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El calentón de Cioran

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Era joven, mi sangre bullía, pero, ¿qué se puede hacer en una ciudad en la que todo el mundo se conoce? En la gran plaza de la ciudad, un guardia, un punto negro en un calor sofocante, se mantenía de plantón toda la jornada. Un día me acerqué a él para decirle: "Señor agente, no soy de aquí y necesitaría una mujer". Me respondió como si fuera la cosa más natural del mundo: "Pues claro. Por lo general se encuentra una en el hotel. Sé que ahora no está, pero, si lo desea, puedo enviarle otra cuyo marido está ausente, porque trabaja a diez kilómetros de aquí".

Le di las gracias por su ayuda. Como vivía allí con mi hermana, le dije, habría que hacerlo con discreción. "¿A qué viene el secreto?" Es una cosa de lo más natural", me respondió. En la forma de pensar de aquel guardia descubrí el sentido común rumano y húngaro, el humor y mucho encanto.

 

 

 

E. M. Cioran. Conversaciones. Tusquets Editores.

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