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Humor platónico

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En mi Breve antología del humor aragonés, hablo de la posibilidad de que el humor esté platónicamente en los oídos del receptor, más que en el garganchón del emisor.

He aquí un ejemplo. He leído este libro, del padre jesuita Francisco Finn, editado en 1917, y me he reído mucho.

El protagonista, Enrique Dy, cuenta su vida. Un ejemplo: de pequeño descubren que es sonámbulo, lo que aterroriza a su madre que, desde ese día, pasa las noches sentada a su lado.

Tomaba una mano entre las suyas, y así dormitaba sin acostarse, velando continuamente mi sueño; y me acuerdo con infinita ternura de las veces que, al despertar de noche, sentía mi mano entre las suyas, y al darse ella cuenta de que me había despertado me pasaba la mano por la frente y me acariciaba con un amoroso beso.

Con esta vida solícita, mi buena madre arruinó su salud y aceleró el fin de su vida. Estreché entre las mías aquella mano fría, que me había prodigado tantas caricias. Besé por última vez su rostro, blanco por la palidez de la muerte, y una nueva sombra de tristeza se extendió sobre mi niñez, endeble y neurasténica. 

 

 

 


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