable un libro de aventuras para niños lleno de señores en pelotas. Así que decidí vestir a mis protagonistas con túnicas cortas o ropajes frigios y a los que tendrían que aparecer forzosamente desnudos, con unos trajes de baño tan extravagantes y llamativos que resaltaran el anacronismo.
Que Hermes nos proteja.
El próximo día 24, a las 18,30 h., en el Centro Cívico Torrero, calle Monzón, 3, y dentro de la XI semana de las Letras del Barrio de Torrero, inauguro exposición de las ilustraciones que realicé para mi librico "Sender y sus criaturas", en 2001, acompañado por José Domingo Dueñas que dará una conferencia sobre el novelista aragonés.
Quedan ustedes invitados.
–Será ignorante... Me viene con que si Dios p'arriba, que si Dios p'abajo, ¡Cómo le han comido el tarro! Dios, Dios... ¿Pero tú crees, inútil, que existe Dios? ¿Se iban a morir entonces tantas criaturicas inocentes de un tiro o de cualquier otra cosa? ¡No me jodas, hombre!
–...
–Mira, yo he leído mucho la Biblia, me gusta leerla, ¿sabes? Me gusta ver como se contradice sin parar, que en un sitio dice una cosa y en el otro, la contraria. Es un cachondeo... Todo contradicciones, que te lo digo yo. La leo mucho.
–Bueno...
–El otro día venía en el periódico todo lo de la Semana Santa, que salían allí todos los de las cofradías y tal y dije: "Voy a ver si veo a éste", pero no te vi...