Blogia

de profesión incierta

Fiestas del Pilar

Fiestas del Pilar

Oigo el grito de una niña. Por delante de la ventana, pasa un Patricio Estrella hinchable.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que conste

Que conste

Rodríguez es mi segundo apellido pero, hasta donde yo sé, no tengo nada que ver con el consejero de Sanidad de la comunidad de Madrid. Que conste.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12 de octubre

12 de octubre

Escribí este texto para el programa de Fiestas de la Federación de Barrios.

 

Hay que estar en lo que se celebra pero, ¿qué se celebra? ¿La venida de la Virgen? No, porque vino el 2 de enero. ¿El descubrimiento de América? Tampoco, porque la fiesta es anterior. Según los sabios, nuestro 12 de octubre celebra la primera misa que se dijo en Zaragoza, después de que la ciudad fuera reconquistada por Alfonso I, el Batallador.

Quiero creer que la fiesta tuviera unos orígenes más remotos y la Iglesia, una vez más, arrimara el ascua a su sardina.

Porque esta tribu nuestra, ubicada en el desierto, siempre ha debido tener una Piedra sagrada –bendecida por una Diosa Madre– y un Río no menos sagrado que la riega y fertiliza. De ahí la feroz oposición al trasvase. De ahí, el éxito de una tradición tan moderna como la Ofrenda de Flores o de una tradición tan antigua y coherente como la Ofrenda de Frutos, a pesar de que de la huerta zaragozana sólo nos quede el recuerdo.

¿Qué todo esto les suena a cuentos de Maricastaña o a músicas celestiales? Pues, sí. Pero, no se preocupen, que ahora viene la charanga y empiezan las fiestas de verdad.

¡Hala, pues!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dos señoras en el autobús a Tarazona, el sábado pasado

–¡Anda! ¿Vienes de allí?

–Sí, señora, de Guinea vengo. He llegado esta mañana a Barajas, he cogido el AVE y corriendo, corriendo, he llegado a coger éste.

–¿Y qué tal por allí?

–Bien...

–No, que como estáis con el ébola...

–No, allí no pasa nada. Mujer, hay que cumplir unos protocolos pero, de momento, la cosa está tranquila. Precisamente vengo porque tenía un congreso en Ghana y se ha suspendido por lo del ébola. Así que digo, pues me voy a casa tres días...

–Esperemos que no salte la frontera.

–Esperemos. Oye, que me siento allí, que estoy muerta. Sólo tengo ganas de darme una ducha y comer algo caliente.

–Que no has podido ni comer, ¿o qué?

–Comer, sí, pero un bocadillo.

–Anda, anda, pues.