Atentado de ETA sin muertos
Dice Goethe: "Sin embargo, quien no confíe en obtener un millón de lectores, es mejor que no escriba ni un solo renglón".
No sé si plegar.
Esta tarde, a las ocho, se inaugura en el Palacio de Sástago de Zaragoza, la exposición póstuma de Vicente Pascual.
Parece que gracias a la entrada del Infinitivo/imperativo, Google me pone anuncios de electricistas y fontaneros. ¡Qué estudio podrían hacer Wittgestein o Roberto Miranda!
Yo le tuve que mandar a tomar pol culo porque le llamó Juan a las tres de la mañana para tomarle el pelo, a las tres de la mañana, le dijeron que iba con el mostrenco y se pensó que era yo.
Fotografía de V. Almazán.
Dice Goethe: " Lo que a los griegos antiguos les estaba permitido, nosotros ya no podemos decirlo, y lo que a los rudos coetáneos de Shakespeare les gustaba, el ciudadano inglés de 1820 ya no puede soportarlo..."
Yo, modestamente, suelo decir que el humor de Hermano Lobo, ahora es impensable.
Me cuenta Carmen Barrantes, la actriz de "Cabaré de caricia y puntapié", que, cuando actúan en Aragón, meten alguna morcilla sobre La Muela y el público se ríe y aplaude; que lo mismo hicieron en Madrid, cambiando lo de La Muela por los chanchullos de la Comunidad madrileña, con un éxito semejante; pero que en Valencia, hablando de trajes sin correa y Santa Rita, pincharon estrepitosamentre, que los espectadores ni se rieron, ni aplaudieron, ni nada de nada.
Ya decía Gracián que "en Valencia se puede encontrar todo lo falto de sustancia".
"... que mostraba un caballo en su escudo. La imagen de este caballo me gustó mucho y, como casualmente tenía a mano pluma, tintero y un trozo de papel, se apoderó de mí un impulso irresistible de copiarla. Mi padre continuó hablando de Hamburgo mientras yo, sin que mis padres lo advirtieran, me ensimismaba por completo en el dibujo del caballo. Cuando hube terminado me pareció que mi reproducción se asemejaba en todo al modelo, y saboreé una felicidad hasta entonces desconocida. Mostré lo que había hecho a mis padres, quienes no pudieron por menos de elogiarme y admirarse de mi habilidad. Pasé la noche casi insomne, sumido en una feliz excitación."
Estoy con Rafael Bardají en la puerta del Heraldo, se acerca una señora con un papel en la mano y nos pregunta:
– ¿Ande está lo de la perra gorda?