Día internacional de apoyo a las víctimas de la tortura
Y ansí como llegué con el maíz y bastimentos a la puente, y como era de noche, cargan todos los soldados dello y lo tomaron todo, que no dejaron a Cortés ni a ningún capitán cosa ninguna, con dar voces: "Dejallo, ques para el capitán Costés". Y ansimismo su mayordomo Carranza, que ansí se llamaba, y el despensero Guinea daban voces y se abrazaban al maíz, y decían que les dejasen siquiera una carga. Y como era de noche, decíanle los soldados: "Buenos puercos habéis comido vos y Cortés", y no curaban de cosa que les decían, sino que todo se lo apañaban. Pues desque Cortés supo cómo se lo habían tomado y no le dejaron cosa ninguna, renegaba de impaciencia y pateaba; y estaba tan enojado, que decía que quería hacer pesquisas quién se lo tomó y dijeron lo de los puercos, y desque vio y consideró quel enojo era por demás y dar voces en desierto, me mandó llamar a mí y muy enojado me dijo que cómo puse tal cobro en el bastimento. Yo le dije que procurara su merced enviar adelante guardas para ello, y aunquél en persona estuviera guardándolo, se lo tomaran, porque le guarde Dios del hambre, que no tiene ley. Y desque vio que no había remedio ninguno e que tenía mucha nescesidad, me halagó con palabras melosas, estando delante el capitán Gonzalo de Sandoval, y me dijo: "¡Oh señor y hermano Bernal Díaz del Castillo, por amor de mí que si dejaste algo escondido en el camino, que partáis conmigo, que bien creído tengo de vuestra buena diligencia que traeríades para vos y para vuestro amigo Sandoval!" Y desque vi sus palabras, y de la manera que lo dijo, hube mancilla dél.
Bernal Díaz del Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Biblioteca de la Historia
Antes que más pase adelante quiero decir que con la gran hambre que traíamos, ansí españoles como mejicanos, paresció que ciertos caciques de Méjico apañaron dos o tres indios de los pueblos que dejábamos atrás y traíanlos escondidos con sus cargas a manera y traje como ellos, y, con la hambre, en el camino los mataron y los asaron en hornos que para ello hicieron bajo tierra, y con piedras, como en su tiempo lo solían hacer en Méjico, y se los comieron; y ansimismo habían apañado las dos guías que traíamos, que se fueron huyendo, y se los comieron. Y alcanzólo a saber Cortés, y, por consejo de Guatemuz, mandó llamar a los caciques mejicanos y riñó malamente con ellos: que si otra tal hacían, que los castigaría; y predicó un fraile francisco de los que traíamos, ya por mí otra vez memorado, cosas muy santas y buenas. Y desque hubo acabado el sermón, mandó Cortés por justicia quemar a un indio mejicano por la muerte de los indios que comieron , puesto que supo que todos eran culpables en ello, por que paresciese que hacía justicia y que él no sabía de otros culpantes sino el que quemó.
Bernal Díaz del Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Biblioteca de la Historia.
- Oye, que los bancos españoles eran los que más beneficios tenían de todo el mundo...
- Eso decían.
- ¿Y el banco de España?
- Eso... ¿Qué?
- ¡Ah, mire, se va por ahí porque se ha separado de la acera!
- Es verdad... Bueno, pues, mejor.
- No sé si seguir hasta San Nicolás y luego volverme a coger el 35 en la Plaza del Pilar...
- ¿En la Plaza del Pilar?
- En la Plaza del Pilar, sí, señora... En la entrada de la calle San Gil, donde está la marquesina esa. Allí coges el 35 y te deja en la Avenida Valencia.
- ¡Maña!
- Ahí lo cojo yo.
- Ya, ya...
- Me parece que voy a hacer eso...
- O sea, que se baja allí y luego cogerá el 35 en la Plaza del Pilar.
- Sí, señora, eso mismo... Ahí, donde la marquesina, se coge ahí y te deja en la Avenida Valencia.
- Claro, claro...
Dejemos desto y digamos en qué paró el pleito de Martín Cortés con el Ribera sobre los tantos mill pesos que enviaba Cortés a su padre, y es que andando en el pleito y pasando el Ribera por la villa de Cadahalso, comió o almorzó unos torreznos, e ansí como los comió, murió súpitamente y sin confesión. Perdónele Dios, amén.
Bernal Díaz del Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España(II). Biblioteca de la Historia.
- Eso se arregla muy fácil: Se juntan mil tíos, entran al despacho y le dicen al menda: "Lárgate de aquí que estás despedido". "Oiga, pero, pero..." "Ni pero ni hostias. A la puta calle que estás despedido". Unos cuantos así y ya verías...
- ¡Mira!
- ¡Chica...!
- ¡Mira, mira, mira, mira...!
- Estamos todas atemorizadas, ¿eh?
- ¿Has visto cómo voy?
- ¡Oye, como vamos todas!
- De la Expo, que me voy a andar por la noche con mi marido, de nueve a diez y cuarto o más, y nos asan.
- Ya veo, ya...
- Mira, yo...