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La gran belleza II

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En una de las múltiples fiestas que componen la película, una niña demuestra lo moderna y lo artista que es, arrojando botes de pintura sobre un enorme lienzo blanco, con la misma furia que utilizaban los pintores de la action-painting, hace sesenta años. Un poco antes o un poco después, una actriz se estampa contra un pilar de piedra, con la misma furia que utilizaban los artistas del body-art, hace cuarenta años.

La niña pinta el lienzo con todo su cuerpo, hecha un Cristo, entre gemidos y sollozos, lo que es bastante plausible, pues enfrentarse a semejante desafío produce mucha angustia y requiere mucho coraje. También los tenistas se ayudan de todo tipo de sonidos guturales. 

La cámara deja a la niña en plena faena y sigue al protagonista de la película y a su pareja, retirándose de la fiesta. Ella observa conmovida que la niña está llorando y él vuelve a hacerse el cínico, una vez más, respondiendo que gana una millonada.

Lo desconcertante es que la cámara vuelve por unas décimas de segundo al lienzo para dejarnos entrever que la pobre niña ha convertido su abrumadora energía en una obra relamida y cursi. ¿Eso qué requiere?

 

 

13/12/2013 17:26 José Luis Cano #. Textos

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