Dos mujeres
– En lo de psiquiatría, ¿os enseñaron unas fotos raras para ver qué veíais?
– Sí.
– Eso es para saber la personalidad de cada uno, según lo que ves dicen pues es así o asá.
– Ah.
– Ahora, que a mí me las enseñan y digo: Pues no veo nada.
– En lo de psiquiatría, ¿os enseñaron unas fotos raras para ver qué veíais?
– Sí.
– Eso es para saber la personalidad de cada uno, según lo que ves dicen pues es así o asá.
– Ah.
– Ahora, que a mí me las enseñan y digo: Pues no veo nada.
– Ahora sale con una pequeña.
– Todos ustedes son pequeños.
– No crea. Aquí estamos los más feos. En mi pueblo hay chicas guapas pero se van a estudiar.
– Pero, ¡señor!
– Espere que se acomode mi señora, primero.
– Pero...
– Ahora se puede sentar usted, si quiere.
– No, no, no quiero.
– ¿Ah, no?
– Me conformo con que no me tire al suelo.
– ¿Se ha muerto Ramón?
– Sí, hace tres días.
– ¿Y cómo se ha muerto?
– De perfil, como el Camborio.
No oído.
En el autobús de Ainzón, esperamos a punto de partir. En el autobús de al lado, una mujer habla por señas con otra que se queda. Repite insistentemente "cinco" con los dedos de la mano derecha muy extendidos.
De pronto, una madre y una hija que van sentadas junto a mí, empiezan a hablar en el lenguaje de los sordomudos. La madre repite insistentemente "dos" o la "uve" de la victoria, no sé.
Yo tengo un reloj que da las medias y las horas y me consuela. Digo: ¡Mira, el reloj de mi pueblo, de la torre!
¡Mira: la mujer desaparecida! ¡Esa, esa es! Ya ha aparecido.
– Yo, de cinco hermanos que tenía, ya se han muerto todos. Y de los de la pandilla, ya se han muerto 18 de la pandilla.
– Así que ya no queda nadie.
– También se murió Mariano.
– ¿El de la Rosario?
– No, el de la Pilar.
– Ah, ya, que su hermana se murió hace dos años.
– Dos años, más o menos. Mira el 18, veinticinco años que se murió mi madre.
– ¿Tu padre?
– ¡No, su madre!
– Cuántos accidentes ha habido aquí. Anda que no he visto muertos ni nada...
Hay recuerdos que no se te acuerdan.
¡Yo, por lo menos, no digo que las cosas bajan de Internet por la Ley de la Gravedad, que es lo que dijo ella!
- Con esto de la Expo, Zaragoza ha cambiado mucho. Ahora se parece a Madrid.
- ¿Sí?
- Sí, han hecho muchas cosas.
- ¿Qué han hecho?
- Casas, cosas...
Allí en el bar, a todos les ponemos mote. ¿El coletas?, pues, el coletas. Por eso le llamamos el coletas.
A mí me gusta la borraja. Con ketchup, claro.
Yo nací para el botellón, te lo juro, tío.
Yo soy persona de primer plato: me como una paella hasta los topes y ya no como nada más.
Por favor, pasen a la parte trasera del autobús.