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Salamanquesa

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Salamanquesa, 1998, acrílico sobre tela, 40 x 162 cm

Cuando me instalé en el nuevo estudio había escolopendras. Ahora hay salamanquesas. El arte amansa a las fieras.

 

Abandonó la ciudad buscando un contacto directo con la naturaleza. Su estudio era una excusa para buscar un pensamiento más oxigenado. Entre las dos clases de pensadores que plantea el título de una obra de 1999 (Había dos clases de pensadores: Los andarines y los jardineros) a Cano lo debemos de clasificar entre los andarines solitarios. A pesar de su paso silencioso no puede evitar la sensación de que el aroma de la pintura acaba con el veneno de las escolopendras. Quizás a eso se refería Agustín Sánchez Vidal en el texto Un pintor veneciano que le escribe para el catálogo de la exposición de 1991 en el Taller de Arte G de Madrid: “...Verdes de insecticida. Cruces y verdes como un insecticida”. 

Larroy

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