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de profesión incierta

Juegos

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Un día, como pueden comprobar más abajo, participé en el juego que me propuso Begoña Oro: abrir el libro más a mano por la página 45, leer la primera frase completa e interpretarla como vaticinio sexual para 2012.

Días más tarde, fotografié una hoguera y utilicé una de las fotos para ilustrar una noticia sobre los movimientos revolucionarios que, al parecer, se están dando ahora mismo en Sicilia.

Hoy se me ha ocurrido pensar en lo que habría pasado de haber recibido esta mañana la proposición indecente de Begoña Oro (no me quedé muy contento con el resultado del juego, como pueden ver), he cogido el libro más cercano, los Relatos completos de Heinrich von Kleist, traducidos por Bravo de la Varga y editados por Acantilado, y he leído lo siguiente:

Mientras sus hombres saqueaban los alrededores de la ciudad, colgó una nota en la puerta de una iglesia para que se supiera que había sido él, Kohlhaas, quien había prendido fuego al lugar y que estaba dispuesto a reducirlo a cenizas si no le entregaban al junker, a quien, por lo que sabía, no les resultaría muy difícil encontrar, pues no creía que se pasara el tiempo escondido entre cuatro paredes. El terror de la población ante este crimen inaudito fue indescriptible; es cierto que el incendio se produjo en una noche de verano bastante tranquila y que gracias a ello las llamas no afectaron más que a diecinueve edificios, entre ellos una iglesia, sin embargo, no resultó nada fácil controlarlo y extinguirlo, por eso, al romper el día, el anciano gobernador, Otto von Gorgas, envió un destacamento de cincuenta hombres para capturar al violento criminal. Por desgracia, el capitán que mandaba las tropas, un tal Gerstenberg, lo hizo tan mal que, en lugar de acabar con Kohlhaas, contribuyó a que este adquiriese una fama de estratega sumamente peligroso, pues, al dividir sus fuerzas en varias secciones...

Etc.

 

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