Tengo un librito que alguien recibió de los Reyes Magos en 1946. Está publicado en Argentina pero en la cubierta figura la dirección española. Es una recopilación de textos de Azorín, destinada a ser libro de lectura de los escolares de la época. En el prólogo dice:
Nos hemos enterado de la dificultad con que tropiezan los profesores de castellano al seleccionar las lecturas que deben completar el programa de primero, segundo y tercer años en los establecimientos de enseñanza media.
Añade que la encargada de la selección ha tenido en cuenta, principalmente, la capacidad de los alumnos y sus preferencias.
El libro empieza así:
Lector: yo soy un pequeño filósofo; yo tengo una cajita de plata llena de fino y oloroso polvo de tabaco, un sombrero grande de copa y un paraguas de seda roja con recia armadura de ballena. Lector: yo emborrono estas páginas en la pequeña biblioteca de Collado de Salinas. Quiero evocar mi vida. Es medianoche; el campo reposa en un silencio augusto; cantan los grillos en un coro suave y melódico; las estrellas fulguran en el cielo fuliginoso...
Y sigue y sigue y sigue... Pobres niños de entonces. Pobre de mí.
–Como siempre, pagaremos pobres por pecadores.
El bronce del César Augusto, que sigue junto a las Murallas, lo acaban de pintar como una farola.
Como dice mi madre, antes esta ciudad era provinciana; ahora, ni eso.
–Es tremenda. Ya sabes el genio que tiene su padre y la mielsa que tiene su madre... Bueno, pues el otro día, su madre ya no podía más y le pegó un berrido: "¡¡Te voy a dar un par de bofetadas que te vas a enterar!!", y le contesta: "Mamá, por favor, no imites a papá que es peor, sé tú misma".
–¡Jajaja! ¿Y qué tiempo dices que tiene?
–¡Cinco años!
Me gustaría poder comparar las pinturas que tengan dentro los vecinos con la que tienen fuera.