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INCERTIDUMBRE

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Este es el texto que preparé para presentar el libro de Paco Inclán. Si quieren conocer, aproximadamente, sus respuestas a mis preguntas, lean el libro. Me agradecerán la recomendación.

 

En aquellos tiempos, en los que yo trabajaba como diseñador e ilustrador y existía Sansueña, Industrias Gráficas, sus propietarios, Paco y Stella, me decían:

–Eres una de las personas a la que más cosas le pasan.

–Es que las cuento– me disculpaba yo.

Bien: Pues a todo hay quién gana.

Permítanme que les cuente una cosa que me pasó hace año y medio, más o menos. Viajaba con Emilia a Madrid, para ver al Ballet Nacional de España, y en el tren nos encontramos con Víctor y Jessica, los editores de Jekyll & Jill, que también iban a Madrid para presentar el último libro que habían editado: Tantas mentiras.

–Está muy bien. Si podéis venir…

–¿A qué hora es?

–A las siete.

–¿Dónde?

–En La Buena Vida. Está al lado del Teatro Real.

–Vale.

Por la tarde, llegamos a La Buena Vida antes de tiempo.

–Por favor, ¿la presentación de Tantas mentiras?

–¿Cómo?

Tantas mentiras, es el título de un libro editado por Jeckyll & Jill

Aún no sabía el nombre del autor. Tras varias consultas entre los encargados, recibimos la información:

–Ah, sí, arriba.

Subimos y como en aquel momento empezaban a colocar las sillas, volvimos abajo y hojeamos libros durante un buen rato.

–Ya pueden subir.

–Muchas gracias.

Éramos los primeros. La cosa se retrasaba y decidimos sentarnos en la última fila, por si teníamos que salir antes de que terminara el acto para llegar a tiempo al Teatro de la Zarzuela. Estábamos solos. Le comenté a Emilia que me sentía como Buster Keaton en Las siete ocasiones, cuando va a la iglesia a esperar que alguna novia acuda respondiendo al anuncio que ha puesto en el periódico: “Joven millonario necesita esposa para casarse esta tarde”. Sólo que él se sentaba en la primera fila y nosotros en la última.

De pronto, descubrimos que no estábamos tan solos. En el otro extremo de la sala había un señor, grande, barbudo y melenudo, que deambulaba parsimoniosamente entre la mesa y el balcón. En la mesa ordenaba papeles, en el balcón miraba el sol de la tarde y juraría que de vez en cuando nos miraba a nosotros de soslayo. No me atrevo a afirmarlo porque no sé muy bien el significado de “soslayo”. Su aspecto no era nada tranquilizador. Pasé de estar en la película de Keaton al cuento de Cortázar en el que el único pasajero de un autobús ve como el conductor, en cada semáforo rojo, intenta llegar hasta su asiento con intenciones asesinas. Es lo que tiene entrar en las librerías, que es contagioso. Es lo que tiene intentar plagiar a Paco Inclán, que es imposible.

Empezó a subir gente, se llenó la sala y comenzó el acto. El señor barbudo y melenudo era el presentador, Nacho Fernández, de Literaturas.com, y se dedicó a hacer preguntas al autor, Paco Inclán. Ahí, en sus respuestas, descubrí, disculpen mis pretensiones, que éramos barbas gemelas.

Puedo demostrarlo: Este libro, por ejemplo, se titula Incertidumbre; el título de mi blog es, desde hace ocho años, de profesión incierta, fórmula que ya utilicé para firmar un librito en 2005, que había perpetrado mucho antes.

Yo soy escueto de nacimiento. Paco Inclán, también. De hecho, esta es la dedicatoria que me dedicó en Tantas mentiras: “Para, cano”.

A lo largo de sus textos, repite insistente que se siente un INTRUSO. Lo mío fue nacer y sentirme fuera de lugar. Ahora mismo, por ejemplo. ¿Qué hago yo aquí presentando este libro? ¡Anda que no hay escritores o catedráticos en esta ciudad que podían haberlo hecho mejor que yo! Imagínense que presentación haría un catedrático de filología hispánica diferenciando la incertidumbre como sustantivo y lo incierto como adjetivo. O rastreando sistemáticamente las complejas relaciones entre el arte y la vida en el anecdotario de Paco Inclán.

En cambio, yo sólo puedo ahondar en las incertidumbres hasta volverles locos. Perdonen las molestias.

¿El intruso nace o se hace? Nace, ya lo he dicho. Es curioso, naces intruso y lo siguiente es hacerte periodista, artista o lo que demonios seamos nosotros. Imagínense como se siente uno en la mayoría de situaciones. Sólo con que un funcionario te pregunte: “¿Profesión?”, ya estás perdido.

 

Luego (sigo hablando de barbas gemelas) están las lecturas coincidentes. Paco, en Incertidumbres, cita el Viaje sentimental de Laurence Sterne. En mi último libro, Breve antología universal del humor aragonés, yo también lo cito. Paco cita El antropólogo inocente y yo no lo cito porque perdí mi biblioteca en un divorcio y mis recuerdos del libro se confunden con las historias que me contaba Roberto Miranda de sus tiempos como misionero en Burundi.

En fin, La sociedad del espectáculo, por supuesto, otra lectura fundamental.

Paco Inclán no cita a Buster Keaton, mi santo patrón, pero su espíritu sobrevuela estas páginas. La misma habilidad para meterse en líos y la misma constancia y perseverancia para salir airoso de ellos.

 

Que conste que he dicho lo de las barbas gemelas desde el respeto y la admiración más profunda.

En primer lugar, desde la admiración al escritor. Leyendo a Paco Inclán, siempre tengo la sensación de que utiliza el tono justo, el que mejor se corresponde con lo que está contando, un tono que va directo al grano, lo que no está reñido, más bien al contrario, con una inteligente ironía y una lengua sin pelos.

Lo digo, también, lo de las barbas gemelas, desde le respeto y la admiración que, como simple turista, he profesado siempre al auténtico viajero. En este caso, más que admiración puede ser envidia cochina.

Y lo digo también, desde el respeto y la admiración que tengo hacia los que han leído a Guy Debord y lo entendieron mejor que yo.

 

Podría seguir pero no quiero aburrirles a ustedes, que les conozco como público aragonés, poco proclive a soportar todo lo que suene halagador y laudatorio. Está en nuestra naturaleza.

 

Creo que es mejor que pasemos ya a las preguntas que tengo preparadas para Paco: Todo lo que usted quería saber sobre la Incertidumbre y nunca se atreverá a preguntar.

¿Por qué he decidido este formato de preguntas y respuestas en esta presentación? Pues, porque he asistido a muchas cenas y comidas con autores tan importantes o más que don Paco, en las que me he quedado con las ganas de escuchar lo que podían decir, porque la conversación ha derivado inevitablemente hacia los problemas del claustro de profesores que les invitaba.

También, porque el libro de Paco Inclán es una maquinica de suscitar preguntas. Ya lo verán cuando lo lean, si es que aún no lo han hecho. Siempre sabe a poco y te quedas con las ganas de saber algo más. Lo que es verdad y lo que se inventa, por ejemplo, aunque él presume de que todo lo que cuenta es verdad. Gracias a los editores, que me invitaron a presentarlo, ahora tengo la oportunidad de saber algo de ese algo más.

Con este formato de preguntas, de todas formas, corro un grave peligro. En la página 180, Paco cita a Peter Handke:

“Cada vez que en mi vida he comenzado a hacer preguntas a alguien he perdido mi sustancia o toda la sustancia a secas”.

Así que las primeras preguntas, para saber qué es exactamente lo que me estoy jugando, son:

–¿Qué quiere decir Peter Handke? ¿Qué sustancia? ¿Puede perder la sustancia un sinsustancia como yo?

 

Segunda pregunta. La que todo el mundo se está haciendo desde que hemos empezado: ¿Es usted familia de Valle?

 

Tercera pregunta. Volvamos al libro. El contenido de este libro es continuación del anterior, Tantas mentiras. ¿Por qué en su aspecto físico son tan diferentes? No sé si es una pregunta para el autor o para el editor. ¿Es que es más barata la tapa dura que una ilustración de Víctor Coyote?

 

Las siguientes preguntas se corresponden con los sucesivos capítulos o relatos. El primero se desarrolla en Armagh, capital del condado de Armagh, en Irlanda y trata de fútbol. Gaélico, para más señas. A mí no me interesa nada el fútbol, pero eso no tiene ninguna importancia porque la historia no va de fútbol gaélico, si no de amores imposibles y de odios posibles y enconados. De todas formas, mi pregunta, por pura curiosidad, es, ¿qué diferencia hay entre el fútbol español y el gaélico?

 

Tengo que decir que en este primer relato, ya aparece la palabra “infltrado”.

Tengo que decir, así mismo, que el autor propone, para escribir quizás algún día, un “catálogo de besos que nunca daremos” que suena muy prometedor. ¿Sigue viva la idea?

 

El segundo relato transcurre en Formentera, donde Paco pasa unos días huyendo de las Fallas. Con tanto viaje, ¿está usted huyendo de Valencia en general?

 

Con estas preguntas, intento no destripar ninguno de los relatos que componen el libro pero, en éste precisamente, en la segunda página, el autor ya nos explica de qué va: de una reunión de homosexuales en Formentera para estudiar la figura de Julio Verne.

Le haré algunas preguntas muy indirectas y el que quiera saber más, que se compre el libro. Después de su experiencia en Formentera, ¿ha cumplido su viejo proyecto de visitar los aparcamientos de la playa del Pinedo o ya tuvo usted bastante?

¿Debemos entender que la relación entre Phileas Fogg y Passepartout, en La vuelta al mundo en ochenta días, es la misma que la que mantienen Batman y Robin?

¿Ha sabido algo de Isaac?

 

En el siguiente relato, Paco se llega hasta Alcobendas para entrevistar al ganador del concurso para poner letra al himno de España, siete u ocho años después de que todo quedara en agua de borrajas.

Paulino Cubero escribió:

“¡Viva España!

Cantemos todos juntos

Con distinta voz

Y un solo corazón”.

A propósito de cómo acabó la cosa, Paco cita a José Hierro:

“Después de todo, todo ha sido nada”.

Al final de la entrevista, Paulino Cubero dice:

“Solo la nada nos sobrevivirá”.

Parece como si Paulino Cubero fuera más poeta hablando que escribiendo.

¿Nos puede decir algo al respecto?

 

Paulino Cubero pasa de todo lo que le pueda contar su entrevistador. No es el único en el libro que va a lo suyo. Son varios los que hablan sin hacer ningún caso de las réplicas de sus interlocutores. En otros episodios, el autor también pasa de lo que le puedan contar los entrevistados a los que, en muchos casos, considera unos auténticos pelmazos. Temo que don Paco pase también de lo que pueda decir yo. A este respecto, no hay más preguntas. Sigamos.

 

El siguiente episodio se desarrolla en el Sáhara. Si me permiten, me callo lo que pasa allí y les hablo de mi tío Joaquín.

Mi tío Joaquín vivía en Melilla, era caballero mutilado, (una bomba le arrancó un brazo durante la guerra) y venía a Zaragoza para las Fiestas del Pilar. Después de comer, eructaba con gran regocijo de sus sobrinos (mis hermanos y yo) y decía: Ahamdulillah.

Don Paco, ¿qué puedo pensar, después de leer su libro, de mi tío Joaquín? ¿Lo hacía sólo por fastidiar a mi madre?

 

En el siguiente episodio, pasamos del calor del Sáhara a los fríos de Islandia. El autor atraviesa una ventisca de nieve para entrevistar a un escritor islandés y casi muere en el intento. Lo que descubre al llegar a su destino, le hace sentirse tan ridículo como para decir:

–No sé si algún día le contaré a alguien esto.

A continuación, no solo lo cuenta sino que lo escribe y lo publica en un libro de tanto éxito y con tanta difusión como éste.

Es un episodio con el que me he sentido plenamente identificado y si me preguntan en el turno de preguntas, les contaré por qué.

Ahora bien, y esta es la pregunta, ¿por qué acabamos contando cosas que en un principio nos avergüenza que se sepan?

 

De Islandia volvemos a África, a Guinea concretamente, para conocer a un albañil valenciano, José Ángel, un figura que, como Paulino Cubero, pasa olímpicamente de lo que digan los demás, incluído don Paco. José Ángel está tan integrado en su nuevo país, que hasta se identifica con el sentido del humor guineano, al parecer, muy diferente al de don Paco.

¿Por qué cree usted que hay tantas diferencias entre el sentido del humor de unos países y otros? ¿O entre unas comunidades autónomas y otras? Los aragoneses, por ejemplo, siempre pensamos que los catalanes no entienden nuestro sentido del humor. ¿Por qué? ¿Cómo puede haber un somarda como usted en Valencia? Si tiene alguna dificultad para responderme, puede usted consultar mi libro.

 

Sin embargo, en otras cosas no somos tan distintos. El propio José Ángel explica que los guineanos no son tan diferentes de los valencianos:

–Si no, pregúntales a estos si prefieren contar cuentos tradicionales o follar como cerdos.

Por cierto, esta aseveración, ¿es extrapolable a los intrusos y los catedráticos?

 

Una pregunta: ¿Ha viajado usted a Vannes, en la Bretaña francesa?

Le pregunto porque me extrañó que viajara usted a Braga, en busca del brazo derecho de san Vicente mártir, cuando en Vannes se conservan dos huesos de san Vicente Ferrer, tan santo como san Vicente mártir y tan valenciano como usted. ¿Qué tiene san Vicente mártir que no tenga san Vicente Ferrer?

 

En cuanto al empacho que le causó la munificencia de los habitantes de Ancud, en el archipiélago de Chiloé, y como miembro que soy de una peña gastronómica, en la que también me siento un intruso, me gustaría que me explicara las recetas de la paila, los chapaleles y el milcao.

 

Hasta aquí las incertidumbres. Pero el libro de Paco Inclán contiene también una reedición de Hacia una psicogeografía de lo rural, en la que el autor narra sus experiencias como artista conceptual y situacionista en Valladares, un barrio rural de Vigo.

Marcel Duchamp dijo: “El happenning ha introducido una nueva categoría en el arte: el aburrimiento”.

Desde entonces, no había leído ningún texto sobre arte contemporáneo en el que se hablara del tema con tanto conocimiento como desparpajo.

Bueno, creo que es el momento de recordar que Paco Inclán es editor de una revista de arte y pensamiento titulada Bostezo.

Vayamos por partes con lo de Valladares. Paco Inclán realizó su trabajo invitado por Alg-a Lab.

¿Qué es Alg-a Lab?

 

Hace más de cuarenta años, llevamos una serie de exposiciones de artistas jóvenes a los barrios rurales de Zaragoza. Yo acompañaba al camión de las brigadas municipales que llevaba las obras, para montar las exposiciones con cierto criterio, y el primer día, al descargar uno de los brigadistas un cuadro que, naturalmente, iba sin embalar (eran otros tiempos), me preguntó:

–¿Esto qué requiere?

Desde entonces, la pregunta me ha perseguido obsesivamente. Quizás don Paco Inclán nos pueda decir algo respecto a cómo explicar el arte contemporáneo al común de los mortales, tras su experiencia en Valladares porque, al parecer, lo de Valladares si es extrapolable. Por lo menos, eso parece indicar esta conversación que mantiene el autor con un vecino:

–¿Cómo es la vida en Valladares?

–Como en todas partes.

 

Hasta aquí, mis preguntas. Ahora, las suyas.

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