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El muso

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Estoy escribiendo un espectáculo sobre el arte del siglo XX y, en alguna de las versiones que llevo entre manos, aparecía el siguiente texto con el siguiente título: El muso. Mi intención era ironizar sobre la reacción del machismo ante el arte feminista, pero le pasé el texto a una amiga feminista y me dijo que le parecía bastante machista.

Dudo más de mi talento como escritor que del sentido del humor de mi amiga, pero no acabé de entender su reacción y lo cierto es que, varios meses después, sigo perplejo. Si alguno o alguna de mis improbables lectores o lectoras quiere dejar algún comentario o comentaria (y esto sólo es una ironía sobre las nuevas modas en el uso de los géneros), se lo agradeceré de todo corazón.

EL MUSO

Suena, a todo volumen, la coda del paso a dos del ballet Cascanueces. El maestro de ceremonias vuelve a presentar:

MAESTRO DE CEREMONIAS. –Queridos niños, queridas niñas: ¡¡Lo nunca visto!! ¡¡¡El muso!!!

Aparece un guaperas cachas, moderno y desustanciado:

MUSO. –Hola, soy un muso. Mosso, no: Muso. De musa: muso. Las musas, con mayúscula, siguen siendo las mismas nueve señoras de siempre, ya saben:

Intentando recordar.

MUSO. –Eh… Talía… Terpsícore… Eh… Y así sucesivamente. Pero luego están las musas con minúscula, las musicas de cada artista. Yoko Ono, por ejemplo, la musica de John Lennon. La señora Ono, que de artista fluxus pasó a musica y de musica pasó a artista postfluxus. Mucha puerta giratoria que hay por ahí. Otra musa: Gala, la de Dalí. Dalí, que era un moderno y un inútil, se echó a Gala de musa y acabó hecho un clásico y un millonario. Las musas suelen tener mucho talento. En cambio los musos, con que estemos cachas y seamos guapicos de cara… (Indignado) ¡Coño, tía, para eso, búscate un bombero!

Aparece en una esquina una guerrilla girl.

GUERRILLERA. –¿Y de qué te crees que tienes las ideas, guapo?

El muso la ignora.

MUSO. –Es lo que tiene ser muso, que si musa ya es un concepto viejuno y obsoleto, muso ya, ni te cuento. Pero, oye, a cada uno le toca lo que le toca en esta vida. Aunque, mucho cuidado con los musos, que tienen más peligro que un artista conceptual con dinero. Mira el muso de Ana Mendieta. Por ejemplo.

Yo era muso de las Guerrilla Girls. Sí, sí, de todas. ¿Cuántas serían? Oiga, ni idea: como iban de incógnito… Bueno, más que muso era su pito del sereno, con perdón. No me hicieron nunca ni pito caso. Conceptualmente hablando, se entiende. Decía una:

–Tía, a mí me da mucha vergüenza ponerme delante del Moma haciendo el mamarracho.

Y otra:

–Pues nos ponemos caretas y en paz.

Y yo:

–¿Sabéis lo que estaría bien? Unas caretas de Mickey Mouse.

Y ellas, pasando de mí:

–¿Una careta de qué?

Y yo:

–De Mickey Mouse.

Y ellas:

–Calla ahora, por favor, que estamos trabajando.

Y yo:

–¡Pero tías, ¿de qué vais? ¡Que soy vuestro muso!

Y ellas:

–¡Ya lo tengo: de gorila!

Y yo:

–¡Huy, King Kong, qué miedo, qué miedo!

Y ellas:

–¿Puedes dejar de hacer el tontolaba diez minutos?

Y así, durante diez minutos, no: durante diez años.

Que decían:

–Hagamos carteles denunciando la utilización sexista de la mujer en la Historia del Arte.

Y yo:

–Eso, eso, con una foto de Pamela Anderson.

Y las muy bordes:

–Tío, estás salido, de verdad.

Y van y ponen a la Odalisca de Ingres, que se le ve una teta de casualidad.

MUSO. –Hombre, no me jodas… Nada, ellas a lo suyo, pasando de mí como de la mierda. Por lo visto les encantaba hacerme sentir un muso objeto. ¡Qué década más mala! ¡Qué ancho me quedé cuando se separaron!

Pausa.

Ahora no, ahora soy muso de Sophie Calle y esa viene detrás de mí como un corderico. A distancia, eso sí. Me sigue en plan espía. En plan performance, mejor dicho. No es que quiera ligar, ya saben que el arte no tiene que servir para nada práctico, no, no es que quiera ligar ni nada. Pero me sigue. Por desinterés, pero me sigue. Digo: Me voy a Venecia. Y cojo en Lyon el tren de las diez de la noche y la tía detrás.

El día que me vuelva y le dirija la palabra… ¡Buf, habrá que verlo! ¡Ese día habrá que verlo! ¡Igual le da un patatús y todo!

Señala al público con la barbilla:

MUSO. –Mírala. Ahí está. Sin perder detalle. La de la peluca rubia y las gafas de sol. Se cree que así no la reconozco. Mírala, disimulando, como si no hablase de ella. ¡Que te tengo calada, guapica! ¡Anda, sígueme, sígueme, anda!

Saluda y se retira volviéndose varias veces hacia la presunta. Suena, a todo volumen, la coda del paso a dos del ballet Cascanueces.

 

 

 

14/12/2016 11:21 José Luis Cano #. Textos

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