Pues el copista, en sus versiones modernas, es un ironista. Cuando no es un ironista es un imbécil.
Jean-Yves Jouannais. Artistas sin obra. Acantilado.
Buenas, buenas días, buenas tardes a todos.
En primer lugar agradecerles...
Vamos hemos universalizado la sanidad para los españoles.
Saben ustedes que la sanidad es universal y que estaba recogida en
muchas leyes pero nunca se aplica hasta el final.Todos los españoles tienen derecho a asistencia sanitaria gratuita.
Todos sin dejar uno.
Lo primero que vamos a hacer es eeehhh incorporar al derecho español
un artículo de una directiva que les diré que está incorporado al
derecho español todo eeeh laaa toda la directiva menos un artículo
que justo es el artículo que prohibe de forma explícita desplazarse
en busca de atención sanitaria.
Luego hemos quitado también una cartera que llamamos cartera común
suplementaria que la adjunto si me lo permiten con la cartera
accesoria.
Ahí estarían pues las prestaciones farmacéuticas, las terope..
tripe… teroperapéuticas, ehh… me he equivocado en la en el nombre
y poner en valor lo que tiene mucho en valor, porque no hay cosa que
tenga más valor que una medicina que cura enfermedades.
Hemos adoptado una medida que ya estaba adoptada. Lo más importante
que por primera vez los parados sin prestación parlamentaria, que...
perdón sin presta sin.. sin pre…presta sin prestación sin
prestación por desempleo, perdón.
En definitiva eeeh lo que les decía. No es lo mismo una persona que
no está enferma en su consumo de medicamentos que una persona que
está enferma.
Los pensionistas que es no pagan nada son aquellos que ya no tienen
derecho a prestación por desempleo, es decir los que ya tienen los
que tienen simplemente eeehh. los.. ah perdón, pensionistas.
Pensionistas son de los pe que tienen el... hablamos de renta no de
pensiones.Pues yo ya me voy a callar.
–¿Tu madre, qué tal?
–Pues de todo bien menos la cabeza.
–Mira, la mía, al contrario. La cabeza muy bien pero todo lo demás, fatal.
–¿Qué años tiene la tuya?
–Noventa y cinco.
–La mía noventa y tres.
–¿Y qué pasa, que ya no rige?
–El otro día vi unas flores muy bonitas y dije: Bah, le voy a comprar unas flores a mi madre (cosa que no suelo hacer, la verdad) y cuando llego a casa y me ve, me suelta: ¡Anda, ¿ya me he muerto?!
Como es habitual, Enrique Vila-Matas, en su libro sobre la Documenta de Kassel, juega a ser otro autor llamado Autre, juega a hacer como si se conmoviera frenta a alguna obra de arte de vanguardia, como si escribiera un texto que...
Yo he decidido leerlo como si fuera una obra sadiana, buscando entre las disquisiciones filosóficas, las fases del flirteo del protagonista con María Boston.
–Vivía para trabajar, todo el día en la panadería, que se levantaba a las cuatro de la madrugada y estaba hasta las cuatro de la tarde sin parar. Y después, en casa, se ponía a bordar con una luz mortecina que se dejaba los ojos. Y las casas que tenía, que ella misma iba a cobrar el alquiler con un cinturón con bolsillo y ¡venga a meter dinerico! Yo no sé lo que tenía pero, vamos, una millonada. Y viviendo en esas condiciones, como una pobre, con lo que tenía, que en el buen tiempo, cuando salía a bordar a la puerta de la calle con una silla de anea, no se ponía ni un mal cojín...
Pues, un día le dije: "Pero mujer, deje de trabajar tanto y váyase alguna vez de vacaciones" y me dice: "¿Y dónde voy a ir yo?" y le digo: "Yo qué sé, a cualquier sitio, a hacer turismo, que hay muchas cosas bonitas que ver en este mundo" y me dice: "¿Sabes lo que pasa? Que yo sé hacer pan pero no sé mirar. No sé mirar. ¿Y para qué voy a ir a ver nada si no sé mirar?"