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I/ El fantasma de Canterville. Oscar Wilde

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Era uno de mis cuentos favoritos. En principio, porque empezaba con buenas dosis de humor: Una familia americana compra un castillo escocés con fantasma y todo. El fantasma intenta hacerles la vida imposible para que se vayan pero sucede todo lo contrario. Los niños de la familia le gastan toda clase de bromas pesadas, el fantasma acaba aterrorizado... Me partía de risa. Aquel libro me resarcía de todo el miedo que había pasado con los fantasmas, vampiros, demonios y maristas.

Pero, de pronto, como llevo repitiendo desde que he comenzado a hablar, la historia cambiaba de tono por culpa del inevitable amor y se convertía en una historia romántica en el más amplio sentido de la palabra. Esta vez, la historia de amor me pareció mucho más atractiva que otras, quizás porque el enamorado era el fantasma y la chica entraba en la dimensión desconocida y terrorífica del reino de los muertos, con tapices que hablaban y lúgubres pasadizos secretos. Muchos años después leí en otro libro que citaré después, que las imágenes más poderosas del arte son las que aúnan los tres momentos fundamentales de la vida: nacimiento, amor y muerte.

Algo de eso debía de pasar en aquel cuento para que le perdonara ese cambio tan inesperado del humor al amor.

No se lo van a creer, pero tengo una innata tendencia a la melancolía que he intentado curarme con los años. Por cierto: ¿Qué libro me previno contra la melancolía?

 

Creo que esta portada que he encontrado en la red, era la misma que tenía yo.

06/05/2009 12:33 José Luis Cano #. Textos

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