La guerra del agua
Ayer llevé esta viñeta al Heraldo y, a la media hora, me llamaron proponiéndome un pacto: Yo hacía otra y el director en persona llamaba a Telefónica para arreglar mi situación. Accedí con bastante desconfianza. Me aseguraron que hoy tendría la conexión a Internet.
Hoy seguía sin conexión y he llamado al Heraldo. Me han asegurado que habían hecho las gestiones oportunas. Me han prometido seguir insistiendo. Un poco más tarde, me han vuelto a llamar proporcionándome un número al que ya había llamado otras veces y por el que sólo había conseguido hablar con máquinas. He vuelto a llamar y esta vez, oh milagro, me ha atendido una persona humana. Me ha pedido todos los datos habidos y por haber y me ha pasado a otra persona humana que ha vuelto a pedirme todos los datos que ya había suministrado. Esta operación se ha repetido siete veces. Al final, me han vuelto a decir lo que me dijeron el primer día: Que la conexión estaba suspendida temporalmente porque lo había pedido yo. Tras volver a explicar que de eso, nada, monada, han reconocido que podía haber sido un error inexplicable y que me restablecerían la conexión lo más pronto posible. He valorado la atención recibida con un 2 y una señorita me ha preguntado que por qué les suspendía. También me han asegurado que no me cobrarían estos quince días que he estado desconectado.
En fin, me han vuelto a llamar del Heraldo donde seguían haciendo gestiones y, dos horas más tarde, he comprobado que tenía conexión.
He visto que algún amigo solidario me había enviado la siguiente dirección:
http://www.youtube.com/watch?v=rVADWAxOZtg
Gracias a todos por sus comentarios y que lo disfruten.
Ahora estoy en otro ordenador.
Me cago en la Telefónica y todos sus directivos. Y que Alierta me perdone si me dejo alguno.
Ya les contaré.
- ¡Avecuan-oquedamo! ¡¡¡A-vé-cuan-o-que-da-mó!!!
Tengo que reconocer que un coleccionista zaragozano puede exponer pintura alemana en su ciudad, cosa que un pintor zaragozano no puede hacer.
La pintura es de Peter Zimmermann, que ahora mismo tiene un cuadro colgado en el Palacio de Sástago.
Queridos amigos:
Muchos de ustedes me preguntan por el número de autobús en el que escucho las conversaciones que transcribo. ¡Las cosas no son tan sencillas! Pero puedo citar alguno: 33, 34, 31, 36, 24, 22, 51... Más algún otro que cojo de forma esporádica y cierto autobús de línea.
Eso es todo.
Un amigo me ha enviado esta foto y la cuelgo aquí para que la vean.