Estilo
Recibo esta fotografía del escaparate que la librería Estilo, de Huesca, ha montado en honor de Miguel Servet.
Ayer fue el no-sé-cuantos aniversario de su ejecución.
Recibo esta fotografía del escaparate que la librería Estilo, de Huesca, ha montado en honor de Miguel Servet.
Ayer fue el no-sé-cuantos aniversario de su ejecución.
Mañana estrenamos en el Sánchez Punter, Plaza Mayor de San José, a las 20,00 horas.
– ¿Llevas reloj?
– ¿Reloj, yo? ¿Pa' qué voy a llevar reloj?
– ¿Pa' qué va ser?
– ¿Pa' qué voy a llevar reloj si no tengo qu'ir a trabajar? ¿Y pa' qué quieres saber si llevo reloj?
– Toma, pa' saber la hora.
– ¿No llevas tú reloj o qué?
– No, no llevo porque...
– Señora, las siete y media.
– ¡Ay, gracias! Es que como lo tengo pequeño, sabe, no lo veo. Y pa' no velo, ¿pa' qué voy a llevalo?
– Ya, ya...
– Yo, por no llevar no llevo ni el anillo de casao. Me lo pusieron en la boda y antes de salir de la iglesia, ya me lo había quitao.
– ¡Hala!
– Que todo me molesta, que no aguanto nada. Mi mujer lo lleva, como no lo llevo yo...
Leo en la página 99 de Es mi tipo, de Simon Garfield:
Doves es célebre por otro motivo, más allá de su belleza. En 1908, cuando Cobden-Sanderson rompió relaciones con su socio Emery Walker y la imprenta Doves cerró, ambos redactaron un documento legal en virtud del cual Cobden-Sanderson se quedaba el tipo en propiedad (es decir, todas las matrices y punzones tipográficos) hasta su muerte, momento en el que pasarían a Walker. Pero Cobden-Sanderson cambiaría más adelante de parecer. Temiendo que fuesen utilizados en trabajos de mala calidad o que con ellos se imprimiesen textos de temática indeseable, se llevó todo el juego de tipos al puente de Hammersmith y lo arrojó al Támesis.
¡Qué tema para una serie de pinturas!
- ¿Qué tal?
- Bien... Jijiji...
- ¿Vienes de trabajar?
- De compral. Costilla.
- ¡Ah, costilla!
- Costilla barata. 1,30. Barata. Jijiji.
- Sí, sí, barata...
- Para tallarines. Cocida. Tallarines.
- Estará bueno.
- Lápido, ¿sabes? Ahora, tallarines. Cena, aloz. Lápido.
- Oye. ¿Tienes bolsos en tienda?
- ¿Cómo?
- ¡Bolsos! ¡Así, bolsos!
- No, ahora, no.
- ¡Ah! Antes tenías.
- Antes... Ahora, no.
- Qué tienes... Botas.
- No, no botas.
- ¿Tampoco botas? ¿Qué tienes, pues?
- Ahora ya celada. Tienda celada.
- ¿Que has cerrado?
- Solo bal malido.
- ¡Ah! Me lo dijo mi chico. ¿Sabes quién ha abierto un bar debajo de casa? La Pepa, la china. Me lo dijo así para que lo entendiera, ¿sabes?
- Ya, ya.
- Mi abuela, la madre de mi mama, vivía enfrente del bar.
- ¡Ah!
- Sí. Muchos años. Ahora, ya muerta; casa, vendida.
- ¡Ah!
- Pero, vivió muchos años. Enfrente. Mal día hoy, ¿eh?
- ¿Cómo?
- Lloviendo. Oscuro.
- En China, siemple así.
- ¿Sí, eh? ¿Y cierzo?
- ¿?
- Cierzo, viento, frío.
- Ah, sí, frío. Sí, frío.
- Mi marido... no sé si se mojará hoy o no se mojará. No sé. Bueno... no creo que se moje, hoy estará bajo tierra.
- Ah.
- Yo, mañana, en oficina, más trabajo.
- ¿Sí?
- Todo pisadas. No hay alfombras. Chabisque...
- ¡Ah, sucio! ¡Sí, sí! Jijiji.
- Ahora dejaré esto en el bar de la parada y a comprar pan. Mi marido viene a comer a las dos pero a las doce y media tengo que recoger a mi hija en el cole, ¿sabes?
– ¿El día que se casó la duquesa?
– ¡Sí, ese mismo día! ¿Te acuerdas que había chocolatada en el Centro?
– Chica, ya no me acuerdo...
– Bueno, que había chocolatada en el Centro. Y la Mary, que ya la conoces como es, convenció a Teresa y su marido para que se disfrazaran de novios y, cuando estábamos con el chocolate, salen del brazo con sus pelucas y todo y empieza la Mary: ¡Ya se han casao, ya se han casao...! ¡Mira, se armó una!
– ¡Qué ocurrencia, ¿no?!
– Bueno, bueno... todos allí cantando y los novios saludando... ¡qué risa!
– Os lo pasaríais...
– Pero, calla, que lo mejor fue que la Rosario, la tía de Romualdo...
– El marido de Teresa.
– Eso es, ¡el novio!, pues, como te digo, llega su tía, se le abraza llorando y dice: ¡Ay, hijo mío, nunca me habría imaginado que te casarías con una duquesa!
– Pero lo diría en broma.
– ¡Qué en broma, si lloraba de la emoción y todo!
– Ay, chica, como estamos...
– ¡Y el novio acabó llorando también!
– No me digas...
– Como una Magdalena.
– Chica, chica...
Teatro Frenesí, presenta:
MUCHOS HUMOS
Dirección y dramaturgia de Alberto Castrillo-Ferrer sobre textos de José Luis Cano.
Intérpretes: David Ardid y Teresa Larraga.
Será el próximo 27 de octubre a las 20,30 horas, en el Centro Cívico Sánchez Punter (Plaza Mayor de San José)
Reserva de entradas en el teléfono 976 46 94 94
y en www.teatrodelaestacion.com