Encontrado en la Red
1.- Si el año 2007 usted hubiera invertido 1000 euros en acciones del Royal Bank of Scotland, siguiendo los consejos del hoy ministro de Economía Luis de Guindos, hoy tendría 29 euros.
2.- Si ese mismo año y siguiendo los consejos del mismo de Guindos usted hubiera invertido 1000 euros en Fortis, un gigante del sector bancario, hoy tendría 39 euros.
3.- Si en el año 2008 usted le hubiera comprado directamente de Luis de Guindos acciones de Lehmans Brother´s por un importe de 1000 euros, hoy tendría 0 euros.
4.- Si el año 2009 usted hubiera seguido los sabios consejos de Luis de Guindos e invertido 1000 euros en Cuotas de Participación de la Caja de Ahoros del Mediterráneo, hoy tendría 0 euros.
5.- Si el año 2007 usted hubiera comprado vino, de La Rioja, Ribera del Duero o un humilde Jumilla, -me refiero a comprar vino y no acciones de los viñateros -por un valor de 1000 euros, y se hubiera bebido ese vino tranquilamente hasta la última gota, hoy , la venta de los envases vacíos le significaría una ganancia de 69 euros.
Moraleja: tal como están las cosas y dada la solvencia del nuevo ministro de economía del gobierno de España, más vale no confiar en los bancos y es preferible beber con moderación, para que el vino siga siendo un gran deleite y su sabor no se convierta en el sabor de la ira.
Me cuentan que un anciano homosexual, cuya vida se ha regido siempre por el dandismo más sofisticado, le comentaba a una visita, inspirado quizás por la demencia senil:
– Pero, ¿sabes lo que me pasó ayer? Presidía un acto, sentado en mi trono de oro, entre cortinajes de terciopelo rojo, sentado frente a todas las autoridades civiles y militares que permanecían de pie, cuando me dieron a probar unas delgadísimas virutas de jamón servidas con tenedor de plata. ¡Unas virutas de jamón en tenedor de plata! ¡A mí! ¡¿Pero es que no saben que a mí lo que me gusta son las magras entre pan?!
Yo tengo dos varas y siete dedos de persona; los miembros que la abultan y componen tienen una simetría sin reprehensión; la piel del rostro está llena, aunque ya me van asomando hacia los lagrimales de los ojos algunas patas de gallo; no hay en él colorido enfadoso, pecas ni otros manchones desmayados. El cabello (a pesar de mis cuarenta y seis años) todavía es rubio; alguna cana suele salir a acusarme de lo viejo, pero yo las procuro echar fuera. Los ojos son azules, pequeños y retirados hacia el colodrillo. Las cejas y la barba, bien rebutidas de un pelambre alazán, algo más pajizo que el bermejo de la cabeza. La nariz es el solecismo más reprehensible que tengo en mi rostro, porque es muy caudalosa y abierta de faldones: remata sobre la mandíbula superior en figura de coroza, apagahumos de iglesia, rabadilla de pavo o cubilete de titiritero; pero, gracias a Dios, no tiene trompicones ni caballete ni otras señales farisaicas. Los labios, frescos, sin humedad exterior, partidos sin miseria y rasgados con rectitud.
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Éste soy, en Dios y en mi conciencia; y por esta copia y similitud que tiene mi gesto con la cara de mamarracho que se imprime en la primera hoja de mis almanaques, me entresacará el más rudo, aunque me vea entre un millón de hijos de Madrid.
Diego de Torres Villarroel. Vida.
Yo confieso que para mí perdieron el crédito y la estimación los libros después que vi que se vendían y apreciaban los míos, siendo hechuras de un hombre loco, absolutamente ignorante y relleno de desvaríos y extrañas inquietudes.
Diego de Torres Villarroel. Vida.
– ¿Tú sabías que en el tranvía hay cámaras que graban todo?
– No... No sabía.
– Pues, sí, hija. Para ver quién pasa la tarjeta, se conoce.
– Estamos vigiladas por todos los lados.
– Yo, desde luego, ya lo he dicho: No me vuelvo a subir al tranvía sin maquillar. Oye, que nunca se sabe quién te puede ver.
– ¿Qué, ya has ido a ver el belén de la Plaza del Pilar?
– Ya ha ido, ya.
– ¡Vaya aburrimiento, todos los años igual!
– No, cariño...
– ¡Todos los años es lo mismo!
– Pero, cariño, siempre hay algo nuevo...
– ¿El qué?
– Pues, por ejemplo, este año había agua, que el año pasado no había.
– ¡Sí que había! ¡El año pasado también había agua!
– Pero este año hay una balsa más, hay una balsa nueva.
– ¿Y las figuras? ¡Todos los años las mismas figuras! ¡Podían comprar alguna nueva!
– Hija mía, que estamos en crisis...
– Vaya aburrimiento...
Si Un método peligroso me pareció una película de vampiros, The artist me ha parecido una película de cine mudo.
Lo que más me ha gustado, los gags keatonianos: En una película muda sobre el advenimiento del cine sonoro, el protagonista es un actor que se resiste a los avances de la técnica y cae en desgracia. Cuando las cosas empiezan a ponerse realmente feas, aparece un plano de su llorosa esposa y, a continuación, el siguiente rótulo, tan de película americana: "Tenemos que hablar".
– Regálale unas flores.
– No me gusta regalar flores. Me parece un poco chauvinista.
– ¿Qué es eso de chauvinista?
– ¡Una gilipollada! Algo así...
Una señora va leyendo un libro titulado Serenidad mental, da unas cabezadas y se duerme. Le pasa como diez o doce veces en el trayecto de los Enlaces a la Aljafería.
– Perdone, para ir al Mercado, ¿en qué parada me tengo que bajar?
– En la tercera.
– O sea, en esta no, en la otra.
– No, desde aquí, le faltan tres.
– ¡Ah! O sea...
– En la tercera a partir de aquí.
– Ya, ya... En la que viene, no, en la otra, tampoco, en la otra.
– Eso es.
– Vale, gracias.
(Imaginen en qué parada se bajó el buen señor.)