Una mocita y su móvil
– Mamá, ¿cómo se hace un huevo duro?
– ...
– ¡Qué cómo se hace un huevo duro!
– ...
– ¡¡Un huevo duro!!
– ...
– ¡¡¡Un huevo, joder, que estás sorda!!!
– ...
– Es que me quiero hacer una ensalada. Compro lechuga, ¿no?
– Mamá, ¿cómo se hace un huevo duro?
– ...
– ¡Qué cómo se hace un huevo duro!
– ...
– ¡¡Un huevo duro!!
– ...
– ¡¡¡Un huevo, joder, que estás sorda!!!
– ...
– Es que me quiero hacer una ensalada. Compro lechuga, ¿no?
El próximo sábado 27, tengo que dar una charla sobre humor y geriatría que he titulado así.
Busco en Internet algo sobre el tema y sólo encuentro chistes verdes.
– Pues, nada, otro día más...
– ¡Chica, que aún no ha empezado!
– ¡Bah! Para lo deprisa que pasan...
Mientras dibujo un retrato de Stevenson, Diana Krall canta en la radio "Bailando en la oscuridad" y una araña rojiza corretea hacia abajo por el papel.
¿Qué juego de cien combinaciones es el más adecuado para representar correctamente todo el espectro?
– Mira, Panishop.
– Ahí entramos... ¡Jajaja!
– Cuando bajábamos a la cabalgata de Reyes... ¡Jajaja!
– ¡Jo, es que nos bajamos mogollón de paradas antes!
– Entramos ahí y nos comimos todo. Nos pusimos como cerdas.
– ¡Jajaja! Llegamos tarde a la cabalgata y no vimos nada.
– Yo hacía de niña pequeña y lloraba porque había perdido a mi madre. ¡Jajaja! Y la María decía: "¡Por favor, por favor!
– ¡Jo, yo decía… "¡Por favor, por favor!" y la gente aún se pretaba más! ¡Jajaja!
– ¿Y la carta?
– Jo, ¿aún escribes la carta?
– Yo escribo la carta todos los años.
– Yo esa noche es la que más tranquilo duermo de todo el año.
– ¡Oye, ¿no nos tenemos que bajar aquí?!
– No, que este gira.
– A mí me parece que tenemos que bajar aquí.
– Nada, que dicen que no.
– ¿Quién?
– Esos.
– Esos... ¡Que sí, que tenemos que bajar aquí! ¡Corre!
– ¡¡¡Aaaah!!!
– ¡¡¡Jajaja!!! ¡¡¡Que se ha quedado sola Carlota!!!
– ¡¡¡Jajaja!!! ¡¡¡Hiiii... hiiii... hiii...!!!
– ¡Hala, tía, ¿cuando para?!
– ¡Jo, si Carlota no sabrá ni donde está!
– ¡¡¡Hiiii... hiiii... hiii...!!!
– Pero, ¿aún sigue?
– ¡¡No para hasta la Plaza España!!
– ¡¡¡Hiiii... hiiii... hiii...!!!
Ahora que tengo colgada una exposición con el título Mujeres del siglo XX, leo en Dickens un fragmento de sus papeles Pickwick en el que un estudiante de medicina hace frente a su casera:
– Muy bien, señor –respondió la señora Raddle, con cortesía altiva–. Quizá entonces será mejor que se limite a romperles los brazos y las piernas a los pobres del hospital, y reservarse para usted mismo, o, si no, aquí hay personas que le harán callarse.
– Pero es que es usted una mujer muy poco razonable –protestó Benjamin Allen.
– Perdón, joven –solicitó la señora Raddle en tono frío de cólera–, pero ¿tiene la bondad de volver a llamarme eso?
– No he usado esta palabra en ningún sentido injurioso, señora –contestó Benjamin Allen, empezando a sentirse un tanto incómodo por cuenta propia.
– Perdón, joven –solicitó la señora Raddle en tono más fuerte e imperativo–; pero ¿a quién ha llamado usted "mujer"? ¿Me ha dirigido a mí esas palabras?
– Bueno, ¡válgame el Cielo! –contestó Benjamin Allen.
– ¿Me ha llamado usted eso a mí, le pregunto? –interrumpió la señora Raddle con intensa ferocidad, abriendo la puerta de para en par.
La ilustración es de Daumier.
– Hace calor, aquí.
– Es que está puesta la calefacción, ¿no lo notas?
– Es que está haciendo mejor tiempo.
– Pero, es que está puesta la calefacción. Mira, sale de aquí.
– Es que yo no sabía que ponerme, ¿eh?
– Es que no se sabe que ponerse. Con este tiempo...
– En mi casa, que vivo en el nueve, sales a la terraza y viene un ventarrón...
– Yo vivo en el siete, pero en mi terraza da de lleno. ¡Menudo...!
– ¿Y cómo saliste el otro día?
– ¿Cómo voy a salir? ¡Pues tuve que bajar por la escalera!
– Los siete pisos, claro.
– Oye, en caso de incendio, se bajan.
– Se bajan y se suben, si es preciso.
– Yo dije: "¡Madre, mía, la primera vez que bajo al portal en zapatillas!"
– Es que en esos casos...
– Oye, pues que fui la mar de cómoda todo el día.
– Si tienes que salir corriendo, no te da tiempo más que de coger lo más imprescindible...
– Yo no cogí nada, ni el móvil ni nada, ni dinero ni nada... Nada.
– Lo malo es si te dejas las llaves.
– Sí, si te dejas las llaves en casa y la puerta abierta y te entran...
– Pero como ya habían bajado todos...
– No, si yo digo si te dejas las llaves en casa, se cierra de portazo y luego no puedes entrar.