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de profesión incierta

R/ El camino de Chuang Tzu. Thomas Merton

R/ El camino de Chuang Tzu. Thomas Merton

En un libro de Lawrence Durrell, titulado “Una sonrisa en el ojo de la mente”, dice el autor que si alguna vez tuviera necesidad de creer en algo, creería en el taoísmo, una religión atea.

Oí decir a Sánchez Dragó que el libro que más le había influido en su vida era el Dao de king (antes Tao te king) de Lao Tzu (antes Lao Tsé), la Biblia taoísta. Poco se nota.

Yo, modestamente, me quedo con Chuang Tzu (antes Chuang Tsé), que además de taoísta es humorista. Merton le llama el Groucho Marx del taoísmo pero yo creo que está más cerca del humor de Buster Keaton.

Tras la furia de los demonios cristianos y la furia de los demonios anticristianos, qué bienestar produce la calma chicha de los filósofos chinos.

Y eso que leyendo a Chuang Tzu comprobé que mi vida estaba completamente equivocada. Y no por el cuento de que soñó que era una mariposa y al despertarse no sabía si era un hombre que había soñado que era una mariposa o una mariposa que estaba soñando que era un hombre, como me pasó a mí en las Descalzas Reales, no. Cuenta Chuang Tzu, que un día, el emperador salió de caza con todo su séquito. Al llegar a un río, vieron una manada de monos durmiendo la siesta en la otra orilla. El emperador disparó contra uno de ellos y falló. El animal empezó a burlarse dando gritos y cabriolas como el mono titiritero. Todo el pelotillero séquito del emperador disparó a la vez contra él y cayó acribillado.

Tras leer esto, sigo haciendo el mono cada mañana en el Heraldo de Aragón.

Me queda la esperanza de poder seguir las enseñanzas de Chuang Tzu en el último momento. Cuentan que mientras agonizaba, los discípulos decidieron preparar la tumba “para que no se lo comiesen los cuervos”.

-     ¿Por qué esa discriminación entre cuervos y gusanos?, preguntó Chuang Tzu.

 

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