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6–Anna, en el papel de Terpsícore, musa de la danza, baila con Picasso

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En su Pierre Menard, Borges nos propone el juego del anacronismo deliberado: “recorrer la Odisea como si fuera posterior a la Eneida y el libro Le jardin du Centaure de Madame Henri Bachelier como si fuera de Madame Henri Bachelier”, dice el misógino. Del mismo modo, podríamos considerar a Picasso el titán de los pintores, el demiurgo arrebatado que generosamente proporciona modelos a todos sus descendientes, desde los primitivos africanos a los transvanguardistas, desde los clásicos griegos a los pompiers decimonónicos, pasando por Velázquez, Rembrandt, Goya y Cèzanne, naturalmente. 

 

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