Zapatero en Zaragoza
He encontrado este chiste en el blog de Manolo Saco:
Un periodista está entrevistando a un señor mayor en plena calle.
El entrevistado dice:
Soy hijo de exiliados.
Hasta los 27 años y poco antes de la transición no pude volver a España por culpa de Franco.
A mi padre, pobrecito, no sabíamos ni dónde enterrarlo.
Mi madre estuvo muchos años en silla de ruedas.
Ahora tengo 70 años.
Hace meses me sacaron el 30 % de un pulmón.
Mi mujer es inmigrante.
Tengo tres hijos con ella.
De los tres sólo trabaja una, la del medio… pero no cobra nada.
Todos, incluidos los nietos, viven de mi asignación.
La mayor se acaba de divorciar.
Mi yerno se daba a las drogas y al alcohol y la ha dejado con dos niños.
El pequeño de mis hijos aún no se ha ido de casa y además se ha casado con una divorciada y la ha traído a vivir con nosotros.
Esa señora antes trabajaba, tenía muy buen puesto, pero desde que vino a mi casa no hace nada. Tienen dos niñas que también viven con nosotros.
Y para colmo este año, con lo de la crisis, casi no nos hemos podido ir de vacaciones y si me apuras… ni he podido celebrar que España haya ganado el Mundial.
El periodista pone los ojos muy redondos y comenta:
No creo que su situación sea tan mala, Majestad.
– Chica, llevamos un jaleo... Mi sobrino hace la comunión al año que viene y mi hijo al siguiente y, claro, estamos empezando a buscar sitio...
– Espera, espera... ¿Tu sobrino hace la comunión al año que viene (o sea, en el 2011) y tu hijo, al otro (en el 2012)?
– Sí, sí.
– Chica, pues yo no me daría mucho mal.
– ¿Por?
– Porque dicen que en el 2012 se acaba el mundo.
– ¡!
– Eso dicen.
– ¿Quién lo dice?
– Los mayas.
– ¿Los mayas?
– Sí, los mayas.
– ¿Esos quienes son? ¿De la ONU o algo así?
– No. Los mayas son un pueblo de Centroamérica, con una historia de miles de años, que hace muchísimo tiempo predijeron que se acabaría el mundo en el 2012.
– ¿Y tú cómo sabes todo eso?
– Porque lo he leído.
– Claro, como yo no leo... Es que no tengo tiempo.
– Ya.
– Oye, ¿y tú crees que es verdad?
– Chica, yo qué sé...
– Pues hablaré con mi marido y esperaré un par de meses, por si acaso...
– Ayer vi a tu chico, que no lo conocía... ¡Madre lo que ha cambiao!
– Sí. ¿El pequeño o el mayor?
– El de melenas. De verlo con el pelo pincho a verlo así... Y es que está mu grande.
– El mayor. Pues el pequeño aún está más alto. Uno ochenta y cinco o por ahí, mide. Que su hermano tiene envidia y se aupa y dice: Estamos iguales, estamos iguales.
– Como los críos.
– Igual. Tiene veinticuatro, maña, y nos hemos quedao en los dieciséis.
– Ya madurará algún día.
– No, si es muy maduro. Pa lo que tiene que ser maduro, es muy maduro, mu responsable. Pero, que es un enredador.
– Sí, que será maduro pa unas cosas y no pa otras.
– Ya te digo que pa lo que tiene que ser maduro, es mu responsable. Siempre lo ha sido, desde pequeñico.
– La Paqui me dijo, ¿Los hijos de la María, de qué tribu son, pues?
– ¡Jejeje, de qué tribu, dice, jejeje!
– Chica, que yo no entiendo de eso. ¿No se dice tribu o qué?
– Son de distintas tribus. El mayor, el de las melenas, ese es jevy. El otro es friki.
– Que no entiendo. A mí no me gustan así pero, bueno, son modas... Ellos sabrán. La cuestión es que sean buenos chicos.
– Sí... Como dicen ellos: Peores cosas podíamos ser.
– Sí, claro.
– Imagínate que fueran cabezas rapadas. O punkis, con lo mal que huelen, que es que es una peste como huelen...
– Es que a mis hijos no les ha dao por esas cosas, ¿sabes?.
– Pues, ya ves, yo, ya...
– Mira que coincidir con lo de Motorland...
– Al final, el Abuelo ha jodido a Biel.
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– Parece que ha causado más dolor la muerte de Labordeta que alegría la medalla de oro de Alierta
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Si no ponen el Himno a la Libertad como Himno de Aragón, ahora, es pa' matarlos.
Sin que sirva de precedente, publico la viñeta en mi blog antes que en Heraldo.
Estoy intentando ilustrar un cuento de Irene Vallejo, basado en otro de Luciano de Samósata, y me estoy liando con dos conceptos tan opuestos como clasicismo y caricatura.
Tan opuestos para mí. Tuve un alumno que no tenía ningún problema al respecto; para él, caricatura y clasicismo iban indisolublemente unidos.
Algún amigo, que los conocía, me avisó de que vendría su padre con el chaval a verme. Entonces yo estaba en la Escuela de Artes, en la clase de Dibujo del Antiguo y del Natural, concretamente, donde se preparaba la gente para el examen de ingreso en Bellas Artes.
El padre de mi alumno era vendedor ambulante de ropa de señora. Su hijo, entonces, tenía 13 ó 14 años. No cumplía ningún requisito para poder matricularse en la Escuela, pero daba igual porque hacía muchos meses que se había terminado el plazo de matrícula. Tampoco parecía que el padre tuviera mucha consideración por las reglas, las normativas y las burocracias, ni mucha paciencia para admitir un no por respuesta, así que metí al crío en mi clase como a un sin papeles antes de que su padre se cabreara de verdad y me diera con la gayata en la cabeza.
El nuevo alumno, sin haber dibujado nunca en serio, se enfrentó con las estatuas de dos metros que nos servían de modelo con toda naturalidad. Me fascinaba verle dibujar al Diadumeno o a la Venus de Médicis con tanto desparpajo y tan hilarantes resultados. Cuántas veces me he acordado de esa habilidad de la que él mismo, claro, no podía ser consciente.
Pasaron seis meses en los que el crío siguió desarrollando su divertido estilico, mientras yo no sabía en qué sentido corregir tanta peculiaridad. Un día apareció su padre y me preguntó por los progresos de su hijo. Yo le dije que iba muy bien.
– Entonces, podrá colocarse ya. ¿Usted sabe de algún sitio donde pueda colocarse, le puede buscar algo?
Intenté explicarle que los avances de los que le hablaba todavía no eran suficientes, de lo que dedujo que si después de medio año aprendiendo, su hijo no podía trabajar, había perdido demasiado tiempo conmigo y mis tontadas. Muy cabreado (nunca le vi de otro modo), se llevó a su hijo a trabajar con él en el tenderete. No los volví a ver más.
1ª– Me pasó una cosa con el perro en Riglos...
2ª– Eso fue en Agüero.
1ª– No, lo de Agüero fue después. Lo que iba a contar fue en Riglos.
3ª– ¿En Ayerbe?
1ª– ¡No! ¡En Riglos!
3ª– Ah.
– Ya habrá llamado Rosa y la del garage.
Prolongado silencio.
– A ver si no podría descolgar y ver quién es.
Prolongado silencio.
– Si es que esa...
Prolongado silencio.
– Le pregunto: "¿Qué te ha dicho tu hermano de lo que has vendido?" Dice, "nada, que haga lo que quiera".
Prolongado silencio.
– Qué bien le viene a ella.
Silencio definitivo.
Hoy he llamado a un amigo y me han respondido que me había equivocado de número. Yo he recibido cinco llamadas similares. En fin, no quiero ponerme paranóico... Alierta sabrá.