Por orden
Imagínense la escena de la foto en la calle San Juan de la Cruz de Zaragoza. Mientras unos funcionarios municipales colgaban las luces de Navidad, subidos en la plataforma, otro funcionario, plantado en medio de Fernando el Católico, dirigía la maniobra.
Indicó a sus compañeros que tenían que irse más a la derecha, bajando el brazo enérgicamente hasta la horizontal y, todos los coches que venían de Corona de Aragón, pararon en seco.
Me ha vuelto a pasar. Puse Intereconomía para ver felices a sus tertulianos y estaban hablando de los resultados de Bildu. Exactamente igual que en las últimas elecciones autonómicas.
– ¿Qué te crees que me pasó ayer?
– Cualquier cosa.
– Bueno, fuimos a la ortopedia a buscar apósitos para mi marido, que te acuerdas que le operaron de las dos hernias...
– Sí, sí, que me acuerdo...
– Bueno, pues estábamos mirando tamaños, que si este será muy grande, que decía mi marido, que si era muy grande... Total, que se acerca el dependiente y nos dice, "¿Les puedo ayudar en algo?", y le digo: "Que no sabemos si estos apósitos serán muy grandes..." y nos dice: "¿Para qué los quieren?", y le digo: "Es que han operado a mi marido de las hernias y..." y va y dice: "Ah, de eso sé mucho" y veo que empieza a desabrocharse el cinturón, que se baja la cremallera... ¡Oye, pues que nos enseñó las dos cicatrices que llevaba de que también le habían operado a él!
– ¡No me digas!
– Allí estábamos los dos, viendo las cicatrices del buen señor... ¿Tú crees que es normal?
– ¿Y tú marido qué hizo? No se bajaría también los pantalones para comparar...
– ¡Qué dices! Con lo pudoroso que es mi marido. Pues no decía nada, claro... Allí estábamos los dos como dos pasmarotes. Pero, vamos, que no lo veo muy normal... Oye, pues el hombre, más tranquilo que para qué, enseñándonos las ingles.
– Qué cosas...
– Desde luego, la gente te enseña las ingles con una tranquilidad que no es normal, la verdad.
Entre otros ejemplos de caridad bien entendida, encontramos que el gran filósofo (Diderot), a propósito de un pintor que le habían recomendado y que tenía una familia a la que mantener, dijo que había que abolir o sus cuadros o su familia.
Charles Baudelaire (Según Calasso, Diderot nunca escribió esa crítica.)
La folie Baudelaire. Roberto Calasso. Anagrama.
Baudelaire observó un día a dos soldados que visitaban el Salón. Permanecían en "contemplación perpleja frente a un interior de cocina: "Pero, entonces, ¿dónde está Napoleón?", decía uno (el catálogo estaba equivocado en el número, y la cocina estaba marcada por el número que correspondía en verdad a una batalla célebre). "Imbécil", le dijo el otro, "¿no ves que preparan la sopa para su regreso?" Y se iban contentos con el pintor y contentos consigo mismos".
La Folie Baudelaire. Roberto Calasso. Anagrama.