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de profesión incierta

Una niña pequeña y su madre

–¡Jajaja... Fue superdivertido! El lobo era periodista, la abuela hacía deporte...

–Así no es el original.

–Ya, mamá, pero es que lo habían modificado.

 

 

Arriesgando

Después de ver "El misterio Picasso", de Clouzot, les pido a mis alumnos que pinten un retrato experimentando con tanto riesgo como el maestro.

Una alumna ha empezado a abocetar una especie de monstruo y le pregunto:

–¿Quién es?

Me enseña una foto en la pantalla de su móvil.

–¡¿Françoise Hardy?!

–Sí.

Finjo un cabreo inconmensurable.

–¡¡Te voy a pegar...!! ¡¿Pero no sabes que en mi generación estábamos todos enamorados de ella?! ¡¡¿Cómo te atreves...?!!

–Jeje...

Poco después, pasa un compañero y le hace la misma pregunta:

–¿Quién es?

–Françoise Hardy. Esta.

–¡Ah, pues se parece!

–¡¡Cano, pégale!!

 

Blancanieves, el libro

Blancanieves, el libro

Como les anuncié en la entrada de abajo, ayer presentamos "Blancanieves" en Antígona, con escasez de público y abundancia de risas.

Julia, que en la inauguración de mi exposición había hecho equilibrios sobre unos tacones de vértigo, nos deleitó haciendo malabarismos con una cinta métrica, una diadema y una manzana, en una de esas delirantes actuaciones, mitad conferenciante mitad cuenta cuentos, que se ha inventado.

Rosa se quejó de que no le hubiera dejado ser telonera porque como ella habla en serio, prefiere no tener que hacerlo después de Julia. Su análisis del libro se centró en el número tres: Los Grimm, Julia y yo. Como los Grimm eran dos, pensé que éramos como los tres mosqueteros que eran cuatro, pero no dije nada. Rosa se pone muy seria a la hora de analizar un libro pero su brillantez le impide resultar cansina. Y hablando bien de mí, aún me parece más deslumbrante, qué quieren que les diga. Nos prometió pasarnos el texto de su intervención si no lo publicábamos en ningún blog, así que de momento se quedarán sin conocerlo, lo siento.

Después me tocó hablar a mí y dije, más o menos, lo siguiente:

Mi nieta tenía cinco años. Un día que vagabundeábamos por las orillas de la Huecha, me señaló una ramita en horquilla hundida en la tierra y me dijo:

 –Mira, yayo, esta señal puede querer decir algo.

–No sé… En el lenguaje de signos quiere decir que tendríamos que seguir por allí. Es como una flecha.

–No, pero igual quiere decir que aquí hay algo importante.

–¡Ah! No sé.

–Voy a picar a ver. No, no se ve nada. Vamos a buscar más señales.

–Vamos.

 Buscamos más señales y pronto encontramos otra:

 –¡Mira! ¿Qué es?

–Esto es un trozo de baldosa que ha arrastrado el río.

–¡Ah! Eso quiere decir que había una casa y el río la ha arrastrado porque, mira, está todo lleno de trozos de ladrillo.

–Sí, es verdad.

–A lo mejor era la casa de un duende.

–Puede ser.

–Y, a lo mejor, se ha quedado sin casa y lo ha cogido un gigante al pobre. ¡Claro! Entonces, nuestra misión de hoy es ir a rescatar al duende.

 Así que, con las cosas más claras, nos fuimos a buscar al duende. Todo lo que veíamos confirmaba nuestras suposiciones. Había llovido fuerte y la hierba estaba derrumbada.

 –¡Mira esta hierba chafada! ¡Sólo ha podido ser un gigante, ¿verdad?!

–Parece…

–Busca cuevas para ver si está el duende.

–Por aquí no sé si habrá cuevas pero, mira, allí hay una caseta.

–¿De quién será?

–No sé. Vamos a verlo. Está llena de zarzas. Llama tú al duende.

–¡¡Duende… Duende…!! Nada.

 Pasamos ante unos chopos cabeceros.

 –Vamos a ver en esos árboles que están llenos de agujeros.

–¡Sí, sí, ahí puede estar! ¡Duende! Aquí huele que apesta.

–Pues, déjalo.

–¡Mira! Vamos al pozo, a ver si está allí.

–Es verdad. Vamos al pozo. Abre, a ver…

–¡¡¡Duende!!! ¡¡¡Duende!!! Tampoco está, que rabia.

–Bueno, vamos al montón de troncos.

–Es verdad, allí puede estar porque está todo lleno de huecos.

–A ver… Vamos a dar la vuelta por aquí… ¡Mira, allí hay una casa!

–¿Dónde?

–Allí arriba, en el monte. Vamos.

 Mi nieta empezó a preocuparse.

 –¿Será del gigante?

–Puede ser…

–Mira, yayo, está todo lleno de caracoles gigantes.

–Es verdad, es muy raro que haya tantos caracoles en este terreno…

–¡Mira: un árbol quemado!

–Lleno de zarzas y piedras. Aquí podría haber estado escondido el duende y el gigante lo ha descubierto.

–Otro misterio. ¿Por qué está quemado el árbol y la zarza no?

–Pues, a lo mejor, porque la zarza ha crecido después.

–Ah. ¡Mira! ¡Hay más trozos de monte quemados!

 Habíamos llegado a un campo donde habían quemado los ribazos, debajo justo de la caseta a la que nos dirigíamos.

 –¡Es verdad! Igual es un gigante de los que escupen fuego.

 Mi nieta, que se había ido rezagando, se paró en seco y me gritó.

 –¡Ya no sé si lo que estamos haciendo es verdad o mentira! A ver, yayo, mira: ¡¿Hay algún gigante detrás de mí?!

–No, no hay nadie.

–Claro, si, de todas formas, la tontada del gigante me la he inventado yo… ¡La tontada del gigante me la he inventado yo!

 

Al día siguiente le llamé por teléfono:

–Constanza, ¿te acuerdas de lo bien que lo pasamos con la aventura del duende y el gigante?

–(En un susurro) Sí, el duende y el gigante… ¡Total, que al final no sabemos nada!

–¿Cómo que no sabemos nada? Pero si tú misma dijiste que la tontada del gigante te la habías inventado tú.

–Ya, pero algo pasaba porque no es normal que haya tantas casualidades.

 

Bueno, pues esto mío es igual. Lo mismo. Se trata de jugar hasta no saber si lo que estás haciendo es verdad o mentira, hasta que da miedo seguir adelante.

Y quedarte sin saber qué ha pasado realmente porque, aunque “la tontada del gigante” te la hayas inventado tú, no es normal que haya tantas casualidades.

 

 

Aviso

Aviso

Les recuerdo que mañana, día ocho, a las 19,30 h., Rosa Tabernero, Julia Millán y yo mismo presentamos mi Blancanieves en la Librería Antígona.

Allí les espero.

 

 

Afán de protagonismo

Últimamente, cada vez que algún alumno o alumna dice algo gracioso en clase, hay algún otro que me dice:

–¡Ponlo en el blog!

 

 

Campoamor en la crisis

Campoamor en la crisis

 

 

 

Últimas encuestas

Últimas encuestas

 

 

 

No puede ser casualidad

No puede ser casualidad

En este momento, buscas "marianne faithfull working class hero" en YouTube y te ponen encima publicidad de unas oposiciones a policía nacional.

 

 

Las pequeñas

Las pequeñas

Esto es lo que dije ayer, más o menos, en la presentación de "Las pequeñas" de Jesús F. Arellano:

 

Un día, mi nieta tuvo que comentar mi “Paquico Goya” en un trabajo del colegio y escribió: “Me gusta porque es raro lo que dice”.

Parafraseándole: “Las pequeñas” me gusta porque es raro que diga lo que dice.

Algún director de cine español dijo que los franceses hacen unas deliciosas películas sobre la pubertad que aquí no podemos hacer porque nuestra pubertad fue horrorosa, algo que todavía nos da mucha vergüenza.

Y, sin embargo, Arellano lo hizo, escribió sobre nuestra pubertad

y, lo que es más sorprendente, a los 26 años.

Esperemos que Rubén nos explique como podía tener su padre tantas agallas y tan poca hiel.

 

El formato

Este es un libro escrito, dibujado y maquetado “a mano”.

La informática ha acabado con el formato de este libro. Ahora mis alumnos me presentan los trabajos maquetados y diseñados con una corrección muy profesional pero sus textos, en lugar de tener la originalidad y la frescura que tienen “Las Pequeñas”, son todos exactamente iguales porque se han limitado al copia y pega de Internet.

Las crónicas de mis excursiones con los Boy-scouts las hacía con el mismo formato de este libro, dejando huecos más o menos rectangulares al escribir para rellenarlos más tarde con los dibujos correspondientes. Era algo habitual en la época

Los dibujos de “Las pequeñas”, en cambio, se parecen más a los que hacía mi padre cuando intentaba ser moderno. Tienen un característico aire de época, con reminiscencias del cubismo analítico, acercamientos a la abstracción, al dadaísmo y a las viñetas de La Codorniz.

 

El contenido

Ya he dicho que hace falta mucho valor y mucha gracia para contar lo que cuenta Arellano. Las relaciones entre chicos y chicas y otras desgracias de nuestra infancia: Los campamentos de verano, las cartas con una extranjera para practicar idiomas (la mía, que era francesa, me confesó que le llamaban le Petit éléphant y, encima, fue ella la que dejó de escribirme), las excursiones del colegio, las funciones de teatro del colegio, los congregantes del colegio… Pero, también, situaciones tan exóticas como salir de paseo con una china o llevar a una chica a los toros o a ver exposiciones.

La lista de pequeñas, más o menos pequeñas, es impresionante: Mañuela, Amanda, Mari Pí, Charito, Clarita, Pili, Monserrat y Alicia, Mari Asun, Carmina y muchas más. Cada una con su pequeño desastre que no quiero ni pensar lo que sería entonces para Jesusito: el acabose.

Unos años más tarde, Jesús Arellano ya sabía lo que dice Javier Pérez Andújar en el prólogo:

Continuamente ellas, desde el primer día. Misteriosas y cercanas. Sabias, bellas, mágicas; frágiles pero amenazadoras. Son el secreto de los cuentos: el hada y la bruja. La tribu a la que nunca vamos a pertenecer. Son las mejores.

Creo que con eso está dicho todo.

Déjenme centrarme, pues, en una anécdota secundaria que me ha hecho mucha gracia porque es algo que a mí me pasó en sueños y, si me pongo a pensarlo me parece algo inconcebible pero si me pongo a recordarlo me parece perfectamente verosímil.

Dice Arellano:

Al llegar a la sala (Libros) me encontré con que, en vez de la mesita habitual con los catálogos, había una estatua policromada, muy bien hecha, que tenía los catálogos en la mano. Todo esto lo vi en un segundo… y cogí uno de los catálogos. Entonces ocurrió una cosa extrañísima: “la estatua policromada” movió los ojos y, ante mi perplejidad, cambió un poco de postura.

Era un espectador que se me quedó mirando con cara de asombro al ver que yo le había arrancado por las buenas “su” catálogo. Comprendí que tenía que hacer algo enseguida y solo se me ocurrió decirle:

–Perdone, creí que era una estatua…

No sé si recuerdan, pero así de surrealistas éramos de adolescentes. Y lo siguen siendo ahora.

 

Aquí, en Zaragoza, el libro tiene el valor añadido de las referencias locales. Así, por ejemplo, en Las cinco internas, el autor, muy pequeño, está mediopensionista en un colegio de monjas. Y dice:

Encontré un rincón muy escondido en una especie de gruta, bajo una Virgen de Lourdes.

Y más adelante:

Vi que las uvas del jardín empezaban a dorarse y alguien me dijo que era el verano que venía.”Las uvas del jardín”. Esa fue mi otra tentación. Las uvas del jardín no eran una colección de viñas. Era una simple parra con cuatro o cinco racimos que la internas cuidaban…

Reconocí ese colegio. Tengo dos tías monjas carmelitas y en verano venían de vacaciones al colegio de León XIII e íbamos a verlas de visita. Nos recibían en el recreo del colegio y, si había suerte, nos habrían la huerta para pasear por ella. Recuerdo perfectamente la cueva con la Virgen, solo que no estaba en un rincón si no presidiendo el recreo, y la parra o parras, creo que con muchísimos más racimos de los que dice Arellano. Pero habían pasado unos cuantos años…

Pero, acaba el relato:

Cuando se marchó desenterré el tesoro y fui tirando los cacharritos a la vía del tren, aquel profundo abismo que bordeaba el jardín.

Entonces, no podía ser el colegio de las carmelitas, porque ni por León XIII, ni por Madre Vedruna, ni por San Vicente mártir, ni por María Lostal ha pasado nunca el tren. ¿Entonces? ¿Es que todos los colegios de monjas son iguales? ¿O era cosa de la época?

Se lo comenté a mi madre y me dio la solución:

–¡A las vías del tren, claro, cuando el colegio de las carmelitas estaba en Sagasta! Por lo que ahora es la avenida de Goya pasaba la vía del tren descubierta.

–Eso lo recuerdo perfectamente pero, ¿cuándo cambió el colegio de sitio?

–Después de la Guerra. Eras más acogedor el colegio viejo que el de ahora. Mucho más. Lo que no recuerdo es lo de la cueva.

 

Y hablando de mi madre, en el libro hay otra frase que ella podría corroborar por experiencia propia:

El viento zaragozano, cuando es un poco fuerte, tira a las viejas por la calle.

 

En este librito también encontrarán La Nicanora, el Tubo, La sala Libros, ya lo he dicho, el Parque, la ermita de Santa Bárbara, el Rosario de Cristal…

En fin, que yo que ustedes, lo compraba ahora mismo y lo leía esta tarde. 

 

 

 

 

Dos señoras

–Oye, ¿y qué tal el perrico?

–De juguete.

–Es que es monísimo.

–Pero me vuelve loca.

–Los cachorros, ya se sabe...

–Pero, que le dije al de la tienda: ¿Me dará mucho trabajo? Y me contesta: ¡Sí, hombre, no da trabajo Rajoy y se lo va a dar el perro! No te jode...

 

 

Presentación

Presentación

Les recuerdo que mañana, a las 13,00 h. presento, en la librería Cálamo, "Las pequeñas", de Jesús F. Arellano, un delicioso y sorprendente librito ilustrado, que trata sobre los amores más tempranos del autor, allá por los años treinta y cuarenta del pasado siglo.

Me acompañará en la presentación el hijo del autor, Rubén Fernández Santos, pintor y profesor de dibujo como su padre y como yo.

Espero verles por allí. Muchas gracias.

 

 

El Gobierno

El Gobierno

 

 

 

Amor de madre

Amor de madre

Ayer me dijo mi madre, con cierto tonillo de incredulidad:

–El otro día, el día de San Jorge, me gustó la portada del Heraldo y miré y resulta que era tuya.

 

 

Dudamos hasta de la paz de los cementerios

Dudamos hasta de la paz de los cementerios

 

 

 

Previsiones económicas del Gobierno

Previsiones económicas del Gobierno

 

 

 

Expertos

Expertos

 

 

 

Blancanieves

Blancanieves

Les dejo este enlace por si quieren leer la entrevista:

http://www.somoslamadalena.net/#!exposicin-blancanieves/c1xw9

 

 

Presentación de

Presentación de

 

 

Más paro

Más paro

 

 

 

Espectativas

Espectativas