Agostada poesía
- Sí, sí... claro, claro... ya... Hijo, lo tienes todo: además de jeta, victimista. Victimista, sí, siempre con el "pobre de mí, qué desgraciado soy, qué mal me va el trabajo"... Pues si no te gusta el trabajo, búscate otro, haz algo por encontrar otra cosa. Pero, no, claro, mucho hablar, mucho victimismo pero, a la hora de la verdad, nunca haces nada... Nada. Para qué, ¿verdad?, si sarna con gusto no pica... Que sí, que sí, que sabes como estoy pero a ti te la suda... Si no, no habrías hecho lo que has hecho, si lo hubieras pensado un poquico... Pero tú vas a la tuya. Pues, nada, sigue así... Que si lo hubieras pensado un poco no te habrías ido a la playa, ahora precisamente, pero, bueno, tu sabrás... A mí ya me da igual... ¿Qué pasa, que no podías quedarte este año sin vacaciones? ¿Te ha pasado algo los años que no has tenido vacaciones? ¿Te has muerto? ¿Te has deprimido? Ya... Bueno, pues yo no lo veo normal, qué quieres que te diga, no lo veo normal y punto. Que sí, que sí, que no pienso seguir discutiendo siempre lo mismo...
– ¡Oiga, que no ha parado!
– Señora: es que no ha tocado usted.
– ¿Cómo que no he tocado? ¡Claro que he tocado!
– Si hubiera tocado, se habría encendido el piloto.
– ¡No sé si se habrá encendido o no se habrá encendido el piloto, yo he tocado!
– Vale, señora, para usted la perra gorda.
– ¡Y para usted, el duro, no te fastidia!
– ¿Se baja ahora o qué?
– ¡No, voy hasta el final y daré la vuelta!
– Como quiera.
– ¡No, como quiera no! ¿Usted se cree que tengo ganas de hacer una excursión con el autobús o qué, con la prisa que llevo? ¡Iba a la residencia, que está mi madre muy grave y, ahora, tarde! ¡Tarde y mal! ¡Ah, pero voy a estar tocando todas las paradas!
– Toque y verá como funciona.
– ¡A la tercera! ¡A la tercera se ha encendido!
– Hay que tocar hasta que se encienda.
– ¡Pues que lo arreglen!
– ¿Ha visto como se enciende?
– ¡Porque habrá tocado usted algún botón!
– ¡Yo que voy a tocar desde aquí, señora!
– ¡A saber que ha hecho con los botones!
– ¿Y qué quiere que haga?
– Pues, ¡arreglarlo, si no funciona bien!
– Ahora.
– ¡Ahora, no, cuando llegue a cocheras!
– No pienso hacer otra cosa que ponerme a arreglarlo.
– ¡Mandar que lo arreglen! ¡Pues, vaya servicio! ¡Nosotros somos usuarios y nos merecemos un buen servicio! ¡Así va todo!
– Ahora han hecho allí un hotel que se llama Grand Palace, de cinco estrellas.
– ¿De cinco estrellas? Mucho es eso para Salou.
– No, en la Pineda.
– Mucho es eso... con la cantidad de mierda que hay por allí.
– Pues, se metió mi hijo a mirar en Internet, por curiosidad, y estaba todo completo.
– No puede ser...
– Y a mil euros la noche.
– Que no puede ser... Y menos a ese precio. ¡Mil euros la noche! No me jodas. Mucho dinero es ese.
– Oye, pues eso ponía.
– Eso costarán las suites, que tendrán unas suites de la hostia a ese precio y esas serán las que queden libres. Pero las normales no costarán eso.
– Dormir y desayunar, ¿eh?, nada de pensión completa.
– Pues, lo que te digo.
– ¿Así que vas a ir a la playa, eh, pequeño? ¡Dile a tu madre que te dé crema!
– ¿Tú sabes lo que me han costao los libros del pequeño pa'l colegio? ¿Sabes qué precios?
– ¡Ah! Pues me parece que los de la Isabel no han empezao todavía... No, no han empezao, no.
– Pues yo los he comprao ya. ¿Tú sabes lo que me han costao?
– ¿Esta también es tuya?
– La mediana.
– ¿Que tienes otra o qué?
– La mayor, que ahora hará trece. Esta tiene diez pero ya está tan alta como yo, la señora.
– Ya. Que he ido a comprar un poco...
– Hala, pues, adiós.
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Hace algunos años (de todo hace algunos años), me puse de moda como presentador de libros. Qué cosas. Llegué a presentar este libro de poemas de Magdalena Lasala con grabados de Ana Aragüés.
Como no tengo ninguna imagen del libro, les dejo esta alegoría de la pintura que pintó Vermeer.
Esto es lo que leí:
Acabo de leer en El País, la lista de las cien películas que más han influido a cien cineastas españoles y no hay ni una sola de Buster Keaton.
Así pasa lo que pasa, claro.
27 palabricas es el título de un libro publicado por la editorial Apila en el que colaboramos 27 ilustradores aragoneses, cada uno ilustrando una palabra aragonesa.
Esta es la mía.
– Me lo he debido dejar en tu casa.
– Sí... te lo has debido dejar en mi casa... Pues, si te lo has dejado en mi casa... con mi madre... ¡Al loro!
– No te rayes, tío. Tu madre...
– ¡Eh...! ¡Al loro con mi madre!
Ahora, mientras estaba dibujando, me he acordado de lo que decía Tiziano a los noventa años (que lamentaba morirse cuando empezaba a saber dibujar) y de lo que me decía Elvira Fustero, una alumna muy divertida que tuve hace años:
– Sé que un día sabré dibujar. Hasta entonces, no pienso coger un lápiz.
La imagen es de Elvira Fustero (2004).