Comienza la cumbre del G-8
En la estupenda exposición que hay estos días en el Paraninfo de Zaragoza, se puede jugar a los parecidos razonables: Sunyer es el Cézanne español; Anglada Camarasa, el Van Dongen español; Iturrino, el Matisse español; Solana, el Ensor español; Sorolla, el Velázquez valenciano...
Hace poco le hice este retrato para un trabajo que aún no ha visto la luz.
Vaya como homenaje a la extraordinaria coreógrafa.
Ayer fui a la piscina con mis sobrinas y me pegué una torrada que estoy escaldao.
Fotografía de Vicente Almazán y Pepe Robles. Un abrazo para los dos.
El sábado vi tres exposiciones de pintura, tres: Matisse en el Thyssen, Sorolla en el Prado y Richter en Telefonica.
La exposición de Matisse podría resumirse así: ¡Huyhuyhuy, ayayay, nemequitepa! En la época que han seleccionado, el pintor había olvidado el fauvismo y no había descubierto las tijeras. Lo que sí usaba mucho era el aguarrás.
En esa época, resulta mucho más "fiera" Sorolla que Matisse. A Matisse da la sensación de que se le apoderan los problemas que se plantea, mientras que Sorolla no tiene tiempo de plantearse problemas porque se le va la luz.
Eso sí, como escultor, Matisse sigue siendo una fiera.
Mientras Matisse se decolora con la madurez, a Sorolla le suben los colores con la edad. El problema es que no consigue independizarlos de la luz y se queda sin ser moderno. Vaya por Dios. (Y por las maragaterías y las valencianadas).
Viendo las fotos pintadas de Richter, uno se pregunta retóricamente si no estará más influenciado por Sorolla que por Matisse.